[Agustín Fernández Mallo, Teoría general de la basura, Galaxia Gutenberg, págs. 450]
Hace más de diez años,
describiendo el así llamado “territorio Nocilla”, apunté que este pretendía dar
cuenta de “una realidad que escapa a las categorías de la narrativa dominante.
Una realidad compleja que la ciencia nos ha enseñado a entender como volátil y
mutante, sujeta además a toda suerte de manipulaciones y experimentos
terminales”. Este nuevo libro de Fernández Mallo confirma el valor de mi
hipótesis y esclarece el perfil borgiano del mapa y los confines del territorio…
Philip K. Dick decía: la realidad es aquello que
no desaparece cuando no pienso en ella. Más o menos por la misma época, Lacan sentenciaba:
lo real es lo que no participa del orden simbólico ni tampoco del imaginario
subjetivo y, por tanto, persiste como un núcleo traumático para la psique
individual. Y Fernández Mallo, muchos años después, apostilla: lo real es lo
que problematiza la realidad. Es un foco de resistencia. Un punto de
cuestionamiento. Un vórtice creativo. Con ello Fernández Mallo nos alerta sobre
la múltiple intencionalidad de su libro: un manifiesto artístico, un programa
estético, una especulación teórica sobre la teoría posmoderna y sus variadas escuelas
y secuelas, una propuesta de intervención artística, una explicación científica
de la realidad y, por si fuera poco, un manual de instrucciones para entender
su personalidad artística y su proyecto de obra, pasada o futura. Ahí es nada.
La operación realizada por Fernández Mallo a lo
largo de las más de cuatrocientas densas páginas de su ensayo tiene un objetivo
nítido y una causalidad también evidente. No es posible entender mi obra, nos
diría el poeta científico, si no se entiende cuáles son en la actualidad las
condiciones de posibilidad de una obra artística, en cualquier soporte o
formato, y para definir estas conforme a los requerimientos de nuestro tiempo,
el artista implicado debe producir una versión de la realidad tan fiable como
instructiva. Este es el fundamento de su discurso. Si no acierto a definir qué
es la realidad hoy, qué es lo real, cómo lo pensamos y percibimos, no podré
explicar nunca cuál es la singularidad representada por mi obra en un panorama
de obras artísticas anticuadas.
La ecuación del arte actual, como señala
Fernández Mallo, pasa por la comprensión de una realidad compleja, construida
en redes que se interconectan en puntos concretos y van trazando una
trayectoria reticular que envuelve al objeto y a su vez lo expande a la
multiplicidad de las conexiones. Y, por otra parte, dado que ya se da todo por
conectado y asimilado, Fernández Mallo concibe una de las funciones vigentes
del arte como esa pequeña resistencia consistente en desconectar, aislar o
incomunicar, como respuesta crítica al imperativo de la conexión y la
comunicación de la cultura contemporánea. En suma, la obra complejiza el mundo,
como declara Fernández Mallo, introduciendo fricciones en la realidad.
En su propuesta, destaca la inscripción del
cuerpo y las huellas personales del artista en la construcción del discurso que
genera la obra creativa. La obra no se da así como acabada y deshumanizada,
estética modernista, ni solo desviada o ironizada, estética posmodernista, sino
que se entrega en permanente estado de construcción, evidenciando sus procesos
y progresos en el mismo gesto seminal con que se realiza su proyecto. Entendidos
así el arte y la literatura, la obra singular ha de ser híbrida, máquina
simbólica y organismo vivo al mismo tiempo, inscrita en las redes de la
realidad como un mapa de sus propias conexiones y niveles, dimensiones y
materiales, producida por un sujeto que no se aleja de su creación como el
demiurgo para admirarla o despreciarla sino que está plenamente involucrado en
ella desde la génesis hasta la recepción final por parte del lector o el espectador.
Por otra parte, Fernández Malo aborda multitud
de cuestiones esenciales y, entre otras, proporciona una gran teoría del tiempo
y de la historia, como unas grandes mandíbulas que trituran y devoran, como el
artista nómada de hoy, todo lo que participa de la vida de cada época y nos
deja en herencia a los que venimos después una colección de restos, residuos o
pecios de un naufragio natural, una catástrofe cronológica, basura en estado
latente que solo pide la mirada creativa para resucitar en el presente, como
los dinosaurios sintéticos de Parque
Jurásico. Nada de nostalgia ni de sentimentalidad romántica, impregnada de
melancolía y añoranza, idealización y sublimación, sino reconstrucción
fantástica realizada desde el presente, sobre el presente y para el presente,
de las ruinas del pasado. La vida anterior actualizada y la vida posterior
anticipada en todos sus detalles y menudencias.
El ambicioso recorrido de Fernández Mallo admite
algunas discrepancias, desde luego, pero no deja de ser, en su movilización de
categorías como el nomadismo estético, la realidad compleja y el realismo de última
generación, fusión de perspectiva científica y mirada artística, de una
pertinencia absoluta para la comprensión de las posibilidades estéticas de un
tiempo donde los flujos de información son la materia prima de la creación.
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