martes, 23 de junio de 2015

EL DISCRETO ENCANTO DE LA ALT LIT



[Noah Cicero, Pórtate bien, trad.: J. L. Amores, Pálido Fuego, 2015, págs. 222]

Me quedé allí pensando, mientras ella se comía las algas, que los escritores son todos unos hobbesianos tremendos. Puedes hacer cosas lockeanas con la gente: darles dinero, incentivos, beneficios, trofeos, pero eso no es más que poner queso delante del ratón. Sin embargo su naturaleza real es hobbesiana. Todos quieren que se les diga qué hacer, todos necesitan una motivación externa (el queso), no les preocupan los asuntos políticos, lo único que les importa son las mamadas, fumar maría y gilipolleces estúpidas. La mayoría de ellos ni siquiera saben de dónde vienen las carreteras y la electricidad. En cuanto se desata el caos empiezan a matarse entre sí…

-Noah Cicero-

Noah Cicero no es Harmony Korine. Y Pórtate bien, una suerte de manifiesto generacional disfrazado de crónica de una degeneración nacional, apenas comparte actitud con el nihilismo intransigente de Spring Breakers: un tratado de histeria revolucionaria destinado a toda clase de sujetos bipolares de ambos sexos y pacientes de otros síndromes aún sin diagnosticar, la respuesta desesperada a un estado de cosas tan banal como inaceptable.
Pese a sus notorias diferencias, Cicero comparte ciertas afinidades emocionales con Lena Dunham, creadora de la gran teleserie generacional femenina Girls. Cicero procede de una familia católica italoamericana de Ohio, tiene propensión a juzgar la vida desde una combinación paradójica de pasión filosófica y abulia existencial, sostiene posiciones políticas radicales y, como escritor de ficción, tiene un hambre de realidad insaciable, un voraz deseo libidinal de apropiarse de lo real y los signos de lo real que no le impide ser hilarante, cáustico y, al mismo tiempo, una de las voces más sinceras (si esto no significa un truco retórico, una impostura biográfica o un compromiso subjetivo con el artificio rentable de la identidad) de la literatura norteamericana más joven.
Cicero pertenece a una generación de treintañeros veteranos de todas las guerras urbanas que sobreviven sin escándalo entre las ruinas del sueño americano transfigurado en parque temático de la anomia y la amnesia. En medio del último desecho sintético del vertedero de todos los sueños democráticos y pesadillas clasistas engendrados por el imperio americano en su propio territorio. Una realidad social devastada sin contemplaciones por el neoliberalismo de mercado, la forma lógica de capitalismo más depredadora o desaprensiva que ha existido nunca en el planeta tierra.
Esa generación literaria, nacida entre 1980 y 1985, se identifica como estética bajo las ambiguas siglas Alt Lit: literatura alternativa o literatura del alt, en alusión a la tecla informática que permite modificar los menús del sistema y alternar programas. Así funciona esta literatura en el sistema programado de la realidad contemporánea: menudeando entre niveles, estableciendo conexiones imprevistas y enlaces de comunicación inexistentes. Entre sus representantes conspicuos, Tao Lin sería el más famoso y aburrido (de lectura) mientras Cicero sería lo bastante célebre, pese a todo, como para que no deje de sorprendernos su ingenio y brillantez al opinar a lo largo de la novela sobre política, psicología, sociedad, educación, economía, religión, sexo, drogas, historia, etc.
Ya solo por este compendio de digresiones sutiles y agudos comentarios merece leerse esta novela cómica organizada alrededor de una anécdota trivial: un alocado viaje a Nueva York del narrador Benny Baradat (el heterónimo aliterativo apenas encubre su identidad real, fichada por la policía de varios estados...) para participar en el reportaje de una prestigiosa revista cultural sobre un grupo de escritores jóvenes cuyas afinidades electivas se revelan, además, efectivas de cara a la publicidad y la fama pero no al dinero.


Los renovadores recientes de la novela americana (Wallace, Franzen, Lethem, Eggers) ya están instalados en el sistema literario como figuras reconocidas y domesticadas y sus artefactos narrativos se juzgan demasiado complejos o fastidiosos para una generación de licenciados universitarios que solo encuentra un horizonte laboral de trabajos basura encadenados como los (malos) rollos de una noche, las auto-fotos incesantes, los chats interminables, las borracheras rutinarias, la intimidad instantánea exhibida en redes sociales, las fiestas tediosas, los tuits de cotilleo, el sexo sin orgasmo, las largas madrugadas de hastío, los suicidios aplazados y los amaneceres sin sentido.
Durante un dialogo delirante en un restaurante asiático al final de una velada desquiciada, el narrador Baradat se reconoce partidario de la ironía descarnada como estilo de vida acreditado y confirma la pertenencia de sus colegas a la Generación Irónica: “La ironía es cuando tu culo le dice a tu cara que hay amor en el universo”. Este sarcástico aforismo de Cicero (una muestra reciclada de cinismo callejero a lo Bukowski) sintetiza la estética literaria y la ética peculiar de una generación desencantada, sin dramas sentimentales ni tragedias morales ni gestos grandilocuentes, aunque la ironía como recurso defensivo-agresivo contra las ofensas y agravios de la vida no sea exclusiva de su generación.
La vida es una comedia tan fugaz e insustancial como para tomarla demasiado en serio. Puro aburrimiento, como concluye Cicero esta irónica diatriba contra la decadente vida contemporánea y como cantaban las abúlicas hermanas Pierce no hace aún ni una década… 

3 comentarios:

julian bluff dijo...

Hola a todos!

La transgresión en el arte, específicamente en literatura, es siempre profundamente contemporánea y novicial. Absolutamente todo -y dentro de ese todo se halla ¡como no! lo "escandaloso"- ha sido ya puesto por escrito, letra a letra, y aun con mejor tino, a lo largo de los siglos XIX y primera mitad del XX. Luego... no existen una literatura alternativa en cuanto tal, existen, sí, escritores nuevos y lectores nuevos. Los primeros, en cuanto cumplen los cuarenta, empiezan a ser conscientes que lo que hacen no es sino repetir, con más esperanza que gloria, las voces de sus mayores, manipulando torpemente el mensaje para "modernizarlo". Y los segundos, los pobres, van a sentirse ligeramente defraudados... una vez conocen "las fuentes"... de que su sensibilidad hubiese fracasado en la misma medida que el talento que les atribuían a sus pretendidos ídolos. Mal menor.

Leyendo a muchos de esos tíos de los que hablas, Juan, parece como si anduviesen jodidos de que Saatchi&Saatchi no les haya contratado como directores creativos del área "magazines". Como también me pasa a mí ¡no te jode! ¡Un abrazo juerte!

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

No, amigo Gracq, estos tíos están jodidos, por hablar como usted, porque en la literatura (ya) no es posible el efecto Saatchi&Saatchi, o lo que viene a ser lo mismo, porque las modas literarias o no existen o no tienen importancia, ni relevancia cultural, ni hacen rico a nadie, ni siquiera a los editores, ni afectan lo más mínimo al contexto. O lo que viene a ser lo mismo: esmérese, si tiene un rato que perder allá en sus Sirtes, en encontrarme un equivalente literario de los Koons, Hirst y demás artistas-galeristas que llevan explotando más de dos decenios la indiferencia masiva hacia su arte y la cotización multimillonaria entre las élites económicas del mundo...

D. Andrés Castro dijo...

Bien por Noah... recientemente se está traduciendo mucho, tanto su poesía como sus novelas. Amores en la entrevista que le hace Ernesto Castro lo integra en esta especie de genealogía que viene desde Gaddis y termina con DFW y de la que nace, dice, Noah; dibujando los cambios en la sociedad norteamericana. En lo particular pienso que es un gran escritor, comencé a leerlo con The Human War, que a decir verdad dialoga mucho mejor con su tiempo, (ya con ese tono irónico y gracioso o absurdo que mantiene casi en todos sus libros), que otras obras que se publicaron posterior al 9/11 y que van de dicho evento. De la alt lit aprecio mucho su narrativa, en verdad hay un cambio estético, si bien no inventan nada (como lo hace notar bien Lin en su ensayo sobre el futuro de la novela en The Observer), sí logran plasmar un tipo de realismo que conecta muy bien con los lectores de su tiempo, con los conflictos que viven las personas, con las personas que son (y somos) hoy. Lo de alternativos, o literatura alternativa, ¡claro!... estos escritores se hicieron solos, lejos de los talleres literarios, los concursos, las recomendaciones de escritores "mayores" o los títulos con los que estamos acostumbrados a validar a los autores. Crearon comunidad y se hicieron a una voz. Esto es bueno, y lo que sucede en español, quizá, poco a poco nos de algo interesante a leer. Hasta ahora no hay cosas muy claras. Y eso esperamos, que la literatura en Latinoamérica se dé un respiro afuera de eso que deber ser (o hacemos llamar) lo correcto y sea un poco más... divertida.