lunes, 30 de enero de 2023

MUNDO FELIZ


 [Publicado en medios de Vocento el martes 24 de enero] 

          El optimismo ya no está de moda entre las élites. No lo necesitan. Para enterarme de cuáles son las últimas tendencias infiltro a mi avatar más informado entre los invitados del Foro de Davos. Son los dueños del negocio global y parecen saber a lo que juegan. Vivimos en un mundo fragmentado y polarizado que padece una crisis múltiple, según declaran, pero ellos tienen la solución adecuada a todos nuestros problemas, por complejos que sean estos. Esa receta idónea, sin embargo, es costosa e impopular. Si eres muy rico y estás bien relacionado en las altas esferas no tendrás de qué preocuparte. Si perteneces, en cambio, a la nueva clase pobre, la antigua clase media, tendrás que resignarte al infortunio y aceptar el lote de recortes que mermarán tu vida hasta hacerla insostenible.

Los superhéroes de Davos son gente seria y llevan salvando al mundo, como los de Marvel, desde hace más de medio siglo. La revolución digital en curso no está pensada para beneficiar a todos por igual. No nos engañemos. El proceso es irreversible. La conclusión de la cumbre, en opinión de mi avatar, es tremenda. Para estos superhombres solo existen dos clases de seres humanos. Los que han escapado a la historia y están a salvo, volando en cohete hacia el futuro. Y los otros, atrapados aún en las miserias de la historia, ya no cuentan en el escenario global. No cambia nada que los superhombres de Davos se esfuercen en adornar su engañoso discurso con valores socialdemócratas, creyendo que apaciguan así el resentimiento de los excluidos.

El futuro es peor de lo que imaginábamos. La palabra distopía suena pomposa. La utopía se ha transformado en pragmatismo ideológico al servicio de la minoría dirigente. No es fácil enfrentarse a la situación. La retórica populista del nuevo fascismo y el nuevo comunismo no representa una alternativa real. Los superhombres de Davos, en su cinismo infinito, ya han amortizado el peligro. Mi avatar vuelve desmoralizado de Suiza. Para disipar su melancolía y distraer su mente lo llevo al cine a ver “Avatar 2” por enésima vez. Las imágenes tridimensionales de esta fábula ecológica naíf sobre un mundo idílico actúan en él como un bálsamo de felicidad. Le pregunto al salir si esa es la clave, si el retorno a la naturaleza es nuestra única salvación, el reencuentro con las raíces de la vida, la huida de las trampas de la tecnología. Mi avatar es una criatura lógica, no quiere mentirme y guarda silencio, con una lágrima enorme brotando del ojo izquierdo. 

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