martes, 5 de enero de 2010

PROVIDENCE FEEDBACK (2)



Me pregunto que diría Fredric Jameson de un libro como éste. ¿Diría que tiene polvo de diamante? Con respecto a la portada diría [1]: “La desaparición del sujeto individual, y su consecuencia formal, el desvanecimiento progresivo del estilo personal, han engendrado la actual práctica casi universal de lo que podríamos llamar el pastiche. Este concepto, que tomamos de Thomas Mann (en el Doktor Faustus [2]), quien a su vez lo tomó de Adorno”.



Habrá quién se sorprenda de que analice la portada de la publicación. Pero resulta que el volumen habla de la sociedad de consumo, el autor inscribe el relato en la lógica del capitalismo avanzado, y la novela no deja de ser una mercancía, con su premio, diseño y lanzamiento. Aunque el autor no hablase de ello, que lo hace, forma parte del mercado. Utilizando las palabras de Jameson, y siempre en el mismo texto, respecto a la obra de Doctorow, Providence "es índice y síntoma de su tiempo". Una excelente manera de representar nuestra relación con la contemporaneidad: sociedad de consumo, sociedad de masas, sociedad tecnológica, sociedad del capitalismo avanzado, sociedad del capitalismo tardío, globalización. Sin embargo la portada no es estrictamente un pastiche, es un plagio, un anuncio de una de las cosas que hay en el interior: la estrategia citacional. Referencial o asociativa, y contemporaneizada. Providence, PVD, magnífico hallazgo, tan parecido a DVD y a los localizadores de los no-lugares, es del siglo XXI.



Volvamos al Doktor Faustus. El Fausto al que se refiere el autor es el que cita Marshall Berman en Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad [3], cuyo capítulo I se titula El Fausto de Goehte [4]: La Tragedia del desarrollo. El libro de Berman se autocalifica como “estudio de la dialéctica entre modernización y modernismo”. Mientras que Jameson identifica posmodernidad y posmodernismo, Ferré retoma el análisis de Berman para hacer un estudio de la dialéctica entre posmodernismo y posmodernidad. En forma de espléndida novela. Si según Berman, Fausto es “una Ilíada de la vida moderna”, PVD lo es de la vida posmoderna.



Providence, es la Providencia, más conocido por su cara B, Mefistófeles, el productor ejecutivo, el mercado: “Si te detienes te destruiré”, cita Berman a Goethe. Juan Francisco Ferré, en este largometraje escrito, no se detiene ante nada. Ni él como autor, ni su personal Fausto, su alter-ego Álex Franco –como le gusta remover la historia, francamente, me encanta-, el personaje principal del relato. Franco se comporta como un dictador –le felicito Sr. Ferré, por favor, páseme el e-mail de Mefisto-, que cree dirigir todo. La novela se organiza como una película antes de montar. Es una película que se hiper-lee. PVD es un DVD con la película del realizador, del director y del productor, además del making-off y algunos takes falsos, cuya lectura lineal es similar a la que hace el visionado de un multimedia en modo automático que va saltando de un bloque a otro hasta completar toda la información disponible. El lector es el montador. No hay capítulos, sino tomas e insertos de realidad. El director-realizador es Álex Franco que hace un pacto con el mercado del éxito. El productor financiero es su amiga protectora, la dulce Delphine. Y Herralde ha puesto a la venta el producto. El escenario es Providence, y Providence. La ciudad que tienes delante de tus narices. ¿No la ves? Ferré cuenta con ello, aunque ponga la realidad a cincuenta centímetros de distancia, alguno no la va a percibir. ¿Qué hacer? Todavía más, un viaje para llegar al mismo sitio y verlo mejor. Más homérico, más joyciano. Más, más, más. ¿Qué más cabe en este afán enciclopédico de meterlo todo? Cabe el fracaso enciclopédico. ¿Fracasa Ferré? No, no se pierdan. Ferré hace como Flaubert en Bouvard y Pécuchet, (y da pistas de ello en su blog, La vuelta al mundo), hace fracasar al personaje en su intento de saberlo todo. Álex será títere de otro relato. Inconmensurabilidad de la realidad en relación con el concepto dice Lyotard [5]. Providence no es una. Son muchas. E unibus pluram, apuntó DFW.



Ferré utiliza un final abierto, no podía ser de otra forma, ¿es la globalización el nuevo relato colectivo? Quizás su paradigma pero nada de relato colectivo. No es colectivo en cuanto proyecto y es multirrelato. Ni un único tiempo, ni un único lugar. Es su posible escenario. Y sus reglas del juego. Providence es un tablero –ya estoy pintando ese cuadro- en el que todos conocen las normas. Comprar y vender. Todo es simulacro. Superficie. Lo que parece real es real, dice Baudrillard.[6]. “Si parece una silla eléctrica es una silla eléctrica”, escribe Ferré uniendo a Warhol con el sociólogo francés.

¿Y las coordenadas? El 11-s. Post 11-s. Ya lo tenemos: negocios, estrellas de cine, cámaras, dinero, universidad, sexo, humor… Y una muñeca hinchable en recuerdo de Dorian, otro pacto con el diablo. Más, más, más. ¿Qué nos falta? Memorable la idea de quemar el ídolo financiero. Jalear el derribo. Un edificio en llamas. Una escena de película. “Lo he visto en televisión”. ¿Recuerdan lo que leyeron o más bien lo que vieron? La narración de un edificio en llamas nos remite a una imagen televisiva. Con su hombre del salto y sus bomberos. “Tengo alma, pero no soy un soldado”. Los bomberos no son soldados. Esa referencia creo que es a mí.
Véanla aquí: [7] ¿Qué significa esto? La imagen de los bomberos como soldados, de las ruinas del WTC en el ocaso del día, pertenece a la lógica del modernismo, con su universalismo, absolutismo, historia lineal y proyecto colectivo, en un esfuerzo de justificar el pensamiento único. La lógica del posmodernismo aboga por el multirrelato y los quiebros temporales. Ferré tiene en cuenta esto en la elaboración de la estructura de la novela. Como excepción, cuando el autor utiliza un ascensor subiendo, escenificando los múltiples relatos y desviaciones aprovechando las paradas, utiliza un recorrido lineal. ¿Es eso un fallo? No lo es. Es que la tecnología, en este caso, va por detrás de la literatura. ¿Se acuerdan de “¡Scotty! Teletranspórtame!”? ¿Lo telerecuerdan?



Mientras que en el modelo de lo sublime, el placer procede de la pena (Lyotard explicado a los niños), Ferré organiza una fiesta al pie del edificio en llamas.



Para Jameson “toda posición posmoderna en el ámbito de la cultura es, también y al mismo tiempo, necesariamente, una toma de postura implícita o explícitamente política sobre la naturaleza del capitalismo actual”. Como Ferré, no comparto la idea de que el posmodernismo tenga un pensamiento único y que de él se derive una postura única. La posmodernidad tiene unas características a las que el posmodernismo, responde de distintos modos, con las herramientas de su tiempo. Y con distinta posición. Providence es la posmodernidad puesta al desnudo, destripada. Como lo es para la modernidad El Gran Vidrio. Como el premonitorio Autopsy of Michael Jackson (2005) de Dana Schultz [8]. Con los propios útiles del posmodernismo. Pero también podría haber sido la posmodernidad adornada –banal-, o un simulacro de análisis –tramposo-. No. PVD es una toma de conciencia , con una cámara, de lo que somos y dónde estamos. Cualquiera, en cualquier ciudad. “El único modo de abarcar y registrar la diferencia genuina del posmodernismo es mostrarlo a la luz del concepto de norma hegemónica o de lógica cultural dominante”, afirma Jameson y Ferré lo ha puesto en práctica.



Y la gran pregunta del momento, ¿es Providence una novela altermoderna? Para situar esa novela en ese paradigma, primero tendría que hablar de él. Ya comentaremos la sociedad altermoderna, por ahora digamos que mientras “El cine se inscribe en la lógica de la división del trabajo, en un proyecto racional de producción y de consumo de masas, y de normalización del tiempo libre”, (Bourriaud, Formas de vida [9]), Ferré diseña un director-realizador independiente, creativo, rebelde, perdido e insolidario. En algún momento, es tan desagradable -tan como nosotros- que para compensar le da un repaso de realidad. ¿Sólo a él? Es Mefistófeles humillándonos. Hombres.



Más, más, más. Las puertas de la muerte en la aduana y canto de sirenas por doquier.



Más, más, más. Es crítico, “los detectives amaestrados…digresión necesaria”. Es Pynchon en el anzuelo. Es Cervantes, “alguien de cuyo nombre no puedo acordarme”, Sthepenson “el principio, los principios”, Ballard “controlar también el tiempo de ocio”, Gibson, “el canal muerto”, y Zadie Smith con su lenguaje internacional. Y otras tantas citas al cine y la televisión. “Fuego camina conmigo”. La lógica del plagio. Todo está a tu disposición para ser narrado de nuevo: “esta historia de falsedades sin cuento que es la historia del cine y también la mía”. Más, más, más. “Tenemos tiempo” como una letanía. Pero cada uno el suyo. Una concepción del tiempo no lineal. Providence son algunas versiones de los hechos. Providence es “la historia de un ambicioso artista plástico”. Providence contiene su propia crítica. Y la del artista plástico haciendo la crítica. Providence es otra concepción del espacio, es una hiper-ciudad, como también ha señalado Germán Sierra (el autor de Intente usar otras palabras, otro libro imprescindible). Providence es un videojuego. Pero “Esto no es un juego. Esto es la realidad”. Estamos convirtiéndonos en flatlines. Otra vez Dorian, un hiper-Dorian. “Bienvenidos al desierto de lo real”, podemos recordar a Zizek, plagiando un plagio.



Esta es la crítica que se puede hacer a un libro que contiene esta frase: “me parece banal la comprensión del cine que lo reduce a peregrinas cuestiones de estilo o calidad artística”. La crítica que necesita Providence es similar a la que acompaña a una exposición de arte contemporáneo. Fundamentalmente las notas a pie de página que esclarecen las citas, la estrategia citacional del artista.

¿Se han dado cuenta de que no he utilizado la palabra radical? “Apostemos a que la modernidad de nuestro siglo se inventará, precisamente, oponiéndose a cualquier radicalismo, condenando por igual la mala solución del re-arraigo identitario y la estandarización de los imaginarios decretada por la globalización económica” [10]. De esas tres cosas trata esta ambiciosa novela: identidades, imaginarios y globalización.


[1] Jameson, Fredric. El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado. Ediciones Paidós Ibérica, S.A. barclona. 1991. Título original: Postmodernism or the Cultural Logic of Late Capitalism. 1984.
[2] Thomas Mann. Doktor Faustus. Edhasa. Barcelona. 2004.
[3] Berman, Marshall. Todo lo sólido se desvanece en el aire.
La experiencia de la modernidad. 15ª Ed. 2004. Título original: All that is solid melts into air. The experience of modernity. 1982.
[4] Goethe, Johann Wolfgang. Fausto. S.A. de Promoción y Ediciones. Madrid. 1983.
[5] Lyotard, Jean-François. La posmodernidad (Explicada a los niños). Editorial Gedisa, S.A. 7ª Reimpresión. Barcelona. 2003. Título original: Le posmoderne expliqué aux enfants. 1986.
[6] Baudrillard, Jean. Cultura y simulacro. I. La precesión de los simulacros. Editorial Kairós. Barcelona. 8ª Edición. 2007. Título original: La precessions des simulacres. 1978.
[7]
Weschler vs Ferré: Obviar el tablero o jugar la partida:



http://cecinestpasuncahier.blogspot.com/2009/09/weschler-vs-ferre-obviar-el-tablero-o.html
Gracias Ferré, por ponerme al lado de sus otras referencias. Esta cita no es sino una reinfección.



[8] http://olysmusings.blogspot.com/2009/06/dana-schutz-foretold-human-history.html



http://hragvartanian.com/2009/06/27/dana-schutz-mj/



[9] Bourriaud, Nicolas. Formas de vida. El arte moderno y la invención de sí. Cendeac. Al Litteram. Murcia. 2009. Título original: Formes de vie. L’art moderne et l’invention de soi. 1999.
[10] Bourriaud, Nicolas. Radicante. Los sentidos/artes visuales. 1ª Edición. Buenos Aires. 2009. Título original: Radicant. 2009.
La Fiesta del asno (Ferré, DVD Ediciones, S.L. 2005) tal vez sea mejor entendida desde la perspectiva de Radicante.

(Ceci n´est pas un cahier y Salonkritik)

lunes, 21 de diciembre de 2009

PROVIDENCE FEEDBACK



Después de un mes, Providence prosigue, en compañía de un número creciente de muy buenos lectores, su batalla particular contra la conjura de los necios.


En espera de la pronta publicación del artículo que sobre ella ha escrito Juan Goytisolo para Babelia (“Literatura en el ciberespacio”), me permito revisar algunas expresiones recientes de este respaldo crítico que trasciende fronteras y demuestra la condición cosmopolita de la novela.


1. No es casual que la primera crítica de Providence se escribiera en francés y se publicara en un blog francés. Tampoco que la escribiera François Monti, el más inteligente y versado cómplice transpirenaico que puede tener cualquier escritor no gregario de la Península, en parte gracias a su documentado conocimiento de la literatura internacional. No puedo reproducirla entera (puede leerse aquí), pero no me resisto a copiar el párrafo final: Les grands postmodernes avaient parlé d’épuisement et cherché dans les entrailles des mythes et des classiques de quoi renouveler la littérature. Quarante ans plus tard, beaucoup d’eau a coulé sous les ponts et, sans abandonner ses tactiques, il s’agit sans doute de les radicaliser. Pas dans la complexité de l’écriture ni même de la structure, mais bien dans l’exploitation illimitée de toutes les ressources culturelles ou technologiques à sa disposition, la réappropriation de toute œuvre jugée nécessaire à montrer les entrailles de ce qui n’est déjà plus un cadavre humain, de ce qui est devenu le reste hyper technicisé et consumériste de notre civilisation. Il reste sans doute à définir cette pratique, mais c’est sans aucun doute une œuvre créative où l’essentiel réside dans ce qui est fait du matériau emprunté, de son syncrétisme avec la vision propre et personnelle de l’auteur. Elle est certainement mutante, certainement excessive, certainement monstrueuse, certainement délirante mais elle correspond au délire d’un monde excessif, monstrueux et mutant. C’est à cette aventure que nous convie Juan Francisco Ferré et si Providence rencontrera certainement des adversaires aussi bien chez le lecteur de romans traditionnels que chez celui plus porté sur l’expérimentation, ce ne sera que le signe que le scalpel de l’auteur a touché le nerf qu’il fallait. En ce soir de novembre 2009, je me contenterai de dire que ça faisait longtemps que je n’avais pas lu un livre ayant cette ampleur. Et je m’excuserai enfin d’avoir fait si long sans atteindre le cœur du roman. A vous de le découvrir.


2. El mexicano René López Villamar, en el blog Teoría del caos, hace balance de su visita a la Feria del Libro de Guadalajara en términos muy favorables para la novela: El problema de pasar una semana a la Feria Internacional del Libro a Guadalajara son dos: incluso sin dinero se regresa con demasiados libros (23) y el mundo sigue su curso mientras uno se la pasa en una burbuja de conferencias, chismes, libros y editoriales. Diría también que cócteles, pero como no bebo, esos me los brinqué. El caso es que después de pasar revista a todos los libros que traje de Guadalajara, reduje a cinco la lista de posibles lecturas inmediatas, y luego a dos: Providence de Juan Francisco Ferré y El sueño no es un refugio sino un arma de Geney Beltrán Felix. El segundo es un librillo de ensayos críticos que hasta el momento voy picoteando con gusto. Providence, por su parte, es una enorme novela en toda la extensión de la palabra. Como lector, siento un extraño hormigueo en el estómago en cada página que pasa. Son muy contados los libros que me han causado esa sensación en los últimos cinco años: House of Leaves, 2666, Austerlitz... Así que sin muchas ganas de quemar el libro ante sus posibles lectores, sospecho que estoy leyendo una obra maestra, uno de esos libros condenados a formar parte de la historia de la literatura. Lo que si es seguro es que si tienen los cerca de 400 pesos que cuesta la novela (descuento incluido) no tienen nada mejor que hacer que ir a comprarla y leerla. Nada. En serio. Vayan a comprarla.


3. El crítico peruano Julio Ortega, en su blog de El Boomerang, selecciona Providence entre sus cinco obras de ficción preferidas de 2009 con estas palabras: Juan Francisco Ferré: Providence, Anagrama. Tiempo sin silencio, el nuestro, nos dice Ferré, está hecho como un nuevo retablo de las maravillas. Con humor y vitalidad, se sobreimpone a sus interlocutores norteamericanos, no sin desenfado gozoso en un español, por fin, universal.


4. En el diario chileno La Nación, Fernanda Donoso dice de Providence cosas como éstas: Providence es un libro efervescente, que patea, que molesta, que atrapa y tiene el contenedor de una risa escandalosamente inteligente. Es lo contrario de vivir dentro de un lugar común... Pues el libro de Juan Francisco Ferré es de ésos que califican como una interrogación global y hasta como un consuelo frente a la vida paralela, demasiado real que transcurre afuera de los libros. Novela larga e intoxicada en la que caben muchas novelas...

5. Desde las páginas de Babelia, J. E. Ayala-Dip, un crítico reacio por razones inexplicables a otras propuestas mías, se rinde ante la ambición de la novela y la ensalza en estos términos: Ahora leo Providence, finalista (¿y por qué no ganadora junto con la de Gutiérrez Aragón?) del Premio Herralde y tengo la sensación de haber leído una novela mayor, independientemente de que se comparta o no su soporte ideológico, una moral o no-ideología en sentido nietzscheano. No creo que se satisfaga la curiosidad de los lectores intentando resumir una trama tan milimétricamente fragmentada, con el espíritu que alienta toda una corriente narrativa actual, entre los cuales no es ajeno Fernández Mallo o los análisis literario-mediáticos de un Eloy Fernández Porta. Puede adelantarse que ésta es la historia de un cineasta español llamado Álex Franco. Es autor de una película que obtuvo alguna que otra crítica benevolente en Cannes, pero no la de un crítico de EL PAÍS. Ahora está en Providence, la ciudad en la que nació el maestro del terror H. P. Lovecraft. Antes ató un fáustico acuerdo con una mujer en Marraquech. En Estados Unidos se disparan todas las tramas posibles e imposibles con tal de que Álex Franco termine sus días como va a terminar. Esto lo sabremos en un genial diálogo entre dos mujeres en un ascensor, una secuencia que es imposible concebirla si no se tiene el talento narrativo que demuestra tener Ferré. Providence es una novela poliédrica. Voces directas e indirectas plasman la locura y la tenebrosidad de un mundo (pos-11-S) irrespirable, paranoico e irrealmente real. Juan Francisco Ferré ha diseñado un artefacto que desmitifica la nueva racionalidad virtual. Con una lengua literaria ágil: a la vez maliciosa, y llena de esa helada ironía que desplegaba el gran Nabokov. Novela de la totalidad en torno a una alienación de nuevo cuño, infinitamente más letal que la que pudo imaginar el mismísimo Marx. Providence tiene ese aire de posmodernidad lúcida que hallamos en V y El arco iris de la gravedad, de Thomas Pynchon. El nihilismo constructivo que ofrece la novela con mayúscula.

(Es un error, sin embargo, que Ayala-Dip se empeñe en ver La fiesta del asno como una obra "fallida", con tal de no rectificar un juicio anterior, y no sepa ver por qué una novela como ésa, a su manera carnavalesca, ya anticipaba, como otras obras anteriores que ignora, los elogiados logros de Providence. Se ve que el tema etarra obnubila algunas conciencias hasta grados impensables. No obstante, el marco conceptual y la referencia a Pynchon bastan para disculparle.)


6. René López Villamar vuelve a hablar de Providence en su blog, pero esta vez le consagra un ensayo impresionante del que extraigo estas líneas finales: Providence puede leerse también como una propuesta de refundación de la ética y estética en el arte, «una respuesta contundente a lo que se puede esperar de una novela escrita a comienzos del siglo XXI», como remata la contraportada. Es también una novela política, una condena brutal a la América post 9-11 (otra figura del panteón de estos nuevos mitos), el monstruo hegemónico que por un lado goza un asombroso despliegue tecnológico y por otro un anquilosamiento moral, pero es también una crítica mordaz al adormecimiento de Europa y su relación con los Estados Unidos. No hay que olvidar que el protagonista es un español en una tierra extranjera, que no resiste su encanto y que toma parte importante en su caída. Pero es sobre todo una novela humana, demasiado humana. Excesiva e imposible, pero siempre auténtica, Providence no apela sólo al intelecto, sino también a la ética y a la reacción visceral del lector. No se trata de zapping, un reciclaje o de una «estética facebook». No es un simple acto de malabarismo estilístico ni de equilibrismo poético. Es un proyecto narrativo que va más allá de la deconstrucción, para poner de relieve el estado de la humanidad al arranque del nuevo milenio. En su nivel más profundo, Providence no es una novela posmoderna, un azaroso guión cinematográfico o un videojuego maldito. En el fondo, es la historia del ser humano, aquí y ahora, que se enfrenta a eventos que lo rebasan en escala y ante los que no puede hacer nada, ofuscados por un avance tecnológico que no comprende ni le permite actuar en consecuencia.


7. Por último, Pablo Muñoz (aka Alvy Singer) me envía este agudo comentario que ha remitido a la revista Hermano Cerdo para destacar a Providence entre las mejores obras de ficción del año saliente: Creo que con Providence, Juan Francisco Ferré ha escrito su mejor novela, una gran comedia dickensiana que es al fin contemporánea y en la que el espíritu crítico del novelista inglés se traslada a un escenario hollywoodiense, un Otto e Mezzo ballardiano o mejor dicho, buñuelesco. Nietzscheano, chispeante conocedor de todas las tradiciones que van de Rabelais a Palahniuk pasando por la vanguardia de Coover, estamos ante un novelista en pleno dominio de todos sus poderes. Una fiesta con asnos.


Y, por último, me entero por Germán Sierra de que uno de los mayores aciertos de la novela consiste en haber convertido una ciudad concreta (Providence) en un "hiperlugar" (ver aquí la explicación de Sierra a este concepto). En la página 374 de la novela, discutiendo Robocop 2, se adelantan algunos argumentos que sólo cristalizarán más adelante cuando Providence se metamorfosee en Bagdad, o en una ciudad hiperviolenta que simula ser Bagdad...



To be continued.

domingo, 6 de diciembre de 2009

HISTORIA UNIVERSAL DE LA ESTUPIDEZ



“Por necesidad de dramatismo se enfrascaron en las novelas de aventuras; la intriga les interesaba tanto más cuanto más embrollada, extraordinaria e imposible era. Trataban de adivinar el desenlace, se volvieron muy buenos en este juego y se cansaron de una distracción indigna de una inteligencia formada”.


G. F., Bouvard y Pécuchet (p. 178).


“Hicieron balance de lo que acaban de oír. Cada uno considera moral el arte según sus intereses. No hay amor por la literatura”.


G. F., Bouvard y Pécuchet (p. 196).


“Entonces se desarrolló en su espíritu una facultad molesta, como era la de reconocer la estupidez y no poder ya soportarla.


G. F., Bouvard y Pécuchet (p. 279).



Todo el que la ha padecido la conoce bien. Clarín la llamaba la conjura de los necios. Una "confederación de asnos", así la llamó John Kennedy Toole en una famosa novela de los ochenta. La conspiración de los estúpidos: la siniestra red que mantiene unido el orden social en torno de valores de bajo nivel, situaciones indignas y prácticas inaceptables. La estulticia o necedad, con su contagiosa condición moral, lleva inquietando desde el principio de los tiempos a los escritores, porque viven de ella, y a los filósofos, porque dicen combatirla. Un híbrido de ambos oficios ilustres, el reformista Erasmo, la elogió con humor carnavalesco como componente esencial de la naturaleza humana y el mundo asociado a la misma.


Con el siglo diecinueve, la estupidez se hizo ideología burguesa, visión del mundo que sancionaba el ideario de una nueva clase social que dictaría a partir de entonces las modas y los gustos, las opiniones, los valores y las obligaciones. Hasta que Gustave Flaubert, con la intransigencia del solitario que ha padecido en exceso el acoso y la hostilidad de los necios, decide vengarse de su archienemiga social e intelectual. El problema es que el artefacto[i] se le escapa de las manos y acaba yendo más allá de su propósito originario para mostrar que es la esfera integral del conocimiento la que está infectada del mismo mal que pretende erradicar. En ese sentido, esta novela póstuma quizá sea la más influyente en la literatura innovadora del siglo XX (Joyce, Musil, Kafka, Nabokov, Gombrowicz, Gaddis, Kundera, Bernhard, Coover, entre los novelistas insignes europeos y americanos) y el primero en entenderlo así fue el gran Pound. Y es que, como dijo Borges, uno de sus grandes defensores hispanos, “el hombre que forjó la novela realista fue el primero en romperla”.


Flaubert dedicó los últimos ocho años de su vida a escribirla y, como era lógico en quien había declarado que el acto de concluir era una estupidez, la dejó inacabada. Es irónico que para realizar este proyecto enciclopédico sobre el único infinito del que no se ocupan los científicos (la tontería humana) Flaubert tuviera que leer, según confesó en una carta, 1500 volúmenes dedicados a todas las ciencias conocidas. No obstante, el desternillante sentido del humor y la comicidad corrosiva ayudan a hacer mucho menos ardua una narración en cuyo desarrollo temático el lector debe implicarse también a fin de no sucumbir al tedio, la aridez y la sensación de inutilidad.


La anécdota de la novela no puede ser más prosaica. Dos copistas profesionales, uno espigado, Pécuchet, el otro tan achaparrado como su nombre, Bouvard, se encuentran por azar un caluroso domingo cualquiera en un vacío bulevar parisino. Ambos tienen 47 años y se muestran hastiados de sus insignificantes vidas. Estos dos ingenuos proverbiales (dos almas cándidas en la tradición irónica de Gracián, Swift y Voltaire) traban una amistad cómplice que alcanza su culminación cuando uno de ellos hereda una suma millonaria que les permite abandonar su burocrático oficio y consagrarse, en una finca rústica normanda, a las tareas agrícolas que los atraen al principio por idílicas y luego a la pasión más abstracta del conocimiento y la investigación bibliográfica. A lo largo de la novela, Bouvard y Pécuchet transitan con alegría de una a otra disciplina académica o científica (como en un delirante juego de mesa con finalidad temática: de la agricultura, la botánica y la ganadería a la arqueología, de ésta a la historia y a la novela histórica, a la literatura, a la estética, como ciencia de lo bello; de la política, la utopía y la revolución, con la desilusión consiguiente, a lo sobrenatural, la teología y la metafísica y de la desazón respecto a esta última a la idea de la muerte, el suicidio y la fe cristiana y la liturgia católica como salvación provisional, para concluir con la educación, la moral y la pedagogía) y fracasan en todas sus aproximaciones al quehacer productivo o al supuesto saber de los expertos (la revelación final de la nada o el vacío cognitivo como una zona anímica difusa o neutra). La irrisoria sucesión de estos fracasos acaba generando una trama narrativa que funciona con la fuerza de convicción de un silogismo.


Tras experimentar esta vasta serie de desengaños vitales o intelectuales, incluidos el amoroso y el religioso, estos hilarantes idiotas deciden regresar a la práctica privada de su vieja profesión de copistas y dedicarse ahora, en el perverso final esbozado por Flaubert, a registrar por escrito cualquier estupidez hallada en sus variadas lecturas como una suerte de castigo eterno por su soberbia y mediocridad y las de sus congéneres (esta tarea ingente de recopilación daría origen ficticio al segundo volumen de la obra, La copia, integrado por el “Diccionario de ideas corrientes”, el “Estupidario”, el “Álbum de la Marquesa”, etc.).


En el fondo, el dispositivo novelístico del primer volumen conduce a una conclusión pesimista: los filósofos ilustrados creyeron que la estupidez humana podía ser corregida, pero olvidaron que el gesto más estúpido, sin duda, es aquel por el que una especie inmadura y deficiente aspira al conocimiento total y al dominio absoluto sobre la realidad, fin manifiesto de la ciencia y la tecnología. Si la historia universal es la historia de Bouvard y Pécuchet, como decía Borges, “todo lo que la integra es ridículo y deleznable”.


Salvo que alguna mutación impredecible lo remedie, la estupidez humana proseguirá durante el siglo XXI, sin alteraciones significativas, su progresión milenaria hacia las estrellas y más allá del infinito, el transfinito del conocimiento, la explotación y la técnica. Y la novela como género estará ahí para contarlo, digan lo que digan los agoreros de lo digital en todas sus variantes, y esta memorable novela de Flaubert, en particular, seguirá siendo el precursor insuperable.


[i] Gustave Flaubert, Bouvard y Pécuchet (edición: Jordi Llovet; traducción: José Ramón Monreal), Mondadori, Barcelona, 2009, 735 pág.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

PROVIDENCE


Imagen portada: Aina Lorente & Agustín Fernández Mallo

Texto: Eloy Fernández Porta & Juan Francisco Ferré


¿Qué es Providence? ¿Un videojuego maléfico? ¿Una monstruosa página web? ¿Un complot ocultista con ramificaciones tecnológicas? ¿Una película imposible sobre el futuro? Todas estas cosas y ninguna. Desde luego no es una biografía apócrifa de Lovecraft, por más que éste pueda declarar en el epígrafe: “Providence soy yo”.

Providence es una novela hipnótica que encierra muchas novelas o versiones de sí misma, todas ellas sorprendentes y originales: relato de terrores y terrorismos post-11S, novela de campus pornográfica, reverso tenebroso del american way of life, reescritura no cinéfila de la Historia del Cine; retrato, en fin, en uno de sus niveles más lúdicos, de una conspiración a escala global para imponer el mundo virtual al mundo real.


Providence es un libro rompedor y vírico. Su conspicuo protagonista, Álex Franco, es un cineasta español con una visión perversa de Hollywood. Tras obtener cierta nombradía underground con sus cortos juveniles, ve como su primera película fracasa en el Festival de Cannes. Es aquí, sin embargo, donde conoce a una misteriosa mujer, Delphine, que le propone el proyecto de una nueva película, Providence. Este es sólo uno de los principios visibles de la novela. Otro podría suceder unos meses antes, en Marraquech, donde Franco, como artista ambicioso e insatisfecho, se atreve a firmar un pacto fáustico a fin de liberarse de la maldición de su vida.

Providence es también la ciudad norteamericana en la que Franco, personaje conflictivo y escandaloso, se instala con la promesa de realizar todos sus deseos y fantasías sin hacerse una idea de lo que le espera allí: sectas mafiosas, conspiraciones apocalípticas y sociedades secretas que pugnan por el control de su metamórfica realidad. Ese siniestro mundo lovecraftiano que acaba devorando a la novela y a su protagonista.

Providence es, en suma, un viaje cinematográfico al fin de la noche americana. Esa América real que encubre el horror gótico tras una fachada colorista de glamour y consumo. Esa América que vive ya una utopía tecnológica inimaginable sin renunciar a su imagen decimonónica y sus valores vetustos.

Providence pretendería dar así una respuesta contundente a lo que se puede esperar de una novela escrita a comienzos del siglo XXI.

sábado, 7 de noviembre de 2009

FRENCH CONNECTION


François Monti vuelve a hacer de las suyas en su nuevo blog Fricfrac Club y escribe una tan informada como inteligente crítica de mi novela anterior La fiesta del asno. Era casi inevitable que el francés acabara haciendo justicia poética a una novela que se abría con un epígrafe de Voltaire, extraído de la entrada correspondiente al Asno de su Diccionario Filosófico, con el fin de allanar la rareza del título y orientar, al mismo tiempo, una lectura ilustrada de la novela. Por desgracia, no todos supieron comprenderla, no sé si por problemas con la lengua original en un país habituado a los doblajes o por alguna extraña clase de ceguera.

Por si a alguien le interesa, la cita de Voltaire rezaba así: "Nous avons des livres sur la fête de l’âne et sur celle des fous; ils peuvent servir à l’histoire universelle de l’esprit humain". No se puede decir más.

lunes, 26 de octubre de 2009

¿AFTERPUNK? ¿NEOPUNK? ¿CIBERPUNK?



If everything in this dream of prerevolution was in fact doomed to end and the faithless money-driven world to reassert its control over all the lives it felt entitled to touch, fondle, and molest, it would be agents like these, dutiful and silent, out doing the shitwork, who´d make it happen.
Was it possible, that at every gathering –concert, peace rally, love-in, be-in, and freak-in, here, up north, back East, wherever- those dark crews had been busy all along, reclaiming the music, the resistance to power, the sexual desire from epic to everyday, all they could sweep up, for the ancient forces of greed and fear?

Thomas Pynchon,
Inherent Vice.

Versión 2.0 del cuestionario que me envió en diciembre de 2008 la revista Calle 20 para su reportaje Punk 2.0 publicado en septiembre de 2009.

Preguntas: Jose Ángel González

Ilustración: Jesús Andrés

NO NOS MOVERÁN [DEL SILLÓN]

-1916, dadá; 1957, situacionismo; 1961, free jazz; 1977, punk; 1981, grunge… ¿Y ahora qué?
Ahora, la supervivencia creativa en el supermercado cultural más grande de la historia…

- ¿Hazlo tú mismo o deja que te lo haga otro?

Prefiero hacerlo yo. Me gustan los trabajos manuales, con lo que la labor ajena es también recompensada como se merece cuando llega el momento de la cita, el plagio, y demás estrategias creativas…

- ¿Humanos ú homínidos?

Post-humanos.

- Crisis… ¿Cómo le resuena la palabra?

Mal, si hablamos de lo que hablamos. Bien si me acuerdo de que Sade llamaba así al orgasmo y a la eyaculación, algo de lo que se aprovechó Barthes para convertir la escritura en una forma de descarga libidinal. Por ahí andamos, con el cuerpo a cuestas…

- ¿Cuál será la próxima revuelta?

¿La de vacaciones? Como Zizek, yo también creo que si se rompen huevos se hará una tortilla, y no al revés…

-¿Qué tipo de adoquines volarán?

Ladrillos de la cárcel del deseo…

-¿Contra quién, contra qué?

Contra todos y contra nadie…

-¿Por qué no ‘ahora mismo’?

El presente fue abolido hace tiempo. Vivimos a tal velocidad que es imposible fijar un punto que no sea ya un tránsito hacia otro. La revolución en tiempo real es una imposibilidad y en tiempo diferido un fraude.

- ¿Miseria o miserables?

Nunca me gustó Víctor Hugo, así que Miseria. De la filosofía, de la ciencia, de las bellas artes, de la cultura, de la moral, de la política. La escasez como sistema en el sistema de la abundancia…

- La cultura, ¿miseria o miserable?

Miserable. No puede evitarlo. El malestar en la cultura, ¿recuerdas? La cultura se hace con todas las represiones colectivas y los residuos malolientes de otros ámbitos. Es un basurero prestigioso, pero basurero…

- Pensar… ¿cómo, qué, dónde, para qué?

Para sobrevivir, en todo momento y lugar, con palabras, imágenes y música, a ser posible…

- Actuar… ¿cómo, qué, dónde, para qué?

Con calma, para sobrevivir, para no mortificarse ni estancarse. Para no engendrar putrefacción…

- Su mayor miedo

La imposibilidad de vivir

- Su mayor felicidad

La escritura, el sexo, la lectura, el cine…

- Persona más odiada

Cualquier representante del poder.

- Persona más admirada

Cualquier enemigo del poder.

- Valor-idea más odiada

Orden, disciplina, control, seguridad, moral…

- Valor-idea más preciada

Libertad (siempre). Libertarios del mundo, uníos...

- Bien material-objeto más preciado

Mi biblioteca

- Su último llanto

Hace mucho.

- Su última emoción

Hace poco.

- ¿Qué debería contener un kit de supervivencia en estos tiempos?

Libros, películas…

-Por cierto, ‘estos tiempos’... ¿Cómo son, cómo los resumiría?

Apasionantes, odiosos, de cambio, de lucha, de adocenamiento, de hegemonía, de conflicto, de diversidad...[Otra descripción de este destiempo, mucho más completa: ¿Polanski en la cárcel a punto de extradición, Bush disfrutando a tope del tiempo libre en su rancho texano y Vargas Llosa arremetiendo contra el primero sin escandalizarse por el segundo? Lo demás es silencio institucional, no tiene otro nombre...]

-La “indecencia”, dice Žižek, es la invisible presencia de “millones de anónimos trabajadores sudando en fábricas del tercer mundo, desde los gulags chinos a las líneas de montaje de Indonesia o Brasil –en su invisibilidad, Occidente puede darse el lujo de balbucear acerca de la clase obrera en vías de desaparición”... Comente la idea.

No puedo estar más de acuerdo. Por eso la buena conciencia de izquierdas es tan repugnante como la hipocresía de la derecha. El gobierno Zapatero vendiendo armas a Israel mientras condena la matanza de Gaza. Imposibilidad de mantener la decencia en contacto con el poder…

- ¿Quiénes son los capos? ¿Quiénes son los malos?

Los que se abrazan al ejercicio del poder desde la vocación y la ambición…

- ¿Y los buenos?

Todos y ninguno en especial. No soy maniqueo.

- ¿Hedonistas o humanos vegetantes?

Hedonistas sin complejos…

- “Lo sé perfectamente bien, pero...” ¿Justificación para ser tonto?

El insomnio es el gran peligro de la inteligencia que funciona. Todo el mundo necesita un pequeño fármaco de buen rollo, ficciones necesarias para conciliar el sueño, tener amigos, relaciones, amor…

- “¡Las cosas cambian tan rapido!”. ¿Verdad u opio?

Verdad a medias. Algunas cosas cambian muy deprisa, sobre todo si no afectan a valores tenidos por sustanciales, otras, por desgracia, no han cambiado desde el paleolítico…

- ¿Se actúa Vd. a sí mismo o es Vd. mismo?

No entiendo bien. Cuando actúo no sé quién soy. De hecho no sé quién escribe estas líneas…

- ¿Qué es un ‘coolhunter’?, ¿un basurero?, ¿un mercachifle?, ¿un gurú?...

Alguien que, desesperado por la lentitud de los relojes, trata de adelantarse a su tiempo atrapando en el momento del surgimiento una moda o una tendencia futura. En el fondo, su actitud conduce a la desesperación, al descubrimiento de la futilidad de todo, el tiempo, las modas, el gusto…

- Lo más obsceno de la cultura contemporánea...

La incapacidad de la cultura mayoritaria para estar a la altura de los tiempos.

- Lo menos...

El potencial de la cultura minoritaria para mostrarse y hacerse oír…

- El almuerzo eterno e incandescente de bytes... ¿Le gusta?, ¿le asusta?

Es una costumbre instalada en mis neuronas y mi sensibilidad con la falta de sorpresa de cualquier hábito arraigado. Excitante y habitual, como la vida en pareja, con sus tedios y sus nostalgias de otras posibilidades. Quien no se ha sentado a un ordenador y no ha sentido por un momento la nostalgia de un mundo donde no existieran no es digno de vivir en esta época hipertecnologizada. Los extremos se conectan con banda ancha…

- La libertad de decisión... ¿Nos dejan elegir lo minúsculo para que no perturbemos el orden máximo?

Sin duda, la cultura se ha convertido en el refugio para la acción simbólica, ya que la real está encomendada por el poder y sus instituciones policiales a otros individuos más responsables. Pero la acción simbólica es importante, aunque tiende a parecer consoladora, puede cambiar muchas cosas. Valores, por ejemplo, gustos, tendencias, formas de vida, mentalidades…

- Lo prohibido... ¿De verdad todo nos está permitido?

Todo lo que no perturbe el funcionamiento diario del sistema. William Burroughs solía repetir un lema que a mí me parece muy pertinente en la situación actual, aunque quizá con otra interpretación de la que le daba el maestro: Nada es verdad. Todo está permitido.

- La realidad... ¿Por qué la obsesión por sus versiones alternativas?

Porque la realidad es una versión elaborada por el poder. Las contraversiones no son sino tentativas por corregir o modificar la versión instalada y que se da por incuestionable, cuando no lo es. La gran lección aquí la proporcionan las novelas de ciencia ficción de Philip K. Dick. La realidad es una construcción, producto de una intersección de intereses, obligaciones e imposiciones que no hay por qué aceptar. Ese es el combate contra la cultura que Nietzsche propugnaba…

- La pasión... ¿También, como el café, descafeinada?
En un mundo anodino como el nuestro, la pasión inteligente es el único indicio de no complicidad con el poder…

- Los placeres... ¿De verdad están a nuestro alcance?

Nada está a nuestro alcance. Necesitamos buscarlos, construirlos, del mismo modo que encontrar a las personas con las que vamos a compartirlos. No creo en los placeres solitarios, con la excepción del cine o la literatura, por supuesto…

- Otra vez Žižek: “Esto es lo que está emergiendo cada vez más como los "derechos humanos", centrales en la sociedad del capitalismo tardío: el derecho a no ser acosado, es decir, el derecho a mantenerse a una distancia segura de los otros”... Comente la sentencia.

Sí, es la histeria de origen americano por la que el mayor enemigo de cada quien es el otro o el mismo. Es una victoria del poder haber conseguido que todos los ciudadanos consideren a los otros ciudadanos como su enemigo potencial. Ya está todo resuelto, se acabaron las inmensas posibilidades abiertas por la era contracultural en lo que se refiere a relaciones y grupos. Cada uno apegado a su terminal, alejado del otro por una distancia tecnológica infinita, cediendo el espacio real a los operadores del sistema por miedo a los contagios y los problemas derivados de la interacción con el otro. Hay una película reciente nunca estrenada en España, Bug, de William Friedkin, que es la mejor extrapolación de esta mentalidad puritana y fascista, que se expande por el mundo como una epidemia viral…

- Los oráculos... ¿Quiénes?

Por conveniencia, la sociedad del espectáculo reparte títulos de tales a diestro y siniestro, es una de sus funciones más arraigadas, en una parodia de la antigua función de liderazgo moral o cívico. Como no creo en ésta, siempre pienso que un oráculo es un orate al que los demás han decidido no ver como tal. Con los escritores también suele pasar…

- El sentido personal del ridículo... ¿Existe? ¿Ha muerto?

En esta sociedad, los medios aspiran a que nadie lo tenga si está de este lado de la pantalla, como actores, y que lo tengan todos en grado extremo si están, como espectadores, en el otro lado. La representación no sólo es ridícula sino que se alimenta del ridículo generalizado…

- ¿Jugamos, segundo a segundo, a un juego de rol?

Todos los juegos, el juego. La sociedad humana no puede evitarlo ya que la personalidad es una ficción, las relaciones también lo son. Así ha sido siempre. Ahora los juegos multiplican sus posibilidades gracias a la tecnología y al anonimato de la masa urbana. En cierto modo, es liberador, pero también favorece los intereses del sistema. Una sociedad de jugadores no pone en riesgo el desarrollo del juego, desea mejorarlo y contribuye a institucionalizarlo, como en Matrix, con sus viciados rituales y héroes redentores…

- La sexualidad reducida a juego... ¿Es así? Si lo es, ¿es una buena cosa?

El erotismo me interesa más. El erotismo es un juego con nuestros deseos y es también una forma de no agotar éstos, de estimularlos y acrecentarlos, y no sólo de refinarlos…

- ¿Necesitamos un nuevo Brecht? ¿Es posible un nuevo Brecht?

Si llamas Brecht a un artista militante, comprometido con una causa sectaria, desde luego que no. Si llamas Brecht a esa función estética por la que una creación invita a su consumidor a tomar la debida distancia para percibir el contexto y el sentido de esa creación en ese contexto, sin por otra parte perderse el placer de participar con intensidad en la experiencia artística propuesta, esto es algo que el mejor arte contemporáneo y el mejor cine y la mejor literatura hacen desde hace décadas sin necesidad de ponerse etiquetas partidistas o comulgar con ruedas de molino…

- ¿Estamos viviendo el fin de la política?

El fin de la política, sin ponerme en exceso aristotélico, me parece una imposibilidad. El agotamiento de una cierta forma de hacer o concebir la política sin duda. Pero serán los hechos, con su violencia intempestiva, los que fuercen a los políticos a darse cuenta de esto y no el debate de ideas…

- Una vez más, Žižek: “La amenaza real de los nuevos medios de comunicación es que ellos nos privan de nuestra experiencia pasiva auténtica, y así nos preparan para la estúpida y frenética actividad para el trabajo interminable”. Comente el comentario.

Sin duda. Sostengo lo mismo. Todas las actividades tenidas por lúdicas son prolongaciones de nuestras actividades productivas o acrecientan en nuestra mente y nuestro cuerpo los factores que nos hacen productivos a ojos del capital. Lo que se denomina “ocio”, con obscenidad intolerable, no es otra cosa que la apropiación del tiempo libre del consumidor por los pasatiempos y entretenimientos que favorecen su incorporación y aceptación del sistema. Por volver a Brecht, el ocio y la diversión a ultranza fomentadas en nuestras sociedades incluso por gobiernos así llamados progresistas sólo buscan que la distancia del sujeto respecto de su momento de producción sea mínima, cuando no inexistente. Los videojuegos, por ejemplo, son la mejor instrucción para los ejecutivos financieros e inversores en bolsa del futuro. Una escuela de disciplina económica, ideada para favorecer la adaptación de nuestro cerebro a las condiciones mediatizadas de vida de una sociedad cada vez más explotadora…

- El ruido... ¿Hablemos cuanto sea posible y cuanto más alto mejor?

Con DeLillo, a mí siempre me interesó el “ruido de fondo”, la señal imperceptible, el código de comunicación que pasa desapercibido para la mayoría. Es la lección de Pynchon y de la cibernética: cuanto más un mensaje posee información significativa para su receptor, menos inteligible resulta en términos convencionales, y viceversa. La cultura mayoritaria está constituida a partes iguales de obviedades y redundancias que son festejadas en su calidad de tales. La novedad, lo innovador, lo diferente, chirrían en el oído gregario ahora tanto como hace cincuenta, setenta, cien o ciento cincuenta años…

- ¿Para qué hablamos?

Para no oír el monólogo interior que nos pide que nos callemos…

- ¿Hablamos para que nada cambie?

Colmar el vacío de inanidad, no se me ocurre mejor metáfora de la cultura contemporánea, como en una conversación entre dos personas que no tienen nada que decirse y a pesar de eso se han citado en un café y todas y cada una de sus palabras sólo evidencian el malentendido de la situación, la absurda necesidad de mantenerla una vez comenzada y las ganas de cada uno de los interlocutores de que acabe cuanto antes y puedan irse…

- El goce como deber. ¿Por qué tenemos que pasarlo bien?

Al contestar hablando del ocio ya creo haber contestado a esto. El ocio es el negocio por otros medios. Disfrutar, en el sentido más banal de la expresión, es la plusvalía moral que alimenta el sistema. Con el tiempo, el aburrimiento nos parecerá algo transgresor y hasta revolucionario…

- Algo que añadir...

El suplemento es la parte gratuita. En un sistema que tiende a explotar cada pequeño aspecto de nuestra vida, fomentar lo gratuito, en todos los sentidos, es una forma de subversión profunda de las infraestructuras del sistema…

domingo, 18 de octubre de 2009

NARRATIVA EN ESPAÑOL DE AMBOS LADOS DEL ATLÁNTICO


MESA REDONDA

Tres escritores en el momento de plenitud de su carrera literaria hablarán de aspectos de su obra así como de la situación actual de la narrativa contemporánea en español y sus conexiones con otras literaturas.

Participantes

Edmundo Paz Soldán, Escritor

Luisa Castro, Poeta

Juan Francisco Ferré, Escritor


Entidades Organizadoras
Instituto Cervantes
(Nueva York)

Fechas
20/10/2009 (18:00 h.)

Lugar
Instituto Cervantes
211-215 East 49th Street
10017 Nueva York
(ESTADOS UNIDOS)