[Publicado en medios de Vocento el martes 12 de mayo]
Visto
y revisto para sentencia queda el juicio contra Ábalos y Koldo, qué pena,
chivos expiatorios de una trama que no se atreve a decir todos sus nombres.
Todos los nombres de la trama criminal conducen a donde conducen, no cabe duda,
aunque el fiscal Luzón se ofusque y pretenda disimular, qué pena. Mientras la
actitud de los reos recuerda a Beckett y no al gurú Saramago, precisamente.
Esperando el indulto, así se titula el bodrio teatral escenificado para salvar
la cara del partido y del líder. Archivos expiatorios, eso también, de un
proyecto político más que amortizado a cuenta del erario público. Pena de país,
con o sin la visita del hantavirus, quién te ha visto y quién te ve en las
tertulias de TV. Mucha pena.
Pena,
penita, pena da Ábalos mintiendo ante los jueces del Tribunal con descaro supremo.
Nunca un personaje, creo, desde los tiempos del tenor Juan Tenorio, ha dado
tanta pena al enfrentarse desnudo a la verdad pornográfica de su vida. Ya sé que
penal viene de pena, no de pene. Qué pena. Pero el caso, señoría, se las trae
en tal sentido. Dígalo Koldo, el escudero procaz. Pero con este hombre, nada
menos que todo un hombre, un macho socialista y feminista hasta las trancas, enamorado
hasta el tuétano, como su jefe, y con la nariz más larga que este de tanto
mentir en público y en privado; con este hombre, digo, se confunden todas las
categorías, humanas y divinas. Qué pena.
El
horizonte penal del semental de marras es inversamente proporcional a sus
éxitos sexuales. Koldo lo sabe mejor que nadie. Su amo y señor no tiene igual.
Pagaba por estar enamorado y el corazón partido le funcionaba como un fondo de
inversiones a corto, medio y largo plazo. Dónde estará el fruto de tanta
mordida, tanto bocado suculento y tanta caricia sensual. Cuatrocientos euros
por una tarde de pasión o cuatro millones por un amaño inmobiliario saben a
poco. La memoria se licúa, los datos y metadatos bailan un tango, una rumba o
un chotis. Basta con mirar la facha de Koldo respondiendo al fiscal, o la de
Ábalos escuchando las profecías del abogado de Aldama, para entender lo incurable
que puede llegar a ser la amnesia histórica. Qué pena.
Así vamos, camino de la perdición y el reproche. Hay canallas y canallas. La clase y el talento no se compran con una moción de censura y un puñado de votos podridos. A ver si se acaban pronto el culebrón y el culebreo. Visto para sentencia y escarnio de la mayoría que paga impuestos y ve para qué sirven. Nada está a salvo de la propaganda. El machismo es socialismo, o viceversa, en la boca viciosa de Ábalos, y las feministas del PSOE le pagan los servicios prestados con un silencio escandaloso. Que el cielo las juzgue. Espero que, en adelante, no vuelvan a empinar el dedo acusador con tanta prepotencia. Pena, penita, pene. Pena.

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