lunes, 9 de enero de 2012

HIPERCINE GLOBAL, VISIÓN PARCIAL (1)


Pensar el hipercine…es poner en evidencia lo que el cine dice sobre el mundo social humano, como este lo reorganiza, pero también cómo el cine actúa sobre las percepciones de los humanos y reconfigura sus expectativas. Ni sistema cerrado, ni puro reflejo de lo social, el hipercine debe ser interpretado de modo global, desde dentro y desde fuera, como efecto y como modelo imaginario…sin perder de vista que son los lazos que mantiene con la sociedad y la cultura los que proporcionan las mejores claves de inteligibilidad de su ser propio y de su devenir específico…se trata de abordar la economía general del cine de esta nueva era reconociéndole el poder de transformar el imaginario cultural global. Una economía del cine a la vez cultural y socio-estética, transpolítica y antropológica.
-Gilles Lipovetsky y Jean Serroy-
(Reedición en bolsillo de La pantalla global, con nuevo prefacio: L´écran global. Du cinéma au smartphone, 2011, pp. 27-28; la traducción es mía.)

Doy mis listas de este año pasado en colaboración con buenos cinéfilos (por orden alfabético: Noel Ceballos, Mercè Ibarz, Vicente Molina Foix, François Monti, Pablo Muñoz (“Alvy Singer”), José Ramón Ortiz) con los que hay tantos acuerdos como discrepancias. Es una forma como otra cualquiera de ofrecer una visión plural (nadie puede abarcar todas las películas producidas en un año) y ecléctica que es la que más corresponde a lo que es el cine en el siglo XXI. Un arte diversificado y múltiple, donde no caben ni los dogmas demasiado estrechos ni la falta de criterios. Se impone la negociación permanente en todos los órdenes. El juicio de gusto, sin duda, la crítica estética, pero también la atención a los desarrollos culturales y tecnológicos contemporáneos. Si el gusto está bien formado, lo segundo va de suyo. No hay sensibilidad formada que no sea receptiva con la novedad artística, que incluye siempre todas esas dimensiones (novedad cultural, tecnológica, social y, por supuesto, estética).
En razón de todo esto, me atrevo a decir que Melancholia es la película del año. Entre sus muchos méritos debería contar el de haber anulado a su gran contrincante estética y filosófica, la inaguantable El árbol de la vida. Como estaba anunciado, una parte importante de la crítica se inclina por el humanismo panfletario del film de Malick, y muchas listas del año, aun dándole la primacía a este, han tenido el acierto de incluir también a Melancholia, exhibiendo una esquizofrenia estética que encuentro, con todo, saludable. Yo no puedo hacer lo mismo y la mayor parte de mis invitados tampoco. El acuerdo en este punto es más que llamativo. A pesar de la diversidad de nuestros gustos y referencias, solo uno (Monti) incluye el “abecedario espiritual” de Malick entre sus películas favoritas y solo dos (Ibarz y Molina Foix) excluyen el apocalipsis cultural según Von Trier de su selección. Me parece sorprendente que la película de Von Trier prefigure, treinta años después de su primera formulación, esta visión de Baudrillard sobre la melancolía en Adorno y Benjamin, plenamente integrada en su definición de la simulación postmoderna: “Es esta melancolía de los sistemas la que se pone hoy de manifiesto a través de las formas irónicamente transparentes que nos rodean. Es ella la que se convierte en nuestra pasión fundamental. No es ya el spleen o la vaguedad del alma finisecular. No es tampoco el nihilismo… No, la melancolía es la tonalidad fundamental de los sistemas funcionales, de los sistemas actuales de simulación, de programación y de información. La melancolía es la calidad inherente al modo de desaparición del sentido, al modo de volatilización del sentido en los sistemas operacionales. Y todos somos melancólicos. La melancolía es esta desafección brutal propia de los sistemas saturados (Simulacres et Simulation, p. 232; la traducción y las negritas son mías). Muchos críticos han ido a rebuscar la “melancolía” de Von Trier en los polvorientos tratados sobre el renacimiento y el barroco, o en un vago romanticismo museístico, seducidos por el alusivo mundo de referencias pictóricas mostrado por el director como cebo, sin entender del todo que ese agenciamiento de imágenes y afectos que modula esta película magistral e incisiva como pocas es absolutamente contemporáneo (el prólogo parecería dejar esto bien claro, con ese reciclado espectacular del imaginario romántico transfigurado en cliché publicitario). Nada define mejor el sentimiento “melancólico” que padece su protagonista y contagia las imágenes del film hasta el plano final que esta reflexión citada de Baudrillard sobre el nihilismo y sus secuelas afectivas. En este sentido, todos somos melancólicos, sí. La melancolía es el sentimiento dominante en el siglo XXI. Y el cine, como afirma Jean-Baptiste Thoret, se está volviendo cada vez más baudrillardiano. Como si Baudrillard, y no Lacan o Deleuze, fuera el precursor ideológico de todas las aventuras del hipercine.
Como me niego a dar la razón a los distribuidores y exhibidores (incluidos, con más delito, los de las salas en versión original, donde la claudicación del criterio de gusto y la concesión a intereses espurios son alarmantes) que ralentizan, difieren o bloquean el estreno de las películas más creativas, no incluyo este año ninguna película de las que ya destaqué el año pasado y han acabado estrenándose (Carlos, Tournée, White Material, Cisne negro, Les derniers jours du monde, etc.), e incluyo como siempre una segunda lista con las mejores películas no estrenadas, algunas de ellas se encuentran entre mis favoritas absolutas del año (caso de Hors Satan y L´Apollonide). Es inexplicable que en un país donde se estrena el menor bodrio latinoamericano o iraní, el cine francés más creativo siga condenado a la inexistencia (si no hay un público para este tipo de cine, no sé cómo puede haberlo para la mercancía import-export de otras culturas más exóticas o remotas). Como también le pasa al cine asiático en su variante más extremo oriental. Es irónico que en un momento de explosión creativa del cine coreano, por ejemplo, sea imposible ver en salas españolas una película de tal nacionalidad. Inédita sigue una obra maestra como Mother de Bong Joon-ho, e inédito seguirá por los siglos de los siglos el nuevo valor de esa cinematografía, Na Hong-jin, y sus dos portentosos thrillers The Chaser y The Murder. La representación asiática estrenada se reduce al "shambara" destroyer de Takashi Miike, que por fin encuentra un hueco en nuestras carteleras, aunque sus dos nuevas películas de 2011 estén pendientes de estreno. Por otra parte, el cine europeo sigue demostrando una superioridad artística innegable. Si hoy más que nunca el negocio está en manos de los americanos, que copan las salas europeas con una facilidad colonial que en cualquier otro terreno escandalizaría al mismo público que le da su bendición a cualquiera de sus bodrios, es evidente que la creatividad estética sigue en manos de grandes maestros europeos (Lars Von Trier, Pedro Almodóvar, Nanni Moretti, Bruno Dumont, Jerzy Skolimovski) y nuevos talentos (Bertrand Bonello, Tomas Alfredson). Es irónico, en este mismo sentido, que una de las mejores películas americanas del año (Drive) sea obra de un danés (Nicolas Winding Refn) impregnado de cine americano de los setenta y ochenta, así como que David Cronenberg dependa cada vez más para sus proyectos de la producción europea (tanto en Un método peligroso como en la próxima Cosmópolis, con el gran Paulo Branco como garantía de que no tendrá que plegarse a demasiados condicionantes). Este ha sido el año en que Woody Allen y el gran Manoel de Oliveira, parece mentira, han hecho sus películas más inanes e inconsistentes. La diferencia estriba en que en un caso (Allen) el público y la crítica más convencionales lo han encumbrado, mientras en el otro (Oliveira) solo los muy cinéfilos han defendido una propuesta no ya menor, sino irrelevante en su inmensa filmografía.
De todos modos, los buenos blockbusters, que los hay, también me han producido grandes sensaciones en salas. Es lo bueno de la era digital. Pienso, entre las no seleccionadas en la lista final, en El origen del planeta de los simios, X-Men: La nueva generación, Las aventuras de Tintín, Misión imposible 4, entre otras. En cambio Sucker Punch, una de mis favoritas del año, no la considero un block-buster en este sentido lúdico-espectacular, sino más bien la demostración de lo que un director de verdadero talento puede hacer con los medios y la maquinaria que Hollywood pone a su disposición, no por mucho tiempo, desde luego. Ha sido un año donde he disfrutado mucho con cintas metagenéricas (Attack the Block, Paranormal Activity 2 & 3, The Ward, el retorno modesto de Carpenter, In Time, y Burke & Hare, el retorno exiliado de Landis) y con reencuentros con directores de los que creía haberme despedido para siempre (La piel que habito y Kaboom, esta última, por cierto, con uno de los repartos más atractivos que recuerdo en años). He visto mucho cine en televisión, grandes revisiones de clásicos y modernos (con especial atención al gran cine americano de los setenta, con muchas joyas aún por redescubrir: El hombre clave, Yo vigilo el camino, El hombre de una tierra salvaje, Martin, The Crazies, entre otras muchas), y, sobre todo, he visto bastantes series de televisión, de las que destaco cinco memorables: Mildred Pierce, Juego de tronos, Breaking Bad (4), American Horror Story y Boardwalk Empire (2). No comparto la contradicción que ven otros cinéfilos entre el placer narrativo y visual que ofrecen estas teleseries y el de la mayoría del cine que me gusta. A falta de un público cinematográfico adulto, muchas de estas narrativas, complejas y sofisticadas, han tenido que refugiarse en televisión. A pesar de sus rutinas de guión y un cierto clasicismo visual, contienen mucha más inteligencia e ingenio narrativo que la mayoría de productos americanos que se exhibe en salas.
Finalmente, una nota de duelo personal: la muerte inesperada del director franco-chileno Raoul Ruiz ensombrece para mí cualquier consideración cinematográfica del año (estuve en su funeral en París, como ya conté). Que haya terminado su carrera firmando una obra maestra de una vitalidad e inventiva envidiables como Misterios de Lisboa no compensará nunca su pérdida creativa. El cine no sería el mismo, al menos el cine que más me interesa, sin sus grandes creaciones de finales de los setenta y todos los ochenta. Pienso, haciendo una selección rápida de mis preferidas absolutas, en La hipótesis del cuadro robado, Las tres coronas del marinero, La ville des pirates, Mammame, Régime sans pain, Mémoire des apparences, La chouette aveugle,  L´oeil qui ment, entre otras muchas sin las que mis ideas sobre las posibilidades expresivas y artísticas del cine no serían las mismas. Su cine posterior, producto de una negociación compleja con la industria, es igual de apasionante, pero en otro nivel, con logros incuestionables como Tres vidas y una sola muerte, Genealogías de un crimen, El tiempo recobrado o Combate de amor en sueños. Hubo una época más radical, siguiendo en esta actitud un poco al Ezra Pound de los años veinte, en que creía que no se podía hablar de cine con alguien que desconociera estos filmes. Hoy pensaría, más bien, que quien no los ha visto se está perdiendo uno de los mundos audiovisuales más absorbentes y fascinantes que ha producido la historia del cine.



Películas estrenadas en salas españolas en 2011:
Melancholia, Lars Von Trier
Misterios de Lisboa, Raoul Ruiz
Sucker Punch, Zack Snyder
La piel que habito, Pedro Almodóvar
Drive, Nicolas Winding Refn
Habemus Papam, Nanni Moretti
Un método peligroso, David Cronenberg
Sin límites, Neil Burger
El topo, Tomas Alfredson
Super 8, J. J. Abrams/Paul, Greg Mottola
Trece asesinos, Takashi Miike

Películas no estrenadas en salas españolas en 2011:
Hors Satan, Bruno Dumont
L´Apollonide, Bertrand Bonello
The murder (The Yellow Sea), Na Hong-jin
Essential Killing, Jerzy Skolimovski
Vénus noire, Abdellatif Kechiche
Kaboom, Gregg Araki
Meeks Cutoff, Kelly Reichard
Sleeping Beauty, Julia Leigh
The Ward, John Carpenter
La belle endormie, Catherine Breillat
Burke & Hare, John Landis

5 comentarios:

Horacio Muñoz Fernández dijo...

Aunque discrepo con usted en lo referente a que Oliveira y Allen han hecho sus peores películas en años, la lista me resulta interesante y "valiente",con dos películas que será raro ver en algún top: Sucker Punch y Sin Limites
Es curioso la cantidad de buenas películas con referencias apocalípticas que han aparecido este año, Melancholia, Turin Horse, Kaboom, Slow Action no sé si tendrá que ver algo las predicciones del calendario Maya unido a las crisis. Lo mismo se podría decir de la conspiración y la paranoia: El topo, La conspiración, Sin limites o la estupenda serie Rubicon, que descubrí este año. Ya decían en Paris nous appartiente:"el mundo no es lo que es, el mundo entero está amenazado y ni siquiera lo sospecha. Lo que creemos cierto es solo apariencia;los que consideramos poderosos no son sino marionetas, los auténticos amos se esconden y gobiernan en secreto".
Desconozco si como usted advertía en Providence :Lo que está en curso es una conspiración para imponer el mundo virtual al mundo real pero tanta conspiración y apocalípsis en un año es inquietante.
Un saludo.

François Monti dijo...

Fascinante listas, me quedan muchas pelis para descubrir. No sé si lo habrás visto, The Murderer / Yellow Sea si se estreno en España (la semana pasada). De hecho, solo Corea del Sur, Francia, RU y EEUU la han estrenado antes. Me voy a convertir en defendedor de los distribuidores (que no, que no ; es broma).

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Horacio, gracias por tu comentario. Sí es un año apocalíptico, hay ya quien con todo el rigor pronostica la caída del euro, el yen y el dólar, en ese orden, como en una partida de dominó, imagínate. De modo que no está mal que el cine se contagie del ambiente. Defender ciertas películas es una forma de individualizar el juicio de gusto, para no recaer en lo mismo de siempre, ese consenso que otra forma de conformismo. Sucker Punch es una película de una inventiva visual deslumbrante. Y Sin límites, sin llegar a esa cumbre, destaca por su tratamiento visual. El cine es sobre todo imagen, aunque muchos críticos de la escuela neorrealista europeizante tiendan a olvidarlo. Nunca entenderé que parezca una aberración del gusto encumbrar una obra valiente y arriesgada en lo audiovisyual como la de Snyder y no bodrios infrarrealistas como los de los Dardenne...

Un abrazo,
JF

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

François acabo de leerlo en el nuevo Cahiers (Caimán-Cuadernos de cine) y no me lo puedo creer. Me alegra equivocarme en cosas como esta. Me han sorprendido los exhibidores, sí. Veremos si se atreven con Hors Satan y L´apollonide. Ni Dumont ni Bonello han estrenado nunca en salas españolas (excepto festivales y demás plataformas privilegiadas), desconozco si han entrado en el mercado del DVD...

Me alegra ver que los críticos de Caimán, con gran diferencia de votos, han elegido a Misterios de Lisboa como película del año. El Cahiers francés no hizo lo mismo el año pasado, quizá porque no había muerto...

patxi dijo...

Después de pasear tu blog creo que es interesante lo que en él habita.
Saludos.