martes, 18 de febrero de 2020

CAUTIVOS DEL MAL


 [Publicado en medios de Vocento el 11 de febrero]

El mundo está globalizado, quién lo desglobalizará. El desglobalizador que lo desglobalice buen desglobalizador será. Madre mía, cuántos caracteres perdidos en un trabalenguas idiota. No conviene alarmarse, como dicen los chinos. La globalización está en cuarentena y no sabemos cuánto va a durar. Nos acostumbramos a ver circular dinero, viajeros y mercancías de aquí para allá, sin excesivas limitaciones, y llega este maldito virus y le pone freno a todo, comenzando tristemente por la vida de muchos ciudadanos. La globalización no se acaba, pero ahora un simple organismo mutado, surgido de las entrañas de un país desigual, superpotencia económica con regiones y modos de vida tercermundistas en su seno, la amenaza seriamente.
Viendo la otra noche “Nekrassov”, la inteligente comedia de Sartre escenificada por el Teatro de la Abadía, pensé mucho en Villarejo y sus turbios manejos de espionaje y extorsión. Pensé, sí, en el poder del partido de la cloaca y las sucias estrategias de sus servidores. Los ciudadanos no se inmutan. Asumen la corrupción encogiéndose de hombros y entienden la cloaca como la piscina infectada donde las élites se zambullen a pelo tarde o temprano. A unos analistas les asusta la información secreta que revelará el sumario judicial; a otros, en cambio, les inquieta la mala reputación bancaria en un momento de crisis estructural. El sistema también muta incesante y solo lo percibimos cuando nos enfrentamos a una pandemia letal, o a una sórdida conspiración mafiosa.
La globalización fuerza a cada punto del globo a tomar nota de su pertenencia al sistema y, al mismo tiempo, a singularizarse en el mapa mundial del turismo y los negocios. Lo local compite a vida o muerte con lo global en un partido de fútbol que elige el escenario del planeta como terreno de juego, creando heridas de difícil cicatrización. El Brexit desgarra a Europa, Cataluña divide a España, el campo se subleva contra la especulación que lo arruina, sí, y la nueva Copa del Rey provoca orgasmos pueblerinos en los estadios del Reino, a costa de su pegada en la pantalla global. Y entonces muere Cuerda, cerebro del terruño. En el fondo, su película más popular desnuda con retranca la norma abstracta que gobierna los destinos concretos del mundo. La indiferencia total. Cuando se acepta el absurdo como natural, todo da igual. Amanecer eterno en el ciberespacio globalizado. Eso tenemos. Y qué más da. Ahí os quedáis, maldijo Kirk Douglas malhumorado antes de palmarla.

lunes, 10 de febrero de 2020

LA ESTERILLA DE CARNE



 [Li Liweng (Li Yu), La alfombrilla de los goces y los rezos, Editorial Verbum, Enrique Gallud Jardiel (ed.), 2019, págs. 300]

            Más allá de los grandes clásicos de la era Ming (1388-1644) existe un canon de ficciones que rivalizan con ese cuarteto de monumentos literarios si no en ambición y extensión, sí en agudeza e inventiva. Uno de los más originales escritores del período decadente de esa gloriosa dinastía es Li Liweng, más conocido como Li Yu (1611-1680). Dramaturgo popular y empresario teatral, libertino vocacional y letrado fallido, autor de cuentos ingeniosos y de diarios y ensayos repletos de vivacidad e inteligencia, es el autor probable, en especial, de la novela pornográfica china más famosa (Jou Pu Tuan, o, en la traducción literal de Pierre Klossowski, La carne como esterilla de oración). En la cultura china, las obras eróticas cumplían un papel esencial. El ideario confuciano, instruido por la sexología taoísta, consideraba una fuente de buena salud social el “arte del dormitorio”, el comercio carnal del yin y el yang que novelas licenciosas e ilustraciones obscenas estimulaban.
Esta situación la alegoriza con picardía y humor el capítulo III de la novela, donde Weiyangsheng, el joven protagonista, recién casado debe instruir e incitar a Yuxiang, la esposa virgen hija de un dogmático confuciano, a consumar el matrimonio con la lectura de ficciones picantes y la contemplación de imágenes gráficas sobre posiciones y actos sexuales, con palabras como estas: “Precisamente porque se trata del tema más serio desde la mismísima Creación, los artistas han elegido pintarlo, montarlo en seda, ponerlo a la venta en tiendas de arte, y conservarlo en bibliotecas con el único propósito de aconsejarle a la posteridad sobre los modelos de conducta acertados. De lo contrario, con el correr del tiempo, se perdería gradualmente todo conocimiento del fortalecimiento recíproco del yin y el yang, maridos y esposas se rechazarían entre sí, cesaría la reproducción y, por último, se extinguiría la humanidad”.


Li Yu escribió un célebre drama lésbico (Lian Xiang Ban; “La compañía que amaba el dulce aroma”, en la traducción de Patrick Hanan) que se resolvía cuando el marido aceptaba a la amante de su mujer como segunda esposa, viviendo así un triángulo perfecto de felicidad conyugal. No menos perversa es esta excitante novela atribuida a Li Yu, donde un joven atractivo y hedonista, Weiyangsheng (“el Erudito de Medianoche”), decide, contrariando el mandamiento del maestro budista Budai Heshang, emprender el camino del libertinaje y la carne promiscua en lugar del retiro ascético y la meditación austera y saciar su apetito vital yaciendo con numerosas mujeres hermosas antes de rendirse, desengañado y maltrecho, a la evidencia de que la lujuria desmedida descarría el alma y destruye el cuerpo. Tres años bastan al ingenuo personaje para transitar las cuatro estaciones (primavera, verano, otoño e invierno, que simbolizan las cuatro partes de la novela con cinco capítulos cada una de ellas) de peregrinación hacia la redención final, desde un matrimonio anodino, salvado con el abuso de manuales sicalípticos, hasta la orgía frenética con múltiples amantes, mediando una truculenta operación quirúrgica por la que aumenta su pene minúsculo acoplándole el de un perro enardecido.
En el fondo, Li Yu viene a contarnos una paradoja erótica que admite interpretaciones en otros campos de la experiencia humana: cuanto más el puritanismo y la ortodoxia religiosa pretenden refrenar los deseos y placeres, más se instala en la trastienda el adulterio y la pasión ilícita. El Eros es una fuerza tan colosal que ni todas las morales y policías del mundo pueden frenarla. Lo más que se puede hacer, como predica Li Yu en sintonía con las enseñanzas de Sade, es refinar y controlar su acción, moderar su culto, trabarlo con artificios y técnicas milagrosas y rendirle pleitesía con inteligencia y cautela. Esta crítica iconoclasta al sistema de organización confuciana de la vida y, en particular, de la vida sexual, recuerda el humor sarcástico de escritores como Juan Ruiz, Rojas, Chaucer, Delicado, Aretino o Cervantes hacia los preceptos cristianos con que las sociedades occidentales reprimían el sexo.
Pero la incisiva ironía de Li Yu actúa como un bisturí filosófico que saja la carne palpitante de su tiempo para demostrar la discordancia entre los altos principios y la cruda realidad, la teoría moral y la práctica privada. De ahí también la universalidad de su mensaje. La letra de esta novela es libertina y pornográfica, picaresca y cáustica, mientras el espíritu es estético y sublime. Como en el “Libro de Buen Amor” o “La Celestina”, el sentido es ambiguo y la lección paradójica. El camino de la perdición conduce a la salvación espiritual. La exaltación carnal transporta al éxtasis y la iluminación zen. 
Como colofón provocativo, Li Yu remata su deliciosa novela con este epigrama irreverente contra la sabiduría: “¿No fueron los sabios quienes trajeron el mal y la desgracia al mundo?”.

NOTA BENE: Conozco otras dos ediciones españolas de este maravilloso clásico chino (la traducción de Beatriz Podestá, que fue la primera que leí a mediados de los noventa, hecha con toda seguridad desde la primera traducción al inglés, de 1963, obra de Richard Martin, y editada por Bruguera en 1978 como “novela erótica china” en su colección de Clásicos del erotismo, con prólogo de Rubén Solís; y la de Iris Menéndez, realizada también a partir de una traducción al inglés de 1990, aunque mucho más lograda, obra del profesor Patrick Hanan, autor también del prólogo, y que fue publicada por Tusquets en 1992 en la colección La sonrisa vertical dirigida por el gran erotómano Luis García Berlanga) y la versión francesa de Pierre Klossowski, cincelada en francés virgiliano a partir de una primera traducción literal del sinólogo Jacques Pimpaneau (producto a su vez del cotejo de un manuscrito chino depositado en Tokio y la traducción alemana de Franz Kuhn de 1959) y editada por Jean-Jacques Pauvert en 1962 (la edición que tengo es de 1979 y viene prologada por el gran comparatista René Etiemble). Según muchos especialistas, la versión francesa de Klossowski, por su sensibilidad perversa, refinamiento verbal y afinidad erótica, es la más fiel al humor original de Li Yu…

martes, 4 de febrero de 2020

NUEVO FRANKENSTEIN



[Jeanette Winterson, Frankissstein, Lumen, trad.: Laura Martín de Dios, 2019, págs. 318]

No es casualidad que en 2019, un año después de la celebración del segundo centenario de Frankenstein, el mismo año en que se ambienta Blade Runner, donde los replicantes encarnaban de un modo convincente los deseos humanos en un cuerpo artificial, dos escritores ingleses como Ian McEwan y Jeanette Winterson hayan publicado sendas novelas que suponen una relectura inteligente de la novela de Mary Shelley. Mientras el robot de McEwan en Máquinas como yo cuestiona sin miramientos los fundamentos de la identidad humana, de tal modo que la conciencia implacable de la máquina detecta sus debilidades, inconsistencias y deficiencias, Winterson, más audaz y literal que su colega, se enfrenta directamente a la reescritura de Frankenstein a fin de actualizar sus contenidos a la luz de los nuevos desafíos científicos y tecnológicos que están redefiniendo lo que entendemos por vida biológica. 
Estos postulados abren un nuevo campo de posibilidades para que el cuerpo y la mente, el cerebro y su soporte material, puedan fundirse con la informática y vencer a la muerte, a la entropía de la información, la negatividad natural y  la decrepitud irreversible de todo lo que amamos. Por ello esta fantástica novela de Winterson habla de ciencia, pasión, conocimiento, filosofía y también de amor: el amor de la carne humana literalmente enamorada de sí misma y de sus complejos procesos cognitivos y afectivos.
En principio, la historia es contemporánea, transcurre en Manchester, una ciudad cargada de significados relacionados con la revolución industrial, las teorías sobre el capitalismo de Marx y Engels y la lucha de los obreros contra las máquinas que los dejan sin trabajo, y se centra en dos personajes principales: el doctor Ry Shelley, un atractivo chico transexual, y el doctor Víctor Stein, un científico obsesionado con la transferencia de la información cerebral a una red informática con quien Ry mantiene una intensa relación amorosa. La dualidad encarnada por ambos personajes es uno de los grandes aciertos narrativos de Winterson. Así, mientras el doctor Shelley trabaja en un hospital con cadáveres y se enfrenta a diario, en su cuerpo y en otros cuerpos, a los dilemas de la carnalidad y la finitud, el deseo de cambiar de cuerpo y de encontrar un equilibrio en un organismo que posee poder y autonomía, el doctor Stein es un pensador poshumano que sueña con abandonar la materialidad que condiciona la vida y alcanzar la inmortalidad con la mente, pudiendo transferirla a voluntad a un cuerpo elegido.
Al mismo tiempo, Winterson reescribe la biografía de la jovencísima creadora de Frankenstein desde su perspectiva intransferible, examinando en primera persona las ideas y las vivencias que acompañaron la creación de su monstruosa obra y señalando cómo esta terminó absorbiendo, como trozos de carne desgarrada, las terribles experiencias que padeció en su juventud, desde la muerte de sus tres hijos a la de su marido, el poeta Shelley. Esta magnífica revisión de la dolorosa vida de Mary culmina con su encuentro, durante una fiesta en casa del científico Babbage, con Ada Lovelace, la genial hija del poeta lord Byron: una matemática visionaria que prefiguró asombrosos avances informáticos sobre la generación de máquinas pensantes y computadoras gigantescas (como ya analizó con agudeza crítica Sadie Plant, hace dos décadas, en su libro pionero Ceros + unos, que Winterson parece conocer aunque no lo cita). El diálogo entre mujeres tan singulares como Mary y Ada, en pleno corazón del siglo XIX, presagia también los trabajos futuros de Víctor Stein, cuyo antepasado, el doctor Frankenstein, el científico demente inventado por Mary, se oculta entre los invitados a la fiesta de Babbage como una sombra aguardando una oportunidad de encontrarse con su desdichada autora.
Finalmente, Winterson demuestra en esta original novela la tesis de que Mary dio a luz con Frankenstein no solo a una novela romántica precursora de la ciencia-ficción, sino a un mito trascendental, como el de Pigmalión aludido en el ingenioso título (el beso de amor que engendra en la piedra la vida mortal del ser de carne). Un mito que se ha hecho realidad gracias a la ciencia y la tecnología capitalista. El deseo de la criatura humana de recrearse, a imagen de los dioses, liberada de la muerte y la enfermedad, el sufrimiento y la tristeza. Un sueño prometeico tan grandioso como peligroso.

miércoles, 29 de enero de 2020

AMOR Y PEDAGOGÍA



[Publicado ayer en medios de Vocento]

Vaya por Dios, por una vez que en España se habla de educación tiene que ser de manera antipática. Nadie suele hablar de educación, ni siquiera en campaña electoral, porque el tema desborda los límites de lo que se considera atractivo en los discursos que ganan votos. Así que ver a Vox, un partido enemigo de la inteligencia, como diría Unamuno, reclamar el control familiar sobre ciertos contenidos impartidos en las escuelas parecería solo una ridícula antigualla si no fuera, a la vez, una trampa retórica. Estos ultras de nueva factura funcionan como una maquinaria infalible de producir ruido, una factoría publicitaria de agitación social de temas tabú que, por su condición de tales, ya suenan provocativos e invitan a la réplica y la polémica. Cosa que gusta también en el partido de los supuestos amigos de la inteligencia. Mientras dure la guerra dialéctica entre derecha e izquierda, nadie verá cómo ambas facciones manipulan el asunto del mal llamado “pin parental” a fin de ocultar la cruda realidad, es decir, los graves déficits de la educación española y la carencia absoluta de discusión seria en torno al modelo formativo que garantice un futuro digno a las niñas y niños de este país. A nadie interesa este debate político. Es más rentable enfrentarse por una cuestión transversal.
La defensa de la civilización cristiana occidental, concepto clave que Franco robó a Unamuno para bautizar su sangrienta cruzada, como muestra la película de Amenábar ninguneada en los Goya, Vox la afronta de ese modo grotesco que tantos réditos le da en una sociedad gobernada por el sensacionalismo mediático, la amnesia histórica y el ruido machacón. La respuesta de quienes no comparten esa posición arcaica debería ser, en cambio, más sutil y corrosiva, recordando con ironía a qué abusos privados puede conducir el “pin parental”. Y más en un país donde los padres de familia y los eclesiásticos cometen crímenes sexuales contra menores que suelen silenciarse o quedar impunes. Es natural que estos fundamentalistas no quieran que en las aulas escolares se enseñe nada que pueda ofender a la perversa visión del sexo que la Santa Madre Iglesia predica desde la remota antigüedad. Este credo misógino, que fomenta la pederastia como vicio sacerdotal, no ha variado nada en veinte siglos. Al contrario. Cualquiera que lleve a sus hijos a la catequesis conoce las aberraciones ideológicas que allí se escuchan y que terminan deformando la mente infantil. Es inaceptable, en una sociedad democrática, que la escuela pública siga dando cobijo preferente a propagandistas católicos en detrimento de enseñanzas menos dogmáticas. En realidad, el veto parental exigido por Vox debería aplicarse sin paliativos a quienes difunden discursos sectarios contra la tolerancia y la pluralidad sexual. De otro modo, le haríamos el juego sucio al enemigo doméstico.

lunes, 27 de enero de 2020

APOCALYPSE NOW


[Adolfo Monje Justo, Francis Ford Coppola. Poética del mito, Shangrila ed., págs. 385]

      Hace cuarenta años, en enero de 1980, veía en una sala de cine por primera vez Apocalypse Now, una de las películas que más trastornó mi mirada adolescente sobre el mundo, el pensamiento y la creación.
Hace casi cuarenta y un años, en mayo de 1979, un montaje inconcluso de Apocalypse Now le ganaba a Coppola su segunda Palma de oro en el Festival de Cannes (la primera fue en 1974 por La conversación, excéntrico homenaje al Blow Up de Antonioni). Meses después se estrenó en salas un montaje que en aquel momento se suponía definitivo y que fue recibido por los espectadores de entonces entre el estupor, la perplejidad y el asombro. Coppola había rodado más de noventa horas de metraje y había conseguido componer una versión satisfactoria de apenas dos horas y media. Cuarenta años después, Apocalypse Now es una obra que ha superado de tal manera a su autor que este, tras diversas versiones, sigue sin encontrar el montaje definitivo (por más que desde el año pasado se distribuya en 4K el supuesto Final Cut de la película, de tres horas y cuarto de duración).
La condición de inconclusa, no obstante, conviene a una obra artística que se abre a las posibilidades del significado y la interpretación. Así Apocalypse Now, obra maestra de una nueva literatura de las imágenes, representa un cine que aspiraba a ser tan poderoso y creativo como la literatura y la filosofía juntas, sin dar de lado a la pintura y a la música, para transformarse, en sintonía con los planteamientos de sus maestros Welles, Kubrick y Syberberg, en un arte total.
Todo eso y mucho más nos enseñó el maestro italoamericano a los espectadores cómplices de finales de los setenta, que creíamos haberlo visto todo en una pantalla, tras una década de esplendor inaudito, y aún nos quedaba explorar el inconsciente colectivo de una América que no saldría ilesa de la guerra de Vietnam y del Watergate. Ese es el sentido político de la palabra “apocalipsis” que atruena desde el título como una condena fatal. Es la revelación de un apoteósico fin de ciclo, un más allá de la experiencia viciada de una realidad corrupta, como escenificaban las imágenes de la destrucción final en la versión primigenia (luego obliteradas por razones para mí inexplicables). Hay quien señala que la época más creativa del cine americano del siglo XX se inauguró con el 2001 de Kubrick, un viaje cósmico hacia el infinito y la renovación, y se clausuró con Apocalypse Now, un viaje dantesco al fin de la noche, un descenso al infierno de la guerra, la historia y los mitos primordiales.
Este libro de Monje acierta al pretender adentrarse bien armado en la jungla mitológica de una obra tan compleja como esta y lo hace, además, organizando el análisis como un viaje por los grandes mitos que la tradición y la literatura han construido para explicar la existencia humana, la vida y la muerte, o los ciclos de decadencia y renacimiento. El eterno retorno, en suma, de la vida en sus infinitas metamorfosis y mutaciones. En este sentido, Monje parte del concepto genérico de imaginario, tal como lo enunció Gilbert Durand, antropólogo defensor de las poéticas del mito, como acervo de símbolos, ficciones y fábulas con que la mente humana explica su presencia y su relación con el mundo. Y luego se apoya en el filólogo folclorista Eleazar Meltinski, quien estudió la remitologización de la literatura en el siglo XX, con obras maestras como el Ulises de Joyce, La tierra baldía de Eliot o José y sus hermanos de Thomas Mann.
Tras el exhaustivo análisis de Monje, queda en evidencia que Apocalypse Now es una obra mitologizante de esta clase: una creación híbrida donde la línea narrativa principal la suministra una novela alegórica como El corazón de las tinieblas de Conrad a la que se le van adhiriendo motivos míticos hasta constituir una enciclopedia narrativa sobre la mitología humana. La única duda que plantea este sólido estudio es si la fusión del mito tradicional, propio de sociedades arcaicas, y la tecnología del cine, producto de una civilización avanzada, no funcionaría neutralizando el poder liberador y restaurador del mito, convirtiéndolo en espectáculo de un estadio capitalista donde los mitos y sus cultos han perdido influencia.  

martes, 21 de enero de 2020

FICCIONES



[Publicado en medios de Vocento el martes 14 de enero]

Hace tanto tiempo que los signos de lo real desaparecieron del mapa del mundo que ya ni los echamos de menos. Miramos alrededor con nostalgia sin saber por qué. Todos simulamos un papel que no nos corresponde. Hacemos creer a los demás tertulianos que entendemos lo que pasa y podemos opinar sobre lo divino y lo humano y solo es una impostura. Escuchamos análisis políticos hechos siempre por los mismos periodistas y politólogos y no nos extraña que todos repitan las mismas ideas y argumentos. No es inteligente decir o escribir algo que se salga del guion prescrito. Escuchar una voz singular en un coro de imitadores es un fenómeno tan chocante como el de la Liga española de fútbol acudiendo con toda la caballería machista al rescate de las mujeres saudíes.

Manipular los signos de la realidad es importante para producir efectos duraderos sobre esta. Los buenos estrategas lo saben. Vemos a Trump golpear a los iraníes en pleno año electoral para ganar votos y revalidar mandato y nos creemos que la respuesta del imán iracundo es menos cinematográfica. Y los dos adversarios se dan por satisfechos, sabiendo que no irán a más. Como Sánchez e Iglesias, cuyo pacto imposible, superada la pantalla de la investidura, revelará desgarrones a medida que la nueva legislatura avance hacia el bloqueo efectivo. No sé de qué se queja la derecha. Más fácil no lo puede tener. Aterrorizar a la clientela al grito de “se rompe España” es un mantra recalcitrante que dará frutos podridos en el futuro, sin duda. Pero de Guerra Civil nada. Este es solo el simulacro de amenaza bajo el que algunos han elegido vivir por conveniencia partidista. Llevamos jugando al juego de la desmemoria histórica todo el siglo y hasta hemos olvidado qué clima real propició la contienda cainita.

Es muy peligroso jugar a las señas de identidad como bandera. Cuando lo hace un periférico, la cosa funciona. La ideología radical y el pequeño territorio fortalecen tu discurso. Pero en cuanto hablas de España pasas por facha. Así, la izquierda balbucea al defender el nacionalismo constitucional mientras la derecha babea patriotismo tóxico. Y es que la política activa es la rama espectacular de la sociología. Una de dos, o cambiamos el sistema electoral para fomentar mayorías, o esta fragmentación excesiva hará imposible gobernar el país. 2020 promete convertirlo todo en problema. Un problema matemático, eso también. De cuentas y no solo de cuentos. Sin embargo, podemos estar contentos. Nada más comenzar el año hemos comprendido por fin, gracias al extraño caso del exentrenador del Málaga, qué significa la intimidad en los tiempos del porno. No es poco. La intimidad, como responde una alumna milenial con picardía, es ese momento surrealista cuando todos los dispositivos electrónicos, incluidos vibradores inteligentes, están apagados, desconectados o fuera de cobertura.

miércoles, 8 de enero de 2020

MIEDO Y ASCO EN HOLLYWOOD: CINE Y METACINE EN 2019


[Como todos los años desde sus inicios, por estas fechas el blog se transforma en foro de discusión cinéfila entre mis gustos, expuestos en primer lugar, y, justo después, los de un puñado de amigos (reconocidos film buffs o avezados exploradores de la cosa fílmica) con opiniones a menudo divergentes: Manuel Arias Maldonado, José Ángel Barrueco, Noel Ceballos, David Leo García, Txema Martín, Vicente Molina Foix, François Monti, Pepo Pérez, Marta Sanz (en riguroso orden alfabético). Por primera vez desde los comienzos de esta encuesta, si no me fallan las cuentas, las coincidencias entre nosotros, en lo que se refiere a cine, son más este año que las diferencias: así Érase una vez y Parásitos se erigen en favoritas con 8 votos, les siguen Joker con 6, Largo viaje hacia la noche, Retrato de una mujer en llamas y Dolor y gloria con 5 y El irlandés con 4. Ha sido un gran año de cine, pese a todo...]




JUAN FRANCISCO FERRÉ

Miedo: que el cine creativo o nuevo se quede cada vez con menos espectadores, quienes a su vez solo presten atención a las series, que son cada vez mejores a pesar de todo, y las salas sirvan solo a los intereses de los productos más banales y mediocres...

Asco: que una celebración apoteósica de la estulticia y la nulidad como Los vengadores: Endgame sea la película más vista del año en todo el planeta (además de la película más taquillera de la historia) es un serio motivo de preocupación y disgusto.

De todas las películas del año pasado, solo el Joker (vetada en China no por casualidad, así como Érase una vez en…Hollywood, menudo par…), como cine al servicio de la paranoia crítica y la patología revolucionaria (lo que también ha representado la clausurada Mr. Robot como gran serie esquizo-deleuziana de la historia), cumpliría su papel como obra maestra de una cultura de masas digna de tal nombre, es decir: como obra que capta el espíritu colectivo de su tiempo y lo conjura (o exorciza) mediante recursos artísticos del más alto nivel. Y que esta película provenga del mismo corazón de la industria cinematográfica y no de los márgenes (más o menos) independientes, es motivo de asombro y perplejidad…

Lo dicho. Miedo y asco. Y también la alegría precaria de poder ver aún en salas películas como mi docena dorada y el elenco de notables descartes.

§ Mis 12 películas de 2019 (en orden de preferencia):

Érase una vez en…Hollywood (Quentin Tarantino)
Le livre d´image (Jean-Luc Godard)
Parásitos (Bong Joon-Ho)
Joker (Todd Phillips)
La ceniza es el blanco más puro (Jia Zhang-Ke)
Silvio (y los otros) (versión íntegra; Paolo Sorrentino)
El lago del ganso salvaje (Diao Yinan)
Retrato de una mujer en llamas  (Céline Sciamma)
Largo viaje hacia la noche (Bi Gan)
Pájaros de verano (Ciro Guerra y Cristina Gallego)
Sorry to Bother You (Boots Riley)
La portuguesa (Rita Azevedo Gomes)
+ Ultra pulpe/Extazus (dos extras, un mediometraje y un videoclip, del inefable Bertrand Mandico)

Notables descartes (sin orden de preferencia): Nación salvaje (y su gemela televisiva, Euphoria); Sophia Antipolis; La favorita; Curiosa; Dolor y gloria; The Souvenir; Synonymes; Diamantino; An Elephant Sitting Still; Jeune femme; Blindspotting; Mandy; Mamá y papá; Viudas; Dobles vidas; Bodied; Zombi Child; Dragged Across Concrete; The Beach Bum.

Notables recuperaciones de años anteriores: La telenovela errante; Lázaro feliz; Revenge; Un asunto de familia; Clímax; Brawl on Cell 99.

Notorios blufs: El irlandés, el viejo maestro Scorsese rindiéndose al poder ubicuo y los signos de moda de la marca Netflix; Bacurau, o el simulacro de una utopía anti-Bolsonaro, un Glauber Rocha descafeinado…


§ Mis 12 series de 2019 (en orden de preferencia):

The OA 1 & 2 (Brit Marling y Zal Batmanglij)
Too Old to Die Young (Nicolas Winding Refn)
Watchmen (Damon Lindelof)
Mr. Robot 4 (Sam Esmail)
Fleabag 1 & 2 (Phoebe Waller-Bridge)
Killing Eve 1 & 2 (Phoebe Waller-Bridge)
Chernobyl (Craig Mazin)
Years and Years (Russell T. Davies)
Mindhunter 2 (Joe Penhall/David Fincher)
Doom Patrol (Jeremy Carver)
Euphoria (y su gemela fílmica, Nación salvaje; Sam Levinson)
The Affair 5 (Hagai Levi y Sarah Treem)

Notables descartes (sin orden de preferencia): Veronica Mars (4), The Loudest Voice, Now Apocalypse, La chica del tambor, Catch-22, I am the Night, Mr. Mercedes (1 y 2), True Detective (3), Big Little Lies (2), Stranger Things (3)…

Grandes recuperaciones cinéfilas: L´Amour l´après-midi (Rohmer), Rolling Thunder (Flynn), todo Terayama, Ophüls y Mamoulian, portentosos cada uno en su género y estilo, y además: dos rarezas góticas, La leyenda de la Casa del Infierno y El íncubo (ambas de John Hough), una rareza inclasificable, La muchacha del sendero (Nicolas Gessner), y una rareza noir, Born to Kill, de Robert Wise, entre otras.

Los emocionantes guiños a Fragonard y a Vivaldi, tan de mi gusto, en The Souvenir y Retrato de una mujer en llamas, me recuerdan que en el siglo XXI la libertad artística del siglo XVIII, ese modo único en que el arte expresaba con talento lo que la vida no siempre permitía, seguirá siendo una referencia imprescindible, más allá de las modas, la corrección y los dogmas. 



MANUEL ARIAS MALDONADO

Señalo a continuación, sin orden de prelación, las once mejores películas del año recién terminado: diez como número redondo y una película hors catégorie. He visto en festivales obras que aún no se han estrenado en salas comerciales, igual que el año pasado, lo que explica la ausencia de algunas películas que ya estaban en mi lista de 2018. No veo el número suficiente de series televisivas para hacer una lista aparte, pero he incluido una en las menciones honorables.

LARGO VIAJE HACIA LA NOCHE. Fascinante trabajo del director chino Bi Gan, quien destila las influencias de Wong-Kar Wai y David Lynch de una manera tan personal como virtuosa al relatarnos la búsqueda -temporalmente fracturada- de un viejo amor a través de una China herrumbrosa e irreal. Incluye un giro portentoso: un plano secuencia final, de unos 50 minutos, que transmite de manera insuperable la sensación de habitar un sueño ajeno. Una obra enigmática y visualmente cautivadora.

ÉRASE UNA VEZ EN HOLLYWOOD. Tarantino en la cima de su carrera: un homenaje a la ciudad de Los Ángeles -su ciudad- y un canto de amor a la industria del cine y la televisión de los años 60, rodada en estado de gracia con un abrumador despliegue de recursos narrativos. La película se sitúa en la encrucijada de finales de aquella década, cuando los crímenes de la familia Manson certificarían la degeneración de la contracultura: Tarantino repite, pero mejora con mucho, la maniobra contrafáctica de Inglorious Bastards y pone la ficción por delante de la historia. Otro mundo es posible, pero solo en pantalla.

EL IRLANDÉS. Scorsese vuelve al cine de gángsters para hacer algo que no se había hecho con el cine de gángsters. Se trata de una película meditativa y crepuscular que reúne a su elenco habitual -a pesar de que todos ellos son ya casi octogenarios- y recorre en sordina la historia norteamericana del siglo XX. Mediante una sofisticada estructura narrativa, que incluye distintos niveles temporales, Scorsese avanza sin pausa hacia una prodigiosa hora final en la que conocemos la soledad y vejez del sicario, cuya crueldad es denunciada por la mirada muda pero acusatoria de su hija, en lo que constituye una notable reflexión sobre la representación cinematográfica de la violencia.

LA VIDA INVISIBLE DE EURÍDICE GUSMAO. Este melodrama de Karim Aïnouz, ganador del premio Un certain regard en el Festival de Cannes, habría merecido mucha mayor atención por parte de crítica y público. Ambientado en Rio de Janeiro en los años 50 y 60, la película narra la historia trágica de dos hermanas separadas por sus padres tras el embarazo fuera del matrimonio de una de ellas: llena de sensualidad visual, con un uso inmejorable de la música herrmaniana de los hermanos Garbato y el recurso a elipsis temporales que jalonan el relato como si fueran hachazos, la película conmueve y convence, sosteniendo de paso un interesante punto de vista sobre la difícil realidad de la mujer en el Brasil de aquellos años sin necesidad de recurrir al subrayado didáctico.

MARTIN EDEN. Originalísima adaptación de la novela de Jack London a cargo de Pietro Marcello, que traslada la acción de la obra original a la ciudad portuaria de Nápoles en una época que se mantiene hábilmente indeterminada por medio de insertos de imágenes de archivo de distintos momentos del siglo XX. La apasionada peripecia de un muchacho humilde que quiere convertirse en escritor y ser aceptado por la buena sociedad, de una de cuyas hijas se ha enamorado, se beneficia de magníficas actuaciones y del pulso narrativo de Marcello, que nos lleva de un sitio a otro con viveza y sentido del encuadre.

LA  GOMERA. El rumano Corneliu Porumboi entrega un noir insólito donde el silbo gomero se convierte en la estratagema decisiva de una banda de malhechores liderada por Agustí Villaronga. Moviéndose entre Bucarest y la isla canaria, Porumboi se centra en la figura de un policía que se enamora de una femme fatal (llamada Gilda), viéndose obligado a colaborar con los gángsters para poder salvarla. Narrada en forma episódica a partir del nombre de los distintos personajes, la película utiliza la trama criminal para denunciar la herencia comunista en forma de corrupción policial y espionaje de la intimidad, sin salirse por ello de las felices convenciones del género.

LOS HERMANOS SISTERS. Un western francés, rodado mayormente en España, que habla de falansterios y esperanzas políticas truncadas en la Norteamérica de mitad del XIX: eso es lo que ha hecho Jacques Audiard con maestría en esta película inesperada, donde el gatillo certero de los dos hermanos del título topa con el sueño socialista de un buscador de oro convencido de la posibilidad de fundar una nueva sociedad... hasta que todo sale mal, o casi todo. Vemos las playas de San Francisco y a un pistolero tragarse una araña mientras duerme.

HIGH LIFE. Claire Denis se va al espacio en compañía de Robert Pattinson y Juliette Binoche, y el resultado no es una obra de ciencia-ficción al uso, sino otra áspera ficción donde la corporeidad de los tripulantes de una nave errabunda, criminales condenados en la Tierra que aceptan conmutar su pena por participar en una misión destinada a investigar los agujeros negros, coexiste con una reflexión sobre la especie humana y sus soledades metafísicas. Hay un momento inolvidable: la caída a pico de los astronautas muertos en pleno espacio exterior durante los primeros minutos del film.

THE SOUVENIR. La directora británica Joanna Hogg relata, con aguda delicadeza, sus años juveniles como estudiante de cine en Londres y la relación sentimental que mantiene con un enigmático miembro -intuimos- del MI6 en los años del IRA y la heroína. Aunque siempre controlada, la narración se abandona a ocasionales raptos de lirismo y consigue -con ayuda de la banda sonora- transmitirnos el sentido de lo que hubo de ser vivir aquella juventud en aquella Inglaterra, donde la protagonista -interpretada por la hija de Tilda Swinton, presente también aquí- completa la primera fase de su educación sentimental.

PARÁSITOS. Por fin, una película sobre la desigualdad que -a diferencia de Joker- no incurre en un exceso de demagogia (aunque un poco sí que contiene) al presentarnos el abismo entre ricos y pobres en la ciudad de Seúl: la astuta sátira de Bong Joon-ho presenta a ambos grupos sociales como aquejados de similares defectos morales, solo que bajo distintas formas y con diferentes condiciones de partida. Aunque el sangriento desenlace, concebido en la tradición del grand-guignol, resulta discutible, la película está filmada con magistral desenvoltura y renuncia a cualquier reproche moralista.

EL LIBRO DE IMÁGENES. Godard se reinventa a las puertas de la muerte y, dando una vuelta de tuerca a la técnica que ya pusiese en práctica en sus Historia(s) del cine, elabora una admirable -e inagotable- reflexión sobre la relación entre cine e historia, organizada a partir de su ronco fraseo y de la superposición de citas visuales, literarias y musicales. En el tercio final, el director suizo sorprende con una indagación del cine árabe, justo antes de regalarnos un final asombroso y conmovedor de la mano de Maupassant y Öphuls.

Añado, como menciones más que honorables en lo que ha sido un espléndido año de cine: la rompedora y original EMA de Pablo Larraín; la intensa experiencia estética que nos proporciona TOO OLD TO DIE YOUNG, donde Nicolas Winding Refn encuentra una historia a la altura de su talento visual; EL OFICIAL Y EL ESPIA, o el caso Dreyfus contado de manera trepidante por un Roman Polanski que demuestra estar en plena forma a sus 86 años; RETRATO DE UNA MUJER EN LLAMAS, brillante relato de amor entre una pintora y su modelo en la Francia del XVIII a cargo de Céline Sciamma; LA VIRGEN DE AGOSTO, rohmeriana excursión de Jonás Trueba por un Madrid vacío de turistas y lleno de interrogantes vitales para su protagonista; y AMAZING GRACE, el recuperado documental que filmase Sydney Pollack en 1972 durante la famosa grabación del monumental álbum gospel de Aretha Franklin. 


JOSÉ ÁNGEL BARRUECO

Películas, documentales y series de televisión: mis favoritos de 2019

PELÍCULAS:

1-Érase una vez en… Hollywood (Quentin Tarantino)
2-The Irishman (Martin Scorsese)
3-Mula (Clint Eastwood)
4-Parásitos (Bong Joon-ho)
5-Dolor y gloria (Pedro Almodóvar)
6-Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler)
7-Marriage Story (Noah Baumbach)
8-Lo que esconde Silver Lake (David Robert Mitchell)
9-Joker (Todd Phillips)
10-Star Wars. Episodio IX: The Rise of Skywalker (J. J. Abrams)
11-Ad Astra (James Gray)
12-Nosotros (Jordan Peele)
13-En los 90 (Jonah Hill)
14-La favorita (Yorgos Lanthimos)
15-Green Book (Peter Farrelly)
16-Los Hermanos Sisters (Jacques Audiard)
17-Día de lluvia en Nueva York (Woody Allen)
18-Yo soy Dolemite (Craig Brewer)
19-The Lighthouse (Robert Eggers)
20-Hustlers (Lorene Scafaria)
21-Puñales por la espalda (Rian Johnson)
22-The Report (Scott Z. Burns)
23-¿Dónde está mi cuerpo? (Jeremy Clapin)
24-John Wick 3: Parabellum (Chad Stahelski)
25-¿Podrás perdonarme algún día? (Marielle Heller)

DOCUMENTALES:

1-Rolling Thunder Revue (Bob Dylan)
2-Free Solo (Jimmy Chin, Elizabeth Chai Vasarhelyi)
3-Wild Wild Country (Chapman Way, Maclain Way)
4-Apolo 11 (Todd Douglas Miller)
5-El caso Alcàsser (León Siminiani)

SERIES:

1-Chernobyl
2-La maldición de Hill House
3-Juego de Tronos (última temp.)
4-Mindhunter (2ª temp.)
5-Big Little Lies (2ª temp.)
6-Love, Death + Robots
7-El método Kominsky (2ª temp.)
8-Demasiado viejo para morir joven
9-The Mandalorian
10-The Virtues


NOEL CEBALLOS

Sin ningún orden en particular:

BORDER (Ali Abbasi)

La película más importante sobre, en mi opinión, el tema más importante del año: la identidad.

ÉRASE UNA VEZ… EN HOLLYWOOD (Quentin Tarantino)

Vibrante, sublime y fascinantemente contradictorio canto al fin de la inocencia escrito con sangre, sudor y lágrimas de actor fracasado.

RETRATO DE UNA MUJER EN LLAMAS (Céline Sciamma)

Dos amantes desesperadas por escapar de la mirada masculina buscan, aunque les duela, un minúsculo resquicio de libertad.

PUÑALES POR LA ESPALDA (Rian Johnson)

Cine social con piel de liviano quién-lo-hizo. Eric y Don Trump no la habrán incluido en sus listas de lo mejor del año: su mensaje es que, a partir de ahora, Estados Unidos será para quien lo merezca, no para quien herede.

LARGO VIAJE HACIA LA NOCHE (Gan Bi)

Ya se estrenan pocas películas que de verdad entiendan el cine como experiencia de lo sublime, pero esta es una de ellas.

HISTORIA DE UN MATRIMONIO (Noah Baumbach)

Cuando “Cada mañana me levanto y deseo que te hayas muerto” significa “Te quiero, pero ya no puedo decírtelo”.

THE MOUNTAIN (Rick Alverson)

No pasó por salas, pero merece la pena buscar en Filmin este verdadero tratamiento de choque, firmado por uno de los autores más radicales e incómodos de la actual comedia de vanguardia.

APOLO 11 (Todd Douglas Miller)

La gran aventura humana, narrada con la urgencia de un reportaje en directo. Uno de los documentales más poderosos de la década.

HIGH FLYING BIRD (Steven Soderbergh)

El guionista y dramaturgo Tarell Alvin McCraney parte de la NBA para hablar de racismo institucional, mientras Soderbergh lo graba todo con su teléfono.

VARDA POR AGNÈS (Agnès Varda)

El testamento cinematográfico de una figura colosal. Aún nos queda mucho que aprender de ella.

Y no me quiero olvidar de algunas producciones televisivas realmente brillantes: la primera temporada de I Think You Should Leave (Netflix), el especial de comedia My Favorite Shapes by Julio Torres (HBO), algunos episodios increíbles de Capítulo 0 (Movistar), Too Old to Die Young (Amazon Prime Video) o Watchmen (HBO). Para terminar, mi cosa audiovisual favorita de 2019: John Mulaney & the Sack Lunch Bunch (Netflix). 


DAVID LEO GARCÍA

Este año no he visto tanto cine como me gustaría, en parte y paradójicamente por haberme estrenado yo mismo, si bien de forma muy modesta, en la realización. Pese a ello, y pese a no haber visto algunas de las películas más aclamadas del año (como An Elephant Sitting Still, Il tradittore, Martin Eden o El peral salvaje) o haber salido frío del visionado de otras tantas (Joker, Érase una vez en... Hollywood, Historia de un matrimonio o Parásitos), no me resisto a citar algunas cintas que me han maravillado, sin un orden muy estricto de preferencia:

LARGO VIAJE A LA NOCHE (Bi Gan)
THE GOLDEN BOAT (Raúl Ruiz)
LA PORTUGUESA (Rita Azevedo Gomes)
THE HALT (Lav Diaz)
SOPHIA ANTIPOLIS (Virgil Vernier)
EL FARO (Robert Eggers)
RETRATO DE UNA MUJER EN LLAMAS (Céline Sciamma)
BLIND SPOT (Tuva Novotny)
LE LIVRE D'IMAGE (Jean-Luc Godard)
YOUR FACE (Tsai Ming-liang)


TXEMA MARTÍN

1. La Favorita (Dir. Yorgos Lanthimos)

Un triángulo de sexo y de poder que conduce sin remedio al fatalismo, a la enfermedad o al ridículo, degenerando en una parodia barroca llena de humor negro. Entre Shakespeare y una tragedia griega, ‘La favorita’ es una gran lección de cine.

2. Parásitos (Dir. Bong Joon-Ho)

La relación entre dos familias de clases diferentes sirve de detonante para un drama social que se transforma a su vez en una comedia sórdida e inteligente, pero también entretenida y reflexiva.

3. El irlandés (Dir. Martin Scorsese) 

El resultado de ese cheque en blanco de Netflix es un peliculón que solo puede llevar la marca de Scorsese, el sello total de una autoría que es la evolución moral y cinematográfica de una carrera difícil de igualar.

4. Nosotros (Dir. Jordan Peele)

Con permiso de ‘Midsommar’, ‘Us’ es la película de terror del año y Peele, el director revelación del género, al menos en su faceta más comercial. El realismo va perdiendo peso en la historia hasta llegar a un cuanto alucinante.

5. Historia de un matrimonio (Dir. Noah Baumbach)

Baumbach se postula como un novísimo cineasta de las emociones y esta película es el gran drama matrimonial de lo que llevamos de siglo.

6. Lo que arde (Dir. Oliver Laxe)

Laxe es el hijo gallego del Festival de Cannes y en este cuento incendiario reivindica el mundo rural y la naturaleza, y tiene la virtud de mostrar a los personajes sin juzgarlos, tratando con sumo respeto al espectador.

7. Érase una vez en… Hollywood (Dir. Quentin Tarantino)

Un resumen de lo mejor que puede llegar a hacer Tarantino en su mejor película en mucho tiempo. Toda una declaración de amor al cine y un retrato del Hollywood más loco.

8. Joker (Dir. Todd Philips)

No hay ninguna película que haya causado mayor impacto que ‘Joker’: no haberla visto supone haberse perdido 2019. La reconstrucción del villano pasa por su humanización y por una extraordinaria integración en el presente, trazando además un retrato del sentimiento generalizado de descontento social.

9. Border (Dir. Ali Abbasi)

La historia de amor más extraña y amorfa en mucho tiempo. Una película imaginativa que habla de la identidad y de los márgenes dirigida por un director iraní aunque nacionalizado danés que ha firmado la gran sorpresa del cine europeo.

10. Dolor y gloria (Dir. Pedro Almodóvar)

El testamento cinematográfico de un genio sostenida en buena parte por la interpretación de Antonio Banderas. Quién le iba a decir a Almodóvar de los 80 que el actor malagueño terminaría haciendo de él (y pareciéndose) en el mejor papel de su carrera.

11. Retrato de una mujer en llamas (Dir. Céline Sciamma)

La directora de ‘Tomboy’ nos ha traído en 2019 una película preciosa en lo visual y en lo literario y contenida de manera que, como si fuera un incendio, se va haciendo más grande conforme va pasando el metraje.

12. High Life (Dir. Claire Denis)

La ciencia ficción se une con el terror para que Juliette Binoche y Robert Pattinson repueblen el universo.

13. Consequences (Dir. Darko Stante)

Esta película eslovena es, junto a la cinta rusa ‘Acid’ (de Aleksandr Gorchilin) de lo mejor que se ha visto en la última edición del festival de cine online Atlántida Film Fest, el evento cinematográfico del año.

14. La virgen de agosto (Dir. Jonás Trueba)

Un resplandeciente paseo por Madrid en agosto con todas sus verbenas; un cuento de verano al que llaman 'rohmería'.

15. Día de lluvia en Nueva York (Dir. Woody Allen)

Un película pequeña y poco ambiciosa pero que es puro entretenimiento; una de las que más he disfrutado en todo el año

Mis 5 series del año:

1. Chernobyl (HBO/Sky)
2. Succession (HBO)
3. Fleabag (BBC / Amazon Prime Video)
4. Paquita Salas (Netflix)
5. Euphoria (HBO)


VICENTE MOLINA FOIX

1. Parásitos. Bong Joon-ho. El teatro de la crueldad de la lucha de clases.
2. Érase una vez ...en Hollywood. Quentin Tarantino. Documental ficticio basado en (algunos) hechos reales.
3. Largo viaje hacia la noche. Bi Gan. Escritura automática de la más dislocada belleza (o "es locura, pero metódica", la frase de Polonio sobre el príncipe Hamlet).
4. Agnès por Varda. Los testamentos nunca traicionados de la mayor cineasta bipolar de la historia
5. Dolor y gloria. Pedro Almodóvar. Resonancias magnéticas de un cuerpo herido y memorioso.
6. La balada de Buster Scruggs. Hermanos Coen. Desigual película de episodios, con algunas de las más geniales bufonadas de estos dos comediantes del cine.
7. Un hombre fiel. Louis Garrel. Delicadísima miniatura de aparente "marivaudage". Y el mejor guión firmado en su larga carrera por Jean-Claude Carrière.
8. El peral salvaje. Nuri Bilge Ceylan. Densidad turca envuelta en una bruma poética de arrolladora personalidad.
9. Madre. Rodrigo Sorogoyen. Un cortometraje brillantísimo expandido en una ambigua y fascinante misa laica.
10. Si se me permite, le doy medio punto compartido a las dos mejores comedias románticas del año, Un día de lluvia en Nueva York de Woody Allen y Historia de un matrimonio de Noah Baumbach. Allen se fija aquí mucho en Donen, y Baumbach remeda con gran talento a Allen. 

FRANÇOIS MONTI

Tanta gente hablando en 2019 de películas de horror con ínfulas de autor (las decepcionantes Midsomnar o Us) cuando el secreto quizás radicaba en hacer películas de autor con ínfulas de horror. No sé si me ha impactado más una peli este año que el Atlantique de Mati Diop — quién va a querer realismo social teniendo esto… Y la Zombi Child (con ecos de la obra de culto de Halperin) del siempre fascinante Bonello tampoco se queda muy atrás. Por lo demás, la lista de mis películas del año forma una mezcla bastante típica, me imagino. Es que no venimos aquí a hacernos los originales.

Sin orden particular pero sí con una predilección por las dos primeras:

Atlantique, Mati Diop
Zombi Child, Bertrand Bonello

Glass, M. Night Shyamalan
Once Upon a Time…in Hollywood, Quentin Tarantino
Ad Astra, James Gray
Ash Is Purest White, Jia Zhangke
Joker, Todd Phillips
Parasite, Bong Joon Ho
Il Traditore, Marco Bellocchio
Un couteau dans le coeur, Yann Gonzalez

Menciones especiales para:

*  Dos cineastas ingleses no tan bien vistos como deberían ser — ni con tan buenas pelis como podrían tener, para ser honesto. Peter Strickland, con In Fabric y Ben Wheatley con Happy New Year, Colin Burstead.
*  Dos películas francesas que bien podrían haber transformado mi lista en la más gabachófila de mi vida (vaya pesadilla): Le Daim, de Quentin Dupieux (maravilloso Dujardin, maravillosa Haenel) y Sibyl, de Justine Triet (Virginie Efira: qué lejos han quedado los años del Megamix belga de tu juventud y en qué buena actriz te has convertido)
*  Sion Sono — Vale, The Forest of Love, su cinta para Netflix, roza lo ridículo. Pero este ridículo no es tan lejano a la genialidad de sus obras de hace diez años.

PEPO PÉREZ

Series TV

1.      ‘Fleabag, T2, Phoebe Waller-Bridge. Su final, con la protagonista despidiéndose del espectador mientras rompe de nuevo la cuarta pared, como ha hecho todo el tiempo, podría ser el resumen de esta serie divertida y conmovedora, emotiva sin ser un pastelón sentimentaloide, de un registro politonal audaz y admirable. Está "todo" aquí, en un envoltorio breve y modesto: el amor —de familia, romántico, erótico—, Dios y la muerte. El amor, más intenso cuanto más imposible de realizarse (agotarse, por tanto) es. El amor, que nos hace olvidar el miedo a la muerte, que nos da esperanza y a la vez nos da miedo por sí mismo. "Adiós, ¿vale? Todo ha sido una ficción", parece decirnos al final la personaja que interpreta Waller-Bridge con ese saludo discreto, con la mano, sin palabras. Sí, todo ha sido un cuento, nos recuerda. Y, al mismo tiempo, todo es verdad.

2.      Chernóbil’, miniserie, Craig Mazin. Una pieza, para mí asombrosa, de memoria histórica que ha hecho historia en las series “televisivas” del siglo XXI, tan cuidada en su reconstrucción como a la hora de señalarnos, tras los créditos, qué es lo que han cambiado por razones dramáticas. En mi opinión, quienes la acusan de “sesgo ideológico antisoviético” no tienen razón. Basta leer solamente la base literaria de buena parte de sus escenas, el libro ‘Voces de Chernóbil’ (1997) de la gran  Svetlana Alexievich para comprobar que “todo fue aún peor”. Mucho peor. Esta serie nos obliga a imaginar la enorme realidad que hay (hubo) más allá de sus imágenes, tan inconcebible que resulta imposible de representar, y ya solo por eso es un triunfo.

3.      ‘Too Old to Die Young’, Nicholas Winding Refn y Ed Brubaker. Fascinante “deconstrucción” del formato serie audiovisual que lleva su tiempo narrativo al límite. Un neo-noir experimental que va de Lynch a Jodorowsky con la colaboración de Ed Brubaker —conocido sobre todo por sus guiones de cómic de género negro—para terminar siendo, como siempre en todo lo que dirige, puro Refn.

4.      Watchmen’, Damon Lindelof. Mejor cuando más se separa del ‘Watchmen original’, el cómic de Alan Moore y Dave Gibbons publicado en 1986-1987, y se separa bastante a menudo. A veces incluso reescribe con audacia lo que se dijo (y no se dijo) en las viñetas originales, quizá porque no tiene sentido imitarlas: mejor hacer una secuela no canónica sino apócrifa, parece aquí el lema de Lindelof (fan por otra parte del cómic). La serie también sorprende al ampliar y actualizar con buen tino el universo derivado de ‘Watchmen’ con arreglo a los cambios culturales de esta década: ahora protagonizan las mujeres y los afroamericanos, meros secundarios en el cómic original, o cómo hemos cambiado desde 1986. La influencia de los ensayos del escritor Ta-Nehisi Coates es evidente pero está bien digerida: memoria histórica afroamericana –la olvidada masacre racista de Tulsa de 1921 como piedra angular—, reparaciones simbólicas y una crítica sin subrayados sobre cómo se escribe la historia y quién la escribe. Los blancos estadounidenses en este caso, por supuesto.

5.      ‘Muñeca rusa’, T1, Natasha Lyonne et al. Buena versión “dramedia” de la premisa de películas como ‘Atrapado en el tiempo’ (1993). Con variaciones cada vez más absurdas, se trata de una representación de la vida urbana actual que no nos pasa la mano por el lomo (no es amable, no hay autoayuda). Y Natasha Lyonne está simplemente suprema.

6.      Barry’, T2, Bill Hader y Alec Berg. Otra “dramedia” bien parida, mejor cuanto más grotesca es.

7.      When They See Us’, Ava DuVernay. Procedural correcto, a ratos brillante. Otra pieza de memoria histórica sobre la (in)justicia para los afroamericanos.

Películas

1.      Parásitos’, dir. Bong Joon-ho. De lo mejor de su director, que vuelve a uno de sus temas personales, la familia. Me encanta ese registro politonal marca de la casa que domina con una maestría absoluta: tragicomedia grotesca, de la risa al horror, etc. Entre otras escenas memorables, ese encadenado desde la larga escena nocturna (cuando aparecen de repente los dueños de la casa) y la huida hacia la parte pobre de la ciudad, bajando literalmente cuestas y escaleras inundadas por una lluvia torrencial, para terminar en ese polideportivo “existencial”. Magistral.

2.      Érase una vez en... Hollywood’, dir. Quentin Tarantino. Divertida, conmovedora, sorprendente. Una de las tres mejores de Tarantino.

3.      ‘Retrato de una mujer en llamas’, dir. Céline Sciamma. Excelente, sobria, muy bien pensada y ejecutada. Dirigida y escrita por Sciamma con extraordinaria sobriedad y sin que "le tiemble la mano", sus actrices (Adele Haenel, Noémie Merlant, Luana Bajrami) están insuperables. El filme da una perspectiva femenina de época, s. XVIII pre-Revolución francesa. Aunque nunca se dice el año en que transcurre la historia, es notable el esfuerzo por representar la visión de aquellos tiempos: los medios de comunicación y de representación más de un siglo antes de la fotografía, el cine, la televisión, etc. Para representar en imágenes había que dibujar o pintar, punto. Tanto para que un noble pudiera ver la imagen de una candidata a esposa como para representar ante los demás un aborto. Maravilloso también el proceso para retratar "de memoria"; y la pintora como "testigo" (el "YO LO VI" de Goya) del aborto; el asunto de la mujer que no puede firmar los cuadros y tenía que hacerlo con el nombre de su padre; la galería para exponer cuadros a la venta como medio de COMUNICACIÓN, etc. En resumen: superbe

4.      The Wild Goose Lake’, dir. Diao Yinan. Una maravilla, visual y narrativa, con un estilo a años luz de la mayoría de películas occidentales. Un drama criminal en sintonía con el polar francés de auteur y lo digo solo para entendernos rápidamente; quiero decir que, aunque pensé en Melville, por el rigor conceptual y de estilo, esto tiene su propia poética. Al parecer le volvió loco a Tarantino cuando la vio en su estreno en Cannes. No me extraña. La película está llena de momentos visuales memorables, y siempre, siempre sin caer en el esteticismo. Un viaje alucinante a los bajos fondos chinos, un verdadero “Liang Shang Po” contemporáneo, con escenas inolvidables: del baile de zapatillas fluorescentes a ritmo de Boney M en esa feria de mala muerte a las “bellezas del lago” con pamela. O esa línea del bosque contiguo al “lago” del título recortada por las luces de coches de policía. O esos fideos engullidos con agonía "existencialista".

5.      El irlandés’, dir. Martin Scorsese. Yo sí soy de ‘El irlandés’, peliculón que aporta nuevas cosas al subgénero gánster, en general y en particular al de Scorsese: un punto de vista moral (la hija) y un tercio final memorable, ese viaje devastador a la vejez profunda del geriátrico. No cierre, deje la puerta un poco entreabierta...

6.      The Sister Brothers’, dir. Jacques Audiard. Entre el drama y la comedia picaresca, este western merece mucho la pena por la interpretación de los actores y por sus giros imaginativos sobre tropos bien conocidos del género. Dirige con entusiasmo el responsable de ‘Un profeta’ (2009).

7.      ‘La casa de Jack’, dir. Lars von Trier. Esta confesión artística del “serial killer” artístico que es Von Trier, entre la depresión y la locura, resulta aterradora. Y, bueno, bueno, bueno, ese abismo final...

8.     Dolor y gloria’, una película de Almodóvar. Me gustó sobre todo por la recreación de la memoria infantil en aquella España rural, pobre y atrasada del franquismo. Y el último plano, claro.

9.      Dragged Across Concrete’, dir. S. Craig Zahler. Original de 2018 pero estrenada en muchos lugares en 2019. Zahler o cómo tomarse totalmente en serio la serie B y la ficción pulp. Amarga y tragicómica, esta aproximación al noir y el heist es dura y definitivamente no toma rehenes. Valga la expresión.

10.  ‘Joker’, dir. Todd Philips. Una película derivada de DC Comics relevante (para variar) gracias a su estética y a su actualización para nuestro presente neoliberal del grito de hartazgo de ‘Network’ (1976). La cosecha derivada del New Hollywood de los setenta —también hay algo de ‘Taxi Driver’ aquí— suele dar buenos frutos.

11.   Glass’, dir. M. Night Shyamalan. Lo mejor del final de esta trilogía es, de nuevo, la relectura de géneros de Shyamalan, personal y oblicua, y su desfachatez para defraudar las expectativas del público.

12.   El traidor’, dir. Marco Bellocchio. Ya solo por la escena del atentado contra el juez Falcone... aunque hay mucho más.

13.    La favorita, o cómo Yorgos Lanthimos se recupera gracias a un guión ajeno.

14.    ‘Vengadores: End Game’, dir. Anthony & Joe Russo. Gran espectáculo no apto para Scorsese. Y apoteosis adecuada para su antecesora de la saga Marvel Studios.

15.    Midsommar’, dir. Ari Aster. Horror folk que me gusta menos en sus derivaciones (‘The Wicker Man’, 1973, entre otras) y más cuando se acerca a la mala uva de un Von Trier. Y esa cantera bajo la luz del “pleno verano”...  

MARTA SANZ
Parásitos
Joker
Gloria mundi
Sorry, I missed you
Dolor y gloria
El traidor
Día de lluvia en Nueva York
La hija de un ladrón