jueves, 14 de marzo de 2013

EL FIN DEL MUNDO NO HA TENIDO LUGAR


Es irónico que los mayas, incapaces de prever su propia desaparición en la historia, gastaran a la humanidad una broma sobre el final programado del planeta, un pronóstico destinado a otras civilizaciones futuras donde no acertaron a descifrar el mensaje que les concernía directamente. Es así que muchos desengañados del presente anhelaban el desastre, y esta actitud resignada quizá exprese una esperanza perversa, una preferencia negativa por la destrucción de lo existente antes que la afirmación de un deseo de cambio. Como señala Slavoj Žižek, lo paradójico de nuestro mundo capitalista es que nos cuesta menos fantasear con su terminación espectacular que imaginar una alternativa a su cínico sistema de organización.
Es en el núcleo duro de esa paradoja actual donde penetra este ambicioso tratado de Žižek (Viviendo en el final de los tiempos, Akal, 2012), como una aguja en un tumor maligno, tomando muestras celulares para establecer un diagnóstico riguroso y un remedio intelectual al malestar vigente en un mundo cuyo final ocurrirá primero como farsa y luego ya, cuando sea irreparable, como tragedia. Partiendo de la premisa de que el apocalipsis inminente no lo ocasionará ninguna revolución política sino la catastrófica persistencia del sistema capitalista global, abocado a consumirse como el imperio maya, Žižek estructura el libro en cinco partes, como fases de un psicoanálisis de la creciente ofuscación colectiva.
Para empezar la sesión, Žižek emprende un estudio sarcástico de las fantasías cinematográficas y políticas que sostienen la “denegación” dolorosa del mal. Al examinar después la “ira”, como respuesta social indignada, detecta en ella el fenómeno de la regresión a los presupuestos del fundamentalismo religioso como ideario sucedáneo de salvación. La “negociación” posterior supone el momento en que las poblaciones terminan por asumir los imperativos dictados por los poderes sobre la necesidad de sacrificar sus expectativas y deseos en nombre de valores económicos ininteligibles. A esto sigue la “depresión” causada por esa claudicación forzosa, con secuelas patológicas que benefician al sistema y debilitan aún más a los ciudadanos. Finalmente, la “aceptación” íntima del malestar puede a veces significar una cierta liberación y la emergencia de formas de relación entre los excluidos del juego donde se diseñe una tentativa de utopía.
Apelando a la disputada autoridad de Hegel, Marx, Lenin o Mao, pero también de San Pablo, Žižek propone un programa que pasa por la inteligencia dialéctica del mundo tanto como por renovar de raíz el ideal diferido de la revolución: “Nuestra lucha no es contra la corrupción actual de los individuos sino contra los que ostentan el poder en general, contra su autoridad, contra el orden global y las mistificaciones ideológicas que lo sostienen”. Y todo esto en un contexto político de opciones tan limitadas, como describe Žižek, donde el poder democrático se disputa entre tecnócratas de izquierda y de derecha, que solo pretenden una gestión neutra y eficaz del espacio público, y líderes populistas reaccionarios, que aportan el suplemento pasional que puede encandilar ocasionalmente a la masa descontenta.
En un mundo regido por los valores de la ciencia, es de especial relevancia el papel insurgente que Žižek le atribuye aún a la creación cultural. Si la ciencia supone por definición una deriva implacable hacia el conocimiento y la cultura representa una voluntad inconsciente de (auto)engaño, es tiempo de reclamar un intercambio de actitudes, de modo que el arte se vuelva desafiante en este período crítico de la historia y se atreva a mostrar ante los ojos del público la verdad intolerable de la situación y la ciencia asimile de una vez su complicidad servil con las ficciones y sueños del poder.

1 comentario:

Francisco Machuca dijo...

Interesante muy interesante el tema.Mira,la tierra tiene cuatro mil millones de años.Hubo vida en este perro mundo durante todo ese tiempo prácticamente.Las primeras bacterias.Y, más tarde,los primeros animales multiceculares;después,los primeros seres complejos,en el mar,sobre la tierra.Después,las grandes eras con predominio de animales:los anfibios,los dinosaurios,los mamíferos,cada una perdurando millones y millones de años.Grandes dinastías de seres que surgían,florecían y morían.Todo está ocurriendo con el telón de fondo de levantamientos continuos y violentos de la corteza terrestre,de cordilleras montañosas lanzadas hacia lo alto y gastadas por la erosión,impactos de cometas,erupciones volcánicas,océanos que ascendían y descendían,continentes enteros que se desplazaban...Incesantes cambios constantes e increíblemente violentos...Incluso hoy en día, el rasgo geográfico más grande que se observa en el planeta proviene de dos continentes que chocan,plegándose para formar la cadena montañosa del Himalaya,en el transcurso de millones de años.El planeta siempre sobrevive a todo.Periodos glaciares,etc.Y creo que nosotros no tenemos el suficiente poder para destruir el planeta,ni con todas las bombas juntas.Y por otro lado,siempre quedarán supervivientes.Lo que desaparece con cada minuto de nuestra vida es precisamente el mundo que conocimos.Antes un archivo de cartón,ahora un ordenador,mañana planicies áridas que se extenderán hacia distantes oteros negros.El viento de la tarde arrastrándo polvo y hierba sobre el hormigón resquebrajado.Una fogata y alguien contando historias.En el fondo no cambiamos tanto como parece.

Un fuerte abrazo,amigo Juan.