jueves, 27 de octubre de 2011

UNA SÁTIRA IRLANDESA


El pasado 5 de octubre se celebró el primer centenario de Flann O´Brien, uno de los novelistas más originales e inventivos del siglo XX y también de los menos conocidos. Un verdadero genio del humor literario que ha influenciado a maestros de la novela cómica y metanarrativa como Cabrera Infante, Gilbert Sorrentino, Julián Ríos y William Gass, por citar sólo algunas cumbres del género. Aún recuerdo el pasmo con que leí En Nadar-dos-pájaros, allá por 1989, cuando Edhasa se atrevió a editar este libro genial por primera vez en español en medio de un clima de opinión literario que no parecía muy propicio a estos excesos narrativos, a pesar de la nota entusiasta de Borges, uno de sus primeros lectores hispanos, reproducida en la contraportada ("He enumerado muchos laberintos verbales: ninguno tan complejo como la novísima obra de Flann O´Brien: At Swim-Two-Birds"). Desde entonces, lo he releído íntegro al menos en dos ocasiones, para no olvidar lo que puede la literatura cuando no se deja domesticar por los lugares comunes, y no pasa un año sin que relea algún fragmento, comenzando por el principio, entre los más sorprendentes de la historia de la literatura. Y no sólo porque incluya una reflexión tan provocativa como ésta: “Que un libro tuviese un principio y un final era una cosa con la que yo no estaba de acuerdo. Un buen libro puede tener tres aperturas completamente distintas e interrelacionadas sólo por la presciencia del autor, o en realidad cien veces otro tanto de finales”. Un mundo donde no se lea ya a autores como O´Brien me parecería una pesadilla. Aún peor que una cárcel. Espero que no sea ese el futuro que nos aguarda. Como conjuro y homenaje a su figura, publico un artículo sobre su última novela, The Dalkey Archive, que como algunos saben es también el nombre de la prestigiosa editorial norteamericana donde se publican, no por azar, muchos de los libros más creativos de la literatura mundial.

¿Quién es Flann O´Brien?, se preguntará el lector inquieto. Si se le responde que es el seudónimo con que Brian O´Nolan (1911-1966) firmó cinco novelas, parecerá insuficiente si no se añade enseguida que O´Brien es el tercero en discordia, junto con James Joyce y Samuel Beckett, de la nómina de grandes escritores irlandeses del siglo XX. Sin olvidar que también utilizó el seudónimo gaélico Myles na gCopaleen para publicar crónicas y artículos en diversos periódicos locales. Siendo funcionario gubernamental, O´Nolan tuvo que recurrir a estas argucias nominales para preservar su libertad creativa y no quedarse sin trabajo.
Si hay algo importante que el lector deba saber sobre este extraordinario escritor no es sólo que tuviera un gran sentido del humor, como suele decirse, una fina ironía o una incisiva mordacidad. Eso no bastaría si no consideráramos a O´Brien como un destilador excepcional del mejor whisky literario irlandés, el gran continuador de la tradición narrativa de Jonathan Swift, Laurence Sterne y James Joyce. Como prueba su exorbitante trilogía cómica: En Nadar-dos-pájaros (At Swim-Two-Birds, 1939; Edhasa, 1989, y Nórdica, 2010), su obra maestra absoluta; El tercer policía (1967; Montesinos, 1987, y Nórdica, 2006), inventiva y fantástica; y Crónica de Dalkey (The Dalkey Archive, 1964; Nórdica, 2007), la última escrita y publicada por su autor y, junto con la primera, la más hilarante, una suerte de recapitulación irónica de toda la obra de O´Brien.
¿En qué consiste la originalidad de esta novela cómica? Si sólo dijera que se trata de una sátira ferozmente divertida de la identidad tradicional irlandesa, quizá me estaría precipitando. La trama es aparentemente simple: Mick Shaughnessy, un atribulado joven funcionario dublinés, apenas un trasunto biográfico del autor, se debate entre el amor por su novia Mary (una joven moderna con la que mantiene unas conflictivas relaciones), sus acendradas preocupaciones religiosas e intelectuales y su desmedida afición al alcohol.
Por si fuera poco, dos personalidades carismáticas influirán en la tortuosa progresión de Mick hacia la solución de su ecuación vital. De un lado, el físico loco De Selby, y, del otro, el supremo artífice James Joyce. De Selby fue inventado en El tercer policía, donde ya obsesionaba al protagonista con sus experimentos patafísicos (la influencia de Alfred Jarry es también notable en O´Brien). En Crónica de Dalkey, De Selby se muestra como creador de un poderoso gas con el que logra anular el tiempo. Gracias a esto, vive en una conversación permanente con algunos patriarcas y santos de la iglesia debatiendo cuestiones bíblicas y teológicas fundamentales. Para probar su método, De Selby consigue arrastrar a Mick y a su amigo Hackett a una cueva submarina donde tienen oportunidad de mantener una charla desternillante nada menos que con San Agustín. El único problema es que De Selby planea destruir el mundo y, sobre todo, exterminar a sus inmundos habitantes.
No obstante, los pasajes más memorables, por el uso de la parodia y la broma burlona, corresponden a la “resurrección” de James Joyce. La novela ocurre en los años sesenta así que es comprensible el estupor que causa en Mick el descubrimiento casual de que Joyce no está muerto sino que vive de incógnito en un pueblecito costero cerca de Dublín, dedicado a la hostelería y las tareas parroquianas más pedestres. Este anciano modesto y piadoso reniega ahora del Ulises, atribuyendo su autoría a una conspiración de falsarios, ignora la existencia misma del Finnegans Wake y sólo muestra algún aprecio por el costumbrismo de Dublineses. En un ingenioso giro final, Joyce consigue ser admitido en la Compañía de Jesús con el fin de zurcir la desgastada ropa interior de los jesuitas.
Esta apostasía y degradación del gran patriarca de la literatura moderna, la derrota fáustica del científico De Selby y la claudicación final del héroe de la novela ante las imposiciones de una paternidad putativa y un matrimonio de conveniencia, con el dominio incontestable de la estupidez policial y sacerdotal sobre la sociedad como telón de fondo, son las notas más cáusticas de esta sátira de la regresiva Irlanda de su tiempo. Una sátira menipea, como las de sus maestros Swift y Sterne, dotada de la más extravagante vitalidad y carnavalesco sentido de la comedia humana. 

1 comentario:

Francisco Machuca dijo...

Conozco las dos novelas Juan.En-Nada-Dos-Pájaros me parece fundamental e innovadora sobre todo teniendo en cuenta que la década de 1930 en Irlanda, con la censura y el dominio de la Iglesia, difícilmente podía fomentar el desarrollo de la novela experimental o de vanguardia. Pero precisamente de la devoción y el sofocante ambiente irlandés de la época nació esta novela deliciosamente transgresora, antiautoritarista y satírica. El contraste entre la exuberancia literaria y lo mundano de la vida social es una de las anomalías de la novela que dotan a esta obra de una gran fuerza cómica.

La obra maestra de Flann O'Brien trata de un novelista que escribe una obra sobre el proceso de escritura de una novela. La historia es narrada por un estudiante que sobrevive bajo el techo de su fastidioso tío mientras escribe un libro sobre un autor llamado Dermot Trellis. El estudiante tiene ideas democráticas y revolucionarias en cuanto a la forma: la novela no debería estar confinada entre un principio y un final y sus personajes no deberían distinguirse entre buenos y malos. Al contrario, deberían "permitírseles una vida privada, una motivación propia y una calidad de vida digna". Más aún, "la totalidad del corpus literario existente" no es más que un almacén del que un autor puede extraer los personajes que desee. El narrador y Trellis se nutren así de historias de vaqueros, romances populares, el folklore y figuras irlandesas mitológicas que satirizan sin piedad. Uno de los personajes, dominado por el ansia de venganza contra su déspota creador, comienza su propia novela paralela en la que Trellis se ve atrapado como personaje de ficción.
Si realmente ha existido una novela que se haya adelantado a su tiempo, sin lugar a dudas se trata de En Nadar-dos-Pájaros.

Un fuerte abrazo.