Con el ojo de la imaginación, desde el
romanticismo al menos, si no antes, levantar la mirada para contemplar las
estrellas en el cielo nocturno se convirtió en un acto poético, un gesto
visionario, una confrontación con el infinito. Desde el siglo XX, ese mismo
ojo, o su hermano gemelo, la pupila de la fantasía, aprendió a superponer naves
espaciales, astronaves de todos los tipos, tamaños y procedencias, a ese
paisaje oscuro poblado de planetas habitados o deshabitados, estrellas
luminosas y galaxias en expansión, siendo solo un instrumento de la voluntad de
poder científico-técnica de la humanidad, o un producto del impulso o el deseo
humano de ir más allá: más allá de los límites del planeta, más allá de los
límites de la especie, más allá del sistema solar, más allá del infinito…
lunes, 4 de mayo de 2026
LA MÁQUINA DE ESPEJOS (2)
Publicado por
JUAN FRANCISCO FERRÉ
en
12:00
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