lunes, 29 de diciembre de 2014

BOUDOIR BUDISTA AL PIE DE LA TUMBA


[Junichirô Tanizaki, Diario de un viejo loco, Siruela, trad.: María Luisa Balseiro, 2014, págs. 152]

El erotismo es un medio de conocimiento de la realidad y no solo una forma de disfrutar de ella. Una vía de conocimiento inmanente que pasa por la sensibilidad de la piel y las intuiciones de la carne. Solo un puritano refutaría esta verdad de la experiencia humana. Y la literatura es una de las artes más acreditadas para perseverar en las obsesiones privadas y sexualizar el lenguaje a través del contacto con esos cuerpos idolatrados. En esta línea de pensamiento estético, uno de los artistas literarios supremos es el japonés Junichirô Tanizaki (1886-1965).
Tanizaki es uno de los precursores menos previsibles del eros contemporáneo y la turbulenta economía libidinal del presente. Aunque gran parte de sus novelas más prestigiosas (La llave, Las hermanas Makioka, La madre del capitán Shigemoto, El cortador de cañas, entre las más reconocidas) han sido ya traducidas al español, aún nos faltaban algunas de las más obscenas y subversivas. Después de Naomi hace tres años, ahora le llega el turno a la última de sus novelas, este magnífico Diario de un viejo loco (Fûten Rôjin nikki; 1962). [Para completar el catálogo de obras imprescindibles, ya solo falta atreverse (¡un esfuerzo editorial más!) con la traducción de su novela de libido más sinuosa y perturbadora y narrativa poliédrica, Esvástica.]
En la persecución del fantasma libidinal Tanizaki fue de una constancia freudiana admirable. Todo en él pasa siempre por el fetichismo patológico de los pies femeninos como sinécdoque carnal de la adoración de la mujer, pasión de toda su vida y su literatura. Uno de sus primeros relatos, “Los pies de Fumiko”, ya narra la pasión patológica de un viejo por los hermosos pies de su amante y el recurso a un tercero en concordia, un pintor joven, para transfigurar esa veneración carnal en refinada relación estética. En este demencial nikki (nombre japonés para el dietario íntimo) el anciano Utsugi Tukusuke, impotente y enfermo de gravedad a sus setenta y siete años, nos cuenta día a día cómo el ardor sexual por su joven nuera, la traviesa, coqueta y bella Satsuko, lo conduce a burlarse de todos los tabúes familiares y maritales, valores sociales y creencias religiosas endiosando a la seductora Satsuko como divino objeto de deseo.
La ironía de esta novela tardía repleta de un humor sarcástico y cínico es que la figura del amante más joven, típico de otros escenarios narrativos concebidos por Tanizaki como en el relato citado o en su novela más escandalosa (La llave), es sustituida esta vez por la efigie de la muerte, a la que el narrador senil desafía no solo con cada uno de sus gestos de transgresión y profanación sino dando cuenta verbal de ellos con total desparpajo narrativo, riéndose a carcajadas de los miembros de su familia y de las normas socialmente aceptadas.
Ese amor absoluto, por una de esas paradojas del deseo, se concentra en los curvilíneos pies de la chica, que el viejo Utsugi contempla en éxtasis y palpa emocionado cada vez que tiene ocasión. Satsuko ha sido bailarina y aparece rodeada para su viejo suegro de un aura legendaria y maldita, la de muchacha perdida en las turbias noches de los clubes de alterne de Asakusa, entre la prostitución y el baile sicalíptico.
La relación entre la joven de gustos modernos y tradicionales y el anciano admirador pasa por diversas fases, desde los tanteos iniciales de una pasión que no se atreve a manifestarse hasta la consumación simbólica, pero implica numerosos rituales y gestos insospechados. El viejo mirón se conforma con poco, caricias furtivas y tocamientos pedestres, a cambio de pequeños regalos que halagan la vanidad y el gusto de la novedad y la moda bien arraigado en Satsuko.
El subversivo plan del viejo demente, que casi le cuesta la vida, consiste en una profanación del culto religioso. En la lápida de la tumba bajo la que será enterrado no irán grabados los pies sagrados de Buda, como dicta la tradición ancestral, sino las agrandadas plantas de los bellos pies de Satsuko, reproducidas en papel por el ferviente Utsugi en una de las escenas más eróticas de la historia de la literatura.

2 comentarios:

julian bluff dijo...

¡Un 2.015 fructifero y demorado!

¡Qué en la tranquilidad radica la dicha!.

Abrazos.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Mis mejores deseos también para ti en este inicio traumático de año. Y también para todos los lectores del blog!!!

Vivir en la ataraxia, he ahí mi renovado propósito para 2015, como en todos los años anteriores, pero nunca lo logro!!!

Nos volveremos a encontrar pronto, como diría Batman.
Un abrazo.