martes, 8 de marzo de 2011

MÍMESIS Y SIMULACRO


Ya está en librerías mi libro de ensayos Mímesis y Simulacro. Ensayos sobre la realidad (del Marqués de Sade a David Foster Wallace) publicado en EDA. El diseño de la sobrecubierta y las tapas es del artista Jesús Andrés.

Ésta es la nota del editor para la contraportada:

¿Qué significa hoy ser realista para un escritor? ¿Cómo seguir siendo realista sin poner en cuestión una realidad alterada por la lógica dislocadora de los medios tecnológicos de producción y reproducción que han transformado de raíz la realidad? ¿Mímesis? ¿Simulacro? Éstas son las cuestiones esenciales que Juan Francisco Ferré plantea en este libro. Se trataría, en definitiva –afirma el autor en la introducción-, de seguir siendo realista sin olvidar lo que esto en el pasado implicaba también de simulación, incluso de impostura, pero con la lucidez que exige un momento histórico como el presente en que la realidad ha padecido tales mutaciones que es imposible atenerse a los viejos criterios de reconocimiento, a las anticuadas pautas de representación, a los desfasados modos de recreación de la realidad. Desde esta óptica fundamental, desde esta postura radical no exenta de polémica, es desde la que analiza Ferré las estrategias y dispositivos de la novela decimonónica, las de Kafka también, pasando por Joyce y Pynchon, para llegar a la narrativa mediática de Don DeLillo o David Foster Wallace…

Un extracto (orientativo) del prólogo, titulado La realidad bajo cero. Una introducción realista:

Es por todo esto, quizá, que el recorrido de este libro es múltiple y variado y, como tal, admite múltiples y variadas lecturas. Una de ellas, no la menos importante, desde luego, plantea una revisión cronológica del discurso narrativo que comienza en el siglo XVIII con Sade como narrador paradigmático, tanto en la politización de la sexualidad como en la sexualización de la política, de ciertas narrativas y situaciones del presente, y prosigue con una reflexión sobre la novela histórica y los primeros conatos del costumbrismo y el realismo decimonónico españoles para consagrarse en el tercio final, tras examinar los planteamientos estéticos de modernistas singulares como Joyce y Kafka, al estudio de los formatos narrativos, sin distinción de marcas nacionales o culturales, de ese realismo contemporáneo de alta definición que un autor como David Foster Wallace representaría en grado eminente. La literatura ha encarnado de modo privilegiado, desde el siglo diecinueve al menos, el discurso espurio de las naciones y los pueblos, individualizando sus rasgos carismáticos y privilegiando su imagen y su identidad colectivas. Otra de las lecturas posibles, por tanto, encerraría este propósito de liquidar esa herencia nacionalista decimonónica y dar paso si no a una literatura mundial sí a una concepción transnacional de la literatura que sepa escapar de las determinaciones locales, nacionales o lingüísticas y establecer un diálogo productivo entre autores que no sólo escriben en idiomas distintos sino que proceden de culturas distintas pero responden a los mismos desafíos y los mismos estímulos con el fin de preservar el poder de la literatura en un mundo que ha encontrado, como veíamos más arriba, medios aún más poderosos para negarlo o disminuirlo.

El libro apuesta, sobre todo, por la novela (con un historial muy heterogéneo, como se ve). La novela como género mutante y transversal, promiscuo y omnívoro, seminal y polimorfo (no en vano todo empieza con un ensayo sobre la excitante novelística de Sade). Su discurso central celebra la infinita capacidad de la novela para integrar en sus formas la novedad y la heterogeneidad del presente. Desde hace siglos, la novela representa el gran discurso del desafío, el riesgo y la inquietud, comenzando por el desafío (acuciante) del mundo al talento y los recursos del escritor y la inquietud ante la potencia o impotencia de la respuesta ofrecida y los riesgos afrontados, problemas tan fáciles de eludir en los formatos más breves.

Éstas son, por si quedaran dudas sobre los motivos del libro, las líneas finales del prólogo:

Termino con esta paradoja, en cierto modo terminal: cuanto más la realidad disputa su poder de fabulación y ficción a la literatura, más ha parecido retroceder el poder de representación de ésta, precisamente, cediéndole a la realidad, gracias a los medios tecnológicos, todo el poder y la autoridad de producirse y reproducirse hasta la náusea como ficción necesaria. Sin otra alternativa que las diseñadas y programadas por el sistema. De ese modo, la pregunta paradójica sobre la realidad se ha vuelto ahora en contra del escritor, dando un giro diabólico a la historia, al obligarle a reconocer la versión de la realidad con la que se identifica antes siquiera de pretender dar cuenta de ella. Quizá haya sido éste desde siempre el problema sustantivo de la realidad. El problema que la realidad planteaba a los escritores en la historia no era otro, en resumen, que el de su responsabilidad en el modelo de realidad al que daban crédito y reconocimiento en sus creaciones, adscritas de antemano a un modelo ideológico de representación más o menos consensuado con la sociedad. La gran pregunta al escritor ahora es si prefiere ser fiel a la literatura o ser fiel a la realidad, sea lo que sea ésta, pues su condición está por definir también, como todo lo demás. De ese modo, el escritor debe saber si prefiere encuadrarse dentro de los parámetros del discurso que suele ser reconocido, en todos los sentidos, como literatura, o si prefiere abandonar todo marco o encuadre definido de antemano y, dentro de lo posible, afrontar la realidad sin mediaciones preestablecidas por la tradición o por los dictados comerciales del día, mientras genera, con mayor o menor tensión formal, nuevos marcos de comprensión de la realidad, nuevas categorías cognitivas y nuevos modos de encuadrarse en ellas. Ahora por fin, aunque no lo parezca, todo está mucho más claro. Y aún más si se entiende que el problema principal, desde siempre, no es tanto la realidad como el principio de realidad. Pero esa es otra historia. Se entiende fácilmente por qué…

4 comentarios:

Álvaro Quintana dijo...

Apuntado el libro para lanzarme sobre él en cuanto lo encuentre.

Mientras tanto, avanzo a paso ligero por las diatribas materialistas de "La filosofía en el tocador". Si los impulsores de Educación para la ciudadanía leen esto les da un pampurrio.

Un saludo.

René López Villamar dijo...

Qué hermosa portada. Enhorabuena.

Me lo voy anotando para el próximo pedido de España. Es un tema que me apasiona.

Francisco Machuca dijo...

Encontré el libro expuesto en una librería de Madrid,cerca de la calle de Alcalá.Leí el prólogo en el Retiro y tomé nota ante el amplio y fantástico viaje.Por cierto,en la misma librería encontré Viaje a Italia del divino Marqués,evidentemente,también lo compré.
Un fuerte abrazo,amigo.

Hongos dijo...

Me voy ya mismo a por él. El tema no puede apasionarme más.
Un saludo.