lunes, 5 de enero de 2009

2008: UNA ODISEA GLOBAL


No nos engañemos, el único beneficio a extraer de la crisis económica mundial, con la que el sistema se está ajustando a las demandas aún más exigentes de la supereconomía del siglo veintiuno, es el de poder sentir al fin, en plena necrosis, las redes instituidas de la globalización. Antes incluso de saberlas totalmente incorporadas al sistema, ya las vemos colapsadas y a punto de (imprevistas) metamorfosis. En este contexto, a nadie debería sorprenderle que los videojuegos se hayan convertido en la principal industria del entretenimiento. Hasta hay teóricos que nos advierten de que una de las finalidades de dichos dispositivos es la de poner a prueba la adaptación de los seres humanos a las reglas cada vez más competitivas del sistema económico. Veremos si lo consiguen.

Entretanto, el cine y la televisión, las dos grandes máquinas de fabricación de ficciones en formato más tradicional, hacen lo que pueden por sobrevivir (como los protagonistas de Perdidos, cuya 4ª temporada constituye una de las grandes experiencias audiovisuales del año pasado) en un mundo que ya no parece necesitar tanto historias consumidas de manera pasiva como experiencias intensas de interacción y participación. No obstante, como en todo, siempre hay unos pocos que se adelantan y saben enfrentarse a los desafíos de su tiempo, y otros, los más acomodaticios, que siguen explotando los recursos ya acreditados como rentables.

El mundo contemporáneo conoce toda una nueva inmanencia de las relaciones, los acontecimientos, los flujos y los intercambios que el aparato del cine, por toda su avanzada tecnología y sus medios de producción cada vez más internacionalizados, está en mejores condiciones que ningún otro arte para mostrar en sincronía con su irrupción en la realidad. Esta perspectiva geopolítica se funda en la posibilidad de entender el cine contemporáneo como un instrumento de conocimiento del mundo, una cartografía de las líneas de desplazamiento o fijación territorial, una reinterpretación imaginaria de los idearios nacionales, las fronteras geográficas y los ejes geopolíticos que movilizan las tensiones y los conflictos, las derivas culturales, los mestizajes e hibridaciones y las migraciones humanas, etc.

El cine es ahora mundial, como la crisis, a pesar de que la presencia asiática[1] casi ha desaparecido de una cartelera venida a menos. Partiendo de todas estas premisas, conviene tomar nota de lo que durante este año hemos podido ver o no (nadie está en condiciones de verlo todo) en las múltiples pantallas a nuestro alcance.


Agotamiento americano

La fórmula multinacional está gastada, digan lo que digan la taquilla y las campañas publicitarias a su servicio. Sigue haciendo dinero y arrastrando espectadores a las salas, pero no puede producir mucha credibilidad una industria fundada en la explotación reiterada de los mismos estereotipos y convenciones. Otro Batman[2], otro James Bond, otro Indiana Jones. Basta ya, por favor. Hasta el austriaco Michael Haneke, uno de los grandes agitadores fílmicos de la conciencia europea, se ha burlado de las expectativas de Hollywood al conseguir que le financiaran, con estrellas oscarizables, el remake de Funny Games, servido como McMenú en todos los multiplex del mundo para disgusto (profundo) de un público que no sabe ni quién es Haneke ni cómo diferenciar este producto perverso de la masa de subproductos con envoltorio psicopatológico que ha consumido hasta el hartazgo sin enterarse de sus efectos tóxicos.

Y es que la mayoría de las mejores películas americanas venían atrasadas de 2007: Pozos de ambición, No es país para viejos, Sweeney Todd, La noche es nuestra, Antes de que el diablo sepa que has muerto. Algunas otras, por desgracia, siguen pendientes de estreno[3]. Y poco más. De la cosecha de 2008, con todo, rescato tres muestras estupendas estrenadas con sospechosa puntualidad: Quemar después de leer, la chispeante comedia de los Coen que se consume en el recuerdo, como anuncia el autodestructivo título; Rebobine, por favor, de Michel Gondry, a pesar de su dudosa ideología comunitaria, supone un canto paradójico a la imaginación creativa y la complicidad del espectador con el poder inventivo de la máquina cinematográfica; y El incidente: el fantástico artefacto de M. Night Shyamalan, sobrecargado de guiños cinéfilos y bromas sardónicas, es, entre otras cosas, una charada postfreudiana sobre Eros y Thanatos disfrazada tras la apariencia de una parábola ecológica de ideología neutra (tan lejos de la predicación new age como de la denuncia radical). Y, sobre todo, una lúgubre meditación sobre el final del duelo por el 11 de septiembre: mostrando la pulsión de muerte inscrita en el sistema del espectáculo americano y, como en Ruido de fondo de DeLillo, la aprensión a la muerte y el terror a las imágenes de la muerte subyacentes al modo de vida americano (con los planos de los suicidas tomados de rodillas para abajo como signo de ese pánico primordial y las impactantes imágenes de los suicidios en masa como recordatorio de las vírgulas negras que caían desde las torres gemelas incendiadas)[4].

Valores europeos

Ha sido un magnífico año de cine europeo. Me refiero, para empezar, a La cuestión humana, de Nicolas Klotz, una desconcertante parábola sobre los perversos reflejos de la ideología nazi de los campos de concentración en los modos de organización de la corporación capitalista contemporánea de visión obligatoria en todas las escuelas de economía del mundo y, como educación básica, en todas las escuelas sin más.

Olivier Assayas, para mí uno de los puntales del mejor cine transnacional, ha logrado estrenar este año dos películas muy distintas pero complementarias. Boarding Gate, un neothriller fascinante sobre los entresijos afectivos del capitalismo global que logra trazar una cartografía personificada de las relaciones entre Europa, Asia y los Estados Unidos en clave de choque, inestabilidad y catástrofe, produciendo además una imagen crítica del gran mercado del mundo. Y Las horas del verano, más convencional en apariencia, donde Assayas evalúa el peso del pasado y la familia, las ideas de herencia, propiedad, tradición y decadencia, el malentendido generacional y la comedia humana de los vivos y los muertos, como lastres de la identidad individual y colectiva en la Europa actual.

El cine francés ha completado su excepcional presencia en nuestra cartelera[5] con otras dos joyas: la deliciosa Asuntos privados en lugares públicos, con la que el octogenario Alain Resnais sigue demostrando que la estilización técnica es el mejor medio de transmitir emoción e inteligencia; y la maliciosa Una chica cortada en dos, con la que el septuagenario Chabrol se erige, escalpelo en mano, en el más afilado analista de la televisiva Francia de Sarkozy.

Este año nos ha devuelto al mejor Peter Greenaway con La ronda de noche. La película es muchas cosas en una y todas excitantes y originales: una lección de historia (el siglo XVII); una lección de sociología (la producción artística como conjunción de fuerzas sociales e individuales) tanto como de historia del arte (biografía imaginaria de Rembrandt y fabulación criminal sobre la creación de uno de sus lienzos canónicos); una lección política (con el poder de las instituciones y la opresión del género femenino como objetivos de su diagnóstico más bien pesimista de la vida social); una lección estética sobre el modo de producción cinematográfico; y, por si fuera poco, una lección impresionante sobre los procesos de construcción de una imagen o un cuadro y las relaciones del artista con la realidad de su tiempo como no había vuelto a ver explorados en cine, con tanto rigor analítico como belleza plástica, desde El contrato del dibujante.

En 2008 se ha estrenado también la última película de otro gran director europeo, Alexander Sokurov. Aleksandra es una parábola matriarcal sobre la guerra de Chechenia observada desde una (comprensiva) óptica filorrusa. El nombre del personaje que le da título (el de la última zarina, Alexandra Feodorovna Romanova) y la condición de la actriz que lo encarna (la cantante y viuda de Rostropovich, Galina Vishnevskaya) son indicios suficientes de la intención alegórica nacional y cultural que sostiene la trama anecdótica de la película. La ambigua fascinación que suscita el cine de Sokurov desde siempre, revalidada en esta extraña cinta de guerra y paz, radica en este conflicto sin resolver entre una supuesta ideología regresiva y un avanzado esteticismo y formalismo tecnológico (El arca rusa sigue constituyendo, quizá junto a Madre e hijo, una de las cumbres de esta paradoja estética del cine de Sokurov).

Un centenario portugués

El pasado 11 de diciembre el genial cineasta Manoel de Oliveira cumplió cien años, convirtiéndose no sólo en el director más veterano en activo sino en el único de toda la historia que ha atravesado, con una vitalidad creativa admirable, todas las etapas del cine, desde el período mudo hasta éste dominado por la digitalización audiovisual. Nadie en su sano juicio debería perderse una película tan original y corrosiva como Los caníbales, cada vez más actual en un mundo dominado, como siempre, por la depredación social y la explotación económica. La mejor noticia, sin embargo, es que se encuentra rodando una nueva película. Mientras Oliveira siga al frente de la cámara, el cine europeo más exigente y ambicioso no tiene nada que temer. Deberíamos celebrarlo como corresponde[6].


[1] Sólo se han estrenado dos cintas asiáticas de verdadero interés: Soy un cyborg, de Park Chan-Wook, y Aliento, de Kim Ki-Duk. Mientras auténticas obras maestras de los últimos años como Syndromes and a Century, de Apichatpong Weerasethakul, y I don´t want to sleep alone, de Tsai Ming Liang, por citar dos que he visto este año, permanecen inéditas. Retribution, de Kiyoshi Kurosawa, sólo se estrenó en DVD.

[2] A pesar de que el “Joker” de Heath Ledger me parece una de las (re)creaciones magistrales del año.

[3] Me refiero a Paranoid Park y a Milk, ambas de Gus van Sant, a Southland Tales, de Richard Kelly, a I´m not there, de Todd Haynes, y a Go Go Tales, de Abel Ferrara, por citar sólo unas cuantas joyas del cine americano off Hollywood inédito hasta el momento en nuestras pantallas. De todas ellas, Milk, al ser la biografía sui generis del militante gay Harvey Milk, es la que tiene más actualidad. Tuve la fortuna de verla en un cine de San Francisco, que es la ciudad donde se desarrolla la trama, abarrotado de público local. Todos celebraron el conmovedor final de la película con una ovación impresionante. Algunos espectadores, que por edad podían haber vivido en la misma época de los hechos narrados e incluso conocido al personaje, lloraban desconsolados la muerte del benefactor Milk, el pope de la calle Castro. Me alegra haber podido ver esta película por primera vez en la ciudad ideal para hacerlo. Fue una de las experiencias más intensas e inolvidables de mi vida de espectador. Y una prueba de que el cine y, en general, cualquier manifestación creativa del siglo veintiuno, debería preservar una faceta local con la que incorporarse a los flujos transnacionales. Por suerte, se estrena este mes en España. Alegrará a muchos espectadores españoles, por cierto, comprobar que las luchas por las libertades públicas durante la transición son evocadas con complicidad histórica por uno de los colaboradores más estrechos de Milk, que al ver a un transexual en las calles de Barcelona proseguir la manifestación en la que participaba tras recibir el impacto de una bola de goma de la policía cobra conciencia de la necesidad de comprometerse a fondo con la reivindicación de la causa gay en Estados Unidos, y, en particular, en California, donde la votación de rechazo a la posibilidad del matrimonio entre homosexuales no sólo enturbió hace unos meses la victoria de Obama, mostrando que había derechos más difíciles de conquistar que la presidencia para un afroamericano, sino que devolvió a la actualidad más rabiosa la historia contada en esta película. Quizá no sea una casualidad que el mismo actor (Josh Brolin) que interpreta al asesino de Milk fuera elegido este mismo año por Oliver Stone para interpretar a George W. Bush (dubya, como lo llaman familiarmente muchos americanos) en su película W.

[4] La revisión hace unas horas tan sólo de la magnífica El bosque me confirma lo que sabía desde que me dejé fascinar por El protegido hace ya muchos años: Shyamalan es, además de un gran fabulador fílmico, uno de los directores en activo con más talento para la planificación y conocimiento de las artes de la puesta en escena, sólo igualado por Tarantino y Fincher entre los directores de las nuevas generaciones.

[5] A pesar de que siguen sin estrenarse algunas grandes películas como Un conte de Noël, de Arnaud Desplechin, y Une vieille maitresse, de Catherine Breillat, por citar sólo dos vistas no hace mucho. La primera, de hecho, es la última película que vi el año pasado, en una sala de los Landmark Theatres de San Francisco. Sólo hace un par de días he podido disfrutar al fin de La duquesa de Langeais, una memorable adaptación de Balzac hecha por un Rivette en plena forma estética.

[6] Comenzando por estrenar de una vez todas las películas de Oliveira de los últimos años que permanecen inéditas en nuestras pantallas comerciales a causa de la creciente desidia de exhibidores y distribuidores.

28 comentarios:

J. A. Montano dijo...

¿El *mejor* Peter Greenaway? ¿Pero existía un Peter Greenaway *bueno*? Menudos pastelazos eres capaz de digerir, amigo Ferré! Bravo por tu estómago!

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Pero bueno, amigo Montano, con el año nuevo volvemos a la discusión de gustos estéticos. Kantianos estamos y es que no foll****. Tenga usted en cuenta que no todos profesamos la estulta adulación a Woody Allen que ha esterilizado a tantas mentes privilegiadas de este país. Gracias a grandes perversos como Greenaway (un neobarroco nietzscheano como hay pocos) hemos respirado los olores mefíticos que necesitábamos para crecer en un ecosistema polucionado por las blandenguerías edulcoradas del cateto de Brooklyn y demás imitadores de barrio (la plaga de las teleseries y películas españolas). Siento que tu estómago esté tan empachado de caramelos adocenados y neoclasicones. Mi sistema digestivo, que es barroco hasta el esfínter, sólo apetece venenos y tóxicos, qué se le va a hacer...

J. A. Montano dijo...

Ahí está la clave: yo no soy barroco, sino clásico!

Por lo demás, qué lástima que me hayas pillado en mi etapa terminal de internet: ¡porque entras a todos los trapos con envidiable potencia apisonadora! ¡Qué grandes peleas (retóricas) hubiéramos tenido!

J. A. Montano dijo...

...por lo demás, Greenaway es amazacotadamente wagneriano, y por lo tanto, antinietzscheano. Mientras que Woody Allen es zarzuelesco, y en la españolada de su última película, directamente carmendebizetesco: o sea, nietzscheano a tope!

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Me hablas, amigo Montano, de tu fase terminal de internet para apiadarme y a renglón seguido me acometes, creyéndome distraído con tus quejas, con dos estocadas precisas a las que responderé de inmediato...

Olvidas que Nietzsche admiró a Wagner hasta que lo descubrió, por culpa de los efluvios del Parsifal, cristiano, demasiado cristiano, ay. Así que hubo un Wagner admirable y otro no tanto, aunque todos disfrutaban del mismo genio musical. Nietzsche sucumbió al sortilegio de Wagner como lo hicieron, entre otros propagadores de la novedad estética, Mallarmé y Baudelaire, Huysmans y Villiers de L´Isle Adam. Así que comparto la comparación de Wagner y Greenaway en razón de su concepción de un arte total, pero no el juicio negativo contra el segundo. ¿Amazacotado Greenaway? No sé qué películas habrás visto de él, pero no es el epíteto que mejor le corresponde, desde luego, ni siquiera en su decadencia. Por otra parte, no hay efluvios cristianoides en el maestro galés, sino una muy potente concepción barroca puesta al día de posthumanismo con ascendencia cultural, sí, nietzscheana...
A su lado, Woody Allen es un autor de operetas dominicales, un urdidor de sainetes de bulevar neoyorquino. Un Offenbach chispeante en ocasiones. No mucho más. Y no, desde luego, un Bizet brioso y dionisíaco, ni de lejos...

J. A. Montano dijo...

Fue un ligero rebrote, un último estertorcillo... En fin, sólo me queda insistir en mi preferencia por el, así llamado por ti, mezclándolo con Auster, "cateto de Brooklyn". Del mismo modo que, frente a Goytisolo, me quedaba con Lubitsch. Woody y Lubitsh para mí, y Goytisolo y Greenaway para ti. ¿Trato hecho?

Raquel Giménez dijo...

Tras intentar publicar un largo comentario que se ha perdido en el ciberespacio (hay que joderse), me limitaré a decir que me decanto por Greenaway (de nada, señor Ferré; será que también soy barroca)y que ya he adquirido y leído el dossier de Quimera sobre mi añorado DFW. Mi impresión es desigual, dependiendo de cada texto, pero no me atrevo a opinar, no vaya a caerme encima la artillería Montano, pues no sabré defenderme. Gracias, señor Ferré, por mantenernos informados y por estabilizar mi atención (de natural inconstante) sobre este blog. Saludos.

J. A. Montano dijo...

Raquel: aquí la única artillería la pone la apisonadora Ferré... lo mío no son más que florituras. Aprovecho para agradecerte tu comentario en "El año del sí": allí no pude hacerlo porque ya me había despedido.

Por cierto, eliges a Greenaway sobre Woody, bien. ¿Pero y entre Lubitsch y Goytisolo? ¿Qué te llevarías a una isla desierta, "El pecado de Clunny Brown" o un capítulo de "Alquibla"? :-)

Raquel Giménez dijo...

Ya dije que no iba a saber defenderme. Me has pillado, Montano. Y me temo que me has pillado a solas, sin defensor del profano a la vista. De Goytisolo puedo hablar (poco), pero de Lubitsch no puedo decir lo mismo (mi ignorancia no tiene lagunas, pero mi humildad tampoco). En mi descargo puedo alegar mi envidiable juventud y una exuberante vida de educadora social que me deja extenuada. A la isla desierta me llevaría un hombre apañado, pero entonces no estaría tan desierta (la isla). También me llevaría un montón de libros de ésos que os gusta recomendar (y algunos otros).
Me alegro de encontrar respuesta por tu parte. Ya te tengo menos miedo; eso siempre está bien. Un placer hablar contigo. Me gustó "El año del sí", aunque lo descubrí demasiado tarde.
Un saludo, Montano.

J. A. Montano dijo...

Jajaja, pues antes de que venga Ferré y me regañe, aprovecho para recomendarte que busques alguna película de Lubitsch (¡antes que cualquier libro de Goytisolo!). Saldrás con el ánimo a tope... y entonces tal vez sí podrías arriesgarte a ingerir uno de los pedruscos de don Juan.

Raquel Giménez dijo...

Eres malévolo, Montano, pero te haré caso por esta vez. Visionaré algo de Lubitsch cuanto antes, aunque proseguiré con los pedruscos de don Juan, que me ayudan a permanecer indemne en este amable sitio. Y, aunque parezca mentira, voy sobreviviendo.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Raquel, no le hagas caso a Montano. ¿Por qué habría que elegir entre Goytisolo y Lubitsch? Incluso ya puestos entre Greenaway y Allen, para que veas, Montano, lo magnánimo que me ha vuelto el fin de año en San Francisco. Cada uno tiene su momento. No siempre está uno in the mood for Greenaway o Fellini o Antonioni o Sokurov o Rohmer u Oliveira, por citar otros directores de los que no me perdería una película. Desde luego de Lubitsch nunca me he privado, y el ruiseñor mordaz de Cluny Brown es una de mis bromas favoritas, como Angel o Trouble in Paradise, titulada aquí para confundir Un ladrón en mi alcoba. Así que, Montano, no le hagas creer a Raquel que hay que prescindir de JG para disfrutar de Lubitsch y viceversa. Apañados íbamos si porque nos gusta William Gaddis o Pynchon no pudiéramnos disfrutar de Los Farrelly o Wilder...
De apisonadora nada, es que uno está un poco harto de ver cómo ciertos nombres están siempre en cuestión y otros parecen intocables. Lección de Gombrowicz, coincidente con Lubitsch y con Coover, reventar globos inflados e inflar globos reventados...

J. A. Montano dijo...

Así que, Montano, no le hagas creer a Raquel que hay que prescindir de JG para disfrutar de Lubitsch y viceversa.
* * *

No seré yo el que se interpongan entre Raquel y JG. Adelante con JG, Raquel: sólo te recomiendo que tengas a mano un Lubtisch, como plan B (anterior o posterior). Me lo agradecerás.

Esa de "Angel" mismo es perfecta: muy poco conocida en España, pero peliculón. Y, ya que estamos: de una refinadísima perversión.

Raquel Giménez dijo...

Gracias a ambos. Sois (o parecéis) adorables desde aquí. Me quedo con la propuesta de "Angel", ya que hay consenso. No temas, Ferré; nadie (ni siquiera Montano) podría hacerme creer que es necesario prescindir de alguna obra para poder disfrutar de otra. Ya estoy habituada al método profano de ensayo-error, gracias al cual conservo cierta independencia de criterio (inmaculado como la nieve hasta que me corrompísteis sin remedio). He visto algunas películas de todos los directores que mencionas, excepto Sokurov (y Lubitsch), y vuelvo a coincidir contigo. Tan mal no andamos de cinefilia, después de todo.
Calma, caballeros, que mi espíritu encuentra siempre la manera de situarse in the mood para tragar y digerir sin dolor las más perversas formas de expresión humana (sigo hablando de literatura y cine, claro). Otra cosa son los detritos resultantes. De momento, sigo tragando con placer, sin grandes contratiempos. Y hablando de perversiones refinadas, voy a la captura del Lubitsch de la concordia. Ya les contaré. Besos, caballeros. Gracias de nuevo.

Francisco Javier Torres dijo...

Genial, compañeros, genial, el coloquio a tres o a dos y a una. Genial, Montano, eso de "antes de que Ferré me regañe". Me parto, gracias, gracias, me habéis arreglado la noche. Me voy ya más animado a ver una de Lubitsch, y después me zamparé otra de Greenaway, of course. Por cierto, Juan Francisco, te hice una pregunta una vez que quedó sin respuesta: ¿cómo es que te gustaba tanto Madre e hijo, de Sokurov, pura, purísima poesía fílmica, en contraste con el cine que rebuscas, tan elaborado? La respuesta la intuyo, claro, pero nada me gusta más que oírtela de tus labios. Un abrazo

Anónimo dijo...

Y porque hay que elegir entre Allen y Greenaway? Cateto de Brooklyn, hay que ser cateto para hablar asi de Allen! Que ha hecho chorradas como el ultimo rollo innombrable? Claro, que lo elevan al olimpo de los dioses obras maestras como Delitos y Faltas, Hannah y sus hermanas, Manhattan, Balas sobre Broadway, Annie Hall, etc? Eso es absolutamente incuestionable. He dicho.

Fdo. Allenito el grande

PD. Disculpad las faltas, no tengo tilde en este teclado.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

No sé si tiene algún sentido responder a alguien que oculta su identidad. Qué fácil hablar sin dar nombres (o dando seudónimos ridículos). Mira, tío listo, en tu lista sobran unas cuantas películas y si lo miras bien verás que con tan escaso bagaje Allen no merece el endiosamiento que se le ha concedido en este país. No llega a la altura de sus supuestos maestros serios (Rohmer, Bergman et al) ni tampoco de los cómicos (Lubitsch, Chaplin o Wilder), así que a ver si somos un poco rigurosos y menos viscerales. Que no te gusta lo de cateto, lo entiendo. ¿Te vale hipotenusa? En realidad, Allen es un provinciano, no lo puede evitar, y ahí reside su talento y su limitación, qué se le va a hacer. Mira, que nacer en Brooklyn no garantiza una cosmovisión universalmente aceptable y ya cansa la tontería gregaria con que ciertos nombres se vuelven incuestionables. Y no es sólo un problema de su última película, no, qué va. Ayer mismo cruzó por delante de mis narices ese bodrio titulado Todos dicen I love you, de vergüenza ajena. Lo que hace con Venecia y París en ese engendro turístico es un crimen aún mayor que lo que hace con Barcelona en la innombrable.
I´m sorry. I´m so sorry...

J. A. Montano dijo...

Acudo, tras séptimo de caballería, a echarle un capote al amigo anónimo: la cosa creo que no iba por lo de cateto, sino por lo de Brooklyn: Woody es de Manhattan (el de Brooklyn es Auster). Lo de cateto no lo discuto: ambos tienen un toque cateto, cierto. Lo máximo que puede decir, en mi caso, es que tales catetismos me van. Por lo demás, me alegra muchísimo que Woody sea tan malo y basuril: porque de ese modo yo, que tanto disfruto con Woody, estaré disfrutando con la maldad y la basura. ¡O sea, que me cuelo por la puerta de atrás en esa cosa que tanto te gusta, la Transgresión! Yupi!

Raquel Giménez dijo...

¿Te parece a ti también, Ferré, que el sujeto en cuestión presenta dificultades para el dicernimiento elemental? ¿Es que no hay blogs más adecuados para vomitar la estupidez hostil de neuronas deshilvanadas en busca de audiencia?
Me maravilla tu generosidad, Juan Francisco, por no eliminar de un plumazo el comentario accesorio de quien no capta la esencia.
Esto viene a reforzar mi convicción de que no sólo tu sitio es inteligente y amable, sino que tú mismo resultas mágicamente benévolo con los visitantes que no merecen posada.
Paciencia. Y saludos.

J. A. Montano dijo...

Bueno, creo que el amigo anónimo se refería más a lo de "de Brooklyn" que a lo de "cateto": porque Woody no es de Brooklyn, sino de Manhattan de toda la vida (el de Brooklyn es Auster). Sobre lo de "cateto", estoy de acuerdo en realidad: tanto Woody como Auster son unos catetos de sus respectivos barrios. Lo único que constato es que yo, particularmente, me lo paso muy bien con sus catetadas (más con las de Woody que con las de Auster, pero también con las de Auster). Por lo demás, casi me alegra que consideres a Woody malo y basuril, porque en ese caso mi disfrute es disfrute de lo malo y de lo basuril: cosa que me convierte en un Transgresor de esos que tanto te gustan :-)

J. A. Montano dijo...

Ah, Juan Francisco, veo ahora que has activado el dispositivo de moderación de comentarios. Al no ver el que puse antes, pensé que se había perdido y lo he reescrito (más o menos). Sólo ahora he visto lo de "Se ha guardado su comentario y podrá visualizarse una vez que el propietario del blog lo haya aprobado". En ese caso, saca el que prefieras de los dos anteriores y borra el otro. Así como este. (O bórralos todos si lo prefieres, claro está: en tu blog mandas tú. Saludos!)

Anónimo dijo...

Hace poco comentaba con alguien: "hace algunos años ejercitaba en los blogs de internet el arte de la discusion, hoy me llama la atencion la gente que se exalta a la primera de cambio defendiendo estupideces con la saña del que defiende sus propios huevos"

Este parece ser el caso del bloguero Ferre. En primer lugar, para pensarse el responder a un anonimo al final se ha alargado considerablemente. En segundo, va a solucionar algo saber que me llamo Alberto, del Valle para mas señas? Que chorrada es esa, necesita mi direccion tambien para responder apropiadamente? le mando una foto para que se la machaque?

Por otra parte el titulo de "tio listo" lo ostenta usted con honorable vigor y no tratare yo de arrebatarselo. Si dice que en mi lista sobran peliculas, supongo que en alguna acierto, luego al menos reconoce soterradamente que Allen es un maestro. Escaso bagaje...manda cojones, mas de 40 peliculas que toca casi todos los generos, un estilo personal, un mundillo propio, los mejores actores y tecnicos de turno pegandose por trabajar con el, halagado por sus propios referentes. Que algunas peliculas son malas? obviamente, pero si le apetecen boutades alimenticias (o no) no sere yo quien las niegue, se ha ganado ese derecho a pulso, rara es la excepcion del gran maestro que no cuenta con algun peñazo en su haber. Pero no reconocer que es un imprescindible del cine de las ultimas tres decadas....eso si es ser visceral. Me hace gracia el ensañamiento ridiculo que algunos toman por bandera de una causa absurda.

Un cateto? (impagable el chiste de la hipotenusa, un logro de ingenio que debe haberle fundido medio hipotalamo, hagaselo mirar) no es que no me guste el adjetivo, es que no lo pillo (lo ve? no soy tan listo) Hacia tiempo que no encontraba una manera de poner nombre al desprecio tan insolita, tiene gracia. Cateto. Cateto que? de que? y que? puede entran en detalles, podria ser mas riguroso? era cateto John Ford? que es lo contrario de cateto, cosmopolita, diverso? es usted cosmopolita? es diversa la obra de Allen?

Sin demasiada esperanza en que sea usted capaz de responder decentemente, me despido con un cordial saludo.

Alberto (del Valle)

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Tiene gracia, Alberto del Valle, que te cueles en mi blog con una animosidad digna de mejor causa para atacarme por una provocación que dirigía a mi amigo Montano, sabiéndolo un fan del pequeño Woody. Si me he permitido el tono despectivo con Allen ha sido por fastidiar a un amigo y, de paso, provocar con un guiño de ironía a la parroquia. A poco que hubieras sabido leer el intercambio entre nosotros sin tanta mala fe (y yo hasta diría que mala leche), te habrías dado cuenta del tono entre irónico y humorístico de cada una de las afirmaciones, incluso de las más polémicas. Creo que el contenido de mi blog me avala lo bastante como para cuestionar una actitud tan agresiva e insultante como la tuya, que saca de contexto un comentario excesivo para ponerlo como ejemplo del tipo de discurso que se practica aquí. A ver si es que al final no sabemos leer muy bien (gracias Raquel). El adverbio "decentemente" sobra, te lo digo sin rodeos, pues descalifica más al que lo usa (como un moralista de la peor especie) que a aquel al que se dirige, de quien apenas si dice nada. Todavía espero una reflexión inteligente de tu parte sobre otras cuestiones mucho más decisivas que mi opinión sobre el cine, ciertamente sobrevalorado, de Allen. Hasta Montano, fan donde los haya del cineasta de Brooklyn (lo siento, pero Woody no nació en Manhattan, sino en el territorio acotado por Paul Auster, Jonathan Lethem o mi amigo Eduardo Lago) entiende lo que quiero decir por "cateto". Un guiño al provincianismo neoyorquino de la mejor especie, como Truffaut podía ser a su manera un cateto a la francesa. Nunca lo diría de Wilder o de Lubitsch, cosmopolitas centroeuropeos, pero sí de John Ford, of course, sin que eso reste un ápice de mi admiración por algunas de sus películas...
Así que siento mucho que la última frase de tu comentario rezume tanta antipatía. Tú sí que impones el tono testicular en tus comentarios, no yo, que me limito a provocar la discusión inteligente (en la que tú no pareces muy avezado, la verdad)...
Y Montano, no te salgas por la tangente (!otra metáfora geométrica, dios mío, qué ingenio cartesiano el suyo!). El problema no es que Allen sea cutre o basuril o malo, adjetivos todos que le granjearían como poco una admiración enfervorecida en ciertos círculos y una coartada cultural de bajo nivel irresistible en otros. El problema es que es un pequeñoburgués, en todo y por todo, gracioso, divertido a ratos, cansino últimamente... Ya estoy harto. A mí qué me importa Allen. Tengo otras cosas mucho mejores en qué pensar. By bye love...

Anónimo dijo...

Satisfecho completamente con la respuesta (y lo digo sin retranca), no porque este de acuerdo, sino porque me reconcilia con usted. De hecho soy nuevo en su blog, ya comentare de otros temas (aunque dadas las consideraciones que hace sobre mi le interese), lo encontre de casualidad y me imprimi el post sobre lo mejor de 2008 porque ciertamente esta casi todo lo que me he perdido y me quede con ganas de ver. Lei la discusion con el Sr. Montano tomandolo, claro, a broma, de hecho si lee mi primer post no saco nada de quicio, hago una pregunta simple: hay que elegir siempre, hay que situarse en un bando? Jamon serrano o huevas de esturion? pues vera, depende del momento.

Lo de decentemente lo decia como sinonimo de satisfactoriamente. Lamento la confusion. Esa decencia (de la que gente como la inquisidora Raquel hace gala alegremente), junto con la correccion politica, tienen un tufillo con el que no comulgo. No me de clases del tono que debo usar maxime habida cuenta del tono que Vd. uso conmigo. Haga caso a Raquel, su hada madrina con titulo.

En lo que resta, y si se da el caso, procurare fomentar la discusion inteligente, aunque tendre que leerle mas a menudo para aprender a hilvanarla.

Un saludo,

Alberto

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Ningún problema. Me alegra el cambio de tono y te doy la bienvenida de nuevo a este blog. Vuelve cuando quieras. En defensa de Raquel, que no necesita que yo la defienda, desde luego, te diré que no encuentro nada de inquisidora en su actitud. Más bien, como dices, trataba de protegerme viendo tu primera actitud. Aquí no ha pasado nada, por tanto.
Y, sí, te doy la razón, no hay por qué elegir entre directores, escritores o artistas por más que entre ellos parezcan incompatibles. Mi actitud hacia Allen no nace, en este sentido, de mi defensa de Greenaway. En este último año he disfrutado de dos comedias desternillantes, Superbad y Tropic Thunder, que nada tendrían que ver con los filmes de Sokurov o Resnais que también me entusiasmaron. Como verás por mi artículo, la pluralidad de mis elecciones no puede ser mayor, y eso que no cito todas las películas que me han gustado.

Lo dicho. Bienvenido a la conversación...

Raquel Giménez dijo...

¡Vaya! Me alegro de verdad de ver que va habiendo entendimiento. Celebro que se me califique de "decente", pues mi madre y amigos estarán orgullosos (por una vez) de que alguien perciba un atisbo de moral puritana en mi actitud. Esto sienta el precedente que amortiza por fin mi paso por el colegio de monjas. Agradecida, ya le digo. Lo de "hada madrina" me halaga también, pues, de un tiempo a esta parte, muchos ponen en duda mi capacidad para proteger maternalmente a mis congéneres.
La actitud inquisidora, que sí me caracteriza cuando se trata de repeler agresiones gratuitas, deriva del amor platónico que siento por el autor de este blog. A mí el amor se me traduce en respeto incondicional, mire usted, y en un poquito de mala leche cuando me insultan al amado. Lo del "título" no lo pillo, así que me abstengo de comentar. Ha logrado usted que declare aquí mi amorosa admiración por el señor Ferré, que me deslumbra cada día con su estatura intelectual y humana. No soy dada a estas revelaciones, pero ya que ventilo la ira, aprovecho y dejo que fluya toda emoción intensa. Así mi casa queda como nueva. Bienvenido a la hoguera de las vanidades. No albergo ya hostilidad alguna. Cosas de enamorada. Besos, Juan Francisco. Saludos a todos.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Querida Raquel, te agradezco sinceramente todos los elogios que me diriges. No creo en la falsa modestia en general, pero en este caso te diré que no los merezco, aunque te los agradezco igualmente.
Merece la pena mantener un blog como éste sólo por contar con lectores como tú, tan perspicaces como cómplices...

Raquel Giménez dijo...

Pues para eso estamos, Juan Francisco. Para apreciar y disfrutar del savoir faire (et dire), en tout et partout, que nos brindas. Los elogios te llegan por derecho, ya que en esto eres el boss.
Ningún otro blog habría logrado que esté leyendo simultánea y frenéticamente a Pynchon, DeLillo, Franzen, Lethem y Foster Wallace. En la librería ya no me fían, y en la biblioteca municipal me miran raro porque, además, saco pelis sin parar (¿podremos hablar algún día de "No amarás"? Lo he intentado con el funcionario de la "biblio", pero no me ha dado bola y me mira aún peor que antes).
¿Cómo no agradecer un despertar tan dulce a la vida más allá de las letras hispánicas y los tostones de toda índole?
Pues eso, hombre, que el placer es recíproco y merecido. Besos y hasta pronto.