En pleno éxito de una deleznable
saga de novelas rosa retocadas con sexo divulgativo para mentes victorianas, es
lógico que algunas voces autorizadas reclamen un tratamiento literario más veraz
del eros contemporáneo. Tanizaki es uno de los precursores menos previsibles de
la turbulenta economía libidinal del presente. Aunque gran parte de sus novelas
más prestigiosas han sido ya traducidas al español, aún nos faltaban las más obscenas
y subversivas. Entre ellas, Naomi (Siruela, trad.: María
Luisa Balseiro). Ahora hay que atreverse, como han hecho en francés y en inglés, con
Esvástica y Diario de un viejo loco.
[La fotografía procede
de Love for an idiot (Chijin no ai), la maravillosa adaptación de Naomi
dirigida por el gran Yasuzō Masumura en 1967.]
Hay muchas formas de leer una novela deliciosa como
esta, tan llena de pliegues y repliegues como un kimono tradicional. Una de
ellas podría consistir en ponerla en perspectiva y entenderla en función del
particular contexto cultural e histórico en que apareció serializada en
distintas revistas entre 1924 y 1925, y en este mismo año como libro de enorme
éxito entre una población de hombres desorientados y mujeres gozando de incipiente
libertad. Otra lectura abordaría la significación de esta novela en el canon de
Junichiro Tanizaki (1896-1965), uno de los grandes autores japoneses del siglo
XX, un escritor que sin abandonar los caracteres específicos de su cultura supo
incorporar las influencias occidentales más afines: Poe, Dostoievski y
Baudelaire, desde luego, y en especial, Barbey D´Aurevilly, precursor amoral con
Las diabólicas de este cuento cruel
ambientado en la temprana modernidad nipona.
El título original de la novela es Amor de un idiota y la historia responde,
con sus múltiples episodios y sorpresas, a esta sugerencia masoquista. Un ejecutivo
de vida desvaída, Kawai Joji, se prenda de una camarera quinceañera de baja
extracción, Naomi, y decide convertirla, cual moderno Pigmalión, en una novia instruida,
adorable y seductora. La ironía novelesca residiría en la resistencia tenaz del
insinuante objeto de deseo a las manipulaciones de su obsesivo creador mediante
una estrategia fatal. Como alegoría política y sexual, Naomi resulta doblemente
subversiva. Al final, la rebelde heroína no solo conseguirá ser una mujer emancipada,
dueña integral de su exuberante cuerpo y despierta inteligencia, imponiendo esa
libertad vital absoluta a su anodino benefactor a cambio de preservar su
relación servil, sino que lo arrastrará además a renunciar a los rasgos simbólicos
de la identidad japonesa, aceptando un apodo inglés y perdiendo la
respetabilidad social en favor de un contacto más provechoso con las maneras cosmopolitas
de la cultura occidental.
Una tercera lectura posible de esta espléndida
novela, de una penetración psicológica incomparable y de una refinada captación
de los detalles y las sensaciones del drama carnal en curso, es traerla al
presente para enfrentarse a los dilemas que, en esta era postfeminista, enturbian
las relaciones entre hombres y mujeres, exacerbando el malentendido en que se fundan
sus papeles respectivos en la comedia de los sexos. En esta mordaz parábola de
Tanizaki, la transfiguración espectacular de la chica barriobajera y desvalida en
femme fatale fílmica e idolizada mujer-objeto
sirve también para exponer una visión satírica de los endiablados mecanismos
eróticos que subyacen a toda forma de poder y organización social. En tal
sentido, Naomi muestra cómo el modo definitivo para una mujer de reventar
las estructuras opresivas del patriarcado no pasa solo por constituirse como
sujeto con voluntad propia y capacidad de acción, sino por asumir el poder real
que, como objeto de deseo, la fantasía masculina le atribuye en su escenario
mental con el fin de sucumbir a ella, como Joji, resignándose a una situación
doméstica donde ya no posee el control ni la dignidad.
Si el deseo, como quería Kant, es la facultad de
conferir realidad a su objeto, el instante sublime en que el objeto ya
realizado pone ese deseo a su servicio, como hace Naomi, supone la adquisición
simultánea de una fuerza subjetiva experimentada en plenitud. Naomi
representa así un paradigma del estilo paradójico con que el discurso novelístico
puede burlarse de la supremacía de los discursos objetivos y conducirnos, al
mismo tiempo, a la verdad inaceptable que estos tratarían de encubrir.

1 comentario:
Gran libro de uno de los imprescindibles japoneses. Tengo entendido que en los próximos días Siruela sacará a la venta, por fin, una traducción directa del japonés de Las hermanas Makioka. Bien por Siruela.
Publicar un comentario en la entrada