martes, 24 de mayo de 2011

BOLAÑO SIN BOLAÑISMO (2): EL SINSABOR DE LA LECTURA



En esta enésima novela póstuma de Roberto Bolaño (Los sinsabores del verdadero policía, Anagrama, 2011) se reúnen muchos de los elementos de sus novelas anteriores: irónicas reflexiones sobre la poesía y la homosexualidad masculina, o la bancarrota del proyecto de transformación social de la izquierda latinoamericana, o la inutilidad de la literatura para cambiar el mundo, como en Los detectives salvajes o Estrella distante, por citar dos de las mejores. Reseñas de libros y autores apócrifos, como en La literatura nazi en América. Pero la obra más presente aquí , con todas las diferencias que se quiera, es su obra magna 2666: las desventuras vitales del profesor viudo Oscar Amalfitano y su hija Rosa, la fronteriza ciudad mexicana de Santa Teresa (trasunto de la auténtica Ciudad Juárez) y su cadena de crímenes machistas, etc. Lo verdaderamente nuevo en la narrativa de Bolaño es la historia de amor homosexual, con el sida al fondo, entre el jovencísimo poeta y novelista barcelonés Padilla y su profesor de literatura, el chileno errante Amalfitano, autor de este agudo autorretrato moral: “Cuando adolescente quise ser judío, bolchevique, negro, homosexual, drogadicto y medio loco…pero sólo fui profesor de literatura”.


No pretendo entrar en la polémica de si la novela es tal, con todas las consecuencias, o sólo un simulacro, o si su configuración actual permite saber si fue bien desarrollada por su autor como para haberla publicado en este estado fragmentario e inconexo. En este punto, creo que es posible sostener que tanto los defensores de la insuficiencia del artefacto como los de la suficiencia estética del mismo tienen razón, aunque por motivos paradójicos. No cabe duda de que la novela funciona con eficacia, de que la historia de los personajes es trazada con bastante nitidez como para interesar al lector y sus peripecias y situaciones, así como las abundantes digresiones, logran conformar un mundo narrativo logrado. Ahora bien, también es cierto que los temas y tramas abordados por Bolaño en esta novela son tan frágiles y delicados que cabe sospechar que se le escaparon de entre las manos mientras intentaba fijarlos con la escritura. O acabaron cristalizando en obras mayores, de más vasto aliento, como la ya citada 2666.


En la primera parte, titulada no por capricho “La caída del muro de Berlín”, se busca establecer una asociación narrativa entre el exilio político y el fracaso revolucionario de la izquierda, eso que el propio Bolaño denunció como la constitución del “discurso vacío de la izquierda”, y el descubrimiento tardío de la homosexualidad de su protagonista. Este paso histórico de la lucha por la libertad colectiva, fallida, a la conquista de la libertad privada, como afirmación vital, permite fechar además el momento detonante, finales de los ochenta, como tiempo de la caída estrepitosa de todas las máscaras políticas. Este lúcido diagnóstico político se completa con la denuncia de nuevas máscaras de la represión, la hipocresía y el mal: tanto las que se escandalizan con la conducta homosexual de Amalfitano en la universidad española y mexicana y causan su expulsión como las que (en la parte final, “Asesinos de Sonora”) ejecutan o silencian la masacre impune de mujeres.


La advertencia al lector, destinatario potencial del título (él sería el “verdadero policía” a quien se encomendaría la puesta en orden “hipertextual” de los materiales narrativos), se la hace Bolaño, con gran inteligencia, muy avanzada la novela, disfrazándola de aparente reflexión filosófica, como invitación a una nueva intelección del mundo y la vida y no sólo de la literatura: “el Todo es imposible…el conocimiento es una forma de clasificar fragmentos”. ¿Qué otra cosa es esta novela, entonces, que un todo imposible, una colección de fragmentos más o menos clasificados, con una forma aleatoria que podría cambiar a poco que el lector encontrara una nueva clave para reorganizarlos y conectarlos?


En este sentido, terciando en la polémica referida, sería muy difícil determinar si el proyecto novelístico concebido por Bolaño se encuentra realizado o no. Dependerá, nunca mejor dicho, de cada lector individual. En mi caso, dado el grado de satisfacción proporcionado por la novela y aún echando en falta algunos componentes que la imaginación debe suplir, diría que sí en gran parte. A pesar de su construcción provisional, Los sinsabores del verdadero policía produce bastante placer de lectura, página a página, combinando magistralmente los registros reflexivos, narrativos y poéticos, y creando así una alegoría sugestiva sobre el devenir del mundo, como para justificar de sobra el tiempo perdido en desentrañar sus misterios.

3 comentarios:

Alvy Singer dijo...

Me ha gustao mucho este texto Ferré y como he amanecido campechano (y atardecido quien sabe si hasta granjero) pues se lo digo así. Tal cual.

cristina dijo...

Vale, yo también digo lo mismo que A.S.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Campechano o granjero, ya se buscará usted otros avatares para multiplicar sus talentos, ya sabe lo que me alegran sus comentarios y lo mucho que le aprecio...

Cristina, gracias por tu visita y comentario.

Abrazos a todos.