[Publicado en medios de Vocento el martes 21 de julio]
España
tiene un par, de estrellas, y la segunda la ha ganado en un Mundial donde las
estrellas brillaron un tiempo y luego se fueron apagando para que
resplandeciera el equipo estrella, la selección española. Es la lección de la
Selección, otra vez: España es la estrella, no uno cualquiera de sus jugadores.
Y eso que España tenía alguna estrella en el equipo, pero fue laminada por el
juego colectivo. Es un símbolo de lo que somos, como país y como sociedad. Más
comunidad que individuos, más pueblo que élites, como creía Ortega.
Al revés
que en política, en el fútbol no se puede mentir. Lo que pasa en el campo es
real. Lo que pasa en el campo es verdad, sin publicidad ni deformaciones
mediáticas. Por eso el fútbol es juego y verdad, placer y realidad. Lo que pasa
en el campo, por real y verdadero que sea, es también divertido e
intrascendente. Por eso nos gusta tanto. Porque no engaña y gratifica al mismo
tiempo. La propaganda y la demagogia desaparecen en cuanto el balón se pone en
juego.
Jugar bien
al fútbol, como ha hecho la España de Luis de la Fuente, supone seriedad y
rigor, sistema y esfuerzo, brío y disciplina estratégica. Pero también sentido
del juego y placer en el golpeo del balón. Goce goleador, pese al escaso
acierto. Hay una dimensión lúdica primordial en el fútbol, clave de su atractivo
mayoritario. Los norteamericanos tardaron mucho en descubrirlo, pero después de
este Mundial de estrellas y golazos hasta el rey Trump ha caído seducido ante
el vigoroso encanto del deporte rey donde España reina.
“Catasterismo”
es la palabra inventada por los griegos antiguos para designar la
transformación de los héroes terrestres en estrellas celestiales. “Catasterismo
espectacular” es invención mía para explicar cómo el estrellato y los medios
masivos van de la mano en los tiempos modernos, así en el cine y la televisión
como en la música y el deporte. En el fútbol, al menos, las estrellas dan
alegría y producen riqueza sin tanto cotilleo ni puesta en escena. Y también
cansan, como Ronaldo, o se cansan, como Mbappé, Messi y Haaland, de liderar equipos
que no están a su altura.
En este Mundial, para añadirle mordiente, todos los equipos con estrellas se han estrellado contra el excelente fútbol del equipo estrella. Lección política de actualidad para algunos partidos, que se estrellan una y otra vez en las urnas por empeñarse en salvar al líder estelar. No me olvido de que el mismo día en que el hermano de P. S. era condenado por la Audiencia Provincial de Badajoz, Pedro Porro, jugador español oriundo de esa misma provincia, metía el segundo gol contra Francia que dejaba el partido sentenciado y metía a España en la Final. Es la ley del fútbol. Siempre gana el mejor. Eso sí, no usemos el fútbol, como en otros tiempos, para encubrir nuestras miserias.
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