lunes, 10 de febrero de 2014

LA DUDOSA REVOLUCIÓN DEL ROCK


 
I don't take it seriously, but being called a 'bad citizen' is a compliment to a novelist, at least to my mind. That's exactly what we ought to do. We ought to be bad citizens. We ought to, in the sense that we're writing against what power represents, and often what government represents, and what the corporation dictates, and what consumer consciousness has come to mean. In that sense, if we're bad citizens, we're doing our job. 

{Don DeLillo, La calle Great Jones, Seix-Barral, trad.: Javier Calvo, 2013 (1973), págs. 295} 

Este libro habla del fin de una cultura. Con más exactitud, este es un libro sobre la decadencia de la contracultura. No sobre su final, exactamente, sino sobre el momento en que la contracultura se disolvió en la cultura del consumo como una aspirina efervescente en un vaso de agua del grifo. Ese momento crítico en que el rock y la revolución del rock y la dudosa poesía del rock y demás efectos especiales de la contracultura lisérgica se transformaron, por obra y gracia de los mercaderes, en una gigantesca impostura, un tinglado espectacular consagrado al servicio del dinero, el lujo y la riqueza de una minoría y a la explotación de la credulidad y el tedio de la mayoría.
Una impostura dionisíaca, eso es el rock desde hace al menos cuatro décadas y quizá lo era ya desde el principio: un escenario tragicómico donde una banda de actores estrafalarios cobra sumas millonarias por liberar abundantes cantidades de energía cinética y libidinal para que los jóvenes de cada generación abandonen sus sueños más exaltados y sus deseos revolucionarios en nombre de una utopía simulada. Para eso sirve el rock en las sociedades capitalistas, como purga romántica de las tensiones sociales y políticas. Así lo muestra esta lúcida novela de uno de los más grandes novelistas actuales, a quien, sin embargo, nunca darán el premio Nobel. Ningún escritor que desnude la farsa programada y el simulacro endémico que representa la cultura oficial podría ganar nunca tal galardón.
La calle Great Jones se ambienta en ese período crucial de la historia de la cultura popular que abarcan, como hitos ineludibles, películas como Performance, de Nicolas Roeg, que prefigura la perspectiva irónica de DeLillo, y El fantasma del Paraíso, gran sátira carnavalesca de Brian de Palma que escenifica el final apoteósico de la vida alternativa cifrada en los aullidos desesperados y guitarreos estridentes del rock. Cuando el cantante Bucky Wunderlick, líder de una banda de éxito masivo, decide abandonarla para enclaustrarse como un monje desarrapado en un sórdido apartamento de una calle desahuciada del submundo neoyorquino apenas imagina la aventura mental que está a punto de vivir. El fantasmagórico viaje de una conciencia alterada hasta sus fundamentos más preciosos por la paranoia de las relaciones de poder y la esquizofrenia de las percepciones y sensaciones del mundo real. En torno a su figura decaída orbitará un elenco de personajes estrambóticos, desde rapaces productores musicales con intereses en el negocio inmobiliario y el narcotráfico a sectas utópicas de credo nihilista, o gánsteres filósofos al estilo de Beckett o Pinter y no de los clichés mafiosos de Coppola o Scorsese.
En una de sus primeras tentativas de crear una narración totalizadora de su tiempo desquiciado, DeLillo logra una paradójica alegoría del mundo por venir. Un mundo estancado entre la repetición estéril de los gestos del pasado, la parodia de sus modelos y el círculo vicioso de sus ideales degradados, y el extremismo de toda forma de explotación. La droga experimental que acaba impregnando de misterio los hilos de la trama, como un objeto no identificado, expresaría el deseo terminal de una cultura, hastiada de sí misma, que mistifica su desaparición tomándola por un nuevo comienzo. En realidad, la salvación de Bucky pasa por el consumo de la poderosa droga que le permite regresar a un estado de vida latente que su música perseguía como una ilusión de inocencia anterior al lenguaje. La escritura de la novela, esta novela en primera persona sobre su alucinante travesía temporal, termina dándole la oportunidad de hallar una cierta salud mental a través de las palabras.

1 comentario:

José María Souza Costa dijo...

Invitación - E
Soy brasileño.
Pasei acá leendo , y visitando su blog.
También tengo un, sólo que mucho más simple.
Estoy invitando a visitarme, y si es posible seguir juntos por ellos y con ellos. Siempre me gustó escribir, exponer y compartir mis ideas con las personas, independientemente de su clase Social, Creed Religiosa, Orientación Sexual, o la Etnicidad.
A mí, lo que es nuestro interés el intercambio de ideas, y, pensamientos.
Estoy ahí en mi Simpleton espacio, esperando.
Y yo ya estoy siguiendo tu blog.
Fortaleza, la Paz, Amistad y felicidad
para ti, un abrazo desde Brasil.
www.josemariacosta.com