[Philip K. Dick,
Valis, Booket, trad. Rubén Masera,
2017, págs 304]
Un libro como este, para empezar a leerlo como corresponde, obliga a
plantearse al lector muchas dudas y preguntas. Algunas se refieren a la propia
condición del libro y otras al mundo en que el libro aparece. La primera
cuestión seria a dilucidar es si se trata de una novela ambigua o de un texto
sagrado de una nueva religión gnóstica aún por fundar.
“Valis”
es la primera entrega de la inacabada “trilogía Valis”, donde Dick se planteó
revisar en clave de ficción científica las cuestiones trascendentales de la
historia, la política y la espiritualidad humanas. Así como Nietzsche sucumbió
a la locura para consumar el designio de su filosofía, así Dick llevó al límite
la experiencia mental de la contracultura (paranoia socio-política, videncia
lisérgica, espiritualidad difusa, neurosis religiosa) para alcanzar un nivel de
lucidez en la comprensión de la realidad como demuestra esta trilogía decisiva
escrita entre 1976 y 1982. Todo había comenzado del modo más trivial, después
de una década (los sesenta) de vida inestable y cierta fatiga respecto de las
posibilidades de la ficción. La sensación de que escribir no sirve para nada y
de que por más que el escritor se empeñe en atacar sus sistemas simbólicos los
poderes que mantienen este mundo bajo control permanecen intactos.
El 19 de febrero de
1974, tras la extracción de la muela del juicio, Dick padece una neuralgia
aguda. Su mujer Tessa llama a una farmacia solicitando un analgésico. Al abrir
la puerta, Dick se encuentra con que la chica morena que le trae el fármaco lenitivo
lleva al cuello el colgante de un pez. Dick le pregunta por este y ella le
contesta que es el símbolo de los primeros cristianos. En ese momento, sus
veintidós años de escritor de ficciones con mundos alternativos, tiempos
dislocados, viajes entre distintos planos de realidad, conspiraciones
virtuales, juegos interplanetarios y demás temas de su literatura imaginativa
cristalizan en una revelación privada. No está viviendo en la siniestra América
de Nixon sino en la Roma de Nerón. La Historia se detuvo alrededor del año 70
a. C. y persiste, desde entonces, la misma dictadura (el “Imperio”, según Dick)
que impone su dominio totalitario sobre la realidad a través de artificiosos
mecanismos de ilusión cognitiva. Dick entiende entonces que es tiempo de
ponerse a escribir ficciones que revelen la existencia de un “vasto sistema activo
de inteligencia viva” (VALIS) que sirve, como generador de realidades, para
preservar el engaño metafísico de que el mundo visible es real y no un
holograma espectacular.
Para contar esta
experiencia, Dick crea en “Valis” una narración esquizofrénica donde el
protagonista, Amacaballo Fat, acaba identificándose como Philip Dick. Esta
bipolaridad del relato es producto de un espejismo nominal: Philip equivale, en
griego, a “amante de caballos”, y Dick, en alemán, significa “Fat” (grasa). Ese
desdoblamiento de máscaras narrativas funciona como ficción dentro de la
ficción y convierte a “Valis” en una autobiografía fantástica de los últimos
años de Dick, así como los miles de fragmentos de la “Exégesis”, escritos en
esa misma época, funcionan como su credo espiritual.
Tras la muerte de
Dios anunciada por la filosofía nietzscheana a fines del siglo diecinueve, todo
el siglo veinte es la historia de las disputas ideológicas y culturales por
rellenar ese vacío con creencias, mitos e idearios sucedáneos. Con “Valis” Dick
consuma su narrativa, construyendo una nueva mitología cósmica para el tiempo
del capitalismo triunfante y abriendo de par en par una puerta de salida de la
era cristiana, una vía de escape para el cuerpo y la mente.
