viernes, 15 de mayo de 2026
lunes, 11 de mayo de 2026
TODAS LAS HIJAS EN LA CIUDAD DE LOS ESPEJOS (Y LOS ESPEJISMOS)
Ágil y lleno de escenas admirables, gamberro y cultísimo, cargado de erotismo y provisto de una apabullante densidad de significados, Todas las hijas de la casa de mi padre es un artefacto literario tan ambicioso como potente sobre el descubrimiento de uno mismo —que requiere buscar fuera: en los demás, en el arte— y sobre la búsqueda de la libertad.
(«Sexo, aprendizaje, Málaga y Shakespeare», Daniel Gascón, Babelia, El País)
Juan Francisco Ferré es uno de los narradores más
peculiares, únicos e inimitables de las letras actuales. Imprescindible.
(Publishers
Weekly)
En fin, esa
predilección por la discrepancia es lo que empuja la novela de Ferré, que
ofrece una revisión crítica —y gamberra, y lúcida, y despelotada— de ese momentum
vibrante que cambió un país a finales de los 70. A diferencia de otras
novelas, en esta, por obra y gracia del lenguaje, es posible incluso la
invención de un mundo, el que pudo haber sido también la Transición.
(«Un evangelio apócrifo de la Transición», Santiago García Tirado, Quimera)
Son necesarios escritores como Juan Francisco Ferré, que
arriesgan, que ponen su fértil imaginación al servicio de una narrativa muy
necesaria que rompe cánones y abre nuevas perspectivas al quehacer novelístico.
(«Todas las hijas de la casa de
mi padre, de Juan Francisco
Ferré: el lenguaje osado y rico», Francisco Recio, Abril, El Periódico de Cataluña)
Leí con
mucho gusto, jaleo, locura y admiración tu última novela. Menos mal que dios no
quiso tantas cosas y que aquí están, a su pesar, tantas historias tremendas.
Gracias por hacerme llegar el libro y por regalarme unas horas
felices con él.
(Luna Miguel, comunicación privada)
Su osadía literaria (formal y temática) es única
en nuestros lares. Haces lo que Goytisolo pretendió en su narrativa, yendo aún
más lejos, puesto que adoptas el punto de vista femenino y sitúas la acción en
un país cutre como el nuestro y en un contexto en el que pensábamos que todo
estaba permitido. Al final del libro dejas comprender que "tan solo fue un
sueño". Quelle
chute!...Es una lástima que no pueda
traducirlo en sentido inverso, merece una difusión internacional. Esperemos que
haya una editorial que sepa ver la audacia del libro.
(Emilio
Blasco, comunicación privada)
Una voz femenina gnóstica, andrógina y carnal,
quien, a modo de Sherezade, narra sus turbulentas peripecias en una
urbanización de Málaga durante la Transición.
(Manuel
Sollo, La Biblioteca de Manuel Sollo)
Quizá esta sea la descripción más cercana a la sensación
subyacente que emana de leer novelas como Todas las hijas de la casa de mi padre. La misma en la que, tras cúspides muy
altas como Karnaval y Providence, vuelve a asomar la genialidad del escritor
en cuestión, a través de quien, una vez más, el caleidoscopio estilístico
hilvanado transita los códigos del misterio, coming of age y la
novela erótica, entre otras incursiones genéricas.
(Marcos Gendre, El Enano Rabioso)
Gran literatura y una de las novelas más brillantes del año.
(Héctor Márquez, El Tercer Piso)
Al igual que en novelas anteriores, como Karnaval (2012) o Revolución (2019), Juan Francisco Ferré despliega su arrolladora potencia verbal
y su capacidad de fabulación en Todas las hijas de la casa de mi padre. Tan irreverente como cervantino, el autor
ha sabido crear una novela de novelas, escrita en primera persona desde una voz
femenina.
(«Una Sherezade turbulenta, carnal y sexual», Diego Vaya, Diario de Sevilla, Málaga Hoy, Europa Sur)
En el panorama
de la narrativa española reciente, el nombre de Juan Francisco Ferré es tan insoslayable
como difícil de clasificar. Aunque alguna vez quisieron encasillarlo en la llamada
Generación Nocilla, el desarrollo de su obra, con
títulos como Providence,
Karnaval, La vuelta al mundo, El rey del juego o Revolución, habla de
una literatura personalísima y en permanente huida de las etiquetas fáciles. Algo
que vuelve a suceder con su última novela, Todas las hijas de la casa de mi
padre, publicada por Anagrama.
(Alejandro Luque, Revista Mercurio)
Y un día antes, en la Galería Max Estrella, LA MÁQUINA DE ESPEJOS 3:
ENCUENTRO EN LA TERCERA FASE
EUGENIO AMPUDIA (Artista)
&
JUAN FRANCISCO FERRÉ (Escritor)
miércoles, 6 de mayo de 2026
ÚLTIMAS CRÍTICAS ANTES DEL APAGÓN (1): HISTORIA DE UN CLON
[Edward Ashton, Mickey 7, Booket, trad.: Simón Salto
Navarro, págs. 350]
Después de la gran revolución en el proceso evolutivo (la llegada del sexo y de la muerte) aparece la gran involución: su objetivo es, a través de la clonación y de muchas otras técnicas, liberarnos del sexo y de la muerte…La inhumanidad de esta tarea es legible en la abolición de todo lo que es «humano, demasiado humano» en nosotros: nuestros deseos, nuestros defectos, nuestras neurosis, nuestros sueños, nuestras desventajas, nuestros virus, nuestras locuras, nuestro inconsciente e incluso nuestra sexualidad. Se están preparando recetas para todas las cualidades específicas que nos hacen ser seres vivos únicos. El espectro que ronda a la manipulación genética es el ideal genético, un modelo perfecto obtenido por la eliminación de todos los rasgos negativos.
-Baudrillard, “La solución final: La clonación, más allá de lo humano e inhumano”, en La ilusión vital, Siglo XXI, 2002, pp. 16 y 28-
En el principio de los tiempos, fue el reino de
los inmortales, los seres divinos que desafiaban la cronología. Con el avance
de la evolución, nacieron las diferencias, nació la reproducción sexual y con
ella el individuo y la muerte. Este relato evolutivo está inscrito en nuestras
células desde el comienzo de la andadura de la especie en el planeta Tierra, y
cada célula contiene, por tanto, los fundamentos de la vida y la muerte de
nuestros cuerpos, así como encierra la posibilidad genética de multiplicarlos
al infinito. En esto basó el teórico Baudrillard una serie de reflexiones críticas,
desde comienzos de los años ochenta (“Clone story”, artículo incluido en Simulacres et Simulation) hasta finales de los años noventa y principios del siglo XXI (ver epígrafe), sobre la complejidad de los procesos de lo
que denominaba “la ilusión vital”. La cuestión crucial concerniente a la
clonación es “la cuestión de la inmortalidad”, decía Baudrillard, un deseo humano
inalienable y una fantasía activa en los experimentos de la ciencia y la tecnología.
Ahora bien, ¿qué pensaría Baudrillard sobre una
novela donde un clon es el protagonista y narrador irónico de su propia
historia espacial? ¿Qué ideas debería revisar sobre la relación de lo humano
con la replicación de sus individuos por métodos tecnológicos? Es esta la vía
más iluminadora para acceder a los secretos filosóficos de una obra como esta,
tan entretenida como original, leve y divertida, que le ha servido a Bong
Joon-ho para proseguir su carrera después de “Parásitos” y que, sin embargo, no
le ha reportado el éxito global que se auguraba. Y la culpa, desde luego, no es
de la estupenda novela de Ashton, ni por supuesto del pensamiento de
Baudrillard, sobre el que la mayoría de los espectadores lo ignoran todo, ni
tampoco del talento indiscutible de su director.
Ashton demuestra conocer a fondo las bases del
género de la ciencia ficción, y los autores canónicos, así como las obras que
han marcado su evolución en el último siglo (Asimov, Heinlein, Aldiss, Clarke,
Dick, Robinson, etc.), y también la ciencia ficción dura (Gregory Benford), con la que se
maneja con destreza profesional. En toda ciencia ficción lograda el factor
ciencia tiene que funcionar, por supuesto, y la ficción debe sostenerse sobre
un andamiaje narrativo, de trama y personajes, lo bastante convincente como
para que el lector no abandone la lectura en el vacío del espacio galáctico. El
componente supremo, en este género tan contemporáneo, lo supone siempre la
reinvención de la ciencia y la tecnología a través de la imaginación de máquinas
insólitas. En este caso, Ashton concibe una bioimpresora capaz de generar
enésimas copias de un organismo cada vez que este desaparezca, recreando
primero su cuerpo, el soporte somático idéntico, al que luego se le acopla,
mediante un complejo procedimiento de transferencia, toda la información
neuronal almacenada de su encarnación anterior. Las escenas más brillantes de
la novela coinciden, por esto, con los episodios donde la condición paradójica
del clon, como trabajador prescindible y fetiche sexual de sus explotadores, es
puesta a prueba de manera radical, enfrentándose incluso a la insidiosa
presencia de un doble problemático.
La historia de este séptimo clon alegoriza así la historia de la individuación al revés, como una cuenta atrás en la que a medida que los clones van siendo destruidos y creados, creados y destruidos sin inmutarse, se va generando una resistencia a la inmortalidad y una aceptación del peso de la singularidad ligada a la mortalidad, es decir, a la desaparición definitiva, que a su vez se asume como conciencia de ser y de perseverar en lo que se es hasta el fin. Ahí nace Mickey Barnes, el narrador regenerado de esta aventura interestelar, como último avatar de un individuo desesperado que dejó de serlo para multiplicarse hasta encontrar una réplica que se planteara volver a ser un hombre irrepetible y único, fortalecido por el amor de una mujer excepcional (Nasha) y la complicidad ecológica con una población de criaturas extraterrestres de inteligencia prodigiosa.
lunes, 4 de mayo de 2026
LA MÁQUINA DE ESPEJOS (2)
Con el ojo de la imaginación, desde el
romanticismo al menos, si no antes, levantar la mirada para contemplar las
estrellas en el cielo nocturno se convirtió en un acto poético, un gesto
visionario, una confrontación con el infinito. Desde el siglo XX, ese mismo
ojo, o su hermano gemelo, la pupila de la fantasía, aprendió a superponer naves
espaciales, astronaves de todos los tipos, tamaños y procedencias, a ese
paisaje oscuro poblado de planetas habitados o deshabitados, estrellas
luminosas y galaxias en expansión, siendo solo un instrumento de la voluntad de
poder tecno-científica de la humanidad, o un producto del impulso o el deseo
humano de ir más allá: más allá de los límites del planeta, más allá de los
límites de la especie, más allá del sistema solar, más allá del infinito…




