lunes, 9 de enero de 2017

UN AÑO CON TRECE LUNAS


[Como todos los años desde sus inicios, por estas fechas el blog se transforma en foro de discusión cinematográfica entre mis gustos disidentes, expuestos en primer lugar, y, justo después, los de un puñado de amigos (reconocidos film buffs o cinéfilos avezados) con opiniones a menudo divergentes: Manuel Arias Maldonado, Juan Luis Artacho, José Ángel Barrueco, Noel Ceballos, María José Codes, David Leo García, Txema Martín, Vicente Molina Foix, François Monti, José Ramón Ortiz, Pepo Pérez (en riguroso orden alfabético).]

Mi lista está gobernada, de principio a fin, por la alta gradación de placeres (estéticos e intelectuales) que la visión de estas 13 (+1) películas, estrenadas o no en salas españolas, representa para mí cada vez que pienso en ellas. Creo que todas juntas, pese a que ninguna pueda ser considerada una obra maestra incuestionable, proporcionan una imagen exacta de la multiplicidad, ambición y riqueza del cine contemporáneo. Para reforzar mi idea sobre los “trucos semánticos” con que el cine ha conseguido darse importancia como arte, sintetizo a continuación en un simple concepto (obvio quizá) el carisma singular de mis películas favoritas del año:

1.      THE NEON DEMON (N. Winding Refn)

La belleza erigida en valor absoluto de un mundo que la reverencia como un don divino hasta la idolatría, la destrucción y el canibalismo.

2.     LOS ODIOSOS OCHO (Q. Tarantino)

El mal originario de una cultura, el horror fundacional y la maldición de la historia y la genealogía americanas representados como una ópera de cámara barroca, sangrienta y atroz.

3.     LA DONCELLA (P. Chan-wook)

La revancha femenina contra el orden patriarcal a través del libertinaje carnal y el placer de los sentidos.

4.     ELLE (P. Verhoeven)

La frigidez moral como estado de alma para la supervivencia del ego burgués en una sociedad tardocapitalista.

5.     LA LLEGADA (D. Villeneuve)

El descubrimiento de que el lenguaje es la expresión de una forma de vida colectiva, como quería Wittgenstein, y una relación individual con el tiempo, como quería Borges, conjugado en una parábola cósmica sobre la (in)comunicación entre especies.

6.     NOCTURNAL ANIMALS (T. Ford)

La literatura considerada como un arma de seducción vital, venganza privada y perturbación anímica.

7.     RASCACIELOS (B. Wheatley)

La entropía del orden social como visión pretérita (o profecía caduca) de un futuro que nunca tendrá lugar.

8.     TONI ERDMANN (M. Ade)

El humor absurdo y la liberación de prejuicios y convenciones formales a través del ridículo como contrapeso ideológico a la racionalidad extrema del sistema capitalista neoliberal.

9.     MIDNIGHT SPECIAL (J. Nichols)

La imposibilidad del presente para aceptar (o concebir) las categorías de un futuro inimaginable para la configuración actual del cerebro de los humanos.

10.  CEMETERY OF SPLENDOUR (A. Weerasethakul)

El sueño de la vida y el artificio del cine escenificados como mundos paralelos en los cuerpos comatosos de los soldados y los artilugios fantásticos que los mantienen vivos.

11.   COSMOS (A. Zulawski)

La locura y la estupidez del modo racional de comprensión de la realidad, en sintonía total con la filosofía de la novela original de Gombrowicz en que se basa.

12.  THE WITCH (R. Eggers)

La irracionalidad del deseo y la pulsión del horror frente al puritanismo, la represión y la rigidez de las creencias y los cultos en una negra fábula de tintes goyescos.

13.  EL ABRAZO DE LA SERPIENTE (C. Guerra)

El misterio impenetrable de lo real, la magia de lo inmanente y la incomunicación radical entre culturas.

+

LA LOI DE LA JUNGLE (A. Peretjatko)

La hilaridad subversiva frente a la obtusa literalidad del poder.

[Antonin Peretjatko, como ya mostraba La chica del 14 de julio, es el gran discípulo actual de Jacques Tati & Raymond Queneau.]


Honorables menciones (sin orden especial): ¡Ave, César!; Ma Loute; Anomalisa; Deadpool; The Duke of Burgundy; Bone Tomahawk; Más allá de las montañas; The Wailing; The Nice Guys; The Diary of a Teenage Girl; Escuadrón suicida; Nerve; La gran apuesta; El porvenir; Hell or High Water…



Series: The Young Pope, la mejor teleserie del año sin discusión posible, tanto por su poder de fascinación estética como por su alcance intelectual, y luego irían, en orden de preferencia: Stranger Things, The Girlfriend Experience, Juego de tronos (6), The Fall (3), Black Mirror (3), Billions, Mr. Robot (2), Masters of Sex (4), Westworld (los primeros episodios son algo tediosos y me hicieron dudar sobre la conveniencia de proseguir con su visionado, pero la serie de Nolan/Abrams logra remontar el vuelo hacia la mitad gracias a la brillante plasmación de la ingeniosa idea narrativa que le da origen)…


*El cine de Hollywood se empeña en poner su grandiosa maquinaria al servicio del beneficio y de los cerebros y gustos más infantilizados, con las excepciones de rigor, siempre minoritarias a pesar de todo (Arrival, Midnight Special, Nocturnal Animals, Hateful Eight, ¡Ave, César!, The Nice Guys, entre otras, dan la nota más alta de la industria americana en un año dominado por el peso aplastante de los blockbusters y el cine infantil para todos los públicos y edades). Los blockbusters pueden aportar cierta innovación creativa, como demuestran Escuadrón suicida y, sobre todo, Deadpool, con sus sorprendentes títulos de crédito y su invencible sentido del humor, pero en general las películas más taquilleras son las que se instalan en una dimensión global en la producción y en la distribución que solo se puede alcanzar haciendo grandes concesiones narrativas y/o morales (cine para animar a la familia deprimida o en bancarrota y cine de superhéroes salvadores tan serios y responsables como una reunión del Pentágono y la NSA antes de la llegada de Donald Trump).

*El cine europeo, en cambio, ha vivido, en contra de la atención del público europeo, un gran año de creación. Para mí es el año de la consagración definitiva de Nicholas Winding Refn como mi director preferido en compañía de su odiado alter ego Lars Von Trier y del infalible Quentin Tarantino. Tras revisar todo su cine, desde sus juveniles principios (Bleeder merece ser más conocida y valorada) hasta su asombrosa etapa intermedia (la originalísima Bronson o la alucinante Valhalla´s Rising), y pasmarme en pantalla grande con The Neon Demon, la película más original, creativa y delirante del año, reconozco a Refn como el director más estimulante del momento.


*Por lo demás, el cine latinoamericano (brasileño, chileno, mexicano, argentino o colombiano, entre otros) sigue dando pruebas de gran exigencia creativa, aunque mi lista solo refleje en parte el fenómeno con la magnífica película de Ciro Guerra. Así como el asiático: entre Corea, China, Tailandia y Japón producen mucho más de lo que, por desgracia, se puede distribuir y estrenar. En este apartado, me quedo por esta vez con la poesía y la belleza de las imágenes de un tailandés hiperestésico (Apichatpong Weerasethakul) y el virtuosismo refinado y perverso de un esteta coreano (Park Chan-wook).


*Mucho cine nuevo aún por ver y poco tiempo para revisiones de películas antiguas me obligan a destacar una sola obra maestra recuperada del lote inagotable de los setenta: Como plaga de langosta, memorable adaptación de la novela homónima de Nathanael West dirigida con gran talento por John Schlesinger… 


MANUEL ARIAS MALDONADO

TONI ERDMANN (Maren Ade): Para mí, la película del año, una improbable screwball comedy alemana ambientada en Bucarest, donde los juegos con la propia identidad recuperan su vieja y noble función dramática y sirven para la catarsis emocional de los personajes.

HISTORIA DE UNA PASION (Terence Davies): Delicado y elegante acercamiento a la vida de Emily Dickinson que exhibe las conocidas virtudes de Davies para la elipsis y la síntesis, en este caso al servicio del desciframiento de una autora fascinante.

TARDE PARA LA IRA (Raúl Arévalo): La sorpresa española de la temporada, un thriller seco y adusto, con vibrantes ecos de Peckinpah y una sobresaliente ambientación, sin una palabra (o plano) de más.

AMOR Y AMISTAD (Whit Stillman): Adaptación de "Lady Susan", novela epistolar de Jane Austen, que Whit Stillman lleva a su terreno en estado de gracia, entregando una película lúcida divertida en su aparente ligereza, con una notable Kate Beckinsale.

NERUDA (Pablo Larraín): Arriesgando como suele, el talentoso Pablo Larraín propone un oblicuo acercamiento a Neruda a través de su mito, un biopic que hace par con la aún pendiente de estreno "Jackie" y que vuelve a ofrecernos a su habitual elenco de espléndidos actores.

PATERSON (Jim Jarmusch): Sosegada y original en su puesta en escena, afeada quizá por un cierto utopismo doméstico, "Paterson" termina convenciendo gracias a su encanto y a la presencia rotunda de Adam Driver como buscador de significados cotidianos.

THE END OF THE TOUR (James Ponsoldt): Inteligente acercamiento al problema de la fama del artista, personificado en la figura de David Foster Wallace, en un curioso ejercicio de mitificación mediante la desmitificación.

LOS ODIOSOS OCHO (Quentin Tarantino): Vibrante escenificación de la dimensión mítica del western por medio de un juego de falsas verdades y auténtica violencia fundacional, que no elude problemas tan presentes como el odio racial y contiene, en el episodio de la carta de Abraham Lincoln, todo un tratado sobre las creencias políticas.

AVE CESAR (Joel y Ethan Coen): Subestimada comedia sobre el Hollywood de los estudios, donde los irregulares hermanos Coen son capaces de reírse del mundo que adoran, jugando, como tantas otros filmes contemporáneas, con la capacidad mitologizadora del cine.

LA GRAN APUESTA (Adam McKay): Una lograda tragicomedia sobre la Gran Recesión, que a través de un ritmo endiablado y con magníficos actores, con Steve Carell a la cabeza, nos permite entender un proceso delirante de notorias consecuencias políticas. 


JUAN LUIS ARTACHO

Películas

La juventud
Carol
Anomalisa
El porvenir
Historia de una pasión
Paterson

Series

American crime story: The people vs O.J. Simpson
The Young Pope


JOSÉ ÁNGEL BARRUECO

Este año he visto menos cine del que debería, perdiéndome así, por falta de tiempo o de oportunidad, filmes que espero ver pronto, como American Honey (Andrea Arnold), The Handmaiden (Park Chan-wook) o A Quiet Passion (Terence Davies). A pesar de ello, y aunque la selección ha sido difícil, mis 15 películas favoritas de 2016 son:

1-The Hateful Eight [Los odiosos ocho] (Quentin Tarantino)
2-The Revenant [El renacido] (Alejandro G. Iñárritu)
3-Macbeth (Justin Kurzel)
4-Carol (Todd Haynes)
5-Bone Tomahawk (S. Craig Zahler)
6-By the Sea [Frente al mar] (Angelina Jolie)
7-The Nice Guys [Dos buenos tipos] (Shane Black)
8-The BFG [Mi amigo el gigante] (Steven Spielberg)
9-Arrival [La llegada] (Denis Villeneuve)
10-Elle (Paul Verhoeven)
11-Nocturnal Animals [Animales nocturnos] (Tom Ford)
12-Hacksaw Ridge [Hasta el último hombre] (Mel Gibson)
13-The Duke of Burgundy (Peter Strickland)
14-Paterson (Jim Jarmusch)
15-L'économie du couple [Después de nosotros] (Joachim Lafosse)

[Menciones especiales para The Neon Demon (Nicolas Winding Refn), porque visualmente es una bomba, y para las aún no estrenadas en España Knight of Cups (Terrence Malick) y Midnight Special (Jeff Nichols), que corren el riesgo de quedar como dos joyas ocultas]


NOEL CEBALLOS

1. Las mil y una noches (Miguel Gomes ha firmado la única obra maestra que es una y trina).

2. Anomalisa

3. The Duke of Burgundy (en mi opinión, mucho mejor que Berberian Sound Studio, la otra película del director que estrenaron aquí tarde y mal).

4. High-Rise

5. ¡Ave, César!

6. La doncella

7. The Neon Demon

8. Los odiosos ocho (debería ir más arriba, pero por aprovechar la numeración...).

9. Carol

10. Amor y amistad

(Solo he tenido en cuenta las estrenadas en salas comerciales. Ahora un par de menciones especiales)

MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN: El cuento de la princesa Kaguta y Kubo y las dos cuerdas mágicas (ex-aequo)

MEJOR PELÍCULA ESPAÑOLA: Esa sensación.


 MARÍA JOSÉ CODES

1.    Remainder, Omer Fast.
Británica -alemana. Una joya marginal exclusiva. Lo tiene todo: el guión, basado en la novela de Tom McCarthy (el británico, no confundir con el americano), el director, un videoartista cuyo trabajo se proyecta en museos, y un protagonista perfecto, Tom Sturridge.

2.    Neruda, Pablo Larraín.
Ficción nerudiana desmitificadora, donde el personaje del policía, el más “literario”, interpretado por Gael García Bernal, acaba comiéndose la pantalla.

3.    Elle, Paul Verhoeven.
Personaje femenino oscuro y magnético, poderosamente interpretado por Isabelle Huppert.

4.    La doncella, Park Chan-wook.
Belleza de imágenes, referentes pictóricos y literarios y el gusto por la narración, la lectura y el erotismo.

5.    High-Rise, Ben Wheatley.
Alegoría de Ballard, brillante en su desproporción. Estupendas interpretaciones de Tom Hiddleston y Jeremy Irons, entre otros.

6.    The Duke of Burgundy, Peter Strickland.
Artificio tan inverosímil como hermoso, donde sobresale un personaje de rotundo realismo interpretado por la espléndida Sidse Babett Knudsen.

7.    Nocturnal Animals, Tom Ford.
Doble historia donde la violencia se proyecta en un manuscrito. Destacable interpretación de Jake Gyllenhaal y, con un papel más discreto, de Amy Adams.

8.    La comuna, Thomas Vinterberg.
Tragicomedia de los ochenta, sin pretensiones, narrada con la sabiduría de la madurez. En absoluto impactante pero no defrauda.

9.    Cemetery of splendour, Apichatpong Weerasethakul.
Misterioso síndrome del sueño de soldados tailandeses. La mágica luz de los neones en el interior de un sanatorio rural.

10.  The tribe, Myroslav Slaboshpytskyi.
 Una ópera prima del director ucraniano, innovadora por mostrar el violento mundo de unos jóvenes internos en una escuela de enseñanza especial para sordomudos. La violencia muda sobrecoge.

Series:

Bron/Broen. Excelente fotografía y personajes protagonistas interesantes: Saga Norén, inspectora de policía sueca con síndrome de Asperger y Martin Rohde, inspector danés depresivo. Acaba de estrenarse la tercera temporada.

Missing Segunda temporada. Una manera de narrar algo complicada pero mantiene la tensión dramática.

The Fall. En realidad la serie es ella, la atractivísima policía protagonista, personaje oscuro interpretado por Gillian Anderson. Pronto la tercera temporada.

Black Mirror Tercera temporada- Episodios desiguales, pero siempre hay alguno con planteamiento original entre ellos.



DAVID LEO GARCÍA

ELLE
Una descripción de la psicopatía. Vibrante, encendida y, en último término, arrolladora. Sutil y violenta, gélida y fogosa. Una maravilla. (Y suprema Isabelle Huppert, por supuesto.)

THE WHISPERING STAR
Antepenúltima (nunca sé con certeza cuál es la última) película de Sion Sono. El inefable nipón aparca sus demenciales señas de identidad (que tan buenos resultados le había dado en obras como Love Exposure) para regalarnos una joya preciosista interplanetaria.

THE HANDMAIDEN
Inquietante y perversa. Sarcástica y naíf. Soluciones narrativas complejas y elegantes. 

COSMOS
Testamento de Andrej Zulawski y traducción de la intraducible obra de Gombrowicz.  Deliciosamente irritante.

PATERSON
De las pocas películas sobre poesía que no dan vergüenza ajena.

BLACK MIRROR 3x06: HATED IN THE NATION
Remate de una irregular temporada, no tan interesante por la forma (estética de telefilm) como por las preguntas que plantea sobre el totalitarismo digital y el enjambre de las redes, entre otras cuestiones.

FUSI (VIRGIN MOUNTAIN)
Delicada miniatura sobre la dignidad de un inadaptado.

EVOLUTION
La sorpresa del año. Hipnótica e inagotable distopía de hora y cuarto.

Bonus tracks: TONI ERDMANN, TROIS SOUVENIRS DE MA JEUNESSE, FRANTZ


TXEMA MARTÍN

1. La llegada (Denis Villeneuve)
Este canadiense, uno de los pocos directores que nunca me ha fallado, no sólo ha firmado la mejor película de su filmografía, sino una de las muestras de ciencia ficción más ambiciosas e inteligentes de la historia del cine moderno.

2. Elle (Paul Verhoeven)
Esta película ha supuesto la resurrección artística de Verhoeven pero también ha sido un gran año para Ella, Isabelle Huppert, que lo borda en este enfermizo suspense psicoanalítico. 

3. Cegados por el sol (Luca Guadagnino)
Tilda Swinton nos lleva casi sin mediar palabra a un paraíso en Sicilia lleno de belleza, excesos, intriga y muchísimo deseo. David Hockney inunda el metraje hasta su último chapoteo.

4. La Doncella (Park Chan-wook)
Entre la contención y el estallido, esta película está contada con tal precisión y con tan buen gusto que disculpamos sus abusos narrativos; quizás porque incluso en su reiteración resulta deliciosa y excitante.

5. La habitación (Lenny Abrahamson)
Una película perfecta. La primera hora de este drama de terror debería enseñarse en las escuelas de cine; el resto es un incómodo disfrute.

6. Tarde para la ira (Raúl Arévalo)
La gran campanada del cine español en los últimos años. El tono y las interpretaciones funcionan a la perfección en un engranaje que apunta al mejor cine.

7. El Renacido (Alejandro González Iñárritu)
El glorioso tándem de Iñárritu con Emmanuel Lubezki (aquí sumado al de Alva Noto y Ryuichi Sakamoto) ha vuelto a proponernos una apabullante experiencia audiovisual en la que poco importa el argumento.

8. No respires (Fede Álvarez)
La película de terror de este año propone que nos guardemos el aliento. Su giro de guión pasada la mitad del metraje consigue que ya no sepas a qué tenerle miedo.

9. Theo y Hugo, París 5:59 (Olivier Ducastel, Jacques Martineau)
Sus primeros 20 minutos son sencillamente brutales. Un flechazo en clave de techno con la complicidad deconstructiva de un sábado por la noche, o cómo encontrar el amor en un sitio sin esperanza.

10. American Crime Story. The people vs. OJ Simpson (Scott Alexander, Larry Karaszewski)
Esta serie (o película de 420 minutos) se cuela en la lista no por ser la mejor del año, sino por retratar el sistema judicial de una sociedad explosiva, disparatada y machista. Menciones especiales para ‘The Night Of’, que es excelente pero promete más de lo que da, y para ‘The Affair’, a la espera de que termine su tercera temporada.

11. Julieta (Pedro Almodóvar)
La mejor película de Almodóvar en demasiado tiempo es una historia poliédrica y retorcida, coronada por el inolvidable plano de un ciervo mirando a cámara.

12. Neon Demon (Nicolas Winding Refn)
Puro estilo, la voracidad necrófila del mundo de la belleza y el terror como experiencia netamente sensorial. Puedes odiarla o adorarla, y yo la adoro.

13. El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra)
Una película de aventuras por el Amazonas que resulta tan fascinante, profunda y somnífera como un Orfidal mezclado con ayahuasca.

14. Animales nocturnos (Tom Ford)
Otra deslumbrante muestra de estilo, quizá incluso de estilismo. Como leí por ahí, el día en el que Tom Ford encuentre a un buen guionista nadie se acordará de que era costurero.

15. Verano en Brooklyn (Ira Sachs)
La película protagonizada por niños que más he disfrutado en mucho tiempo. Es pequeña pero tiene ocultas grandísimas ambiciones.


VICENTE MOLINA FOIX

La academia de las musas, de JL Guerín
Mi hermana pequeña, de H. Kore-eda
Francofonia, de A. Sokúrov
Julieta, de P. Almodóvar
Tarde para la ira, de R. Arévalo
Neruda, de P. Larrain
La muerte de Luis XIV, de A. Serra
Historia de una pasión, de T. Davies
Frantz, de F. Ozon
Paterson, de J. Jarmusch


FRANÇOIS MONTI

Lista algo conservadora para año conservador. Me quedo sin haber visto The Handmaiden o Nocturnal Animals, pretendientes según muchos al título. Aunque se quede fuera, mención especial para Spotlight, película demasiado clásica pero impecable retrato de lo que fue, alguna vez, el periodismo. Sin orden particular...

The Hateful Eight - Quentin Tarantino
Goksung (The Strangers) - Na Hong-Jin
Elle - Paul Verhoeven
Arrival - Denis Villeneuve
La loi de la jungle - Antonin Peretjatko
The Neon Demon - Nicolas Winding Refn
Toni Erdmann - Maren Ade
Paterson - Jim Jarmusch
Under the Shadow - Babak Anvari
The Childhood of a Leader - Brady Corbet


 JOSÉ RAMÓN ORTIZ

2016 fue un año interesante para el cine, aunque en mi opinión no hubo muchas grandes películas. Algunos directores a los que les guardo culto, los siento un poco cansados y demasiado dependientes de sus propios legados. Mis ejemplos claros son Almodóvar (Julieta) y Allen en su incursión televisiva (Crisis in Six Scenes), que ya me parecieron repeticiones comunes y corrientes de lo que alguna vez fueron sus mejores ideas. Pensando en Allen, también creo que las series ya pasaron por su mejor momento hace un par de años. ¿Cómo comparar el megaéxito del año, Westworld, un monumento al aburrimiento y lugar común, con obras de arte del tipo Mad Men, Breaking Bad, Los Soprano o, sobre todo, Deadwood? Ojalá 2017 y las nuevas temporadas y series me demuestren lo contrario... pero después de ver el facilismo y la ligereza con que Netflix se tomó la recuperación de Black Mirror, no guardo mucha esperanza. Para no perderme y no echar mucho rollo, en cuestión de cine, lo que más aprecio del año que terminó es esta especie de solidificación de la Ciencia Ficción como el género que mejor permite a muchos directores interactuar, a la vez, con el presente inmediato y una tradición narrativa que planteaba los problemas en el futuro. Sí, hay mucho de nostalgia en este cine, pero también innovaciones narrativas interesantes (pienso en Nerve, Turbo Kid o la muy menospreciada Suicide Squad). Algunas de las películas que más me gustaron se establecen en esa tensión y ya veremos, en perspectiva, si esto es una poética o un accidente. Finalmente, y en este mismo sentido, lo que sí quedó claro (como ya había quedado claro en años anteriores), es que a Hollywood le urge renovarse en lugar de apelar a tanto remake, reboot o continuación inútil (advertencia, no me interesa ver una nueva Blade Runner en 2017), aunque eso no significa plantear buenas historias paralelas a universos conocidos, como en el caso de Rogue One que, cuando menos de mi parte, queda clara como la mejor película de Star Wars desde las primeras dos instalaciones de la trilogía original.

Cine

20. Batman V. Superman (Zack Snyder) / Suicide Squad (David Ayer)
19. The Nice Guys (Shane Black)
18. Hail, Caesar! (Joel & Ethan Coen)
17. Morris From America (Chad Hartigan)
16. Swiss Army Man (Dan Kwan & Daniel Scheinert)
15. Pride and Prejudice and Zombies (Burr Steers)
14. Turbo Kid (François Simard, Anouk Whissell)
13. Elle (Paul Verhoeven)
12. Popstar: Never Stop Never Stopping (Akiva Schaffer & Jorma Taccone)
11. Nerve (Henry Joost & Ariel Schulman)
10. Hell or High Water (David Mackenzie)
09. L'ombre des femmes (Philippe Garrel)
08. The Lobster (Yorgos Lanthimos)
07. Nuts! (Thom Stylinski)
06. Rules Don't Apply (Warren Beatty)
05. Green Room (Jeremy Saulnier)
04. Hunt for the Wilderpeople (Taika Waititi)
03. 10 Cloverfield Lane (Dan Trachtenberg)
02. The Neon Demon (Nicolas Winding Refn)
01. The Handmaiden (Park Chan-wook)

Mención especial de fanático: Rogue One. A Star Wars Storie (Gareth Edwards)

Series y televisión

Supergirl  S.1 (CBS/The CW)
Stranger Things (Netflix)
Love (Netflix)
"Playtest", Black Mirror S.3 (Netflix)
Crazy Exgirlfriend S.2 (The CW)
The Last Man on Earth S.2 (FOX)
Marggot Robbie (Host), Saturday Night Live S.42 (NBC)
The Get Down (Netflix)
Casual (Hulu)
BoJack Horseman S.3 (Netflix)

Mención especial de fanático (que solamente ha visto un episodio por
ahí): Atlanta


 PEPO PÉREZ 

Cine

1.         Elle | dir. Paul Verhoeven
2.         Paterson | dir. Jim Jarmusch
3.         Hell or High Water | dir. David Mackenzie
4.         The Hateful Eight | dir. Quentin Tarantino
5.         Arrival | dir. Denis Villenue
6.         El hijo de Saúl | dir. László Nemes
7.         El perdido | dir. Christophe Farnarier
8.        The Witch | dir. Robert Eggers
9.         Tangerine | dir. Sean Baker
10.       Cemetery of Splendour | dir. Apichatpong Weerasethakul
11.       Bone Tomahawk | dir. S. Craig Zahler
12.       The Hand Maiden (La doncella) | dir. Park Chan-wook
13.       Goldstone | dir. Ivan Sen
14.       Tarde para la ira | dir. Raúl Arévalo
15.       Captain America: Civil War | dir. Anthony Russo & Joe Russo
16.       The Neon Demon | dir. Nicolas Winding Refn
17.       Julieta | dir. Pedro Almodóvar
18.       Green Room | dir. Jeremy Saulnier
19.       Esa sensación | dirs. Juan Cavestany, Julián Génisson, Pablo Hernando
20.      L’ Avenir | dir. Mia Hansen-Løve
21.       Snowden | dir. Oliver Stone

Videoclips de 2016

Formation, Beyoncé, dir. Melina Matsoukas
Lazarus, David Bowie, dir. Johan Renck
Comix, El Guincho, dir. Canada
Nikes, Frank Ocean, dir. Tyrone Lebon



miércoles, 4 de enero de 2017

COSECHA DE PALABRAS


Mi columna de ayer en medios de Vocento.

Acaba el año 2016 y la palabra “populismo” es elegida para definirlo.

Populismo ha sido la palabra española de moda en 2016, me dice una vieja amiga en la fiesta de Nochevieja. La palabra que ha salido de todos los labios a todas horas ya no es “refugiados”. La palabra que ha resonado en todos los micrófonos y en todos los canales, en radios, televisiones y parlamentos, no es “terrorismo”. No me preguntes la razón, pero la palabra que ha sintonizado más gente en el año que concluye al fin no es “corrupción”, sentencia guiñándome un ojo pícaro. No seas populista, le replico irónico, sabiendo que seré malentendido al pronunciar esa palabra maldita justo en el momento en que el reloj madrileño comienza a escenificar la defunción de un año y el nacimiento de otro.
En el primer minuto del año nuevo, sin atender a las felicitaciones y selfis que nos acosan, mi amiga me vuelve a guiñar el mismo ojo crítico para anunciarme que en el extranjero las cosas son distintas. Van por delante. Ella lee prensa alemana, francesa, americana e inglesa y se cree bien informada. La palabra del año ahí no ha sido “populismo”. La palabra mágica con que se ganan elecciones y plebiscitos fuera del territorio nacional es “posverdad”, la secuela intelectual del populismo rampante. Y me lo anuncia sonriendo antes de abandonarme para irse a bailar con otros invitados en cuanto suena en el salón abarrotado lo último de Beyoncé.


Por suerte para todos, el DJ de la noche es experto en ciencias políticas y me acerco a él para ver con qué tiene pensado animar la fiesta de la primera madrugada del año. No digas una palabra, ya lo sé, es una desgracia, me dice al saludarme. Mi amigo publicó este otoño pasado un tratado político sobre el tema que ha vendido varios miles de ejemplares y venderá muchos más en 2017. 
Me atrevo a pedirle que ponga una canción de Radiohead y me comenta que si hace eso la gente dejará de bailar y la fiesta se morirá de aburrimiento. Le sugiero otras opciones y me señala con el dedo la lista interminable de canciones nacionales e internacionales de éxito asegurado que se ha molestado en seleccionar, saqueando Spotify, para mantener al personal entonado durante toda la velada.
Me aparto del pinchadiscos, cruzo entre los efusivos bailarines fingiendo compartir su pasión musical, y me siento en un sofá a saborear tranquilo el Macallan de 25 años que el anfitrión ha tenido la generosidad de servirme en un vaso especial. Mientras paladeo el primer sorbo me entretengo meditando seriamente en el sentido de las palabras y las ideas de moda. Inspirado por la fragancia del whisky de malta, se me ocurre que Escocia haría bien en segregarse del Reino Unido y unirse a la UE. También yo me siento populista esta noche.

jueves, 29 de diciembre de 2016

SOÑADOR BORGIANO



[Texto leído en la presentación de El gran imaginador (Plaza & Janés) de Juan Jacinto Muñoz Rengel]

Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos…

Hasta Borges habíamos dado por sabido que todos los escritores de la historia eran avatares del mismo escritor, reencarnando generación tras generación para reiterar el gesto de la escritura que abarca y abraza al mundo con su intensidad y fulgor y lo hace renacer de entre la materia de las letras como una realidad irreconocible. Hasta Borges habíamos supuesto que ese escritor inmortal, esa trama infinita de escritores que se suceden en el tiempo como las generaciones humanas para impedir que se apague el fuego de la literatura y avivarlo con renovadas ficciones y personajes, contaba con una larga teoría de precursores que inspiraban su escritura y permitían comprenderla. Hasta Borges, santo patrón de todos nosotros los escritores postmodernos, la escritura se conjeturaba análoga a las magias parciales y los procedimientos míticos del sueño donde el soñador da realidad al mundo soñado con la fuerza de su imaginación y lo puebla de criaturas inventadas para luego descubrir, en un juego de espejos que esta espléndida novela de Juan Jacinto Muñoz Rengel repite con inteligencia, que él también es soñado por otro que sueña y es soñado a su vez, y así al infinito, configurando un bucle eterno de lectura y escritura.
Ahora, gracias a la lectura apasionante de esta novela de Muñoz Rengel, sabemos mucho más. Sabemos, por ejemplo, que todas las peripecias de la biografía oficial de Cervantes son un infundio creado por el gran embaucador que domina la intrincada trama de la novela como el demiurgo preside su creación. Sabemos que desde su primer encuentro en la batalla de Lepanto, cuando uno era ya viejo y el otro solo un joven arrogante e inexperto, y hasta el último en Argel, el destino del escritor llamado Miguel de Cervantes estaba sellado en la imaginación del grandioso fabulador cuyo nombre de nacimiento es Nikolaos Popoulos. Sabemos que este inmenso fantaseador fingió a lo largo de su dilatada y azarosa vida un centenar de heterónimos bajo los que enmascaraba su antigua identidad y adoptaba una nueva para multiplicar el número de las experiencias. Sabemos también que Popoulos auxilió a Cervantes en Argel, cuando más lo necesitaba, y previó la génesis de la obra maestra con que el escritor de Alcalá revolucionaría la literatura de su tiempo.
En la trama borgiana de sus múltiples viajes reales o imaginarios, el proteico Popoulos transforma su cerebro hiperactivo en un inmenso palacio habitado por todas las formas y los recursos de la ficción, la fantasía y el ingenio y se convierte en autor de las primitivas versiones de obras de terror y ciencia ficción que luego firmarían Polidori y Stoker, Mary Shelley y Lovecraft, Gustav Meyrink y Wells, entre otros. Gran viajero del populoso Mediterráneo y de los flujos oceánicos de la mente, dormida o despierta, Popoulos vive una serie de aventuras y desventuras que lo transfiguran en esa categoría inclasificable: el “gran imaginador, es decir, el protoescritor de la modernidad, el escritor de escritores o gran inventor de todas las obras literarias que han incendiado las bibliotecas occidentales desde Cervantes hasta Borges, John Barth, Carlos Fuentes o Italo Calvino, sin olvidar a Umberto Eco, discípulo de todos y generador de una corriente literaria que insemina de fantasía la novela histórica de finales del siglo veinte.
“El gran imaginador” podría definirse, entonces, como la biografía imaginaria del autor imaginario de esta fascinante novela, alter ego creativo de Muñoz Rengel. Él es el gran fabulador del libro, aquel que combate cuerpo a cuerpo con su personaje por ver cuál de los dos incurre en mayores excesos imaginativos, como demuestran las secciones o capítulos donde se describe la pandemia de incendios de bibliotecas, autos de fe, piras, hogueras y quemas de libros, reales o imaginarios, que sacudieron al mundo tras la invención de la imprenta, el episodio fantástico del sitio de Estambul por excéntricos extraterrestres, resuelto con maestría, o la reescritura de la sangrienta historia de Erzsébet Bathory y la del rabino de Praga y su mágica criatura de barro.
Una misma convicción nos une como escritores: la creencia de que el poder de la fabulación, que es el verdadero poder de la literatura, como supo entender Cervantes mejor y antes que nadie, es el poder de embarcar a la realidad en un programa de riesgo y aventura no previsto por los severos sistemas que organizan la realidad. Esta es la médula de lo cervantino a la que apela con singular talento en su novela Muñoz Rengel para traspasar la herencia cervantina y proyectarla mucho más allá, recogiendo todas las fabulaciones y ficciones, todos los géneros y obras que desde la muerte de Cervantes han perpetuado su legado desacreditado hasta el agotamiento y la renovación permanente.
No obstante, una pregunta queda flotando en la mente durante y después de la lectura. ¿Sería este el libro que habría escrito Popoulos, alias Cide Hamete Benengeli, de haber tenido más fortuna en la vida? La respuesta es inequívoca. Sí.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

ESPÍRITU NAVIDEÑO


Mi columna de ayer en medios de Vocento.

Sea creativo y atrévase a convertir la entrañable Navidad en una celebración de la inteligencia.

Está demostrado. Los hombres rebajan su inteligencia a mínimos neuronales en cuanto ven el cuerpo desnudo de una mujer. Un reciente estudio lo ha revelado para escándalo de notorios miembros de la comunidad científica, retratados en sus pretensiones. Sus grandes descubrimientos se los deben únicamente, como decía un chistoso, al escaso porcentaje de féminas sin ropa que han examinado fuera del laboratorio. Las mujeres han protestado contra esa actitud machista, sin reparar en el poder pasivo que les otorga, señalando que solo la visión de un bebé podría obnubilar su inteligencia hasta ese punto.
Un niño de cuatro años, precisamente, hijo de un ex directivo de la Paramount, es el responsable del máximo error cometido por Hollywood en lo que va de siglo. Un bodrio multimillonario concebido por la tierna criatura en un arranque de precocidad creativa que la productora no se atreve a estrenar en estas fechas familiares por miedo al fracaso en taquilla.
Hay demasiadas cosas en la vida que derrotan a la inteligencia. La Navidad, sin ir más lejos. No debemos, sin embargo, resignarnos a los dictados de la tradición. Propongo algunos consejos prácticos para avivar la inteligencia en las celebraciones que se avecinan. Sea creativo. Atrévase a preguntar por todo lo que siempre quiso saber sobre la Navidad y no tema pasar por aguafiestas. Obligue con amabilidad a sus invitados o anfitriones a explicarle qué se celebra y por qué, desde cuándo y con qué fin. Sométalos al test infalible. Haga que le cuenten la historia en detalle, sin mirar de reojo a las figuras del Belén para inspirarse.
Pregúnteles por qué están dispuestos a vulnerar los tabúes que rigen su vida alimenticia, libre de grasas, en nombre de creencias que no comparten o consideran trasnochadas. Cultive la ironía del champán para encuestar a los presentes sobre el gran despliegue eléctrico en calles y avenidas. Pídales opinión sobre la espectacularidad de las luces y el acontecimiento oscuro que festejan. Ya se sabe que las historias cuanto menos se entienden más funcionan.
Celebre la entrada del nuevo año con una sonrisa, anticipando la cantidad de buenos deseos que irán a la basura antes de un mes, sin posibilidad de reciclado. No se atragante contando las doce uvas que marcan un tiempo inexistente. Aproveche las campanadas para hacer balance. Examine su conciencia. Piense en lo hecho durante el último año para superarse. No se engañe. Sea honesto. Es lo mismo que hará el año siguiente.
Ríase de todo, con ganas, en vez de atiborrar su boca con manjares indigeribles o brebajes explosivos, ejercite la risa saludable con desenfreno. Aprenda a decir que no, con educación, sin grandilocuencia. Si es usted inteligente de verdad, no pregunte por los regalos. Eso déjeselo a los niños, que necesitan seguir creyendo en las ilusiones de este mundo.

martes, 13 de diciembre de 2016

EL SIGNO DE CAÍN


Como sabía Dalí, uno de los grandes ilustradores de esta novela, el hombre moderno no es sádico sino masoquista. Profundamente masoquista. El masoquismo cristalizó en la obra y la vida de Sacher-Masoch para luego difundirse como un virus por toda una cultura donde la bancarrota del patriarcado y la insurgencia del feminismo encontraron en esa moral particular un fermento ideológico. Cualquiera que haya visto las películas de Josef Von Sternberg con Marlene Dietrich sabe que las irriga un genuino sentimiento masoquista, desde la relación del director con la fascinante actriz a su modo de inventarle personajes y escenarios de ficción para realzar sus encantos y atractivo, con los que subyugaba a los personajes masculinos y los conducía a la perdición como en El ángel azul,  La emperatriz escarlata, Agente especial o, la más masoquista de todas, El diablo es una mujer, basada en la novela de otro erotómano de signo masoquista como Pierre Louÿs, en la que también se inspiró Buñuel para torturar a Fernando Rey con dos diablesas de fuste como Angela Molina y Carole Bouquet en Ese oscuro objeto del deseo.

[Leopold Von Sacher-Masoch, La Venus de las pieles, trad.: Elisa Martínez Salazar, ilustraciones: Manuel Marsol, Sexto Piso, 2016, págs. 167]

Todo el que ha amado alguna vez conoce la experiencia. Nietzsche decía que no sabe nada del amor quien no ha aprendido a despreciar el objeto de ese amor. A lo que se podría añadir, invirtiendo el planteamiento demasiado severo del filósofo alemán, que tampoco sabe nada del amor quien no ha aprendido a sentirse despreciado por la persona amada. Esa vivencia genuina, que hace de todos los amantes, de uno u otro sexo, masoquistas potenciales, encierra un coeficiente de goce tan intenso como el amor correspondido. Todo el que lo probó lo sabe. Como lo experimentó en carne propia Sacher-Masoch, ese gran escritor polaco que hoy es reconocido como ucraniano aunque su verdadera patria sea la de la literatura entendida en el sentido integral de desveladora de verdades humanas inaceptables por la cultura o la moral.
En la literatura, Sacher-Masoch encarna la figura de ese escritor que pretende trasladar al libro las pasiones que le hacen temblar de pies a cabeza y las ideas ardientes en las que cree y agitan su inteligencia. Sacher-Masoch proyectó una vasta colección de obras agrupadas bajo el título El legado de Caín, donde abordaría los seis temas más importantes de la historia humana: el amor, la propiedad, el dinero, el Estado, la guerra y la muerte. Nunca finalizó tal empresa pero en el primero de los temas propuestos (el amor) dejó valiosas ficciones, entre novelas y relatos, y una obra maestra, La Venus de las pieles. En esta se cuenta la historia de cómo el joven esteta Severin obliga a su amada Wanda, la bella viuda pelirroja y libertina de pro, mediante un contrato libremente suscrito, a convertirlo en su esclavo y adoptar, en privado y en público, el rol de dominatriz erótica hasta las últimas consecuencias. Esta historia singular se inspira en las turbias relaciones de Sacher-Masoch con su amada la baronesa Fanny Von Pistor.
El masoquismo como patología malsana es el invento de sexólogos mojigatos más obsesionados por las etiquetas que por los deseos reales del cuerpo y de la mente. El masoquismo, como el amor cortés, es la experiencia de signo romántico que subvierte las jerarquías patriarcales para que el hombre aprenda a gozar con la superioridad de la mujer y la devaluación de su virilidad. Todo el placer deriva para él de la sumisión, la humillación y la obediencia servil a los caprichos del ama y señora de sus deseos.


Hay dos aspectos innovadores en la novela. Uno de cariz estético y otro ético. Como ya advirtiera Gilles Deleuze en su magnífica Presentación de Sacher-Masoch, uno de los rasgos más notables de la literatura de Sacher-Masoch es su tendencia a incorporar simulacros artísticos, ya sean estatuas o cuadros, para intensificar la pasión voluptuosa con artificios, insuflándole la fuerza del fantasma y el fetiche (como acertó a prolongar, en la vida y en el arte, otro gran escritor y pintor masoquista como Pierre Klossowski). Muy influida por la pintura de Tiziano, La Venus de las pieles ofrece así una surtida galería de obras que evocan los intensos placeres y bellezas del acto masoquista y se recrea, además, en las poses corpóreas y los detalles sensuales del ropaje (pieles animales y tejidos suntuosos) con que Wanda recubre su exuberante carnalidad.
La dimensión ética, en cambio, contradice las tentativas de tildar a Sacher-Masoch de misógino. En este sentido, podría considerarse La Venus de las pieles un cuento amoral. Cuando Severin hace de Wanda una diosa para poder adorarla como esclavo, está subvirtiendo las relaciones de poder convencionales, aquellas que corresponden a un régimen donde la desigualdad de género es la norma. Pero cuando, hastiado de la crueldad y esterilidad de la experiencia, descubre que no se podrá acabar así con los males de la opresión patriarcal, se niega a seguir participando del juego viciado y enuncia una moraleja intempestiva: “Que la mujer, tal y como ha sido creada por la naturaleza y como la educa actualmente el hombre, es enemiga del varón y únicamente puede ser su esclava o su déspota, pero nunca su compañera. Esto sólo será posible cuando ella goce de los mismos derechos que él, cuando sea igual a él por medio de la formación y el trabajo”.
Esta verdad política, 146 años después de la primera edición del libro, debería resonar como un mantra contra el maltrato, la explotación y el abuso. Y hacer de este libro perturbador una lectura obligatoria en todas las escuelas.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

JUEGO DE TRONOS


Mi  columna de ayer en medios de Vocento.

Treinta y ocho años después la democracia española no sabe aún qué pensar de sí misma.

La democracia es el aire que necesitan los pueblos para respirar, dicen que le dijo Fidel Castro a Donald Trump en su última llamada telefónica desde el planeta tierra. Y ambos líderes prorrumpieron a dúo en sonoras carcajadas antes de despedirse para siempre. Trump aprecia las bromas pesadas de los tiranos como los cigarros tercermundistas y las mujeres exuberantes, sin pensar demasiado en las consecuencias.
No sorprende que sea el programa de humor televisivo Saturday Night Live quien haya emitido los comentarios más agudos sobre las recientes elecciones recurriendo a la sátira y la caricatura. Con su mandato, Trump inaugura la era de la risa democrática, conectando con la vena cómica del pueblo. El fundamento de la democracia es polifónico y carnavalesco pese al lustre serio de la fachada institucional. No sé si los americanos se morirán de risa o de vergüenza en el período presidencial. Pero cuando Trump haga el ridículo clamoroso que se le augura lo echarán a patadas de la Casa Blanca con la fuerza de sus votos. Algo que no han podido hacer los cubanos con la dinastía de los Castro en más de cincuenta años de tristeza y soledad revolucionarias. Entre tanto, el huracán Trump amenaza con desatar erecciones reaccionarias en todo el mundo. Los fascistas continentales se frotan las manos sudorosas calculando cuánto les queda para conquistar de nuevo el poder por vías democráticas.
La democracia española, en cambio, no sabe aún si reír o llorar. Cada vez que se mira en el espejo mediático se siente más joven y vigorosa. Pero cuando se sienta a meditar sobre su origen y destino se reconoce anciana y gruñona como la madrastra de Blancanieves. Es el síndrome melancólico de una democracia madura. Cuanto más perdura e impregna la vida del país, más inadvertidos pasan sus éxitos. Frente a las veteranas democracias europeas, la gran virtud de la democracia española es su estado de transición permanente. Cierta inmadurez política conviene a una España que ha padecido durante decenios, como Cuba, el peso de la tutela totalitaria. La extracción de las dictaduras del cerebro de los pueblos es más difícil y dolorosa que la de una muela podrida. Y curar esa herida endémica exige mucho tiempo y paciencia.
Treinta y ocho años después debemos perder el miedo. Lo mejor de una gran Constitución es que puede reformarse cuanto se quiera, como los viejos edificios, sin que se derrumben las estructuras esenciales. La democracia española es sentimental, como diría Arias Maldonado, desde el principio. Y libidinal, añado, recordando con júbilo los turbios años de la transición. España tiene el corazón republicano y la cabeza monárquica. Ahí radica su fuerza crítica y su equilibrio inestable. El españolito machadiano viene hoy a un mundo liberado al fin de dioses opresores e idearios criminales. Celebrémoslo mientras dure.

lunes, 5 de diciembre de 2016

LA CASA NEGRA


 [Ishmael Reed, Mumbo Jumbo, La Fuga Ediciones, trad.: Inga Pellisa, págs. 330]

Nacido en la ciudad sudista de Chattanooga (Tennessee) en 1938, Ishmael Reed es el gran cazador negro de esa Moby-Dick blanca, protestante, anglosajona que ha mantenido a su pueblo en la esclavitud y luego en la opresión durante siglos y que, aún hoy, con un presidente afroamericano al frente de la Casa más Blanca de Washington, el sepulcro blanqueado de América del Norte, tiene a los miembros de esa raza maldita como víctimas preferentes de las peligrosas patrullas policiales y sus cuerpos armados de exterminio callejero.
 Con “Mumbo Jumbo” (1972) Reed culmina una larga década caracterizada por las luchas por los derechos y las libertades civiles. Reed escribe “Mumbo Jumbo” tras un viaje iniciático a Haití en 1969 y la novela encierra una considerable cantidad de datos sobre la historia de la isla, la espiritualidad pagana del vudú y el hudú, psicología e historia occidental, incluidas sus secciones más ocultas y sus episodios ocultistas, el judeocristianismo y su conexión espiritual con la esclavitud, la historia mundial y la historia americana, la historia de la música y el baile o la danza popular, y todo ello enfocado bajo el prisma de las revelaciones haitianas.
La magia literaria de “Mumbo Jumbo” toma su fuerza creativa de la invocación descarada de diversos factores genuinos: una exégesis revisionista de los mitos y arquetipos del antiguo Egipto (Isis, Osiris, Moisés), las prácticas de la magia vudú de los vivos y los muertos de las Indias Occidentales (Haití, Bahamas, Jamaica), los poderes elementales, los ritmos irresistibles y los mitos aborígenes de los negros africanos transmutados en tierras americanas.

La  trama invertebrada se ambienta, en gran parte, en el Renacimiento del Harlem de los años veinte, un momento detonante y expansivo de la cultura afroamericana del siglo XX, y se centra en la lucha de un personaje carismático, Papa LaBas, detective metafísico de atribulada existencia y practicante de los conjuros vudú y la brujería Neohudú (esto es, vudú oriundo de Nueva Orleans), reivindicada por Reed como energía primigenia de su literatura, contra las tentativas de la sociedad americana de los WASP (judeocristiana, monoteísta, capitalista, laboriosa, tecnócrata, puritana, etc.) por exorcizar y controlar el espíritu libérrimo de los negros (pagano, politeísta, lúdico, humorístico, musical, hedonista, etc.).
“Mumbo Jumbo” parodia el formato narrativo clásico transformándolo en polifonía carnavalesca que recicla todos los géneros y documentos (ficción detectivesca, ciencia-ficción, prosa y poesía, dibujos, carteles, anuncios publicitarios, bibliografías, poemas y artículos del Renacimiento de Harlem, mitologías griegas y egipcias, textos bíblicos, sagas germánicas, historia europea y americana, etc.) hasta conformar una sátira menipea de gigantescas proporciones y ambición desmesurada, cuyo fin último es la reescritura irónica de toda la cultura y la historia desde una perspectiva afroamericana.

La  operación subversiva de Reed en el seno de esta gran novela consiste en reinventar la mitología negra a fin de liberar a los negros de la mitología occidental de sus amos blancos. Mientras eso no ocurra, parecería decir Reed, no sirve de nada la supuesta libertad política que desde el fin de la esclavitud se les prometió como derecho inalienable.
“Mumbo Jumbo” es, de ese modo, un manifiesto político en pro de la libertad que es también una fiesta de la negritud entendida como jolgorio integral de la mente y el cuerpo en movimiento, como juego paródico de textos y paratextos y como gran carnaval de ideas excéntricas y situaciones desaforadas.
En definitiva, una valiosa reliquia de una época en que la literatura se creía omnímoda y aspiraba a revolucionar el mundo, en que su poder simbólico era tomado por eficaz sobre la realidad circundante.