martes, 5 de enero de 2010

PROVIDENCE FEEDBACK (3)


Juan Francisco Ferré golpea con una trama rompedora el "american way of life": Providence radiografía la cara más febril de Estados Unidos

LAS TORRES DEL ODIO


JUAN ANTONIO MASOLIVER RÓDENAS



Providence, de Juan Francisco Ferré (Málaga, 1962), es una novela sumamente compleja y ambiciosa, dentro de la línea catastrófica o apocalíptica, surgida de la tecnología y del terrorismo en todos sus niveles, tan frecuentada por la nueva novela española. Controlada por su autor hasta su más mínimo detalle, dudo que pueda esperarse lo mismo del lector, en un momento en que este tipo de narrativa heterodoxa, paródica, destructiva y exigente camina por una senda mucho más espinosa que la de los cada día más celebrados best-sellers. Se explica que el jurado del Premio Herralde de Novela haya decidido concederlo a La vida antes de marzo, de Manuel Gutiérrez Aragón, para relegar a Providence a la incómoda posición de finalista. Dado que las dos novelas se publican simultáneamente, al lector se le ofrece la oportunidad de juzgar por sí mismo. Mi juicio no puede ser más claro.


La primera novela de Ferré, La fiesta del asno, destacaba ya por la fuerza y el radicalismo de sus planteamientos. Ahora salimos del marco nacional y nos movemos en un espacio (el geográfico y el mental) mucho más amplio. El punto de partida surge de una experiencia autobiográfica: sus vivencias como profesor en la prestigiosa Universidad de Brown, en Providence (Rhode Island), una de las primeras ciudades de EE. UU., fundada por religiosos disidentes. Los extremismos políticos, raciales y religiosos constituyen la energía centrípeta y centrífuga de una novela donde los principios de los padres fundadores llevan a la destrucción, lo que equivale, simbólicamente, a la destrucción de EE. UU. y de la civilización occidental.


Álex Franco es profesor de historia del cine. Ha sido el autor de algunas cintas, entre ellas La fiesta grande, elogiada por “la valentía moral contra los podridos fantasmas de la identidad ibérica”, que nos remite a La fiesta del asno. Como profesor se gana la desconfianza de sus alumnos, pero como cineasta atrae a Delphine Dielman, una mecenas rubia y rica en experiencias sexuales, como lo serán casi todas las muchas mujeres que se cruzan en la vida de Álex. La preparación del guión (que es, a modo de work in progress, la propia novela) le llevará a una serie de situaciones extremas que escaparán a su comprensión, pero no a su percepción. La suya es una visión delirante de Providence, estimulada por unos misteriosos polvos alucinógenos y por la presencia de Lovecraft, el escritor norteamericano nacido allí y autor de narraciones de horror y ciencia ficción, racista, atraído por el satanismo y enemigo del progreso. Rasgos que definen la dantesca sociedad norteamericana, con las Torres Gemelas como símbolo del oscurantismo, los atavismos, el enfrentamiento de los distintos poderes, la pornografía y la fuerza destructora de la tecnología. “Así fue concebido este viaje, como un acceso febril más allá de la cordura” y, sin embargo, “no era una pesadilla como había llegado a creer, era todavía peor”. “Era la realidad con toda su crudeza”.


(La Vanguardia, Cultura/s, 30-12-2009, p. 7.)