martes, 14 de mayo de 2019

REVOLUCIÓN



Así habla la contraportada de Revolución, la contrarrevolución:

33 capítulos. 33 días narrados en primera persona por Gabriel Espinosa. 33 etapas de un descenso –o acaso ascenso– a la locura o a la lucidez total, en un recorrido que va de «El aburrimiento. El deseo insatisfecho» a «El futuro. El tiempo de la libertad absoluta. El tiempo de la revolución».
Espinosa, investigador de una universidad, realiza peculiares experimentos, para los que capta por la calle a mujeres a las que les pide que le cuenten sus fantasías eróticas. Está casado con Ariana, de la que sospecha –con razón, según todos los indicios– que le engaña. Y tiene tres hijos, dos biológicos, los gemelos Sofía y Pablo, y un tercero, Aníbal, adoptado y superdotado. Este último muestra una inusitada afición a observar por internet a un transexual californiano y a seguir la agonía de un erizo a través de los vídeos que cuelgan sus desalmados torturadores.
Conforme avanzan los días, lo cotidiano se va tornando alucinatorio y esquizofrénico: Aníbal desaparece, acaso secuestrado por una secta pedófila obsesionada por los niños superdotados, y van haciendo su aparición un variopinto repertorio de personajes estrambóticos como Freddy el fauno, el doctor Drax, un ente –¿divino?– llamado Madre o Abraxas, mientras se producen sacrificios humanos y reencarnaciones en forma de… erizo.
Revolución es una novela insurrecta, transgresora, provocadora, golfa, lisérgica, esotérica, mística, pornográfica, trastornada, perturbadora y sobre todo arrolladora. Un engranaje narrativo que fluye con un ritmo frenético y extático, y funciona con la precisa lógica del delirio. Una aventura literaria deslumbrante que atrapa al lector en las seductoras y perversas redes de la ficción.

«Juan Francisco Ferré resquebraja las corrientes de la narrativa española contemporánea» (Xavi Ayén, La Vanguardia).

2 comentarios:

Melmoth el errabundo dijo...

Ya lo tengo en mi casa a punto de leer, mi querido Juan. Hace mucho tiempo que leo, no solo tus magníficos libros, sino este espacio, quizá, desde mi punto de vista, el mejor de la red a lo que se refiere a asuntos literarios y reflexiones varias. Cerré mi blog hace ya dos años y tengo el orgullo que allí dejaste más de un comentario. Ahora me presento con el seudónimo de Melmoth el errabundo, y sabes bien quién fue este individuo en la ficción, y después en la realidad de Oscar Wilde. Sí, soy Francisco el que una vez tuvo un blog llamado “El tiempo ganado”. Trabajo desde hace mucho tiempo en clubs de lectura (no me gusta para nada), pero me paga las facturas y tus libros han estado presente. Providence, La fiesta del asno, La vuelta al mundo, Karnaval, El Rey del juego (incluso la película de Norman Jewison con Steve McQueen), Mímesis y simulacro: del Marqués de Sade a David Foster Wallace. Sí, mi querido amigo, he tenido la osadía de poner al divino marqués. Se desapuntaron algunos, pero los que se quedaron se les abrieron las puertas de la comprensión lectora. Me aterroriza la reducción de comprensión lectora (y de la vida) del mundo contemporáneo. Cada vez que inicio un nuevo curso me gusta matizar la diferencia entre un narrador y un escritor. Un excelente narrador puede ser, por ejemplo, Stephen King, pero un escritor es el que crea una literatura él mismo por sí solo como, por ejemplo, Samuel Beckett, Kafka, Proust, Gombrowicz, Pessoa, Joyce, Juan Francisco Ferré, etcétera.
No sé por qué, pero cada vez que hablo de la obra de Foster Wallace empiezo con una de sus citas: “¿Por qué nadie te lleva aparte y te dice lo que se avecina?”. Te cuento esto, estimado amigo, porque me ha llamado mucho la atención la portada de tu último libro “Revolución”. Ya te digo, todavía no lo he leído y solo puedo decirte la impresión causada por esa portada. No sé si tú tuviste algo que ver con ello, pero me hace recordar la casa del final de la película “Con la muerte en los talones”, del genial Hitchcock. Las casas de Hitch en sus películas te van adelantando el argumento. Como ocurre es esta obra maestra que es “Con la muerte en los talones”. Cuando se habla de cine nunca se menciona la arquitectura del cine. Se habla de influencias de pintores y escritores, pero rara vez se menciona la arquitectura. A mi juicio los grandes arquitectos que ha dado el cine son Fritz Lang, Hitchock y Jacques Tati. “Revolución” es el nuevo título de tu novela.

Un fuerte abrazo.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Querido Francisco, mi más sincero agradecimiento por tus generosas palabras y tu complicidad lectora. Me acuerdo mucho de tus intervenciones en este blog durante años y las echaba de menos, la verdad, me alegra recuperarte con esta ocasión, comparto todo lo que dices y me interesa, en especial, la reflexión sobre la arquitectura. Qué bien traída la mención a Hitchcock y a esa maravilla que es “North by Northwest”, y la casa del villano Mason al final de la película, situada al borde del abismo o de la nada, no había pensado en ella al trabajar la portada (yo sugerí la imagen, la Celan House de Breuer recreada por el artista Dionisio González, y los diseñadores de la editorial le dieron el toque gótico, en sugestivo rojo y negro), pero me fascina que pueda hacer pensar en ella. La arquitectura es una referencia fundamental de la novela, ya me comentarás qué te parece el modo en que incorporo los edificios en la trama narrativa de la novela…

Muchas gracias de nuevo y hasta pronto.

Un fuerte abrazo!