La Historia hay que equilibrarla con la ciencia ficción. Es la única forma de conservar la salud mental.
-Don DeLillo, Fin de campo-
La
ciencia ficción no es un género definido. Tampoco es un género cualquiera. En
realidad, ni siquiera es un género. Es una mirada, un observatorio, un
dispositivo de lectura, un viaje mental, una visión especulativa. La ciencia y
la ficción del observador y lo observado cristalizan en la visión del escritor
y el artista. La fusión de ciencia y ficción, desde los orígenes, está mediada
por la imaginación. Por las imágenes y no solo por la invención o la
fabulación. Las imágenes de la ciencia ficción aparecen en películas y series,
acaso su formato más popular, y también en cuadros y novelas, relatos y
esculturas, fotografías e instalaciones.
En todas
esas formas y soportes, la idea del futuro es un componente esencial. El futuro
o, más bien, la proyección del futuro en el presente, la sombra del futuro en
los signos de la realidad. El arte y la literatura comparten la tarea de desciframiento
de esa presencia enigmática. La quimera del futuro o la utopía del porvenir:
ese lugar paradójico, ese lugar sin lugar más allá de la imaginación y el deseo.
La literatura, el arte, modos milenarios del imaginario, revolucionan las
visiones del futuro sin renunciar a las imágenes del pasado y aprenden a
dialogar por su poder de trascender los límites de la imaginación para crear
mundos nunca vistos. Los mundos posibles o imposibles, la otredad de los seres
que los habitan y deshabitan, las criaturas fantásticas que los pueblan con
exuberancia o terror.
La ciencia ficción funciona, como decía Fredric Jameson, generando arqueologías del futuro, es decir: imágenes del presente interpretadas con claves del futuro y perfiles del futuro, como los de Arthur C. Clarke, leídos en la actualidad de la experiencia. Pinturas, relatos, esculturas, novelas, ontologías del presente propulsadas, en la retina de la mente, hacia un futuro ficticio desde un presente reinventado a su imagen y semejanza. La ciencia ficción es un espejo que se anticipa y adelanta al tiempo racional de los relojes. Una máquina especulativa que viaja por el espacio-tiempo del cerebro hacia lo desconocido y lo nuevo. Una cartografía imaginaria de la visión prospectiva.

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