lunes, 23 de junio de 2014

LA BELLA Y LA BESTIA


Si algo caracterizó al siglo XX fue su esquizofrenia entre los sueños visionarios de un avance científico infinito y las tremendas recaídas en las pesadillas de la barbarie. Entre estas, los asesinatos en serie constituyen una parte destacada…

[Marie-Luise Scherer, La bestia de París y otros relatos, Sexto Piso, trad.: José Aníbal Campos, 2014, págs. 128]

Así es París. Así ha sido siempre. Luz y tinieblas, tinieblas y luz. La ciudad de las luces, la capital de la inteligencia desde el medievo y la metrópoli de la modernidad, el laboratorio de los experimentos sociales, políticos, tecnológicos y culturales más avanzados del siglo diecinueve y gran parte del veinte. Baedeker publicó la cartografía racional y eficiente de su laberinto callejero y Walter Benjamin extrajo fotografías de su alma, sus placeres extravagantes y sus tormentos inusitados. La banalidad del turismo hizo justicia prosaica a la trivialidad de los mapas del editor mientras las imágenes fulgurantes y las instantáneas inteligentes tomadas por el escritor nutrirán por mucho tiempo aún el corazón enfermizo de la cultura occidental.
Ese París donde la belleza suprema se codea con la bestialidad extrema desde antiguo fascina a Marie-Luise Scherer, periodista y escritora, con sus contradicciones y paradojas, polaridades fatales, fachadas traslúcidas, escaparates suntuosos y magia oscura. La inteligencia del libro radica en el modo de presentar la cuadratura parisina de textos. Al principio, el consagrado al impresionante caso del asesino en serie Thierry Paulin, el más extenso, y al final una crónica chispeante e irónica de la semana de la moda en París a fines de los ochenta. En medio, señalando las estaciones del viaje de lo sórdido y siniestro a lo admirable y luminoso, una visita al último surrealista (Philippe Soupault) que sirve para evocar las interioridades de la vanguardia que marcó con su impronta la sensibilidad del siglo pasado y una crónica incisiva sobre Proust y el mundo de Proust con la excusa del rodaje de Un amor de Swann por el director Schlöndorff.
“La bestia de París” retrata uno de esos casos criminales que provocan el estupor y despiertan el pensamiento, a la manera en que la perversidad humana obliga siempre a la facultad que más nos distingue del depredador a enfrentarse a las posibles causas del acto abominable. Entre 1984 y 1987, el mulato martiniqués Thierry Paulin, caprichoso y violento, con la colaboración temporal del también afrocaribeño Jean-Thierry Mathurin, asesinará, exhibiendo una crueldad sádica y una brutalidad patológica, a más de una veintena de ancianas para robarles dinero y joyas con que sufragar su dispendioso modo de vida, instalado en la bohemia de los modelos masculinos y los cabarés de travestidos, las fiestas fastuosas, la droga y la prostitución. Tres años después del primer asesinato, “El monstruo de Montmartre”, como también se le llamaba, es detenido y confiesa parte de sus atroces crímenes, describiendo con espeluznante impavidez los pormenores macabros, al tiempo que delata a su ocasional cómplice. Esperando condena en prisión preventiva, Paulin muere de sida en 1989. Sus móviles nunca fueron esclarecidos del todo. La singular cineasta Claire Denis lograría arrojar una cierta luz perturbadora sobre la mente del psicópata desclasado en una de sus películas más fascinantes (J´ai pas sommeil).

En su tratamiento de los hechos, Scherer se inclina más por lo descriptivo que por lo analítico en un caso terrible que Truman Capote no habría dudado en transformar en la versión europea y urbana de A sangre fría. El filósofo Michel Foucault habría visto en Paulin a un “hombre infame”: uno de esos individuos anómalos a través de cuya conducta asocial podemos entrever el trasfondo inhumano de nuestra naturaleza. La psiquiatra Élisabeth Roudinesco, en cambio, entendería a Paulin como manifestación de la “parte maldita” de la especie, esa maldad radical que supone la negación de los efectos beneficiosos de la cultura y la educación.

1 comentario:

Salvador Garnés dijo...

Admirado Juan Francisco, aquí te presento los humildes frutos de mi ingenio. Salud y República literaria.

http://vainilladream.blogspot.com