lunes, 26 de octubre de 2009

¿AFTERPUNK? ¿NEOPUNK? ¿CIBERPUNK?



If everything in this dream of prerevolution was in fact doomed to end and the faithless money-driven world to reassert its control over all the lives it felt entitled to touch, fondle, and molest, it would be agents like these, dutiful and silent, out doing the shitwork, who´d make it happen.
Was it possible, that at every gathering –concert, peace rally, love-in, be-in, and freak-in, here, up north, back East, wherever- those dark crews had been busy all along, reclaiming the music, the resistance to power, the sexual desire from epic to everyday, all they could sweep up, for the ancient forces of greed and fear?

Thomas Pynchon,
Inherent Vice.

Versión 2.0 del cuestionario que me envió en diciembre de 2008 la revista Calle 20 para su reportaje Punk 2.0 publicado en septiembre de 2009.

Preguntas: Jose Ángel González

Ilustración: Jesús Andrés

NO NOS MOVERÁN [DEL SILLÓN]

-1916, dadá; 1957, situacionismo; 1961, free jazz; 1977, punk; 1981, grunge… ¿Y ahora qué?
Ahora, la supervivencia creativa en el supermercado cultural más grande de la historia…

- ¿Hazlo tú mismo o deja que te lo haga otro?

Prefiero hacerlo yo. Me gustan los trabajos manuales, con lo que la labor ajena es también recompensada como se merece cuando llega el momento de la cita, el plagio, y demás estrategias creativas…

- ¿Humanos ú homínidos?

Post-humanos.

- Crisis… ¿Cómo le resuena la palabra?

Mal, si hablamos de lo que hablamos. Bien si me acuerdo de que Sade llamaba así al orgasmo y a la eyaculación, algo de lo que se aprovechó Barthes para convertir la escritura en una forma de descarga libidinal. Por ahí andamos, con el cuerpo a cuestas…

- ¿Cuál será la próxima revuelta?

¿La de vacaciones? Como Zizek, yo también creo que si se rompen huevos se hará una tortilla, y no al revés…

-¿Qué tipo de adoquines volarán?

Ladrillos de la cárcel del deseo…

-¿Contra quién, contra qué?

Contra todos y contra nadie…

-¿Por qué no ‘ahora mismo’?

El presente fue abolido hace tiempo. Vivimos a tal velocidad que es imposible fijar un punto que no sea ya un tránsito hacia otro. La revolución en tiempo real es una imposibilidad y en tiempo diferido un fraude.

- ¿Miseria o miserables?

Nunca me gustó Víctor Hugo, así que Miseria. De la filosofía, de la ciencia, de las bellas artes, de la cultura, de la moral, de la política. La escasez como sistema en el sistema de la abundancia…

- La cultura, ¿miseria o miserable?

Miserable. No puede evitarlo. El malestar en la cultura, ¿recuerdas? La cultura se hace con todas las represiones colectivas y los residuos malolientes de otros ámbitos. Es un basurero prestigioso, pero basurero…

- Pensar… ¿cómo, qué, dónde, para qué?

Para sobrevivir, en todo momento y lugar, con palabras, imágenes y música, a ser posible…

- Actuar… ¿cómo, qué, dónde, para qué?

Con calma, para sobrevivir, para no mortificarse ni estancarse. Para no engendrar putrefacción…

- Su mayor miedo

La imposibilidad de vivir

- Su mayor felicidad

La escritura, el sexo, la lectura, el cine…

- Persona más odiada

Cualquier representante del poder.

- Persona más admirada

Cualquier enemigo del poder.

- Valor-idea más odiada

Orden, disciplina, control, seguridad, moral…

- Valor-idea más preciada

Libertad (siempre). Libertarios del mundo, uníos...

- Bien material-objeto más preciado

Mi biblioteca

- Su último llanto

Hace mucho.

- Su última emoción

Hace poco.

- ¿Qué debería contener un kit de supervivencia en estos tiempos?

Libros, películas…

-Por cierto, ‘estos tiempos’... ¿Cómo son, cómo los resumiría?

Apasionantes, odiosos, de cambio, de lucha, de adocenamiento, de hegemonía, de conflicto, de diversidad...[Otra descripción de este destiempo, mucho más completa: ¿Polanski en la cárcel a punto de extradición, Bush disfrutando a tope del tiempo libre en su rancho texano y Vargas Llosa arremetiendo contra el primero sin escandalizarse por el segundo? Lo demás es silencio institucional, no tiene otro nombre...]

-La “indecencia”, dice Žižek, es la invisible presencia de “millones de anónimos trabajadores sudando en fábricas del tercer mundo, desde los gulags chinos a las líneas de montaje de Indonesia o Brasil –en su invisibilidad, Occidente puede darse el lujo de balbucear acerca de la clase obrera en vías de desaparición”... Comente la idea.

No puedo estar más de acuerdo. Por eso la buena conciencia de izquierdas es tan repugnante como la hipocresía de la derecha. El gobierno Zapatero vendiendo armas a Israel mientras condena la matanza de Gaza. Imposibilidad de mantener la decencia en contacto con el poder…

- ¿Quiénes son los capos? ¿Quiénes son los malos?

Los que se abrazan al ejercicio del poder desde la vocación y la ambición…

- ¿Y los buenos?

Todos y ninguno en especial. No soy maniqueo.

- ¿Hedonistas o humanos vegetantes?

Hedonistas sin complejos…

- “Lo sé perfectamente bien, pero...” ¿Justificación para ser tonto?

El insomnio es el gran peligro de la inteligencia que funciona. Todo el mundo necesita un pequeño fármaco de buen rollo, ficciones necesarias para conciliar el sueño, tener amigos, relaciones, amor…

- “¡Las cosas cambian tan rapido!”. ¿Verdad u opio?

Verdad a medias. Algunas cosas cambian muy deprisa, sobre todo si no afectan a valores tenidos por sustanciales, otras, por desgracia, no han cambiado desde el paleolítico…

- ¿Se actúa Vd. a sí mismo o es Vd. mismo?

No entiendo bien. Cuando actúo no sé quién soy. De hecho no sé quién escribe estas líneas…

- ¿Qué es un ‘coolhunter’?, ¿un basurero?, ¿un mercachifle?, ¿un gurú?...

Alguien que, desesperado por la lentitud de los relojes, trata de adelantarse a su tiempo atrapando en el momento del surgimiento una moda o una tendencia futura. En el fondo, su actitud conduce a la desesperación, al descubrimiento de la futilidad de todo, el tiempo, las modas, el gusto…

- Lo más obsceno de la cultura contemporánea...

La incapacidad de la cultura mayoritaria para estar a la altura de los tiempos.

- Lo menos...

El potencial de la cultura minoritaria para mostrarse y hacerse oír…

- El almuerzo eterno e incandescente de bytes... ¿Le gusta?, ¿le asusta?

Es una costumbre instalada en mis neuronas y mi sensibilidad con la falta de sorpresa de cualquier hábito arraigado. Excitante y habitual, como la vida en pareja, con sus tedios y sus nostalgias de otras posibilidades. Quien no se ha sentado a un ordenador y no ha sentido por un momento la nostalgia de un mundo donde no existieran no es digno de vivir en esta época hipertecnologizada. Los extremos se conectan con banda ancha…

- La libertad de decisión... ¿Nos dejan elegir lo minúsculo para que no perturbemos el orden máximo?

Sin duda, la cultura se ha convertido en el refugio para la acción simbólica, ya que la real está encomendada por el poder y sus instituciones policiales a otros individuos más responsables. Pero la acción simbólica es importante, aunque tiende a parecer consoladora, puede cambiar muchas cosas. Valores, por ejemplo, gustos, tendencias, formas de vida, mentalidades…

- Lo prohibido... ¿De verdad todo nos está permitido?

Todo lo que no perturbe el funcionamiento diario del sistema. William Burroughs solía repetir un lema que a mí me parece muy pertinente en la situación actual, aunque quizá con otra interpretación de la que le daba el maestro: Nada es verdad. Todo está permitido.

- La realidad... ¿Por qué la obsesión por sus versiones alternativas?

Porque la realidad es una versión elaborada por el poder. Las contraversiones no son sino tentativas por corregir o modificar la versión instalada y que se da por incuestionable, cuando no lo es. La gran lección aquí la proporcionan las novelas de ciencia ficción de Philip K. Dick. La realidad es una construcción, producto de una intersección de intereses, obligaciones e imposiciones que no hay por qué aceptar. Ese es el combate contra la cultura que Nietzsche propugnaba…

- La pasión... ¿También, como el café, descafeinada?
En un mundo anodino como el nuestro, la pasión inteligente es el único indicio de no complicidad con el poder…

- Los placeres... ¿De verdad están a nuestro alcance?

Nada está a nuestro alcance. Necesitamos buscarlos, construirlos, del mismo modo que encontrar a las personas con las que vamos a compartirlos. No creo en los placeres solitarios, con la excepción del cine o la literatura, por supuesto…

- Otra vez Žižek: “Esto es lo que está emergiendo cada vez más como los "derechos humanos", centrales en la sociedad del capitalismo tardío: el derecho a no ser acosado, es decir, el derecho a mantenerse a una distancia segura de los otros”... Comente la sentencia.

Sí, es la histeria de origen americano por la que el mayor enemigo de cada quien es el otro o el mismo. Es una victoria del poder haber conseguido que todos los ciudadanos consideren a los otros ciudadanos como su enemigo potencial. Ya está todo resuelto, se acabaron las inmensas posibilidades abiertas por la era contracultural en lo que se refiere a relaciones y grupos. Cada uno apegado a su terminal, alejado del otro por una distancia tecnológica infinita, cediendo el espacio real a los operadores del sistema por miedo a los contagios y los problemas derivados de la interacción con el otro. Hay una película reciente nunca estrenada en España, Bug, de William Friedkin, que es la mejor extrapolación de esta mentalidad puritana y fascista, que se expande por el mundo como una epidemia viral…

- Los oráculos... ¿Quiénes?

Por conveniencia, la sociedad del espectáculo reparte títulos de tales a diestro y siniestro, es una de sus funciones más arraigadas, en una parodia de la antigua función de liderazgo moral o cívico. Como no creo en ésta, siempre pienso que un oráculo es un orate al que los demás han decidido no ver como tal. Con los escritores también suele pasar…

- El sentido personal del ridículo... ¿Existe? ¿Ha muerto?

En esta sociedad, los medios aspiran a que nadie lo tenga si está de este lado de la pantalla, como actores, y que lo tengan todos en grado extremo si están, como espectadores, en el otro lado. La representación no sólo es ridícula sino que se alimenta del ridículo generalizado…

- ¿Jugamos, segundo a segundo, a un juego de rol?

Todos los juegos, el juego. La sociedad humana no puede evitarlo ya que la personalidad es una ficción, las relaciones también lo son. Así ha sido siempre. Ahora los juegos multiplican sus posibilidades gracias a la tecnología y al anonimato de la masa urbana. En cierto modo, es liberador, pero también favorece los intereses del sistema. Una sociedad de jugadores no pone en riesgo el desarrollo del juego, desea mejorarlo y contribuye a institucionalizarlo, como en Matrix, con sus viciados rituales y héroes redentores…

- La sexualidad reducida a juego... ¿Es así? Si lo es, ¿es una buena cosa?

El erotismo me interesa más. El erotismo es un juego con nuestros deseos y es también una forma de no agotar éstos, de estimularlos y acrecentarlos, y no sólo de refinarlos…

- ¿Necesitamos un nuevo Brecht? ¿Es posible un nuevo Brecht?

Si llamas Brecht a un artista militante, comprometido con una causa sectaria, desde luego que no. Si llamas Brecht a esa función estética por la que una creación invita a su consumidor a tomar la debida distancia para percibir el contexto y el sentido de esa creación en ese contexto, sin por otra parte perderse el placer de participar con intensidad en la experiencia artística propuesta, esto es algo que el mejor arte contemporáneo y el mejor cine y la mejor literatura hacen desde hace décadas sin necesidad de ponerse etiquetas partidistas o comulgar con ruedas de molino…

- ¿Estamos viviendo el fin de la política?

El fin de la política, sin ponerme en exceso aristotélico, me parece una imposibilidad. El agotamiento de una cierta forma de hacer o concebir la política sin duda. Pero serán los hechos, con su violencia intempestiva, los que fuercen a los políticos a darse cuenta de esto y no el debate de ideas…

- Una vez más, Žižek: “La amenaza real de los nuevos medios de comunicación es que ellos nos privan de nuestra experiencia pasiva auténtica, y así nos preparan para la estúpida y frenética actividad para el trabajo interminable”. Comente el comentario.

Sin duda. Sostengo lo mismo. Todas las actividades tenidas por lúdicas son prolongaciones de nuestras actividades productivas o acrecientan en nuestra mente y nuestro cuerpo los factores que nos hacen productivos a ojos del capital. Lo que se denomina “ocio”, con obscenidad intolerable, no es otra cosa que la apropiación del tiempo libre del consumidor por los pasatiempos y entretenimientos que favorecen su incorporación y aceptación del sistema. Por volver a Brecht, el ocio y la diversión a ultranza fomentadas en nuestras sociedades incluso por gobiernos así llamados progresistas sólo buscan que la distancia del sujeto respecto de su momento de producción sea mínima, cuando no inexistente. Los videojuegos, por ejemplo, son la mejor instrucción para los ejecutivos financieros e inversores en bolsa del futuro. Una escuela de disciplina económica, ideada para favorecer la adaptación de nuestro cerebro a las condiciones mediatizadas de vida de una sociedad cada vez más explotadora…

- El ruido... ¿Hablemos cuanto sea posible y cuanto más alto mejor?

Con DeLillo, a mí siempre me interesó el “ruido de fondo”, la señal imperceptible, el código de comunicación que pasa desapercibido para la mayoría. Es la lección de Pynchon y de la cibernética: cuanto más un mensaje posee información significativa para su receptor, menos inteligible resulta en términos convencionales, y viceversa. La cultura mayoritaria está constituida a partes iguales de obviedades y redundancias que son festejadas en su calidad de tales. La novedad, lo innovador, lo diferente, chirrían en el oído gregario ahora tanto como hace cincuenta, setenta, cien o ciento cincuenta años…

- ¿Para qué hablamos?

Para no oír el monólogo interior que nos pide que nos callemos…

- ¿Hablamos para que nada cambie?

Colmar el vacío de inanidad, no se me ocurre mejor metáfora de la cultura contemporánea, como en una conversación entre dos personas que no tienen nada que decirse y a pesar de eso se han citado en un café y todas y cada una de sus palabras sólo evidencian el malentendido de la situación, la absurda necesidad de mantenerla una vez comenzada y las ganas de cada uno de los interlocutores de que acabe cuanto antes y puedan irse…

- El goce como deber. ¿Por qué tenemos que pasarlo bien?

Al contestar hablando del ocio ya creo haber contestado a esto. El ocio es el negocio por otros medios. Disfrutar, en el sentido más banal de la expresión, es la plusvalía moral que alimenta el sistema. Con el tiempo, el aburrimiento nos parecerá algo transgresor y hasta revolucionario…

- Algo que añadir...

El suplemento es la parte gratuita. En un sistema que tiende a explotar cada pequeño aspecto de nuestra vida, fomentar lo gratuito, en todos los sentidos, es una forma de subversión profunda de las infraestructuras del sistema…

domingo, 18 de octubre de 2009

NARRATIVA EN ESPAÑOL DE AMBOS LADOS DEL ATLÁNTICO


MESA REDONDA

Tres escritores en el momento de plenitud de su carrera literaria hablarán de aspectos de su obra así como de la situación actual de la narrativa contemporánea en español y sus conexiones con otras literaturas.

Participantes

Edmundo Paz Soldán, Escritor

Luisa Castro, Poeta

Juan Francisco Ferré, Escritor


Entidades Organizadoras
Instituto Cervantes
(Nueva York)

Fechas
20/10/2009 (18:00 h.)

Lugar
Instituto Cervantes
211-215 East 49th Street
10017 Nueva York
(ESTADOS UNIDOS)

martes, 13 de octubre de 2009

LA FLOR DEL MAL (1): HISTORIA DE UNA OBSESIÓN


Al principio, como siempre, hay un asesinato. O mejor, dos. Dos mujeres asesinadas con una década de diferencia y en la misma ciudad, Los Ángeles. Elizabeth Short (1924-1947) y Geneva Hilliker Ellroy (1915-1958). Una aparece descuartizada en un descampado, en la esquina entre la calle 39 y Norton Avenue, el 15 de enero de 1947. Y la otra estrangulada en El Monte, entre Kings Row y Tyler Avenue, el 22 de junio de 1958. Una era morena y la otra pelirroja. Ambas habían mantenido relaciones sexuales en los días previos a su asesinato. Una tenía 22 años y estaba soltera, aunque soñaba con casarse y tener hijos. La otra tenía 43 años, estaba casada con un hombre débil y fracasado al que engañaba todo el tiempo con otros hombres y tenía un hijo de 10 años, el futuro novelista James Ellroy, que acabaría dedicando un libro a cada una de ellas, las dos mujeres de su vida, asesinadas impunemente: en 1987, La dalia negra, una obra maestra grotesca y escalofriante del género negro, la novela donde Ellroy reconstruía con método febril las truculentas circunstancias del asesinato de Elizabeth Short, que le había fascinado desde la infancia como sucedáneo imaginario del asesinato de su propia madre, a quien dedicaba la novela (“una despedida de sangre”/ “un sangriento adiós”, según las traducciones) después de reconciliarse con ella a través de la ficción; en 1996, Mis rincones oscuros, la crónica negra de la muerte de su madre a partir de los datos recabados por un detective contratado por el propio Ellroy.

La doble cicatriz del ser

Al escribir La dalia negra, la conexión traumática entre ambos crímenes y ambas mujeres, como Ellroy ha confesado en el postfacio a una reedición americana reciente, se consumó de modo definitivo: “No podía llorar abiertamente por Jean. Podía llorar por Betty. Podía desviar la vergüenza de un apetito incestuoso hacia un objeto de deseo más seguro”. Jean Hilliker no era sólo para su hijo la mujer que lo maltrataba emocionalmente y le imponía el rigor religioso como norma de vida, a pesar de sus flagrantes adulterios. Ellroy vivía bajo su hechizo sensual: “La sorprendía en la cama con otros hombres. Vivía por esos destellos de desnudez. La admiraba y la deseaba y logré mi deseo con su muerte”. La siniestra sonrisa de Betty Short, como burla del horror y replica facial al tajo monstruoso que seccionaba su cadáver, sería el vínculo carnal de este doble asesinato tan decisivo en la vida y en la obra de “una de las imaginaciones más sangrientas de la literatura moderna”, como la califica Peter Wolfe.

Turbio y perturbador, como no podía ser menos, así es el mundo descrito en La dalia negra, una novela que pulsó, según Ellroy, “los aspectos más profundos de mi inconsciente”. Se trata quizá de la primera ficción policíaca donde los detectives actúan guiados por motivos personales inconfesables, se comportan como obsesos patológicos, rastrean las pistas como animales dotados del más refinado olfato sexual y persiguen a los culpables con pasión instintiva y salvaje. En suma, funcionan en la trama como dobles genuinos del escritor que ha reconocido “haber nacido para vivir y pensar de modo obsesivo”. En su juventud angelina, Ellroy vivió una vida desenfrenada y golfa de delincuente, voyeur y acosador compulsivo de mujeres, adicto al alcohol, a las drogas y a la violencia, hasta que su cerebro estuvo a punto de abrasarse y decidió dar un giro hacia una forma de vida más inteligente.

“Cherchez la femme” en Mulholland Drive

La así llamada “dalia negra” es un fantasma lúbrico compuesto de múltiples rostros y nombres humanos que se ocultan tras esa designación exótica: Bette, Betsy, Betty, Beth, Bett, Lizzie, Lizz, como la llamaban quienes padecieron alguna vez su malsana influencia (en la ficción, Madeleine Sprague, doble perverso de Betty, simula esta identidad mitológica como componente de su seducción). Según Steven Hodel, este alias de flor exuberante y lujuriosa alienó a la chica de su identidad real y la transfiguró en maléfica ficción popular: “Todo el mundo conocía su historia, pero nadie sabía quién era”. En la novela de Ellroy, todos los que llegaron a conocerla coinciden en destacar dos rasgos del temperamento de Betty: era una especie de camaleón humano, capaz de adaptarse a los deseos de quien estuviera con ella, y, además, poseía una enfermiza tendencia a la fabulación, esto es, a generar sobre ella incontables mentiras que terminaron engullendo la verdad de su historia. A raíz de su espantosa muerte, alcanzó el estrellato mediático y la celebridad estelar con que había soñado siempre.

En cualquier caso, las versiones contradictorias y los rumores sobre su vida han seguido multiplicándose tanto como las posibles soluciones al infame asesinato. La más cruda la expone Steven Nickel: “Durante un tiempo trabaja como chica de compañía con un estilo de vida brillante. Algunos de sus clientes son productores de Hollywood que le prometen papeles en películas, pero no tarda mucho en degenerar y convertirse en una prostituta callejera enganchada al alcohol y las drogas, fotografiándose desnuda y viviendo ocasionalmente con una amante lesbiana”.

Sin embargo, una de las teorías policiales más escabrosas refiere una malformación genital de Betty, precisamente, como estigma secreto de su anatomía y móvil misógino del crimen. El asesino se vengaría así de la morbidez de la carne femenina, troceando el cuerpo impenetrable de manera espectacular y presentándolo ante el ojo público en una grotesca pose que acentuara el efecto de maniquí perverso o muñeca rota.

El cadáver exquisito

El asesinato de Elizabeth Short, como el de Laura Palmer, su hermana de sangre en Twin Peaks, es una herida abierta por la que supura toda la podredumbre del sueño americano. Cada año se publican nuevas contribuciones a este caso mítico (“una mezcla de Poe y Freud”, según Jack Webb) que sigue funcionando como detonante psíquico innegable. Todas revelan un deseo sensacionalista de poseer la verdad y un designio inconsciente de incorporar el crimen a las fantasías, fantasmas o traumas privados de sus autores.

En El vengador de La dalia negra, un ex policía de Los Ángeles, Steven Hodel, imputa a su propio padre, el médico George Hodel, del sádico crimen y de otros similares cometidos en la misma época. Como prueba adicional, Hodel aporta la relación personal entre su padre y el artista Man Ray, cuyas fotografías eróticas de mujeres seccionadas habrían prefigurado la postura macabra en que fue hallado el cadáver de Betty. Adelantándose a Hodel, Janice Knowlton (Papá fue el asesino de La dalia negra) ya había acusado del crimen a su malvado progenitor, George Knowlton, que la violaba y maltrataba con frecuencia y era un conocido profesional del estupro que abastecía de niños a notorios pederastas de la elite angelina.

En El cadáver exquisito, la monografía más reciente, sus autores (Mark Nelson y Sarah Bayliss) reducen al absurdo sin pretenderlo la tesis de Hodel al argumentar que detrás de este abominable asesinato estaría el gusto esotérico por la estética surrealista de moda entonces en los círculos sociales más exclusivos de Hollywood. Así mismo, Mary Pacios (Sombras de la infancia), una supuesta amiga infantil de Betty, no se avergüenza de incriminar al cineasta Orson Welles, fundándose en la morbosa atracción de éste por la anatomía femenina desmembrada. Estas fantasiosas interpretaciones delatan, como siempre, la manía filistea americana de acusar al artista o al esteta, cuya sensibilidad diferente lo abocaría infaliblemente al crimen considerado como una de las bellas artes.

En Seccionada, en cambio, John Gilmore esclarece con cierta verosimilitud la inculpación de Jake Wilson, delincuente alcoholizado y psicópata potencial pero, sobre todo, eterno aspirante a actor como Betty Short. Por último, la investigación más rigurosa y convincente hasta la fecha es la que conduce a Donald Wolfe (Los archivos de La dalia negra) a descartar una por una las versiones anteriores (excepto la de Gilmore, parcialmente confirmada) y acusar del asesinato, con pruebas contundentes, al famoso gángster Bugsy Siegel, sicario mafioso al servicio del magnate de la prensa Norman Chandler, quien habría dejado embarazada a Betty y querría librarse de ella cuando se negó a abortar.

América confidencial

A contracorriente de toda hipótesis convencional, Ellroy urde en su novela sobre el caso una hipnótica trama de círculos concéntricos donde las relaciones tortuosas entre los sexos y la corrupción generalizada, ya sea inmobiliaria, familiar, policial, cinematográfica, política o social, hallarían en el cadáver mutilado y desfigurado de Elizabeth Short no sólo un centro vertiginoso y una tenebrosa metáfora, sino un pretexto sensacional para ilustrar la gran tesis incriminatoria que Ellroy sostiene desde hace años contra su país. La pérdida de la inocencia de América en algún momento de su historia es una mentira institucionalizada, un infundio nacional en nombre del que se siguen cometiendo toda suerte de crímenes. No existe tal inocencia ni ha existido nunca. Para Ellroy, América es, desde el principio, radicalmente culpable de cuantos crímenes se la acusa.

LA FLOR DEL MAL (2): HOLLYWOODLAND


El poeta Auden llamó a Los Ángeles “el gran lugar equivocado”, queriendo decir, probablemente, que era el lugar ideal para desarrollar la comedia humana de los equívocos y los errores (sin olvidar, por supuesto, los horrores, los engendros, los monstruos, tan abundantes en la zona). Hollywood no es Los Ángeles, ni Los Ángeles es Hollywood, qué duda cabe. Hollywood es Cinelandia (Gómez de la Serna dixit), una emanación artificial de Los Ángeles, un subproducto sintético de esta metrópoli californiana creado por la confabulación de los deseos, los intereses, los sueños y las pesadillas de muchos cerebros a uno y otro lado de la pantalla.

No por casualidad, es ahí, en ese cielo o infierno a la medida de la imaginación de la clase media planetaria, donde sucede la trama criminal de La dalia negra. Precisamente a los pies de la colina donde se exhibe el letrero “Hollywoodland”, en una casa vacía transformada para la ocasión en cámara de tortura con estudio de cine porno anexo, muere Elizabeth Short, brutalmente sacrificada a la divinidad del lugar.
Un agudo reseñista de la película ha señalado la conveniencia de entender su oscuro argumento como “la historia del pecado original de Hollywood”. ¿Qué es lo que Brian de Palma lleva escenificando desde sus principios sino el “crimen perfecto” que el cine clásico cometió al encubrir los impulsos libidinales que dieron origen a Hollywood como factoría universal de fantasías colectivas? Detrás de su manía referencial, el rasgo de estilo que le pertenece como marca subjetiva en un código tan despersonalizado como el de la industria americana, no hay ningún homenaje a los modos sublimes del cine anterior sino un ceremonial festivo de liberación de lo reprimido en ellos, una recreación lúdica y carnavalesca del estilo antiguo como signo extremo de modernidad crítica, celebración y condena del artificio narrativo hollywoodiense.

El director de Vestida para matar y Doble de cuerpo conoce como nadie (con la excepción quizá de David Lynch) la médula carnal de la imagen cinematográfica: cada gesto, cada personaje o relación, cada escena e incluso cada corte del montaje parodian los paradigmas encumbrados del cine de Hollywood. Cine dentro del cine, La dalia negra recrea la realidad histórica y novelesca reciclando en color las películas míticas de la época en que se cometió el espantoso crimen, pero proyectando también sobre ellas la estética voyeurística y la mirada excesiva (gore y pulp a la vez) de un tiempo como el nuestro, que ha tomado conciencia de los horrores del pasado y el presente y se muestra desengañado de toda ilusión trascendental y obsesionado con las representaciones más (porno)gráficas de la realidad.

En este sentido, hay secuencias antológicas en esta excelente película, como aquella en que la cámara se alza como en Ciudadano Kane por encima de un edificio decrépito, donde reside el principio de la corrupción, como anuncian los cuervos en el tejado que graznan con el augurio funesto que aprendieron de Poe o de Hitchcock, para mostrarnos a lo lejos el cadáver femenino troceado y tirado en la hierba antes de que nadie lo descubra; o cuando el detective Bucky Bleichert fuerza la confesión final en la mansión de los Sprague destruyendo a tiros preciosos jarrones y lámparas lujosas, momento granguiñolesco digno de Robert Aldrich en su mejor época donde la ficción hace suya la idea de Ellroy de que la cultura y la clase son cómplices de la barbarie y el crimen.

Pero De Palma reserva otra sorpresa audiovisual tanto a sus seguidores como a sus detractores, y prueba así que no es solo el mirón misógino que algunas espectadoras creen. Volviendo a recursos y técnicas de sus comienzos (Greetings y Hi, Mom, sobre todo), y prefigurando, en cierta forma, el magnífico dispositivo de Redacted, nos presenta a Elizabeth Short como una mala actriz de ficciones ajenas en diversas pruebas cinematográficas incorporadas a la trama como falso metraje documental. Estas tomas en blanco y negro, crueles y conmovedoras a un tiempo, con la voz imperativa de Brian de Palma dirigiendo su actuación y la vulnerable presencia carnal de Mia Kirshner, logran desnudar el alma de Betty ante la cámara y penetrar en la entraña de su fantasía adolescente sin tapujos. Con toda su sórdida existencia a cuestas de falsa mujer fatal y prostituta barata, Elizabeth Short no era otra cosa que una pobre espectadora subyugada por el espejismo especular y espectacular de Hollywood, y soñó muchas veces a solas con la posibilidad de verse en la pantalla interpretando grandes papeles dramáticos como las divas cinematográficas cuya aura mítica tanto admiraba. Por fin lo ha conseguido, muchos años después, aunque sea con la cara y el cuerpo de otra más bella y mejor actriz (Ellroy dixit). No podía ser de otro modo en una película de Brian de Palma, gran especialista en toda clase de mutaciones y transmutaciones erógenas, conmutaciones y permutaciones de cuerpos.

martes, 6 de octubre de 2009

EL RELATO ROBADO (Redux)

El mutante tiende a reformular lo extraordinario en sobrehumano, en los límites de la especie. En suma, es una excepción de la que se interroga su capacidad para convertirse en regla, y es por lo que la singularidad que presenta se propone de antemano como una generalización en curso. El monstruo es la excepción que pone a prueba la regla, o que vuelve problemático su estatuto de regla; pero el mutante transforma la regla, abre la posibilidad de otro juego.

Thierry Hoquet

François Monti, uno de los mejores conocedores de la literatura norteamericana (posmoderna o no) que conozco y refinado catador de la "narrativa mutante" española, ha publicado una espléndida traducción de mi ensayo El relato robado en el blog Fric-Frac Club. El ensayo se publicó por primera vez en la revista Quimera en diciembre de 2003, con el subtítulo "Notas para la definición de una narrativa mutante", dentro del dossier “Literatura norteamericana: más allá del posmodernismo", coordinado por Eloy Fernández Porta (otro gran conocedor de la literatura norteamericana, una más entre sus innumerables scienzas). Recomiendo, pues, su (re)lectura en francés a todos los que estén interesados en entender cómo ciertas lenguas multiplican la proyección virtual de ciertos conceptos...