martes, 23 de octubre de 2018

ELOGIO DEL OBJETO SEXUAL


[Junichirô Tanizaki, El amor de un idiota, Satori, trad.: Makiki Sese y Daniel Vila, 2018, págs. 304]

Hay muchas formas de leer una novela deliciosa como esta, tan llena de pliegues y repliegues como un kimono tradicional. Una de ellas podría consistir en ponerla en perspectiva y entenderla en función del particular contexto cultural e histórico en que apareció serializada en distintas revistas entre 1924 y 1925, y en este mismo año como libro de enorme éxito entre una población de hombres desorientados y mujeres gozando de incipiente libertad. Otra lectura abordaría la significación de esta novela en el canon de Junichirô Tanizaki (1886-1965), un gran escritor que sin abandonar los caracteres específicos de su cultura supo incorporar las influencias occidentales más afines: Poe, Dostoievski y Baudelaire, desde luego, y en especial, Barbey D´Aurevilly, precursor amoral con Las diabólicas de este cuento cruel ambientado en la temprana modernidad nipona.
La historia responde, con sus múltiples episodios y sorpresas, a este sugestivo escenario masoquista. Un ejecutivo de vida desvaída, Joji, se prenda de una camarera quinceañera de baja extracción, Naomi, y decide convertirla, cual moderno Pigmalión, en una novia instruida, adorable y seductora. La ironía novelesca residiría en la resistencia tenaz del insinuante objeto de deseo a las manipulaciones de su obsesivo creador mediante una estrategia fatal. Como alegoría política y sexual, El amor de un idiota resulta una novela doblemente subversiva. Al final, la rebelde heroína no solo conseguirá ser una mujer emancipada, dueña integral de su exuberante cuerpo y despierta inteligencia, imponiendo esa libertad vital absoluta a su anodino benefactor a cambio de preservar su relación servil, sino que lo arrastrará además a renunciar a los rasgos simbólicos de la identidad japonesa, aceptando un apodo inglés y perdiendo la respetabilidad social, en favor de un contacto más provechoso con las maneras cosmopolitas de la cultura occidental.


Otra lectura posible de esta espléndida novela, de una penetración psicológica incomparable y de una refinada captación de los detalles y las sensaciones del drama carnal en curso, es traerla al presente para enfrentarse a los dilemas que, en esta era postfeminista, enturbian las relaciones entre hombres y mujeres, exacerbando el malentendido en que se fundan sus papeles respectivos en la comedia de los sexos. En esta mordaz parábola de Tanizaki, la transfiguración espectacular de la chica barriobajera y desvalida en femme fatale fílmica y mujer-objeto idolatrada sirve también para exponer una visión satírica de los endiablados mecanismos eróticos que subyacen a toda forma de poder y organización social. En tal sentido, El amor de un idiota muestra cómo el modo definitivo para una mujer de reventar las estructuras opresivas del patriarcado no pasa solo por constituirse como sujeto con voluntad propia y capacidad de acción, sino por asumir el poder real que, como objeto de deseo, la fantasía masculina le atribuye en su escenario mental con el fin de sucumbir a ella, como Joji, resignándose a una situación doméstica donde ya no posee el control ni la dignidad.
Si el deseo, como quería Kant, es la facultad de conferir realidad a su objeto, el instante sublime en que el objeto ya realizado pone ese deseo al servicio de su causa, como hace Naomi, supone la adquisición simultánea de una fuerza subjetiva experimentada en plenitud. El amor de un idiota representa así un paradigma del modo con que el discurso novelístico puede burlarse de la supremacía de los discursos objetivos y conducirnos, al mismo tiempo, a la verdad inaceptable que estos tratarían de encubrir.
Tanizaki es uno de los precursores de la turbulenta economía libidinal del presente. Sus novelas más prestigiosas han sido traducidas, solo faltaban las más obscenas y subversivas. Entre ellas esta, traducida ahora por segunda vez respetando el título original. Ahora hay que atreverse con Esvástica.

[La primera fotografía es la imagen de la portada de la edición japonesa de la novela de 2016 y la segunda fotografía procede de la maravillosa adaptación de El amor de un idiota (Chijin no Ai) dirigida por el gran Yasuzō Masumura en 1967.] 

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