viernes, 15 de mayo de 2026
lunes, 11 de mayo de 2026
TODAS LAS HIJAS EN LA CIUDAD DE LOS ESPEJOS (Y LOS ESPEJISMOS)
Ágil y lleno de escenas admirables, gamberro y cultísimo, cargado de erotismo y provisto de una apabullante densidad de significados, Todas las hijas de la casa de mi padre es un artefacto literario tan ambicioso como potente sobre el descubrimiento de uno mismo —que requiere buscar fuera: en los demás, en el arte— y sobre la búsqueda de la libertad.
(«Sexo, aprendizaje, Málaga y Shakespeare», Daniel Gascón, Babelia, El País)
Juan Francisco Ferré es uno de los narradores más
peculiares, únicos e inimitables de las letras actuales. Imprescindible.
(Publishers
Weekly)
En fin, esa
predilección por la discrepancia es lo que empuja la novela de Ferré, que
ofrece una revisión crítica —y gamberra, y lúcida, y despelotada— de ese momentum
vibrante que cambió un país a finales de los 70. A diferencia de otras
novelas, en esta, por obra y gracia del lenguaje, es posible incluso la
invención de un mundo, el que pudo haber sido también la Transición.
(«Un evangelio apócrifo de la Transición», Santiago García Tirado, Quimera)
Son necesarios escritores como Juan Francisco Ferré, que
arriesgan, que ponen su fértil imaginación al servicio de una narrativa muy
necesaria que rompe cánones y abre nuevas perspectivas al quehacer novelístico.
(«Todas las hijas de la casa de
mi padre, de Juan Francisco
Ferré: el lenguaje osado y rico», Francisco Recio, Abril, El Periódico de Cataluña)
Leí con
mucho gusto, jaleo, locura y admiración tu última novela. Menos mal que dios no
quiso tantas cosas y que aquí están, a su pesar, tantas historias tremendas.
Gracias por hacerme llegar el libro y por regalarme unas horas
felices con él.
(Luna Miguel, comunicación privada)
Su osadía literaria (formal y temática) es única
en nuestros lares. Haces lo que Goytisolo pretendió en su narrativa, yendo aún
más lejos, puesto que adoptas el punto de vista femenino y sitúas la acción en
un país cutre como el nuestro y en un contexto en el que pensábamos que todo
estaba permitido. Al final del libro dejas comprender que "tan solo fue un
sueño". Quelle
chute!...Es una lástima que no pueda
traducirlo en sentido inverso, merece una difusión internacional. Esperemos que
haya una editorial que sepa ver la audacia del libro.
(Emilio
Blasco, comunicación privada)
Una voz femenina gnóstica, andrógina y carnal,
quien, a modo de Sherezade, narra sus turbulentas peripecias en una
urbanización de Málaga durante la Transición.
(Manuel
Sollo, La Biblioteca de Manuel Sollo)
Quizá esta sea la descripción más cercana a la sensación
subyacente que emana de leer novelas como Todas las hijas de la casa de mi padre. La misma en la que, tras cúspides muy
altas como Karnaval y Providence, vuelve a asomar la genialidad del escritor
en cuestión, a través de quien, una vez más, el caleidoscopio estilístico
hilvanado transita los códigos del misterio, coming of age y la
novela erótica, entre otras incursiones genéricas.
(Marcos Gendre, El Enano Rabioso)
Gran literatura y una de las novelas más brillantes del año.
(Héctor Márquez, El Tercer Piso)
Al igual que en novelas anteriores, como Karnaval (2012) o Revolución (2019), Juan Francisco Ferré despliega su arrolladora potencia verbal
y su capacidad de fabulación en Todas las hijas de la casa de mi padre. Tan irreverente como cervantino, el autor
ha sabido crear una novela de novelas, escrita en primera persona desde una voz
femenina.
(«Una Sherezade turbulenta, carnal y sexual», Diego Vaya, Diario de Sevilla, Málaga Hoy, Europa Sur)
En el panorama
de la narrativa española reciente, el nombre de Juan Francisco Ferré es tan insoslayable
como difícil de clasificar. Aunque alguna vez quisieron encasillarlo en la llamada
Generación Nocilla, el desarrollo de su obra, con
títulos como Providence,
Karnaval, La vuelta al mundo, El rey del juego o Revolución, habla de
una literatura personalísima y en permanente huida de las etiquetas fáciles. Algo
que vuelve a suceder con su última novela, Todas las hijas de la casa de mi
padre, publicada por Anagrama.
(Alejandro Luque, Revista Mercurio)
Y un día antes, en la Galería Max Estrella, LA MÁQUINA DE ESPEJOS 3:
ENCUENTRO EN LA TERCERA FASE
EUGENIO AMPUDIA (Artista)
&
JUAN FRANCISCO FERRÉ (Escritor)
miércoles, 6 de mayo de 2026
ÚLTIMAS CRÍTICAS ANTES DEL APAGÓN (1): HISTORIA DE UN CLON
[Edward Ashton, Mickey 7, Booket, trad.: Simón Salto
Navarro, págs. 350]
Después de la gran revolución en el proceso evolutivo (la llegada del sexo y de la muerte) aparece la gran involución: su objetivo es, a través de la clonación y de muchas otras técnicas, liberarnos del sexo y de la muerte…La inhumanidad de esta tarea es legible en la abolición de todo lo que es «humano, demasiado humano» en nosotros: nuestros deseos, nuestros defectos, nuestras neurosis, nuestros sueños, nuestras desventajas, nuestros virus, nuestras locuras, nuestro inconsciente e incluso nuestra sexualidad. Se están preparando recetas para todas las cualidades específicas que nos hacen ser seres vivos únicos. El espectro que ronda a la manipulación genética es el ideal genético, un modelo perfecto obtenido por la eliminación de todos los rasgos negativos.
-Baudrillard, “La solución final: La clonación, más allá de lo humano e inhumano”, en La ilusión vital, Siglo XXI, 2002, pp. 16 y 28-
En el principio de los tiempos, fue el reino de
los inmortales, los seres divinos que desafiaban la cronología. Con el avance
de la evolución, nacieron las diferencias, nació la reproducción sexual y con
ella el individuo y la muerte. Este relato evolutivo está inscrito en nuestras
células desde el comienzo de la andadura de la especie en el planeta Tierra, y
cada célula contiene, por tanto, los fundamentos de la vida y la muerte de
nuestros cuerpos, así como encierra la posibilidad genética de multiplicarlos
al infinito. En esto basó el teórico Baudrillard una serie de reflexiones críticas,
desde comienzos de los años ochenta (“Clone story”, artículo incluido en Simulacres et Simulation) hasta finales de los años noventa y principios del siglo XXI (ver epígrafe), sobre la complejidad de los procesos de lo
que denominaba “la ilusión vital”. La cuestión crucial concerniente a la
clonación es “la cuestión de la inmortalidad”, decía Baudrillard, un deseo humano
inalienable y una fantasía activa en los experimentos de la ciencia y la tecnología.
Ahora bien, ¿qué pensaría Baudrillard sobre una
novela donde un clon es el protagonista y narrador irónico de su propia
historia espacial? ¿Qué ideas debería revisar sobre la relación de lo humano
con la replicación de sus individuos por métodos tecnológicos? Es esta la vía
más iluminadora para acceder a los secretos filosóficos de una obra como esta,
tan entretenida como original, leve y divertida, que le ha servido a Bong
Joon-ho para proseguir su carrera después de “Parásitos” y que, sin embargo, no
le ha reportado el éxito global que se auguraba. Y la culpa, desde luego, no es
de la estupenda novela de Ashton, ni por supuesto del pensamiento de
Baudrillard, sobre el que la mayoría de los espectadores lo ignoran todo, ni
tampoco del talento indiscutible de su director.
Ashton demuestra conocer a fondo las bases del
género de la ciencia ficción, y los autores canónicos, así como las obras que
han marcado su evolución en el último siglo (Asimov, Heinlein, Aldiss, Clarke,
Dick, Robinson, etc.), y también la ciencia ficción dura (Gregory Benford), con la que se
maneja con destreza profesional. En toda ciencia ficción lograda el factor
ciencia tiene que funcionar, por supuesto, y la ficción debe sostenerse sobre
un andamiaje narrativo, de trama y personajes, lo bastante convincente como
para que el lector no abandone la lectura en el vacío del espacio galáctico. El
componente supremo, en este género tan contemporáneo, lo supone siempre la
reinvención de la ciencia y la tecnología a través de la imaginación de máquinas
insólitas. En este caso, Ashton concibe una bioimpresora capaz de generar
enésimas copias de un organismo cada vez que este desaparezca, recreando
primero su cuerpo, el soporte somático idéntico, al que luego se le acopla,
mediante un complejo procedimiento de transferencia, toda la información
neuronal almacenada de su encarnación anterior. Las escenas más brillantes de
la novela coinciden, por esto, con los episodios donde la condición paradójica
del clon, como trabajador prescindible y fetiche sexual de sus explotadores, es
puesta a prueba de manera radical, enfrentándose incluso a la insidiosa
presencia de un doble problemático.
La historia de este séptimo clon alegoriza así la historia de la individuación al revés, como una cuenta atrás en la que a medida que los clones van siendo destruidos y creados, creados y destruidos sin inmutarse, se va generando una resistencia a la inmortalidad y una aceptación del peso de la singularidad ligada a la mortalidad, es decir, a la desaparición definitiva, que a su vez se asume como conciencia de ser y de perseverar en lo que se es hasta el fin. Ahí nace Mickey Barnes, el narrador regenerado de esta aventura interestelar, como último avatar de un individuo desesperado que dejó de serlo para multiplicarse hasta encontrar una réplica que se planteara volver a ser un hombre irrepetible y único, fortalecido por el amor de una mujer excepcional (Nasha) y la complicidad ecológica con una población de criaturas extraterrestres de inteligencia prodigiosa.
lunes, 4 de mayo de 2026
LA MÁQUINA DE ESPEJOS (2)
Con el ojo de la imaginación, desde el
romanticismo al menos, si no antes, levantar la mirada para contemplar las
estrellas en el cielo nocturno se convirtió en un acto poético, un gesto
visionario, una confrontación con el infinito. Desde el siglo XX, ese mismo
ojo, o su hermano gemelo, la pupila de la fantasía, aprendió a superponer naves
espaciales, astronaves de todos los tipos, tamaños y procedencias, a ese
paisaje oscuro poblado de planetas habitados o deshabitados, estrellas
luminosas y galaxias en expansión, siendo solo un instrumento de la voluntad de
poder tecno-científica de la humanidad, o un producto del impulso o el deseo
humano de ir más allá: más allá de los límites del planeta, más allá de los
límites de la especie, más allá del sistema solar, más allá del infinito…
domingo, 26 de abril de 2026
MÁS ALLÁ DE LO HUMANO Y LO DIVINO (VOLUMEN 11)
Poscash desde la Moncloa: el círculo vicioso de la Hispanidad
Por un mecanismo reaccionario que acostumbra a movernos en todos los órdenes de la cultura…tendemos a inscribir la obra nueva dentro del círculo de las obras viejas. Es verdaderamente perverso el placer que siente un español cuando encuentra algo de hoy hecho enteramente con lo de ayer. Eso de que hoy no sea hoy, sino ayer, nos produce un frenesí de entusiasmo. En cambio, no podemos tolerar la petulancia que muestran algunas cosas al pretender ser nuevas, distintas y hasta ahora no sidas. La innovación, el gesto creador, ese ademán con que se suscita algo nuevo sobre el haz del mundo nos parece casi, casi un gesto indecente, incompatible con la dignidad nacional.
-Ortega y Gasset-
martes, 21 de abril de 2026
EL BRAZO TONTO DEL PODER
Pasó el
huracán “Torrente” y arrasó todas las expectativas políticas, dejando detrás una
estela de éxito y perplejidad. Los sociólogos y politólogos a sueldo del
gobierno y la oposición aún andan a ciegas, sin salir de su asombro, tirando de
calculadoras electorales que ya no funcionan. “Torrente, presidente” era un
espejismo millonario, un trampantojo proyectado en pantalla grande para
engañarnos con sus sortilegios irónicos, una caricatura tramposa diseñada por su
ingenioso creador para hacernos creer que la realidad es mejor que la película.
La realidad, por desgracia, es mucho más grosera y obscena.
No hay más
que ver a Ábalos, el apologeta del sanchismo, y a su fiel escudero Koldo
sentados en el banquillo de los acusados, como dos maleantes profesionales,
para comprender la cruda verdad de la situación. Estos grotescos personajes
representan a un país donde la picaresca y el esperpento mantienen una venenosa
vitalidad desde hace siglos. No hay comparación posible con Europa. Por menos,
en cualquier país de la UE, el único miembro de la trama que ha rehuido los
tribunales, de momento, se habría visto obligado a dimitir, aunque fuera por su
responsabilidad en los desmanes perpetrados.
La ambigua singularidad
del producto ibérico vale para la izquierda y la derecha, desde luego. Pero
cuando uno recuerda el ímpetu con que Ábalos trepó a la tribuna de oradores del
Congreso para lanzar un sermón contra la corrupción sistémica del PP de Rajoy y
una defensa ardiente de la ética progresista de su proyecto, y ahora lo ve enfrentándose
a los jueces del Supremo, soberbio y desafiante como un crápula siciliano, tras
pasar unos cuantos meses en la cárcel, no puede sino pensar que esto es una
tomadura de pelo, un simulacro insultante, una puesta en escena fraudulenta solo
destinada a la militancia más autista o sectaria. Que esta cutre banda de cuatreros
se haya lucrado con el sucio negocio de las mascarillas mientras nos
confinaban, aprovechando el pánico a la covid, es un crimen infame. Y todo
ello, señoras y señores del jurado, sin mencionar los agravantes de prostitución
y enchufismo.
Si en una democracia corresponde al Tribunal Supremo la corrección de los vicios y abusos del poder ejecutivo, es una prueba escandalosa de que la anomalía gobierna y la anormalidad usurpa el poder por decreto. En una democracia genuina, esa cosa rara, solo las urnas deciden. Ya va siendo hora. Salvo que vivamos de verdad, al final, en el mundo aberrante de la película de Segura.
domingo, 12 de abril de 2026
MÁS ALLÁ DE LO HUMANO Y LO DIVINO (VOLUMEN 10)
Presentamos, desde el convento, el
primer poscash jamás
realizado: una charla sin complejos ni reloj, más allá de lo divino y lo
humano, comentando los Premios Goya, la actualidad geopolítica mundial, la liaison de la "Nouvelle Vague" con Balzac, la obsesión de Dick con el imperio romano, el estreno de la nueva
película de Santiago Segura, etc. De Sirāt a Torrente
Presidente, pasando por Los Domingos y el libro Instrucción
de novicias…
miércoles, 8 de abril de 2026
LA MÁQUINA DE ESPEJOS
DESPEGA LA MÁQUINA DE ESPEJOS CON LAIA ESTRUCH Y CARLOS
PARDO A LOS MANDOS
Un nuevo programa de la Feria Estampa comisariado por Jesús Alcaide y Juan Francisco Ferré
... el
futuro o, más bien, la proyección del futuro en el presente, la sombra del
futuro en los signos de la realidad. El arte y la literatura comparten la tarea
de desciframiento de esa presencia enigmática. La quimera del futuro o la
utopía del porvenir: ese lugar paradójico, ese lugar sin lugar más allá de la
imaginación y el deseo...
Juan Francisco Ferré, novelista y crítico cultural.
Es esta futuridad, este aún por-venir, lo que nos
lleva a buscar en la ficción especulativa, la escritura de anticipación y las
artes contemporáneas, rastros y huellas a partir de los cuales plantear paralajes
y conexiones que nos ayuden a comprender los procesos de transformación de
nuestro(s) tiempo(s).
Jesús Alcaide, comisario independiente.
SÁBADO 11 DE ABRIL DE 2026
El próximo sábado 11 de abril, pondremos en marcha
La máquina de espejos, nuevo
programa de la Feria Estampa: un
encuentro entre ficción especulativa, arte, literatura y ciencia ficción. Jesús Alcaide y Juan Francisco Ferré, comisarios del proyecto, nos guiarán en este
viaje comparativo a través del encuentro entre la obra de Laia Estruch (Barcelona, 1981) y la escritura de Carlos Pardo (Madrid, 1975).
La cita tendrá lugar en la Galería Ehrhardt Flórez (C. de San Lorenzo, 11, 28004, Madrid) a las 12:30h.
miércoles, 1 de abril de 2026
AMARGA SEMANA SANTA
[Publicado ayer en medios de Vocento]
Amarga
nada, amarga nadería. No hay que ser un ateo redomado como Almodóvar para
entender que la Semana Santa es el anticlímax de la Navidad, o el clímax de sus
presagios más sombríos. Meses después, las luminosas esperanzas e ilusiones de
la Navidad se derrumban en un escenario trágico y sangriento. La belleza
escalofriante del cuerpo martirizado y el dolor de esa madre plantada al pie de
la cruz, padeciendo el tormento del hijo en sus carnes, no tienen igual en las
culturas del mundo.
Durante dos
mil años esa imagen poderosa funcionó en el inconsciente colectivo de creyentes
y no creyentes como un recordatorio de la tragedia de la vida. La tragedia,
como decía Unamuno, tan humano, de nacer para morir. La imagen desnuda de la
muerte sin redención moral. Una imagen aún más agónica y terrible, para los que
no creemos en los misterios de la trascendencia, de la pulsión ciega con que
venimos a este mundo. La eutanasia de Noelia Castillo, cuyo calvario vital hizo
rasgarse las vestiduras a toda España hace unos días, no es sino la
feminización del fenómeno. La mortificación, el sacrificio de vidas y cuerpos
en nombre del absurdo de la existencia.
El planeta
Tierra es el teatro ideal para escenificar la tragedia, alzando la cruz al
cielo para mostrarle al creador de la vida lo que esta significa para nosotros.
El proceso biológico de la vida es complejo, pero sus mitos y símbolos son
escasos y preciosos. Por eso, el signo de la cruz y la crucifixión del hijo del
hombre solo pueden ser terrestres. Visitando la semana pasada la colección de
arte de Manuel Expósito en Castelldefels, me asombré ante una fascinante
escultura de la maravillosa Marina Vargas: “La piedad invertida”, donde
Jesucristo sostiene en brazos el cadáver en éxtasis de su madre o su amante
muertas. La pieza fue intervenida por la artista para realzar su carnalidad
tras serle diagnosticado un cáncer y el efecto estético es aún más
impresionante.
Y ya que
estamos en faena religiosa, solo me cabe recomendar la lectura ferviente en
estos días de “Instrucción de novicias”, el libro de Ana Garriga y Carmen
Urbita, las hijas de Felipe, que revoluciona la visión de las esposas de
Cristo: las monjas de clausura y sus amistades particulares, sus amores
prohibidos y su pasión mística. Quizá sea cierto, como dicen las autoras, que
muchas mujeres sueñan con el convento para huir del patriarcado. Con la vida
beata en el convento, imagino, y con el cuerpo de Cristo crucificado. Jesús,
Jesús, cómo está el patio.
martes, 24 de marzo de 2026
IMPRESENTABLE PRESIDENTE (SPOILERS ALERT!)
Cuando no
sé bien qué hacer o qué pensar tengo una fórmula infalible. Voy al cine y
encuentro con facilidad una respuesta en la cartelera. Ensayo con Torrente
presidente y acierto. Es la película del momento. Entro en la sala repleta
impresionado por el paisaje de la muchachada que ocupa en masa sus asientos
aguardando con impaciencia la aparición en pantalla de su ídolo. Verás que no
me va a gustar. Me equivoco más que Pedro Vilches (perdón, Sánchez) con las
elecciones. Detecto a alguno de sus asesores infiltrado entre el público para
redactar un informe sesgado sobre la película. Cuando esta comienza, los
asistentes mandan a callar y se imponen el silencio y la atención en la sala.
Así permanecen durante toda la proyección, deglutiendo palomitas y chucherías
en cadena para hacer más digerible el espectáculo, o más tragable el mensaje,
no sé, hasta que prorrumpen en aplausos para celebrar el triunfo presidencial
de Torrente.
De qué va
esta farsa. Yo diría que hemos visto cómo Torrente le hacía un hijo por detrás
a la extrema derecha española. Más facha que los fachas. Y ese engendro
visceral es un hijo bastardo de Sancho Panza y Lázaro de Tormes, un pícaro
posmoderno degradado hasta la exclusión social, un
rufián patibulario que actúa a ratos como un Quijote cutre de las ideas más
mostrencas. Y no hay nada peyorativo en el retrato. El bufón esperpéntico
desborda tanto por la derecha que se cuela por la izquierda y desnuda la
impostura de todos los bandos. La izquierda postiza y la derecha beata reciben
su merecido castigo de burlas y escarnio. Y no es mucho comparado con la sátira
que Torrente destina a la ultraderecha neoliberal de Carrascal (perdón,
Abascal) y el poder socialista del presidente Vilches (perdón, Sánchez), que es
vil y no tiene nada de santo.
La intención populista es obvia. El humor carnavalesco, los chistes groseros, las bromas abyectas superan el umbral del mal gusto, pero no están solo al servicio de una catarsis cómica del inconsciente colectivo. El giro final, cuando hace su aparición estelar el villano número uno de Hollywood (Kevin Spacey) como supervillano global de la economía y la política para imponer la figura grotesca de Torrente sobre los otros candidatos en liza electoral, revela el alcance histórico de la propuesta. Ni Vilches (perdón, Sánchez) ni Carrascal (perdón, Abascal). Nos hemos ganado a pulso que presida nuestro destino, anarquista y onanista como es, el hombre de Atapuerca, quién mejor. Total, para lo que hay.
martes, 17 de marzo de 2026
TODAS LAS HIJAS EN BARCELONA EL DÍA DEL PADRE
Ágil y lleno de escenas admirables, gamberro y cultísimo,
cargado de erotismo y provisto de una apabullante densidad de significados, Todas las hijas de la casa de mi padre es
un artefacto literario tan ambicioso como potente sobre el descubrimiento de uno
mismo —que requiere buscar fuera: en los demás, en el arte— y sobre la búsqueda
de la libertad.
(«Sexo, aprendizaje, Málaga y Shakespeare», Daniel Gascón, Babelia)
Juan Francisco Ferré es uno de los narradores más peculiares,
únicos e inimitables de las letras actuales. Imprescindible.
(Publishers
Weekly)
En fin, esa
predilección por la discrepancia es lo que empuja la novela de Ferré, que ofrece
una revisión crítica —y gamberra, y lúcida, y despelotada— de ese momentum vibrante
que cambió un país a finales de los 70. A diferencia de otras novelas, en esta,
por obra y gracia del lenguaje, es posible incluso la invención de un mundo, el
que pudo haber sido también la Transición.
(«Un evangelio apócrifo de la Transición», Santiago García Tirado, Quimera)
Y, como
colofón, el domingo 22 a las 13 horas en el MACBA (sala de conferencias):
Kathy
Acker: Kick out the jams (liberando restricciones)
Una
conversación acerca de la recuperación editorial en España de la obra de la
escritora estadounidense Kathy Acker (New York, 1947/ Tijuana, 1997), novelista,
poeta, dramaturga, ensayista y activista feminista punk. Su obra, influida por
la actitud y estética de la generación de la Black Mountain School y de su
principal mentor William S. Burroughs, vuelve a nuestros días con una relectura
literaria y vital que insiste en la ruptura de estructuras de criterio
convencionales y abre en su lectura actual nuevas esferas de pensamiento, más
pertinentes que nunca.
Intervienen
Juan Francisco Ferré, escritor, crítico cultural y profesor de literatura
comparada.
Marina Vargas,
artista.
Eloy Fernández Porta, escritor, ensayista y crítico cultural.
Marc García,
editor de Kathy Acker en Anagrama.
Modera: Chema de Francisco, director Colecciona y Estampa.
miércoles, 11 de marzo de 2026
TIEMPO DESQUICIADO
[Este artículo fue publicado en medios de Vocento el martes 20 de enero. He retrasado publicarlo en este blog, como era mi deseo, porque su publicación en prensa coincidió, por desgracia, con la tragedia ferroviaria de Adamuz; y lo hago hoy, por fin, cuando se cumplen 22 años de la tragedia del 11-M. Simetrías diabólicas.]
Un
espectro recorre el mundo. Un seísmo global amenaza con derribar sus
estructuras, como anuncian las voces más alarmadas. Se nos caen las palabras a
pedazos y el sentido se desdibuja. Ya no sabemos a quién creer. Nadie conoce
con exactitud el alcance de los planes de Trump. El presidente americano se pelea
hasta con su sombra para demostrar que no le tiene miedo a nada en el
cuadrilátero planetario. China y Rusia, frotándose las manos con excitación, no
le quitan ojo y esperan agazapados sus tropiezos y traspiés. Y Trump está
moviendo hilos ideológicos en pos de la sumisión total de Europa a la OTAN.
De aquí a
noviembre veremos cosas inimaginables. La política europea no ha sabido
preverlas. Europa no tiene quien la defienda y su propia constitución es
contradictoria. Avanzar en la fusión federal es un proceso complicado y lento.
La soberanía nacional sigue siendo, a día de hoy, un valor fundamental para la
mayoría. No se pasa rápido de una Europa débil y dividida a los Estados Unidos
de Europa. La aceleración de los acontecimientos no lo permite.
La unión no
funciona en la cultura, asignatura pendiente de la eurozona desde sus inicios,
como se vio el sábado en la gala de los Premios del Cine Europeo. La diversidad
cultural europea conduce a la aberración monolingüe que impone el inglés como
lengua dominante de comunicación. Solo los italianos se expresaron en la lengua
de Dante, mientras los otros, incluidos los acomplejados hijos de Cervantes, lo
hacían en la lengua de Shakespeare, es decir, el idioma del imperio.
No nos
engañemos. El dominio del inglés no es un fenómeno diferente de lo que hace
Trump. Recordarnos, en definitiva, quién manda en el mundo desde el final de la
Segunda Guerra Mundial. Cuando ciertos analistas afirman que está cambiando el
orden geopolítico surgido de esa posguerra, precisamente, se olvidan de que es
el único actor capacitado para hacerlo en el contexto occidental. Nuestra
impotencia política es causa y consecuencia a la vez de la hegemonía yanqui de
la que Trump hace tan grosera ostentación.
Por desgracia, nuestros mayores enemigos son los que observan fríamente los desmanes del patoso gigante americano, acechando su caída. Los tenemos plantados en la frontera oriental de la UE aguardando su oportunidad e interpretando cada gesto que hacemos y cada decisión que tomamos. Es la clave geopolítica del momento, más allá del trampantojo de Trump. Salir de la historia no es tan fácil como algunos pretenden. Y enmendarla tampoco.
miércoles, 18 de febrero de 2026
MÁS ALLÁ DE LO HUMANO Y LO DIVINO (VOLUMEN 9)
De Hamnet y
Hamlet (la Gnosis de Shakespeare y de Joyce) a Hammett…
jueves, 29 de enero de 2026
MÁS ALLÁ DE LO HUMANO Y LO DIVINO (VOLUMEN 8)
Don Quijote, que fue un sueño, cabalga de nuevo | Pura Virtud
jueves, 8 de enero de 2026
LA ESTÉTICA GEOPOLÍTICA: CINE Y METACINE EN 2025
JUAN FRANCISCO FERRÉ
La narrativa no puede sino
seguir siendo alegórica, ya que el objeto que intenta representar -esto es, la
propia totalidad social- no es una entidad empírica y no se puede materializar
como tal ante el espectador individual.
-La estética geopolítica (Cine y espacio en el sistema mundial), Paidós, p. 70-
Mi “docena” adorada de películas de este año, con algunos dobletes y tripletes tramposos, más un suplemento iconoclasta y erótico, solo pretende rendir tributo a la creatividad inagotable del cine mundial y a la inteligencia de Fredric Jameson, uno de mis maestros a pesar de nuestras grandes diferencias, fallecido hace poco más de un año, cuando acuñó la fórmula “estética geopolítica” a comienzos de los noventa para describir el método cognitivo con el que se podía cartografiar la diversidad cultural de ese cine mundial. La literatura vive atrapada entre los límites de las lenguas nativas y las historias nacionales que la empobrecen, pero el cine vuela libre, más allá de todas las determinaciones lingüísticas, políticas, culturales o regionales, al encuentro de sus espectadores/as en salas de cine o en grandes festivales y cada año nos ofrece una cosecha plural y rica de la que pretendo dar cuenta con esta selección singular y sus listas complementarias. Ofrezco también una lista de mis películas favoritas de lo que va de siglo XXI, tan subjetiva como efímera…
Black Dog (Guan Hu)
La
historia contemporánea de China, sus mutaciones, virajes y cataclismos,
personificada y animalizada hasta extremos narrativos sorprendentes. Las
secuencias finales de la liberación de los animales y la fuga motorizada del
protagonista con su cachorro hacia una nueva vida, mezclando la música
insurgente de Pink Floyd y el cine contemplativo de Satyajit Ray, son antológicas
y estremecedoras, en una primera visión, e iluminadoras, en la segunda y en la
tercera y también en todas las siguientes.
Resurrection (Bi Gan)
Viaje
al fin de la noche artificial (cinematográfica) y el día fílmico. La historia
inconsciente del arte de la luz y de la oscuridad (la estética de las luces y
las sombras)
revisada en un largo sueño de opio por los ojos abiertos y el cerebro despierto
de un director chino que ha procesado todas las imágenes posibles e imposibles del
cine y las ha montado con un nivel de destreza técnica y belleza artística escalofriantes
y perturbadoras.
Miséricorde (Alain Guiraudie)
La
Francia profunda, la Francia popular, la Francia provinciana, la Francia rural, vista con el ojo hipermoral de Georges Bataille, más allá
del bien y del mal, y el cerebro
hiperestésico y sexual de Jean Genet. Una de las películas límite de la década.
Eddington (Ari Aster)
El
retrato más crudo y fidedigno (hiperrealista sin ser costumbrista) del presente
de la aberrante América de Trump en clave de parábola moral y sátira hiperbólica
y del horizonte de la pesadilla tecnológica que le sucederá en el futuro
inminente. Su visión nunca complacerá a ninguno de los bandos enfrentados en
esta guerra civil larvada…
Los sudarios (David Cronenberg)
Los
grandes tabúes antropológicos de la existencia (el sexo, la soledad, la enfermedad, la
muerte, el cadáver, la tumba, etc.) presentados con la levedad narrativa de
Kundera y el humor onírico de Kafka. Otra película límite de la década, sigue
sin estrenarse en muchos sitios.
Nouvelle Vague/Blue Moon (Richard Linklater)
Nunca
he sido muy devoto del cine de Linklater, pero este año, no sé bien por qué, ha
decidido convencerme de su talento y de su espíritu indomable, y lo ha
conseguido rindiéndose creativamente al genio díscolo de Jean-Luc Godard, el
cineasta que mejor conocía las entrañas económicas y el aliento artístico del
cine, y al ingenio mordaz de Lorenz Hart, un Oscar Wilde de la canción
popular americana del siglo XX. Y yo lo celebro doblemente como merece…
Bugonia (Yorgos Lanthimos)
Misantropía
en estado de gracia artística. Los extraterrestres ya están aquí y no son,
precisamente, los inmigrantes, legales o ilegales. Es incierto si son
benefactores ocultos de la humanidad doliente o si, por el contrario, son
destructores encubiertos bajo la apariencia de directivos de corporaciones capitalistas.
Humor negro y premisa irónica en este brillante remake de una película coreana
de culto que no desmerece el original y acendra su discurso con un desenlace cáustico y catastrófico digno de Margaret Atwood (la “trilogía de MaddAddam”) o de Stanley Kubrick (Dr. Strangelove). Emma Stone impagable (as ever). ¿Hay algo que dé una idea más adecuada
de la estética geopolítica, así como de lo que significa el cine mundial, que
una película dirigida por un griego, protagonizada por actores norteamericanos y
financiada con capital norteamericano, coreano, británico e irlandés que es,
además, una nueva versión de una película coreana de principios del siglo XXI?…
Cloud/Chime (Kurosawa Kiyoshi)
El
maestro Kurosawa vuelve a las fuentes de su cine (Cure, Charisma, Kairo) para ofrecer un doble psicoanálisis forense
del Japón contemporáneo en clave de devastación moral, criminalidad a flor de piel
y bucles tecnológicos infinitos.
Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderson)
Anderson
moviliza a Pynchon para diagnosticar la genealogía sexual de la ilusión utópica
y la pulsión revolucionaria y su fracaso histórico inevitable. La película más
pesimista sobre las posibilidades de un cambio político radical en el mundo se
oculta tras la pantalla ideológica (y la lección magistral de cine) de la
película más optimista y banal, y viceversa, configurando una imagen ambigua de
la situación compleja que atraviesa su país y el mundo globalizado. Es el complemento
perfecto a la aberrante visión de Eddington.
Sex/Dream/Love (Dag Johan Haugerud)
La (in)soportable levedad de la vida socialdemócrata nórdica (pace Knausgård) mostrada al desnudo, con todas sus paradojas, contradicciones, aporías y antinomias en torno al sexo, las relaciones, las emociones y los afectos, lo masculino y lo femenino, los fantasmas y las obsesiones íntimas de la masculinidad y la feminidad, la homosexualidad y el lesbianismo, la familia y la filiación, etc. Esta “trilogía de Oslo” es un prodigio de inteligencia en el guion, la dirección y la interpretación.
No Other Choice (Park Chan-wook)
El
mundo del capitalismo corporativo coreano, impregnado de valores neoconfucianos
heredados, mostrado a la luz de la demencia y el delirio de la competencia profesional
y la rivalidad laboral. El horizonte de pesadilla de la IA remata los enredos
de la trama y le da una proyección al futuro aún más eficaz e inquietante.
Los pecadores (Ryan Coogler)
El cine afroamericano se exalta a la máxima potencia en este musical de terror sociopolítico que es una fascinante alegoría sobre la vida de los negros americanos en el siglo XX (y más allá). Sexo gozoso, sangre infecciosa, violencia racial, vampirismo, inmortalidad, canciones y bailes dionisíacos para celebrar con brío su mensaje vital antirracista.
+ Parthenope (Paolo Sorrentino; episodio
del Milagro de San Gennaro)
El resto de la película se puede obviar, si se quiere, pero la secuencia felliniana en el templo barroco napolitano donde la bella Parthenope es iniciada por el cardenal Tesorone, como la reina de Saba por el rey Salomón en El cantar de los cantares, en los misterios carnales de la cultura judeocristiana y la mística erótica del catolicismo pagano es absolutamente memorable. Todo el cine de Sorrentino culmina aquí.
*Mis 12 películas del
siglo XXI (2000-2025)
Mulholland Drive (David Lynch)
In the Mood for Love (Wong Kar-wai)
Melancolía (Lars von Trier)
Trouble Every Day (Claire Denis)
El arca rusa (Aleksandr Sokurov)
The Neon Demon (Nicolas Winding Refn)
Poor Things (Yorgos Lanthimos)
Érase una vez en Hollywood (Quentin Tarantino)
Les Garçons sauvages (Bertrand Mandico)
Misterios de Lisboa (Raúl Ruiz)
El lobo de Wall Street (Martin Scorsese)
EO (Jerzy Skolimovski)
*Honorables menciones (sin orden de preferencia): Caught by the Tides, Edén, La trama fenicia, Strange Darling, Weapons, The Monkey, Valor sentimental, The Brutalist, Tardes de soledad, La chica zurda, The Feeling That the Time for Doing Something Has Passed, Grand Tour, Rumours, Confidencial/Presence, El dossier Maldoror, Sirât, Die My Love, La Tour de glace, Reflet dans un diamant mort...
*Decepciones: Mickey-17, A House of Dynamite, Babygirl, Life of Chuck, Del cielo al
infierno, Caught Stealing, Mirrors nº 3.
*La película más ridícula y bochornosa del año: Jay Kelly de Noah Baumbach, la enésima demostración de la mediocridad de este director y la debacle actoral (Tarantino ríe a carcajadas) de George Clooney…
*Horror de horrores: ni Drácula de Besson ni Frankenstein de Del Toro me parecen otra cosa que pastiches ostentosos y vacuos.
*Apoteosis del cine de terror: Weapons (del director de Barbarian), The Monkey (del director de Longlegs), Terrifier 3 (tercera entrega de la saga demoníaca del momento sobre un payaso tan maléfico como Trump y Putin juntos) y Strange Darling (perversa variación sobre el diabolismo femenino); y todo esto, después de la brillante trilogía Maxxine, por no hablar de Sinners, para demostrar la prevalencia de un cine de género audaz y desprejuiciado, antagonista de la corrección política y el buenismo sistémico…
*Esplendor del cine español minoritario: Tardes de soledad, Sirat, El cielo de los animales, Romería, Clasificado “S”: transgresión en la Transición…
*Películas recuperadas: Wicked Parte 1, Better Man, Un completo desconocido.
*Ciclo de cine eSotérico español: Amando de Ossorio, Eugenio Martín, Eloy de la Iglesia, Jesús Franco, José Ramón Larraz, León Klimovsky, Miguel Madrid…
*Revisiones cinéfilas: El hombre que mató a Liberty Valance, Pat Garrett & Billy the Kid, Il sorpasso, El hombre que vino a cenar, Gilda, Sangre y arena.
*Grandes ciclos cinéfilos: Preston Sturges y Budd Boetticher, dos maestros de un cine antagónico, yin y yang, femenino y viril, etc.
*Mejores series (por orden de preferencia): Pluribus, Black Mirror (7; y revisión de todas las temporadas anteriores), Alien: Earth, Andor (1 y 2), The White Lotus (3), The Bear (4), The Studio, Hacks (4), American Primeval, Yellowjackets (3), Día cero, The Last of Us (2), Asura, Severance (2), Fundación (3).
*Gran descubrimiento serial del año: La maravillosa Miss Meisel (1-5)
MANUEL ARIAS MALDONADO
Hacer listas que jerarquicen lo mejor que se ha visto en cada año natural es cada vez más complicado, salvo que uno se atenga de manera escrupulosa a las fechas del estreno comercial de cada película. Y ni siquiera eso basta: quienes vivimos en provincias no podemos ver todas las que nos gustaría, pues algunas de ellas no se estrenan ni pueden encontrarse fácilmente por otros medios. En cualquier caso, aquí van mis diez favoritas: todas las vi este año, ya sea en salas o festivales, aunque algunas están aún pendientes de estreno. Y he querido limitarme a diez, atreviéndome además a ordenarlas, porque así uno se obliga a seleccionar de verdad.
1. Resurrection
(Bi Gan).
2. El agente secreto
(Kleber Mendoça).
3. The Mastermind
(Kelley Richardt).
4. Tardes de soledad
(Albert Serra).
5. A la deriva
(Jia Zangh-Ke).
6. A House Full of
Dynamite (Katherine Bigelow).
7. Eddington (Ari
Aster).
8. Misericordia (Alain Girardeau).
9. Una batalla tras
otra (Paul Thomas Anderson).
10. Nouvelle Vague (Richard Linklater).
Menciones honorables: A Complete Unknown (James Mangold); The Brutalist
(Brady Corbet); La trama fenicia (Wes Anderson); Sirat (Oliver
Laxe); Un simple accidente (Jafar Panahi).
Me gustaron, pero no se
estrenaron: Holy Electricity (Tato
Kotetshvili); Seeds (Brittany Shyne); Our hero, Balthazar (Oscar
Boyson).
Me decepcionaron: Sentimental Value (Joachim Trier); Die My Love (Lynn
Ramsay); Train Dreams (Clint Bentley).
No pude ver: Blue Moon (Richard Linklater); Kontinental 25' (Radu
Jude); Mirror no. 3 (Christian Petzold); Magallanes (Lav Díaz).
TOP TEN 2000-2025.
También en la lista de las mejores películas del periodo 2000-2025 me he esforzado por establecer un orden que, a ese nivel, solo puede ser orientativo. Ni que decir tiene que he dejado fuera decenas de películas que hubiera querido incluir en ese breve listado; en cuanto a las obras más recientes, es difícil saber lo que hacer con ellas: es pronto para que compitan en igualdad de condiciones con las que ya se han asentado en nuestra memoria de espectadores y de ahí que estén menos representadas que el resto.
1. Mulholland Dr.
(David Lynch, 2001).
2. Copia Certificada
(Abbas Kiarostami, 2010).
3. The Master (Paul
Thomas Anderson, 2012).
4. Elogio del amor
(Jean-Luc Godard, 2001).
5. Toni Erdmann
(Maren Ade, 2016).
6. Platform (Jia
Zanghke, 2000).
7.
Melancolía (Lars Von Trier, 2011).
8. Mad Max Fury Road
(George Miller, 2015).
9. Once Upon a Time in
Hollywood (Quentin Tarantino, 2019).
10. Good Bye, Dragon Inn (Tsai Ming-Liang, 2003).
JOSÉ ÁNGEL BARRUECO
PELÍCULAS:
1-The Shrouds
(David Cronenberg)
2-Weapons
(Zach Cregger)
3-Eddington
(Ari Aster)
4-One
Battle After Another (Paul Thomas Anderson)
5-Mission:
Impossible - The Final Reckoning (Christopher McQuarrie)
6-Black Dog
(Guan Hu)
7-The
Brutalist (Brady Corbet)
8-Frankenstein
(Guillermo del Toro)
9-The Life
of Chuck (Mike Flanagan)
10-Sentimental
Value (Joachim Trier)
11-A House
of Dynamite (Kathryn Bigelow)
12- Sovereign (Christian Swegal)
13-The
Order (Justin Kurzel)
14-Sinners
(Ryan Coogler)
15-A Complete Unknown (James Mangold)
DOCUMENTALES:
1-Mr.
Scorsese
2-John
Candy: I Like Me
3-Super/Man:
The Christopher Reeve Story
4-Film Geek
5-Exorcismo:
The Transgressive Legacy of Clasificada 'S
6-Jaws @
50: The Definitive Inside Story
7-Beatles’
64
8-Brats
9-The Lost
Children
10-Stiller & Meara: Nothing is Lost
SERIES:
1-Adolescence
2-The Studio
3-Task
4-MobLand
5-Squid
Game. Temp. 3
6-Untamed
7-Slow
Horses. Temp. 5
8-The
Agency
9-The Bear.
Temp. 4
10-El eternauta
Sin ningún orden concreto:
1. Una batalla tras otra,
de Paul Thomas Anderson
2. Flow, un mundo que salvar,
de Gints Zilbalodis
3.
Daniela Forever, de Nacho Vigalondo
4. Aro berria, de Irati Gorostidi
5. Blue Moon, de Richard Linklater
6.
Una ballena, de Pablo Hernando
7.
Queer, de Luca Guadagnino
8. Los pecadores, de Ryan Coogler
9.
Kontinental ’25, de Radu Jude
10.
La trama fenicia, de Wes Anderson
11. Valor sentimental, de Joaquim Tier
12. Policán, de Peter Hastings
Y unas cuantas menciones especiales a:
-
La empresa de sillas (HBO), por ser la mejor serie del año.
-
Poquita fe (Movistar, segunda temporada), por ser la mejor serie española del
año.
-
La segunda temporada de Los
ensayos (HBO), porque hay que verla para creerla.
-
El magnífico doblete de
Josh O’Connor en The Mastermind y Puñales por la espalda: De entre
los muertos. Será una estrella.
-
El epílogo de The
Brutalist, uno de los más audaces que recuerdo.
-
Superman y Weapons, dos extraordinarios blockbusters veraniegos de un
estudio (Warner Bros.) en vías de extinción.
- Decorado, de Alberto Vázquez. Una joya que demuestra el inmenso poder expresivo de la animación.
TXEMA MARTÍN
1. 'Sirât',
de Óliver Laxe
2. 'Una
batalla tras otra', de Paul Thomas Anderson
3. 'Tardes
de soledad', de Albert Serra
4. 'Los
domingos', de Alauda Ruiz de Azúa
5. 'Un
valor sentimental', de Joachim Trier
6. 'Weapons',
de Zach Cregger
7. 'Aún
estoy aquí', de Walter Salles
8. 'Una
quinta portuguesa', de Avelina Prat
9. 'Flow,
un mundo que salvar', de Gints Zilbalodis
10.
'La luz que imaginamos', de Payal Kapadia
11. 'Caza
de brujas', de Luca Guadagnino
12. 'Father
Mother Sister Brother', de Jim Jarmusch
13. 'Maspalomas',
de José Mari Goenaga y Aitor Arregi
14.'Un
simple accidente', de Jafar Panahi
15. 'Extraño río', de Jaume Claret Muxart
GUILLERMO MAS ARELLANO
1. Eddington, de Ari Aster.
2. Black Dog, Guan Hu.
3. Sueños de trenes, Clint Bentley
(sobre una novela del gran Denis Johnson).
4.Una batalla tras otra, Paul Thomas
Anderson (sobre una novela del gran Thomas Pynchon).
5. Sirat, Oliver Laxe.
6. Los sudarios, David Cronenberg.
7. Tardes de soledad, Albert Serra.
8. A Complete Unknown, James Mangold
(biopic que retrata los años de formación del gran Bob Dylan).
9. Weapons, Zach Cregger.
10. Bugonia, Yorgos Lanthimos.
Serie del año en España: Superestar,
Nacho Vigalondo.
Serie del año fuera de España: Adolescencia, Stephen Graham.
Fracasos de la industria: F1, Frankenstein, Avatar, Misión Imposible, Una casa llena de dinamita… Poco talento para tanto presupuesto.
Mención especial (para mal): Jay Kelly, de Noah Baumbach, la peor (por pretenciosa) película del año, como me descubrió Juan Francisco Ferré.
Dato reseñable: a falta de un cine actual mínimamente interesante, es el año de Pier Paolo Pasolini, con la publicación de su extraordinaria novela póstuma Petróleo en España coincidiendo con el medio siglo recién cumplido de su asesinato en 1975.
JOSÉ RAMÓN ORTIZ
Si el 2025 fue el año de algo, fue el año
del simulacro. Me pasé doce meses persiguiendo la zanahoria del hype
cultural, entrando a salas de cine para ver esas supuestas "obras
maestras" de las que el algoritmo no paraba de hablar. Ya no tengo amigos
y mi conversación cinéfila se limita a los gritos de influencers en Tik
Tok. La realidad siempre fue la misma: el cine no deja de parecerme una
arquitectura del abandono. Ver una película hoy se siente menos como un acto de
entretenimiento y más como visitar un mausoleo.
Es
fascinante, casi perverso, cómo allá afuera, en la histeria digital, la
"conversación" sobre el cine parece estar en llamas, mientras que las
salas son páramos helados con tres o cuatro gatos dispersos. Lo confirmé ante
la inminente compra que hizo Netflix de la Warner: mucha gente rasgándose las
vestiduras, lamentando el fin de una era. ¿De qué sirve llorar si ya nadie está
viendo nada? Vivimos una muerte del espectador mucho más triste que la del
autor: para qué necesitamos grandes directores si no hay públicos. El ritual
colectivo del cine ha sido suplantado por un autismo compartido; ya no vemos
películas para comulgar con la imagen, sino para validar un reel en una
sala vacía.
Todo
esto me golpeó con la fuerza de un ladrillo viendo lo que Richard Linklater
cree que fue la Nouvelle Vague. Ahí, en la sala sin gente entendí que ya
no veo películas, sino que leo testamentos de una civilización perdida. Ver una
simulación Godard en 2025 se siente como ver las ruinas de una religión que ya
nadie practica. Lo que pasó con la Navidad cuando se convirtió en Santa Claus.
Y de todos modos, creo que esa película en blanco y negro y con una Zoey Deutch
imposible en su papel de Jean Seberg fue mi favorita del año que pasó, por una
sencilla razón: me hizo creer durante dos horas que todavía existe el cine.
Igual fue con Sinners y sobre todo con One Battle After Another
(o, “¿cómo sería una película si Robert Rodríguez supiera hacer cine?”).
Disfruté
mucho Nouvelle Vague porque me recordó que toda la pandilla de la Cahiers
du Cinéma nos vendió la mentira más hermosa del siglo XX: la idea arrogante
de que el cine podía ser filosofía, de que un corte de edición o un travelling
podían tener la misma densidad moral que un tratado de ética. Qué ingenuidad
tan conmovedora. Godard y compañía creían que la verdad se revelaba a 24
cuadros por segundo. Hoy, viendo esas butacas vacías, queda claro que el cine
ha dejado de ser ese espejo radical para convertirse en simple
"contenido", ruido de fondo para una sociedad que ha olvidado cómo
mirar.
Lo mejor de lo mejor (en orden descendente):
1.
Nouvelle Vague (Richard Linklater, ARP Sélection).
2.
Sinners (Ryan Netflix).
3.
Juan Gabriel: Debo, puedo y
quiero (María José Cuevas, Netflix).
4.
Kneecap (Rich Peppiatt, Fine Point Films)
5.
Born 2 Lose (Carlos Cardona, Independent, 2025)
6.
One Battle After Another (Paul Thomas Anderson, Warner Bros.).
7.
Friendship (Andrew DeYoung, A24).
8.
Grand Theft Hamlet (Pinny Grylls y Sam Crane, Project 1927).
9.
Common Side Effects (Joseph Bennett, Adult Swim).
10.
F1 (Joseph Kosinski, Warner Bros.).
Otras
películas y series favoritas (por orden alfabético):
1.
100 Nights of Hero (Julia Jackman, Erebus Pictures).
2.
1986: Estado de fuga (Carlos Moreno y Claudia Pedraza, Netflix).
3.
After the Hunt (Luca Guadagnino, Amazon MGM).
4.
Anemone (Ronan Day-Lewis, Focus Features).
5.
Asura (Hirokazu Kore-eda, Netflix).
6.
Black Bag (Steven Soderbergh, Focus Features).
7.
Blue Moon (Richard Linklater, Sony Pictures Classics).
8.
Cover Up (Laura Poitras y Mark Obenhaus, Netflix).
9.
Cuando llega el otoño (François Ozon, FOZ).
10.
Disney's Living Characters: A
Broken Promise (Kevin Perjurer, Defunctland).
11. Eddington (Ari Aster, A24).
12. El Eternauta (Bruno Stagnaro, Netflix).
13. Frankenstein (Guillermo del Toro,
Netflix).
14.Good
Boy (Ben Leonberg, Independent).
15. Hedda (Nia DaCosta, Amazon MGM Studios).
16.If I
Had Legs I’d Kick You (Mary Bronstein, A24)
17. It Was Just an Accident (Jafar Panahi, Les Films
Pelléas).
18.
Las muertas (Luis Estrada, Netflix).
19.Magic
Farm (Amalia Ulman, The Match Factory)
20.
Peacemaker (T. 2) (James Gunn, HBO).
21. Pe Wee as Himself (Matt Wolf, Elara Pictures).
22.
Secret Mall Apartment (Jeremy Workman, Wheelhouse Creative).
23.
The Chair Company (Andrew DeYoung y Aaron Schimberg, HBO)
24.
The Naked Gun (Akiva Schaffer, Paramount Pictures).
25.
Ugly Stepsister (Emilie Beck, Paradox, 2025).
26.
Vulcanizadora (Joel Potrykus, Oscilloscope Pictures).
27.
Weapons (Zach Cregger, New Line Cinema).
Menciones importantes: 28
Years Later (Danny Boyle); Black Mirror (T. 7)
(Charlie Brooker); Bugonia (Yorgos Lanthimos); Chespirito:
Sin querer queriendo (David «Leche» Ruíz); Culpa cero
(Valeria Bertuccelli y Mora Elizalde, Tarea Fina); John Candy: I Like Me
(Colin Hanks); Marcial Maciel: El lobo de Dios (Matías
Gueilburt); Predator: Badlands (Dan Trachtenberg); Superman
(James Gunn); The Ballad of Wallis Island (James Griffiths); The
New Yorker at 100 (Marshall Curry); The Paper (Greg
Daniels).
Películas y series que no vi antes de pensar esta lista: Highest 2 Lowest (Spike Lee, A24); Marty Supreme (Josh Safdie); Sentimental Value (Joachim Trier5); Sorry, Baby (Eva Victor); The Secret Agent (Kleber Mendonça Filho, Neon); The Studio (Seth Rogen y Evan Goldberg).
PEPO PÉREZ
Un año de cine extraordinario, en mi opinión. Mis favoritas:
O agente secreto (dir. Kleber Mendonça Filho).* Un viaje magnético y pausado al Brasil de la dictadura militar en 1977. El director tenía 9 años entonces, edad suficiente para recordar aquel país y aquella sociedad, que es lo que reconstruye en imágenes con una prodigiosa precisión (sur)realista. Entre el thriller político, la memoria histórica y el retrato de costumbres, la película, politonal, fluye orgánica e impredecible entre un coro amplio de personajes, escenas que “no aportan nada” a la narración (es un decir) y set pieces que dejan boquiabierto. La sensibilidad del New Hollywood —la de Friedkin en Sorcerer (1977) o Peckinpah en Bring Me the Head of Alfredo García (1974)— aplicada al cine actual y la cultura brasileña da obras maestras como esta. Vista en el 35º Fancine - Festival de Cine Fantástico de la Universidad de Málaga.
Resurrection* ( 狂野时代, dir. Bi Gan).* Si el título El agente secreto es misterioso porque no hay ninguno en la historia, al menos de modo literal, con esta cinta china pasa 3/4 de lo mismo. Tan enigmática como su título internacional, me dejó sensaciones extraordinarias: 1) no había visto una película igual; 2) el sense of wonder era constante; 3) parece tan del futuro como del pasado, pues en sus seis capítulos cita sucesivas etapas de la propia historia del cine. De factura orgullosamente “artesanal”, es otra maravilla vista en el 35º Fancine - Festival de Cine Fantástico de la Universidad de Málaga.
The Brutalist (dir. Brady Corbet).* Película tan imperfecta como apabullante, un epic de los que ya no se hacen, con una ambición inversamente proporcional a su presupuesto (irrisorio: no llegó a 10 millones $). Que la película parezca cara siendo barata ya es un indicio interesante. El intermedio de 15 minutos entre las dos partes, “obsoleto” por innecesario en las proyecciones digitales de hoy, se convierte en otro recurso artístico sutil.
Una batalla tras otra (One Battle After Another, dir. Paul Thomas Anderson).* Un tren-bala que te arrolla como espectáculo sensorial y te hace pasar sus 162 minutos en un suspiro (es muy divertida, resumiendo). Repleta de ideas de realización muy sofisticadas, la música de Jonny Greenwood vuelve a ser una maravilla a la altura de las imágenes y contiene actuaciones apoteósicas (ganan las chicas). Aunque PTA cambia el argumento de la novela base, Vineland, se mantiene fiel en espíritu, coralidad y variedad de registros, y de paso demuestra que es el cineasta más capaz para abordar películas pynchonianas. Cambia la época de la trama desde los 80 al siglo XXI, creo que con acierto, porque la temática (racismo USA > lucha por mantener la hegemonía blanca > polarización civil) es rabiosamente actual, casi con presciencia: se rodó antes del segundo triunfo de Trump/MAGA. Otro logro: que sea una película tan seria y tan poco seria al mismo tiempo, y por eso su sátira política nunca llega a lo bufo. En un segundo visionado me impresionó menos, pero sigue siendo una experiencia. Bolas extra: la cita a La batalla de Argel (1966) de Pontecorvo, una de mis pelis favoritas ever, y alguna secuencia que quedará en el futuro canon del cine USA. Esos cambios de rasante como olas en un mar de alquitrán.
Weapons (dir. Zach Cregger).* El director de Barbarian da en la diana con una película más personal de lo que parece: todo es fantástico y real al mismo tiempo, vía alegoría que nunca terminamos de captar del todo. El alcoholismo, el padre zombie (también por alcoholismo) al que su hijo pequeño debe cuidar y el duelo por el amigo muerto (que se cayó de un balcón, también borracho) son vivencias del cineasta, cuya “verdad” emocional nos llega filtrada a través de la fantasía. La ocurrencia de mezclar el cuento popular de hadas con Stephen King y las “vidas cruzadas” de Robert Altman y Magnolia funciona gracias a una realización virtuosa, igual que los cambios de tono según el personaje / punto de vista, “personas” con una humanidad muy palpable que permiten tocar temas relevantes sin subrayarlos: el uso de drogas, legales e ilegales, el duelo colectivo, el chivo expiatorio, la educación, el maltrato infantil o, sí, ese RIFLE flotante, una de las muchas imágenes icónicas que deja la película. No menos importante es su humor. El film cambia el tono cuando menos lo esperas, a veces solo con la forma de rodar una escena que “objetivamente” es de horror, y te hace reír. Cregger entiende y maneja la tradición del cine fantástico desde la autoría, y lo hace de un modo ahora mismo insuperable.
Misericordia (Miséricorde, dir. Alain Guiraudie).* Lo mejor de su director junto a El desconocido del lago (2013). Aquella era tremenda en su economía de recursos, esta es más compleja. Un thriller de provincias con sabor a Chabrol en el que Guiraudie sigue sorprendiendo por su poca vergüenza para las situaciones chocantes, por su ambigüedad sexual y moral y, sobre todo, por la comedia encubierta. Efecto Weapons: media sala se partía y la otra media no entendía de qué se reía la otra. Pero si te ríes con Misericordia, además, te sientes un poco culpable porque no siempre estás seguro de qué. Otro logro de Guiraudie.
No Other Choice (어쩔수가없다, dir. Park Chan-wook).* Imprevisible y precisa al mismo tiempo, lo nuevo del surcoreano es un thriller cómico-satírico
“neoliberal” que adapta una novela de Donald E. Westlake de 1997 que ya llevó al cine Costa-Gavras. La mejor película del coreano desde Oldboy (2003). Vista en
el 35º Fancine - Festival de Cine Fantástico de la Universidad de Málaga.
Train Dreams (dir. Clint
Bentley). El director (con su coguionista Greg Kwedar) cambia “lo
que tiene que cambiar” de
la novela corta base de Denis
Johnson (algo muy significativo: en el film el protagonista no participa
activamente en el linchamiento del leñador chino), aprovecha lo mejor del texto
y lo pone en imágenes memorables. Joel Edgerton hace el papel de su
vida como leñador en líneas de ferrocarril
a comienzos del siglo XX, con Felicity Jones y secundarios dándole réplicas
de altura. Con una fotografía y tono que retoman al Terrence Malick de The Tree of Life (2011), consigue representar en una hora y 42 minutos el
misterio de la vida, en toda su dimensión mítica, geológica, pequeña e íntima. “Talar árboles que tienen 500 años te trastoca, aunque no lo
sepas”, dice un personaje.
Nosotros, con suerte, vivimos cerca de 100.
Tardes de soledad (dir. Albert Serra).* El cineasta catalán sabe que al toreo le quedan tres telediarios, y ha corrido a documentarlo antes de que desaparezca. El resultado es su mejor película, con tres secciones contrapuestas: el torero místico y kamikaze, la tortura y matanza de los toros filmada como nunca antes había visto y la cuadrilla del matador. Esta aporta el contrapunto cómico y la jerga del oficio, también en extinción.
A House of Dynamite (dir. Kathryn
Bigelow). Tiene bemoles que en 2025 el tema de este film vuelva a ser tan
relevante como en la
Guerra Fría, durante los 60 o primeros 80. Sí, la posibilidad de una guerra
nuclear vuelve a ser plausible, así que
“Feels Like We Only Go Backwards” (Tame Impala). Un
thriller apocalíptico más complejo,
original y pensado de lo que parece en un primer visionado. Te deja poso durante varios días, signo
de que Bigelow sabe más que nosotros sus
espectadores. Es la obligación de todo director, pero no siempre se consigue. Aquí
sí.
The Mastermind (dir.
Kelly Reichardt).*
Le pasa algo parecido, es de acción retardada. En la sala me dejó casi
“indiferente” por su tono lánguido y nada enfático, a contracorriente del heist
canónico, pero… Reichardt knows better. Después vuelves a
recordar su atmósfera y su peripatético antihéroe, encarnado por un Josh O’Connor perfecto.
Nouvelle vague (dir. Richard Linklater).* Gozosa recreación del rodaje de À bout de souffle (1960), rodada impecablemente en b/n, con un guion “invisible” pero muy trabajado (cuatro guionistas) y un estilo que remeda con fortuna el de la nouvelle vague: ágil, ultradinámico, sin aliento. Muy graciosa además en su elección de anécdotas y su retrato de Godard. Puro cine, pura vida.
Vermiglio (dir. Maura Delpero).* Algunas nuevas directoras recientes se miran en el cine de los 70, y no del más fácil, exigiendo paciencia al espectador.
Si Pilar Palomero ha actualizado el legado de Erice mejor que él mismo —me refiero a Los destellos, best film español que vi en 2024— Alice Rohrwacher hace lo propio con
Pasolini. Delpero acude aquí al legado de
Ermanno Olmi (El árbol de los zuecos, 1978) y alguna
otra película setentera, dura, de los Taviani (Padre
padrone, 1977), añade un contexto
bélico (II Guerra Mundial) y aporta
elementos autobiográficos
de su propia memoria familiar. Resultado: un film de tono sereno que exige
atención, visualmente exquisito
y con actuaciones delicadas (esas niñas susurrando). Su retrato del pasado rural no se pierde en la
fascinación nostálgica; una corriente subterránea
lo atraviesa para criticar sin subrayados los modos de vida tradicionales bajo la vara
estricta de la religión
y los patriarcas.
Aún estoy aquí (Ainda estou aqui, dir. Walter Salles). Sólida memoria histórica construida con máximo rigor en su punto de vista narrativo, sostenido por una inconmensurable Fernanda Torres como Eunice Paiva, víctima y testigo de la “desaparición” de su marido a manos de la dictadura militar en Brasil en 1971.
Reflet dans un diamant mort (dirs. Hélène Cattet y Bruno Forzani).* Retro-exploit experimental que juega a divertirse, y divertirnos, con un pastiche absurdista muy basado. Reflejos tergiversados de Diabolik, el cine de euroespías y el giallo italiano de los 60 y 70; añádase un buen chorro de humor extravagante, marca de los directores, que entronca con la tradición surrealista belga. Vista en el 35º Fancine - Festival de Cine Fantástico de la Universidad de Málaga.
Banda sonora para un golpe de estado (Soundtrack to a Coup d'Etat, dir. Johan Grimonprez). Original ensayo visual a ritmo de jazz que documenta la descolonización del Congo belga y el asesinato de Patrice Lumumba. Un film audaz en montaje y recursos, con un trabajo de archivo impresionante. Muy relevante a la luz de los últimos acontecimientos mundiales.
Caja de resistencia (dirs. Concha barquero y Alejandro Alvarado).* Fascinante documental experimental sobre el legado del cineasta “maldito” Fernando Ruiz Vergara, que evita a menudo las “cabezas parlantes” para apostar por un acercamiento sensorial y oblicuo.
Warfare (dir. Alex Garland).* De realización arrolladora, aporta su granito novedoso a la tradición del cine bélico gracias a su rigor en el punto de vista. Admite dos lecturas paradójicas, como propaganda patriotera y como desmitificación patética del “ejército más eficaz” del mundo, pero eso ya depende de cada espectador.
Luger (dir. Bruno Martín).* Astracanada de serie B con mucho convencimiento y gracia, que aprovecha los localismos —la “fauna” del polígono industrial español— para construir una mitología de acción propia. Vista en el 35º Fancine - Festival de Cine Fantástico de la Universidad de Málaga.
Black Bag (dir. Steven Soderbergh). Ingeniosa y milimétrica, su tono frío como el hielo funciona como contrapunto al tema “candente” de fondo: abordar la pareja a través de los códigos de espías suele dar buenos resultados. Véase la miniserie Mr. & Mrs. Smith (2024, Donald Glover y Francesca Sloane).
No pudo ser
Películas relevantes o notorias que no me convencieron por diversas razones:
Sirât (dir. Oliver Laxe).* Demasiado sensacionalista y
“literal” para mi gusto. Su mejor película sigue siendo Mimosas (2016),
más poética y misteriosa: nunca le terminas de ver las costuras, al contrario
que Sirât.
Eddington (dir. Ari Aster).*
Con temas afines a Una batalla
tras otra, la sátira de PTA es humanista frente a la de Aster, muy cínica,
tanto que consiguió dejarme “fuera”.
Sinners (dir. Ryan Coogler). Potente en su
primera mitad,
errática en la segunda.
Father Mother Sister
Brother (dir.
Jim Jarmusch).* Gran idea sobre el papel, resultados irregulares y fallidos (en
el segundo segmento).
El extranjero (L’Étranger, dir. François Ozon).* Muy fiel a la novela, con escenas logradas, también en tono, pero no
termina de volar alto quizá por falta de audacia para despegarse del texto
original. Y cuando lo hace mete la pata: comenzar por el final para seguir en
un gran flashback no es buena idea. En general, pero aquí aún menos. Si
Camus no lo hizo…
Romería (dir. Carla
Simón).* Falta arte para llevar al cine estos “trozos de vida”.
Sentimental Value (dir. Joachim Trier).* Juega a ser demasiadas cosas a la vez, hasta
meter con calzador la memoria histórica sobre la ocupación nazi. Grandes
actuaciones, sí, pero para mi gusto falta enfoque y rigor conceptual.
A Complete Unknown (dir. James Mangold). Buena
realización pero innecesariamente convencional para mi gusto.
Los domingos (dir. Alauda Ruiz de Azúa).* Lo mismo que la anterior. Pero que sea tan relevante por el tema elegido dice mucho sobre nuestro tiempo.
Nota: *Películas vistas en sala de cine. Sin asterisco, vistas en plataforma digital.
__
Series
Este año he visto pocas
como para establecer una lista representativa, pero destacaría:
The Agency (Jez Butterworth y John-Henry Butterworth, temp. 1. Empecé a ver la original francesa, Le
Bureau des légendes, pero este remake me convence mucho más).
American Primeval (Érase una vez el Oeste, Mark
L. Smith, miniserie).
Blue Lights (Declan Lawn y Adam Patterson, temp.
3).








.jpg)















