
sábado, 11 de septiembre de 2010
ZONA CERO

domingo, 5 de septiembre de 2010
EPITAFIO PARA JOSÉ LUIS BREA (II)
MINERALIDAD ABSOLUTA (EL CRISTAL SE VENGA)
viernes, 3 de septiembre de 2010
EPITAFIO PARA JOSÉ LUIS BREA (I)
Comprendí que cualquier palabra hubiera sencillamente desmerecido su nombre y por primera vez fui consciente de que lo importante es el nombre, que sólo el nombre queda, y que todo lo restante palidece a su lado.
JLB
Ha muerto José Luis Brea. La noticia me conmociona. Mis palabras brotan de la emoción, por eso serán torpes, imprecisas, ruidos groseros para acallar el silencio insoportable de una desaparición. Sabía que estaba enfermo, que sufría con la quimioterapia, que a pesar de todo su temperamento vital deleuziano encontraba en esas dolorosas sesiones no un recordatorio de la muerte sino un intensificador paradójico de la vida. Sabía que se había casado hace unos días con María Virginia, que a pesar de todo eran felices juntos. Saber que ha muerto disminuye mi simpatía hacia la vida. Lo siento. Saber que la vida ultraja así a hombres y a mujeres sólo confirma mi idea de que la vida es fascista. La muerte de mi padre hace una década me lo descubrió. La de Brea me lo confirma hoy. Sí, la vida es fascista porque tortura y mata con infinita crueldad, con salvaje ensañamiento, sin compasión ni arrepentimiento. La vida es fascista, sí, y no merece el culto ideológico que, como tontos, le consagramos. Nada iguala el frenesí de la vida en destruirnos. Nadie extermina más que la vida. Ningún genocida puede equipararse a ella en voluntad de exterminio. Confirmando su reflexión sobre los epitafios, su nombre, el de Brea, quedará. Todo lo que se le opuso palidecerá...
viernes, 27 de agosto de 2010
EL ORIGEN DEL MAL
El desprecio de lo femenino sostiene todavía el edificio conceptual de los paladines del ideal ascético. De manera que la elaboración de una teoría del libertinaje supone la superación de la misoginia y su aniquilamiento. Pues este aborrecimiento procede del miedo y de los fantasmas de una masculinidad mal resuelta, vivida al estilo arrogante de la violencia y la agresividad. Toda virilidad digna de este nombre debe proceder de la fuerza –lo contrario de la violencia-, y del deseo de que la misma fuerza excite al cuerpo, a la carne y al alma de las mujeres.
Michel Onfray
Como todo el mundo sabe, este blog ha sido tachado por fundamentalistas de inmoral, ofensivo o dudoso. No nos engañemos. El problema no ha sido la imagen, ni su obscenidad, ni su carácter pornográfico. O no sólo. El problema ha estado más bien en la asociación de imagen y texto. En la concatenación de ideas entre el célebre icono de Courbet, de una impudicia y una indecencia intolerables aún hoy para los sectarios y los obtusos de siempre, una profanación del foco sacramental de la visión fanática de la realidad, y esta reflexión pertinente sobre la caída de todos los velos, la elisión de la feminidad con que se construye toda versión religiosa, sublime o sagrada del mundo:
Hoy que tanto se discute sobre velos y burkas, y se asiste impotente a través de la televisión e internet a espantosas lapidaciones de mujeres y ablaciones de clítoris, convendría recordar por decencia intelectual las lúcidas palabras de Savatier acerca de este cuadro subversivo que “representa al mismo tiempo el blasón universal de la heráldica femenina y un himno a la libertad, la de crear y pensar liberándose de los tabúes engendrados por el odio al cuerpo que las religiones y filosofías nacidas en la cuenca mediterránea habían intentado dictar al mundo”.
Por una vez, la palabra más que la imagen. O la palabra potenciada por la imagen. La denuncia doblemente gráfica del “punto ciego de la especie”. En este sentido, no creamos que la mentalidad medieval o victoriana sea cosa del pasado. Un atavismo superado. Una ideología trasnochada. El control de las imágenes y el control de las palabras gravitan sobre nosotros tanto como antes, si no más, aunque por astucia se disfracen con otros nombres, se disimulen bajo otros signos, apelen a supuestos valores fundamentales, su discreción pase por una más refinada variante de la educación y el respeto. Lo sucedido no invita, por tanto, a la claudicación o el silencio sino a la exacerbación del discurso. La promulgación del exceso verbal, el libertinaje de las palabras y las imágenes, como medio de una expresión libre de trabas y corsés intelectuales. La así llamada incorrección política no es una actitud más en este contexto. Una voz más en la controversia. Es el gesto de afiliación imprescindible para indicar que uno no se alinea con los fanáticos, los comisarios, los censores, los cínicos, los puritanos, los asesinos o los hipócritas. Mucho menos con la diplomacia cultural, otra máscara cínica. Contra esas formas conformistas de renuncia, sólo cabe ostentar políticas libertarias del discurso, el gusto, la acción y la inteligencia.
Todo mi agradecimiento, pues, a las amigas y amigos que en estas circunstancias manifestaron públicamente su apoyo a este blog y su rechazo a cualquier censura del mismo. Activa o pasiva.
martes, 10 de agosto de 2010
ESTO NO ES UN CUADRO
Hay muchas formas de contar la historia de un cuadro, pero en pocos casos se podría decir que el cuadro obligue al historiador a adentrarse en los territorios de la ficción como lo hace esta obra singular de Courbet. Son tantos los misterios que rodean El origen del mundo (1866), sin referirme siquiera al misterio vital e iconográfico que el propio cuadro encarna, que habría que empezar por diferenciar, como hace Savatier en este espléndido estudio[i], lo que pertenece al régimen de lo ignorado y al de lo ocultado.
Savatier reconoce que le tentó recurrir a los procedimientos novelescos para desentrañar la verdad de este cuadro polémico. Y se nota en el fascinante modo en que esta historia verdadera logra escenificar, como una suculenta cadena de chismes y cotilleos mundanos, los elementos de alta comedia que generarían una de las obras menos sublimes y, por ello, más carnales de la historia del arte. Un pintor seminal y exuberante cuyo prestigio artístico le preocupaba tanto como para idear enredos comerciales con que hacer subir su cotización. Un refinado erotómano, el diplomático turco Khalil Bey, obsesionado por los misterios del cuerpo femenino y, en particular, por las revelaciones que el instrumental de la pintura produce sobre ellos cuando lo manipula una sensibilidad incisiva como la de Courbet, no en vano amigo y admirador de Baudelaire. Y, por último, una modelo sin identificar. Savatier descarta a la pelirroja Joanna Hiffernan, por razones obvias, y propone en su lugar varias hipótesis: Jeanne de Tourbey, la promiscua amante de Bey, una fotografía erótica de Belloc o la modelo morena que aparece en El sueño, provocadora escena lésbica pintada el mismo año por Courbet y adquirida también por el cliente otomano.
Este inteligente y sugestivo libro de Savatier acaba con toda especulación estéril, como corresponde a un cuadro cuyo motivo es una perspectiva frontal del sexo femenino, y propone al mismo tiempo una cronología lo más completa posible del turbio asunto y una exégesis plural de los designios de una obra pictórica que, desde su creación, fue concebida, nunca mejor dicho, como una intrigante indagación en el orden de la realidad. O, más bien, como un cuestionamiento de las apariencias y las convenciones enunciado en el lenguaje idóneo (la pintura) para afrontar el punto ciego de la especie. Ese vórtice visual donde se diluyen todos los mitos, prejuicios, fantasías, creencias y tabúes en que se funda el poder del inconsciente sobre el individuo. Este insólito cuadro representa, pues, un desafío a los límites de lo visible: el “objeto” paradójico que, al ofrecerse desnudo a la visión, ciega al sujeto que lo mira. El origen del mundo es, en suma, una plasmación parcial de los enigmas y secretos de la sexualidad femenina (Savatier sugiere, incluso, que la modelo anónima podría estar embarazada) y de la mirada masculina que tiende a objetualizarla y controlarla.
La historia de la transmisión de este cuadro escandaloso es tan excitante como su contenido, desde que Courbet se lo traspasa a Bey hasta el momento, hacia 1995, en que se exhibe en una sala apartada del Museo de Orsay, como si un comisario malicioso hubiera decidido gastarle una broma obscena a la retina del visitante incauto. En todo ese tiempo, el cuadro circuló de manera clandestina entre aficionados y coleccionistas. Grandes artistas de la virilidad como Picasso, Matisse, Duchamp o Rodin fueron inseminados por ese votivo fetiche femenino y crearon sus propias réplicas, multiplicando el infeccioso impacto del original. Hasta René Magritte habría creado su propia (per)versión del cuadro, jugando con espejos para neutralizar sus perturbadores efectos. Pero la parte más jugosa de esta peregrinación fueron, sin duda, los años en que perteneció a Jacques Lacan. El pícaro psicoanalista lo mantenía oculto tras un ingenioso dispositivo pictórico que se deslizaba para revelar, como una reliquia indecente, ese torso descabezado, esos muslos mutilados y esa ojiva velluda por la que pasan los humanos, como un rito visceral, al llegar a este mundo.
Hoy que tanto se discute sobre velos y burkas, y se asiste impotente a través de la televisión e internet a espantosas lapidaciones de mujeres y ablaciones de clítoris, convendría recordar por decencia intelectual las lúcidas palabras de Savatier acerca de este cuadro subversivo que “representa al mismo tiempo el blasón universal de la heráldica femenina y un himno a la libertad, la de crear y pensar liberándose de los tabúes engendrados por el odio al cuerpo que las religiones y filosofías nacidas en la cuenca mediterránea habían intentado dictar al mundo”.
[i] Thierry Savatier, El origen del mundo. Historia de un cuadro de Gustave Courbet, Ediciones Trea, Gijón, 2010.
jueves, 29 de julio de 2010
GPS4/ DEVENIR (ES) MUJER

“That´s the choice? Light or pussy? What kind of a choice is that?”.
-Thomas Pynchon, Against the Day-
Devenir Jabulani
Nos pongamos como nos pongamos, el proceso de feminización emprendido por muchas de nuestras instituciones e instancias públicas no es sólo un fenómeno irreversible sino deseable. Literalmente, un fenómeno en donde el deseo no sólo está implicado sino que es solicitado y hasta movilizado de modo preferente. Hace poco oíamos hablar sin escándalo de la feminización de los socialistas catalanes y de la misma Cataluña. En cualquier momento, se nos anunciará la feminización definitiva del empresariado, la judicatura, el ejército o la banca. La desvirilización de la Iglesia católica es fundacional, de ahí quizá la abusiva pederastia y también la “efeminofobia” galopante de la institución. La monarquía, en cambio, no debería tener devenir, ni masculino ni femenino.
Es probable que tardemos mucho más tiempo en ver una cierta feminización del fútbol. Feminizar el deporte rey, no obstante, no debería limitarse a multiplicar el número de espectadoras pasionales, mucho menos, como sucede con frecuencia en los verdes campos de medio mundo, a sembrar de reporteras atractivas los aledaños de la zona erógena del vestuario, controlando micrófono en mano el acceso de los jugadores.
En el cerebro del aficionado a cualquiera de los deportes donde las pelotas están en juego se vive un conflicto paralizante. Atender al deseo más poderoso o a la disciplina elemental. A su peculiar manera, la introducción del Jabulani en este último Mundial futbolístico podría equipararse, sin exagerar, a una conspiración de mujeres para hacerse con el dominio real del partido incrementando la peligrosidad de cada jugada. En este sentido, a pesar de la disminución de las costuras, cabría hablar de un cierto “devenir mujer” del balón, transfigurado ahora, en detrimento de la estrategia viril de los equipos, en un arma de ataque imprevisible, de trayectoria esquiva y engañosa, de trato inseguro, cualidades tipificadas como femeninas por la misoginia más militante.
Sin embargo, si hay un dominio donde lo femenino no tiene que irrumpir con artimañas ni zalamerías, es el de la música y, en particular, la música pop y sus ramificaciones en formato videoclip. Aquí triunfan en todo su esplendor las coreografías, los gestos y las voces de lo femenino, y el aficionado de cualquier género se vuelve un esteta, como Tarantino en Death Proof, capaz de llegar al fondo de sus deseos al menos con la mirada y el oído. Un programa de feminización intensiva estaría de más en un mundo poblado de tantas divas de garganta fácil como Madonna, Britney Spears, Christina Aguilera, Pink, Rihanna, Katy Perry, Anna Nalick, Grace Jones, The Pierces, Beyoncé o Lady Gaga, entre muchas otras.
En los últimos años, el efímero femenino se ha expresado como nunca en canciones y videoclips, poniendo sobre la mesa de la renegociación su problemática más acuciante. Que ésta sea casi siempre sentimental, afectiva o directamente sexual no obsta para que esta feminización de los discursos masivos, mediada por el aparato mediático capitalista, sea un acontecimiento cultural tan definitivo como estimulante…
Leer el artículo completo en salonKritik.
martes, 20 de julio de 2010
PYNCHON JOKES

(Como uno de los mayores encantos de Pynchon, y una de las cualidades que más nerviosa y atacada pone a cierta crítica, me refiero a los inquisidores y dómines dogmáticos tipo James Wood e imitadores, reverenciados por pereza y escasez de ideas propias en una situación literaria de bastante desorientación general, es su abuso programático de lo no serio, de lo cómico y trivial, la dimensión "descerebrada" e inmadura de su visión del mundo y los seres humanos, cuelgo aquí estas "colaboraciones especiales" de dos amigos, Ramón Buenaventura en el texto (discrepo de su crítica a su última novela, podrá no ser la mejor de Pynchon pero no es, desde luego, una novela aburrida sino divertidísima) y José Luis Amores (Bolmangani) en la ilustración, como homenajes lúdicos al gran novelista norteamericano. Enjoy!)
VICIO INNATO
Ramón Buenaventura
No, que no: Inherent Vice no es el mejor libro de Pynchon, sino seguramente el menos pynchoso y el más aburrido y disuasorio (no logré interesarme en lo que me contaba) (aunque también comprendo que lo haya escrito) (le apetecía, qué caramba) (quiénes somos sus lectores, tan caprichosos como él, para negarle el gusto). Pero una camarera del restaurante Belaying Pin que frecuenta el protagonista de la novela, Doc Sportello, siempre recomienda a sus clientes que antes del entrarle al plato estrella de la casa se trasieguen una o más unidades de un cóctel llamado Tequila Zombie «porque más le vale a usted estar bien cocido y bien hecho la puñeta cuando le pongan delante el plato» (traducción libérrima, que conste; pero mía, eso sí : no se acuse a nadie ).
La receta del Tequila Zombie, por si alguien quiere seguir a Pynchon también en los devaneos alcohólicos:
En coctelera: 2 buenos chorros de tequila, 1 de licor de albaricoque, 1 de ron especiado, 1 de vodka.
Agitar.
Añadir 2 chorros de zumo de pomelo y otros 2 de zumo de naranja.
Agitar de nuevo y servir sobre cubitos de hielo en vaso alto.
Bebérselo todo de un trago.