lunes, 24 de septiembre de 2018

EXAMEN FINAL



[Y. N. Harari, 21 lecciones para el siglo XXI, Debate, trad.: Joandomènec Ros, 2018, págs. 400]

Homo sapiens es una especie de la posverdad, cuyo poder depende de crear ficciones y creer en ellas.

Cuando se piensa en el futuro de la IA, Karl Marx sigue siendo mejor guía que Steven Spielberg.

-Harari, 21 lecciones, pp. 258 y 272-


Este no es solo un libro notable sino un examen público de la sabiduría del autor. Harari, el ensayista global de moda, se somete al escrutinio de sus lectores sobre 21 cuestiones fundamentales de la vida humana en el presente siglo. La nota media del examen es alta. En algunos temas alcanza la excelencia mientras en otros practica brillantes piruetas retóricas para no reconocer que no puede saberlo todo sobre todo. Lo que da una idea del exigente nivel del libro y también de la despierta inteligencia de su autor. Pero el lector también se examina: el libro escanea nuestros conocimientos y los pone a prueba sin concesiones.
Es recomendable leer todas las entradas, siguiendo el metódico plan trazado por Harari, para extraer el máximo provecho de las cinco etapas en que se desarrolla su lógica aplastante. En principio, Harari se sitúa en la perspectiva de un historiador e intelectual que refuta las teorías que daban por cancelada la historia con la victoria en el siglo XX de lo que él denomina el relato liberal (y su correlato, la democracia parlamentaria) sobre sus rivales políticos, el relato fascista y comunista. Fukuyama fue el gran adalid de esta posición durante los años noventa, aunque luego fuera corrigiendo su triunfalismo inicial para reconocer que en el mundo liberal las amenazas internas derivaban de la falta de control sobre el desarrollo tecnológico.


Harari parte de este punto crítico, también, pero expone una interpretación mucho más radical y menos sesgada del relato liberal y su socio preferente el sistema capitalista. En el fondo, la cuestión que Harari se plantea, en sintonía con otros pensadores de la actualidad (Byung-Chul Han, Slavoj Zizek, Nick Bostrom, entre otros), es si todas las bellas promesas del ideario liberal no estarían siendo secretamente socavadas por los intereses espurios de los agentes del capitalismo neoliberal. O lo que es lo mismo: si todos los bienes que la democracia ofrece por un lado, el sistema capitalista, basado en la explotación y la maximización del beneficio, no los estaría destruyendo por el otro.
En consecuencia, el análisis del desafío tecnológico al que nos enfrentamos, que ocupa la primera parte, es traducido por Harari, en la segunda parte, como desafío político. Dos revoluciones tecnológicas centran el foco de su visión pesimista del mundo actual y las secuelas para el futuro: la que afecta a la biología y la medicina y la que atañe a la información y la computación, con la Inteligencia Artificial como producto final. Para Harari ambas revoluciones en curso cuestionan todos los aspectos de la vida humana como ha sido entendida hasta ahora. Valores como la igualdad, la justicia, la verdad y la libertad, derechos como el trabajo, la salud y la educación, conceptos como comunidad, civilización o nación, o creencias como la religión, se verían alterados en sus fundamentos seculares por los nuevos conocimientos científicos y las tecnologías incisivas capaces de aplicarlos sobre nuestros cerebros y cuerpos sin apenas resistencia.
En este sentido, uno de los capítulos más lúcidos afronta el espinoso problema de la educación. En un mundo como este, cada vez más parecido a un entorno de ciencia ficción, como analiza Harari en otro capítulo clave, no se requiere que los profesores ceben de información inútil a los alumnos. Esta información ya está en internet, otra tecnología que lo ha cambiado todo. Una verdadera cultura democrática es aquella que proporciona formación teórica y práctica a sus ciudadanos y no solo ocio nocivo. Criterios inteligentes, como recomienda Harari, con que el ser humano pueda sobrevivir en un contexto cada vez más hostil a su existencia.

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