martes, 19 de febrero de 2019

CRUCIFICCIÓN


[Philip K. Dick, El mundo que Jones creó, Minotauro, trad.: Juan Pascual Martínez, 2019, págs. 201]

Utopía. La Edad de Oro. No la habían encontrado en la Tierra. La última guerra les había hecho ver que eso nunca llegaría. Desde la Tierra se habían vuelto hacia otros planetas, habían construido una ficción romántica, se habían contado a sí mismos mentiras piadosas…

-PKD, El mundo que Jones creó, p. 109-


Una vez sumergido en el cosmos caleidoscópico de Philip K. Dick, el mayor placer con que se encuentra el lector es el de reconocer, libro a libro, las variaciones con que este autor excepcional declinó sus motivos fundamentales. Los temas que es posible rastrear en todas sus novelas y relatos adquiriendo en cada entrega un matiz diferente o una perspectiva innovadora. En esta novela temprana, por ejemplo, la precognición, la fe religiosa, la intrascendencia de la vida y la tentativa de conferirle sentido o sustancia, son cuestiones filosóficas que Dick formula usando los recursos de la ficción científica como medio idóneo para discutirlas sin imponer una solución autoritaria.
En este sentido, esta novela traducida por segunda vez al español (la primera fue en 1960 con el peregrino título de El tiempo doblado. Un mundo de mutanteses de una actualidad profética sorprendente. Tras una guerra que casi ha destruido el mundo y generado una multitud de seres mutantes, incluidos algunos sorprendentes como las criaturas de género reversible, una federación mundial toma la decisión de gobernar los destinos políticos del planeta e imponer el relativismo como doctrina que frene la nefasta influencia de las ideologías totalitarias que abocaron al conflicto. Pero el resultado no es tan optimista como cabría esperar. El relativismo convertido en ideario hegemónico termina produciendo un mundo decadente y tedioso y una virulenta reacción de signo contrario: la peligrosa aparición de un siniestro demagogo y líder de masas que encarna el poder omnímodo gracias a facultades precognitivas de anticipación del futuro. El carismático Jones del título, Floyd Jones, quien acaba movilizando con grandes mentiras a los humanos en contra de unos inofensivos invasores alienígenas (los derivos) y fracasando en sus planes antes de sacrificarse voluntariamente, manipulando al policía protagonista, Cussick, para que lo mate y pueda así transformarse en un mesías religioso de culto universal. El eslogan de esta visión trascendente de la realidad se resume así en la novela: “Nuestro pequeño cosmos se está deshaciendo…El mundo real está en camino”.
Esta inteligente novela de Dick, gracias a su planteamiento filosófico esencial, es tan aguda para el mundo de hoy como lo fue para su tiempo. ¿Se puede vivir relativizándolo todo o la especie humana requiere de dogmas y fundamentos para no disiparse en la banalidad? ¿Admite el espíritu humano una vida líquida, o nuestros deseos y creencias exigen, tarde o temprano, una realidad absoluta, como pasa con Nina, la aburrida esposa de Cussick? De un modo singular en esta novela de Dick, la trama ontológica acaba superponiéndose a las otras tramas en el desarrollo narrativo. La idea del cambio, la transformación, la revolución, es decir, la utopía planetaria, aparece en esta novela ligada al motivo del principio absoluto que debe sostener la existencia de un mundo creado por todos. El relativismo conduce al caos (si no al hiper-caos, como diría el filósofo Quentin Meillassoux, recién publicado por Holobionte ediciones) y este fenómeno turbulento hace que todos los habitantes del mundo exijan enseguida valores sólidos y creencias firmes. Es la certeza mítica que les proporciona Jones: el dictador melancólico que preveía el futuro con una clarividencia total hasta el punto de maquinar su propia muerte como falsario redentor de una humanidad desesperada.
Desde una perspectiva política, Dick emplea múltiples géneros narrativos (el thriller conspirativo, la ciencia ficción, la fantasía utópica, el mito religioso) para tejer una trama compleja sobre el presente y el futuro, los peligros de la democracia, la tentación totalitaria y la imposibilidad de fundar un orden social satisfactorio y duradero. Es una revisión crítica de la traumática historia del siglo XX, escrita y publicada en plena Guerra Fría (entre 1954 y 1956), pero su alcance no se limita a los males de su época. “El mundo que Jones creó” se parece al nuestro. O, más bien, a una idea abstracta del nuestro. Un mundo donde la discusión esencial aún consiste en saber, entre otras cuestiones, si fue creado de la nada por una mente divina o si fue producto del azar y la necesidad. Y la historia humana continúa, como escenifica el fantástico desenlace, más allá de los límites terrestres.
El futuro es un libro abierto para Jones, cuyas páginas escritas se anticipan a su doble lectura, y la realidad se transforma en un libro abierto cuando un escritor como Dick la lee con mirada alegórica. Se vuelve transparente. La mente especulativa de Dick la desnuda y descifra sus códigos y mecanismos. Ya no hay secretos ni misterios esotéricos en el mundo, tras la lectura de una novela como esta, para el lector avisado. Todo está escrito pero nadie lo lee.

1 comentario:

Anónimo dijo...

le falta el ultimo capitulo asi que seguro que lo has leido