lunes, 2 de febrero de 2009

OTRO NARRADOR MUTANTE


Ya conocíamos a Javier Moreno (Murcia, 1972) como poeta. Había publicado en 2006 un poemario imprescindible, Cortes publicitarios[1]. Desde la poesía, Moreno estaba contribuyendo (como Agustín Fernández Mallo[2], Vicente Luis Mora[3] o Manuel Vilas[4], entre otros) a la definición de una nueva sensibilidad literaria que no podía tardar, como se ha visto, en producir sus efectos sobre una narrativa española en pleno proceso de mutación y renovación estética. Una narrativa innovadora que asumiría los nuevos formatos y referentes culturales, así como la impureza tecnológica y audiovisual de la sociedad de consumo, sin renunciar a las exigencias y ambiciones de la modernidad artística.

Click[5] es producto de un novelista que se deja contagiar por los lenguajes de la filosofía y de la ciencia para describir un mundo que dista de ser “confortable”. En el margen de error delimitado por el uso de esta metáfora, como un desliz del lenguaje y la inteligencia, es donde inscribe Moreno el dispositivo de esta novela cuántica en la que todo lo que ocurre está sometido al “principio de incertidumbre”, incluido el narrador y protagonista, aquejado de indefinición existencial.

De este modo, Click se organiza como la narración en primera persona de la experiencia singular de un don nadie, valga la paradoja, un tal Quisque Serezádez que en su nombre híbrido cifra los rasgos principales de su problemática identidad: el hombre cualquiera (el “hombre sin atributos”) y la gran cuentista oriental, la embaucadora número uno de la historia, que difiere su muerte y la de otras congéneres con un gesto de fabulación interminable. Y en esta inversión del gesto narrativo fundacional radica el núcleo duro de la novela: Quisque cuenta su tragicómica historia jugando a la ruleta rusa contra sí mismo y aplazando, con cada “gatillazo” de la pistola que apoya en la sien como una apuesta contra el azar, su muerte al infinito. Es esta dilatada sentencia de muerte la que autoriza, con su ejecución inminente, todos los caprichos y artificios novelescos puestos en juego en el texto, en especial los anacronismos y las digresiones sin cuento.

Como sus predecesores literarios (Tristram Shandy o Brás Cubas, entre los clásicos), el narrador de Moreno pretende poner a prueba los fundamentos de la realidad a partir de una investigación filosófica no exenta de humor, afín a la experiencia patafísica propugnada por Alfred Jarry. Como hombre de su tiempo, Quisque se dedica a la estadística, es decir, a la ciencia que reduce la vida a los parámetros de lo probable y normal, lo homogéneo y rutinario. Mientras como fabulador subjetivo practica la ciencia de lo anómalo e improbable, lo excepcional y único. En este sentido, no debería extrañarnos que Click sea también una novela de amor o de amores y amoríos, donde al final triunfa la verdad del artificio encarnada en un sinuoso cuerpo femenino. Sin dejar de apretar el gatillo cada vez, en un desafío tanático digno de un gran seductor desesperado, el narrador nos presenta una galería de nueve mujeres fascinantes (un parnaso erotizado) con las que mantuvo relaciones antes de caer por accidente en ese estado de postración rememorativa.

En cualquier caso, el clic de la pistola y el clic del ratón que construye el discurso cibernético de la novela se confunden con otros clics (la onomatopeya distintiva de la era digital), como el de la máquina fotográfica con la que el protagonista pretende atrapar la belleza obsesiva y contingente de las mujeres. Es gracias a este deseo imposible de fijar la belleza como el narrador acaba descubriendo, al fotografiar desnuda a la última de sus musas vitales (Alicia, una actriz de cine), el principio de simulación que rige la realidad. La belleza es un simulacro, el signo sensible de que la realidad es sólo superficie, pura apariencia sin trascendencia. Desde una perspectiva femenina, es irónico en grado extremo que esta revelación fundamental sancione la muerte del narrador masculino y de toda una idea trasnochada de la cultura.

Como declara Quisque poco antes de que el último clic se transforme en el bang que cierra la trama: “constato que la belleza ha de ser una especie de inteligencia pues en tu cuerpo se cifra y encarna la más admirativa de las retóricas”. Esta idea condensa con ingenio la estética neobarroca de toda novela mutante.


[1] Devenir, 2006.
[2] Joan Fontaine Odisea (La poesía señor hidalgo, 2005), Carne de píxel (DVD, 2007) y Creta Lateral Travelling, recién reeditado por Sloper con un diseño primoroso.
[3] Mester de Cibervía (2000), Nova (2003) y Construcción (2005), todos en Pre-Textos.
[4] Resurrección (2005) y Calor (2007), los dos en Visor.
[5] Click, Candaya, Barcelona, 2008.

9 comentarios:

Vicente Luis Mora dijo...

Excelente, JF. No tuve tiempo de escribir sobre esta novela en su momento, pero ya no hace falta: me sumo sin ambages a lo que dices. Vamos, que me apunto por la cara. Abrazos.

J. A. Montano dijo...

Buena reseña, sí. Pero, si se admiten sugerencias, a ver si algún días nos escribes sobre tu amiga Beatriz Preciado. He visto sus vídeos y la chica me parece que tiene una empanada mental considerable. (¡Hablando, claro está, desde mis esferas conservadoras de vida y pensamiento!)

J. A. Montano dijo...

Por cierto, este "otro" narrador mutante se llama igual que el director actual de El País. ¡A ver quién dura más en el panorama!

Vicente Luis Mora dijo...

Estoy leyendo precisamente a Preciado y no creo que tenga ninguna empanada. En realidad, lo que me sorprende es su inteligencia (eso sí, es muy provocadora, a veces escama tanta exhibición personal). Contaré más cuando acabe de leerla, pero JF la ha leído mucho más que yo. Saludos, JAMon Tano

J. A. Montano dijo...

Pues estaré pendiente, Vicente: el desempanador que la desempane, buen desempanador será...

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

El feminismo revolucionado a base de dosis masivas de testosterona en gel de la amiga Preciado es la única salida digna que nos queda a los mustios falócratas de toda la vida. A mí el libro me pone a cien como ficción y como teoría y aún más como teoría ficción. Ya sé Montano a lo que llamas "empanada", en otras tierras menos ásperas lo llaman "bollo". En el caso de Preciado no es mental, precisamente, y maneja y admite varios tamaños patentados. Cuando se lo monta con su amiga Despentes las páginas se caldean y hasta el doctor House, tan flemático voyeur de sus cosas, perdería la compostura si pudiera verlas en acción flagrante, sacándole la lengua y los colores a la cultura patriarcal instalada en tantas cabecitas de hombres y mujeres. Conviene leerlo en paralelo a la Teoría King Kong de la nada virginal Virginie (editado con primor aquí por Melusina la temporada pasada), son como dos versiones, una más a lo divino y otra a lo humano, de la misma pasión y la misma experiencia ontológica de la condición femenina en fuga de los estereotipos castradores. Dos clítoris parlantes y deslenguados, con una labia punzante que ya la querrían nuestros predicadores de aldea. BP y VD son el dúo escénico más cachondo y estimulante de la bastante amuermada escena intelectual de nuestros días. Y Beatriz es una inteligencia de first order, como él/ella mismo/a dice: estaba cantado que la universidad española no sabría qué hacer con un espécimen de su condición. Se equivoca: ninguno de los rectores españoles (ni siquiera ése en que estáis pensando) se perdería su multitudinaria autopsia...
A ver si me animo y escribo la reseña del Testo Yonqui, me lo pide el cuerpo tanto como la cabeza, por admitir estos desajustes cartesianos de los que la máquina BP ha venido a curarnos. El capítulo sobre el porno, por ejemplo, a pesar de todas sus deudas foucaultiano-deleuzianas y otras, me parece que está a la vanguardia de lo mejor que se está pensando hoy en cualquier lengua sobre lo que (nos) está pasando, deviniendo, derivando. Y todo el mundo hablando de la crisis económica. Un poquito de originalidad, please...

J. A. Montano dijo...

Jajaja, pues habrá que leerlo (¿con una sola mano?). Por lo demás, he de decir que en ningún momento he puesto en duda su inteligencia: de hecho, las mejores (o más densas) empanadas mentales se fabrican con altas dosis de inteligencia... sólo que de una inteligencia por lo general abandonada a sí misma; es decir, verborreica. Pero veremos, veremos. Aunque no lo parezca: estoy abierto a todo, como Jodorovski!

Raquel Giménez dijo...

Por fin una teoría práctica y una praxis política del transgénero sin censuras. Avanzamos, Beatriz. Aunque mejor no enzarparse demasiado con el gel transparente e inodoro. L@s que tenemos asignado el género femenino disponemos también de testosterona para dar y tomar, siempre que le demos permiso al cerebro para desencadenar por sí mismo oleadas de excitación y empoderamiento. Se trata (creo yo) de una cuestión de libertad. Apoderarse del propio cuerpo quizá pasa por permitir fluir libremente al cerebro. Ponerse como una moto no tiene género, pero se nos ha vendido como privilegio masculino versus perversión femenina. La testosrerona es de tod@s; la llevamos incorporada. Sólo que nos da miedo ceder libremente a sus efectos.
Enhorabuena, valiente, por defender ante tod@s la subversión del corsé genérico, mediante la praxis-experimentación de la libertad en tu propio cuerpo. Eres la caña.
Saludos.

Raquel Giménez dijo...

Y para que se note que estudié lógica formal en la facultad, rectifico la primera frase de mi anterior comentario. Donde digo "teoría práctica" quiero decir "teoría practicable", aunque quizá la primera expresión hubiera colado como paradoja poética (¿o poesía paradójica? uy...qué follón).
En fin. Más saludos.