martes, 24 de mayo de 2011

BOLAÑO SIN BOLAÑISMO (1)


Toca los huevos (con perdón) ver a un crítico bocazas pontificando sobre la ausencia de innovación e innovadores en la narrativa española actual. Si en vez de una injustificada petulancia, el tal crítico tuviera honestidad y no veleidades de diva caprichosa, no se atrevería a endilgarnos semejantes despropósitos, sobre todo cuando es bien conocida la escasez de lecturas que acompaña a tales afirmaciones categóricas. Quien ha defendido medianías y epígonos durante años desde una tribuna privilegiada, fiando únicamente a la retórica más impostada el poder de encumbrarlos, mal puede ahora darnos lecciones de conocimiento, gusto y, mucho menos, independencia de juicio. Bolaño fue un epígono, un gran epígono, sin duda, pero quizá nada más, diga lo que diga el crítico de opinión supuestamente infalible. Que me gusten Los detectives salvajes, La literatura nazi en América, Estrella distante o 2666 no cambia nada. Me gustan, lo reconozco, pero ni son el no va más de la literatura (quizá ninguna obra lo sea hoy, no se dan las condiciones para ello, es un tema discutible) ni estoy nada seguro de la verdadera aportación y valía estética definitiva de tales novelas en nuestro tiempo (y menos aún después de la recepción americana, a uno y otro lado de la frontera, tan sospechosa como oportunista, tan “literaria”, en el más desfasado sentido del término). Todo lo contrario de lo que el crítico de criterio tan poco certero se encargó de hacer creer durante años a la masa de lectores que consumía la última novedad hispana como si fuera el maná en el desierto español. Basta ya de mitologías interesadas, que algunos ambiciosos escritores con blog corporativo, por cierto, siguen alentando por pura conveniencia profesional. A pesar de todo lo anterior, reproduzco aquí mis críticas más sosegadas a sendas obras póstumas de Bolaño (Los sinsabores del verdadero policía y 2666) que me han interesado por muy distintas razones en muy distintos momentos. El debate está servido…

23 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Se leía mejor a Bolaño cuando todavía no era nadie,cuando no tenía un euro en el bolsillo y no podía viajar de Blanes a Barcelona.Por cierto,mi querido amigo,vivo muy cerquita de Blanes.Tengo la suerte de haberle leído por aquella época.
Leída tus tres magníficas entradas y no me queda más remedio que decirte que estoy de tu lado.
Hace algún tiempo le dediqué una entrada a Bolaño,pero está más influenciada en la primera época y en mis propias experiencias de un momento determinado de mi vida,de desarraigo y de derivas geográficas,un poco como Bolaño.A veces los lectores,los lectores de verdad,nos indentificamos más con el autor que con su obra.
Un cordial saludo,amigo.

http://fmaesteban.blogspot.com/2008/11/cuando-la-escritura-regresa-del.html

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Muchas gracias, Paco, siempre es una alegría tener lectores inteligentes como tú. Como se deduce de mis comentarios, también yo he sabido apreciar lo bueno que hay en Bolaño.

Un abrazo,
JF

Sico Pérez dijo...

Bueno, empezaré por decir que vengo siguiendo este blog desde hace algún tiempo, gracias a las inteligentes críticas que usted, Don Juan, desperdiga por aquí...También gracias a ud. me encontré con Johnathan Lethem, un verdadero placer!! En cuanto a Bolaño, debo confesar que ha tocado ud. un punto sensible, se ha metido con un ídolo contemporáneo, con uno de esos intocables, aunque me gustaría pensar que lo es por su obra y no por la desaforada propaganda mediática,; a mí también me gustaron mucho Los Detectives, La LNEA Y Estrella distante me pareció brutal!!!lo de epígono, quizás tenga razón, no lo sé, a la postre, y volviendo a Lethem y su ensayo:El éxtasis de la influencia, ¿no es todo un plagio consciente o inconsciente? Sin embargo, entiendo su postura, supongo que es hora de que dejen de manosear a Bolaño y no aseguren sandeces como que no hay innovación. La hay, pero epigonal!!!

LIU dijo...

Totalmente solidaria con tu cabreo en relación a la cacareada y supuesta ausencia de innovación temática o formal en la novela española de los últimos años. Mi teoría es que no interesaba promocionar a escritores no solo innovadores sino con sentido crítico propio. Claro que ya empieza a verse que no solo hay innovación formal, etc., sino que existe una comunidad secreta de lectores, afinidades, y que no hay que ir a buscar a Latinoamérica a escritores treintañeros a que nos cuenten cómo se ha de abordar la ´problemática relación con los padres´. Uuuuff.
Sobre Bolaño, sí, los dos grandes libros son eso, grandes libros. Pero si se hubiese regado el huerto de otros autores como se regó el de Bolaño igual estaríamos todos menos enfurruñados con críticos y editores.

Javier Moreno dijo...

Juan Francisco, hola, primera vez que participo acá aunque he visitado varias veces.

Tengo una duda: supongo que la omisión es intencional, pero me gustaría saber cuál es el texto que produce esta respuesta (o al menos cuál es su punto central). No me queda claro, por lo que escribió, cómo se relaciona Bolaño con la ausencia (o no) de innovación en la narrativa contemporánea española. ¿El crítico del de habla dice que después de Bolaño no hay nada digno de mención?

Por otro lado, es evidente que alrededor de Bolaño y su obra hay una burbuja inmensa y muy bien administrada. No es ni mucho menos inalcanzable. También es claro que la obra de Bolaño es mucho mejor que el bolañismo como movimiento estético (desprovisto de todo el sentido del humor y autocrítica que cargaba su inspirador). Al final no me queda muy claro cuál es el debate que planteas, más allá de señalar el exabrupto del crítico.

Hense dijo...

hola, tuve el agrade de llegar a este blog, digo agrado sin mayor esfuerzo ya que no es un elogio si encuentro lo que busco, y escrito de la manera que se me hace facil leer. Estoy recuperandome, reconciliandome con la lectura, y en esta etapa paso por un viaje entre bolaño y fuguet, muy distintos pero no menos interesantes para mi. Un gran saludo y espero que sigas subiendo cosas interesantes.

De paso te dejo el enlace a mi blog, que de principiante tiene mucho pero no por eso no escribo con tanto esfuerzo.

http://www.youtube.com/watch?v=mfywB4K3xOw&feature=related

Fgt dijo...

Bolaño es Estrella distante, y Los detectives... el resto es para fans de Bolaño, no engrandece su figura como literato, està ahí.
(después de leer toda su producción, o casi toda, i "fan" de él desde 1997)

Fgt

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios, en el blog y en facebook. Contesto aquí por darle más publicidad a mi comentario, espero resolver varias dudas que me planteáis. Lo haré en dos partes, por imperativos blogueros:

No cito nombres, como he dicho, no por cobardía, por favor, no caigamos en semejante estupidez, sino porque no tengo nada en contra de las personas a que aludo, sí en contra de las opiniones sesgadas y las actitudes interesadas que han podido sostener en determinados momentos. En esto me muestro fiel a la despersonalización como instrumento de crítica intelectual y no a la polémica personalizada, que no me interesa lo más mínimo, ya que no hay nada personal, ni bueno ni malo, entre el crítico a cuya opinión aludo y yo. NADA. Es un paradigma, no un individuo, un discurso, no un nombre propio. La capacidad para desprestigiar toda posición crítica a través de cuestiones personales me parece una de las peores lacras de nuestro sistema literario. Nadie puede discrepar del discurso dominante sin ser acusado de resentido o de fracasado. Como me siento muy tranquilo y muy satisfecho en este terreno, nada de lo que se pueda decir contra mí por decir lo que pienso en público (otra diferencia, cómo nos gusta cuchichear en este país, hablar por lo bajo, cuando nadie implicado nos escucha) me puede afectar más allá de lo normal.

Por otra parte, la opinión del crítico aludido (a quien respeto, en todo caso, por no esconderse, por dar la cara, por hablar en voz alta, aunque discrepe de sus puntos de vista) representa sólo la encarnación más aguda, más enconada incluso, de un estado de cosas que sostiene la nulidad crítica de lo que se ha publicado en los últimos cinco años en el contexto español. Ninguna novela ni colección de relatos publicada desde 2001 en adelante, por concretar otra fecha posible, ha cambiado nada en el panorama de la narrativa española y, desde luego, nada de lo publicado modifica en lo sustancial la idea de lo literario que fue forjada a lo largo de los noventa, de cuyos réditos editoriales aún nos estaríamos nutriendo para nuestra felicidad y contento. Esta idea es la que se intenta preservar a toda costa negando las aportaciones que, insisto, se han producido sobre todo en el último lustro. Como esa negación sólo responde a intereses espurios que garanticen un cierto control y un cierto dominio sobre el discurso literario vigente me ha parecido necesario intervenir. El problema de esa posición, por si fuera poco, nace de un desconocimiento y de un desprecio hacia las obras particulares que se han abierto paso en un mercado editorial hasta hace unos pocos años bastante reacio a las obras menos conformistas. Como diría Gombrowicz, la no lectura flagrante es la base ideológica que sostiene esos discursos sin demasiado riesgo para la integridad de sus presupuestos. La no lectura, como digo, o la lectura tergiversada a través de materiales secundarios que permiten hacerse una falsa idea sin la obligación de cotejar los textos…

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Como éste me parece el problema principal del presente, el modo en que se ha tratado de neutralizar el impacto de todo lo nuevo que ha aparecido en el período referido, también me preocupa la connivencia de muchos escritores con esta posición. Por interés, por comodidad, por miedo a las represalias, se guarda silencio o se asiente con tibieza, o se propagan visiones parciales que no entran en conflicto con la perspectiva crítica más conservadora. Que no es otra, insisto, que la total ausencia de novedad en la narrativa española. Y sus efectos secundarios: la petulancia, pretenciosidad y autobombo de quien sostenga lo contrario. Pues bien, ya que la verdadera innovación, como decía Groys, consiste en transformar las jerarquías y los valores culturales, cualquiera que se asome sin prejuicios negativos a la literatura española de la última década verá con nitidez cómo esas jerarquías y esos valores han cambiado de manera significativa. Ya no vale lo que valía en los noventa, la riqueza y variedad de propuestas han logrado constituir un canon de obras cuya influencia e importancia actuales son ya innegables. Negarlo, repito, sólo responde a una estrategia empresarial de continuidad de unas marcas reconocibles, de rentabilización de las inversiones realizadas, de capitalización de las obras defendidas, de pura denegación de la competencia. Y también de rechazo a toda actualización estética, a la elaboración de nuevos conceptos y categorías con que entender lo que está pasando, lo que se está pensando al tiempo que está pasando. Por pereza intelectual, es más fácil menospreciar, ningunear, despreciar, rechazar. Dicho esto, sólo me cabe esperar la más dura “vendetta” de dicho crítico, me lo habré merecido, desde luego, pero no la discusión literaria, que es lo que he pretendía suscitar. Un debate de ese tipo sólo serviría para poner el sistema literario patas arriba, mostraría a la luz todos los mitos, los infundios, las mentiras, los intereses y las miserias que lo sustentan. Jugando a esto, no me extraña que sea el mercado la única instancia a que los escritores fíen cualquier posibilidad de reconocimiento…

Y la buena salud de nuestra universidad, por cierto, se corrobora un año más a poco que uno revise los programas literarios de nuestros turísticos cursos de verano, entregados a examinar exhaustivamente cualquier banalidad cultural con objeto de rehuir los temas candentes. Quién será el ingenuo que esperaba que esa discusión palpitante se llevara a cabo entre las lápidas y sepulcros mortuorios de nuestra augusta institución académica...


En cuanto a Bolaño, como indican las dos críticas publicadas para ilustrar mis argumentos, se trata de un gran escritor, no me cabe duda, que renovó la narrativa hispana en un momento de decadencia de ciertos modelos y alcanzó cotas de creatividad incuestionables, pero al que se ha infligido el mayor daño imaginable: convertirlo en vaca sagrada de la literatura en español. Bolaño es, muy a su pesar, la pieza de cierre de la ideología analizada más arriba. Un gran autor de los noventa con el que bloquear o disminuir las ambiciones estéticas de quienes hoy no se reconozcan ya en sus propuestas literarias. Eso es todo, amigos, gracias por vuestra atención…

Ibrahim B. dijo...

Hola, Juan Francisco; si me permites, y para los que no tengan acceso a tu perfil en Facebook, repito aquí algo que te planteaba en Zuckerberglandia:

«Una pregunta completamente inocente, y al margen de nuestro Bolaño en cuestión: ¿cuál es la ética de hacer crítica, demoledora, en este caso, sin dar nombres? Suelo pensar que no es buena actitud para un crítico tirar la piedra y esconder la mano. Pero bueno, igual es una decisión muy personal, que no ha de ser necesariamente compartida...»

Agradezco entonces tu extensa respuesta; no obstante, percibo varias contradicciones. En tus comentarios dices:

«no tengo nada en contra de las personas a que aludo, sí en contra de las opiniones sesgadas y las actitudes interesadas que han podido sostener en determinados momentos. En esto me muestro fiel a la despersonalización como instrumento de crítica intelectual [...]" La capacidad para desprestigiar toda posición crítica a través de cuestiones personales me parece una de las peores lacras de nuestro sistema literario [...] también me preocupa la connivencia de muchos escritores con esta posición. Por interés, por comodidad, por miedo a las represalias, se guarda silencio o se asiente con tibieza, o se propagan visiones parciales que no entran en conflicto con la perspectiva crítica más conservadora.»

Por lo demás, mi pregunta no iba tanto por tu réplica al «innombrable», como a ese otro comentario de la entrada:
«Basta ya de mitologías interesadas, que algunos ambiciosos escritores con blog corporativo, por cierto, siguen alentando por pura conveniencia profesional.»
Esta crítica, al menos a mi juicio, me parece absolutamente personalista; destinada a desprestigiar gente que puede ser cualquiera, y en la que se hacen acusaciones más o menos dudosas. Este modelo de crítica, insisto, la que supedita los enunciados de un crítico a intereses secundarios, espurios e instrumentales, no sólo es difícilmente constatable, sino que además, como bien sabes, ha sido moneda común en los ataques de peor calaña y espíritu conspirativo, contra la que, supongo, tú consideras «literatura innovadora» en España en los últimos años.

Son terrenos muy pantanosos, creo, este tipo de acusaciones…

Un saludo,

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Te agradezco la respuesta, Antonio, pero me sorprende bastante tu inquietud ante un comentario tan menor en el contexto de mi argumentación. Por así decir, te quedas con un detalle no demasiado relevante (de hecho podría prescindir de él y no cambiaría nada de lo que digo) en una reflexión de mucho mayor calado. No es una cuestión personalista, por otra parte, sólo un latigazo impersonal contra una actitud que deploro. La de quien emite juicios universales negativos, ya sea en blogs o en revistas, sobre cuestiones en que no demuestra tener mucha competencia, expandiendo la confusión y el error (quién sabe por qué, acaso por una deformación del propio juicio, no sé no quiero prejuzgar, allá cada uno). Esto sí que debería preocuparte, sobre todo cuando les das eco y hasta difundes sus planteamientos como si fueran indiscutibles. En tu caso, por tanto, sí veo que la preocupación por mis palabras podría ser personalista, fundada en posibles lazos de amistad con alguno de los probables aludidos por mi inofensiva pulla. Espero equivocarme. Hasta donde yo sé, no hay un solo candidato, y me sorprenden algunas presuposiciones que se han hecho al respecto, por lo que una vez más no veo la necesidad de usar nombres propios que enturbiarían el debate, que insisto es lo que más me interesa…

En cuanto a las contradicciones de mi discurso, que no señalas, serían una prueba de mi salud mental. En esta materia suelo atenerme desde siempre a lo que decía mi maestro Nietzsche: sólo los imbéciles no se contradicen tres veces al día...

Un saludo cordial,
JF

Anónimo dijo...

Hablando de sepulcros mortuorios de nuestra augusta institución académica...
http://www.publico.es/culturas/378862/autoritario-no-totalitario

LIU dijo...

Para mí lo más significativo de los últimos cinco años es que se ha estrechado el campo literario en lugar de ampliarse. La llegada de los jóvenes críticos como Ibrahim aporta un factor de distorsión más, tanto al ejercicio de la crítica como de la simple discusión. El hecho de que todos estén siempre juntos crea la falsa impresión de un fenómeno creativo,de una efervescencia intelectual, aglutinado por algo, pero a mi entender es una prueba de su debilidad, y son mano de obra gratuita o barata para editores y prensa. Incluso en el caso de que lleguen a cobrar algo de revistas, diarios, etc., no son más que un fenomenal departamento de márqueting exterior de estas empresas actuando de marcatendencias para ellas. Destacar periódicamente a uno u otro joven crítico o escritor es la zanahoria que se le pone delante al galgo para que corra y corra. No decir el nombre de ese crítico o editor o escritor lo convierte en un ´intocable´y es una señal más de la debilidad del campo literario soidisant progresista. En cuanto a lo que dice Ibrahim de las críticas demoledoras, yo diría que hay dos tipos de crítica demoledora, la que te hace un crítico feroz y la que te hace un crítico tonto. Y los últimos son tan perniciosos para la autoestima e igual de innecesarias para el mundo literario como el primero.

Clément Cadou dijo...

Apreciado Juan Francisco,

Colocándome au dessus de la mêlée, quisiera apuntar que este debate arranca de una premisa como mínimo discutible, a saber, que la “innovación” –dejemos de lado la espinosa cuestión de la semántica de esta palabra–, es un fin en sí. El corolario de esta muy controvertible premisa es que aquello que se autodefine y se autopresenta como “nuevo” o como “innovador” queda (o mejor, debe quedar) automáticamente liberado de cualquier análisis orientado no ya a constatar su novedad (real o presunta), sino también su valor y su calidad estética.

Ya que citas a Groys, te dejo un lúcido párrafo en el que, como el niño del cuento del emperador, Groys señala la paradoja que anida en la apología autista de la novedad por la novedad.

“Aquello que ya está expuesto en un museo se considera automáticamente como algo perteneciente al pasado, como algo que ya está muerto. Si, fuera del museo, encontramos algo que nos recuerda a las formas, posiciones y enfoques representados dentro del museo, no estamos preparados para verlo como algo real o vivo, sino más bien como una copia muerta de un pasado muerto. Por tanto, si un artista dice (como dicen la mayoría de los artistas) que quiere escapar del museo para ir hacia la vida en sí, para ser real o para crear un arte verdaderamente vivo, esto no significa sino que el artista quiere que se le coleccione. Esto es debido a que la única posibilidad de que el artista sea coleccionado es sobrepasando el museo y entrando en la vida en el sentido de hacer algo diferente de lo que ya ha sido coleccionado. De nuevo, sólo lo que es nuevo puede ser reconocido por la mirada experta del museo como real, presente y vivo. Si el artista repite el arte que ya está coleccionado, su arte será calificado por los museos como meramente kitsch y será rechazado. Esos dinosaurios virtuales que son meras copias muertas de los dinosaurios que ya han sido museografiados se podrían mostrar, como sabemos, en el contexto de Parque Jurásico –en un contexto de divertimiento y entretenimiento– y no en un museo. El museo es, a este respecto, como una iglesia: primero debes ser pecador para llegar a ser santo –sino seguirás siendo una persona corriente y decente sin ninguna oportunidad de tener un futuro en los archivos de la memoria de Dios. A esto se debe, paradójicamente, que cuanto más quieres liberarte del museo, más sujeto estás, en el modo más radical, a la lógica de las colecciones de los museos, y viceversa.”
abrazo.

Guillaume Contré dijo...

Considerar a Bolaño como un especie de eje sirviendo a juzgar la literatura hispana actual seria una tontería, y un contrasentido, dado que la obra de Bolaño (que por otra parte me gusta muchísimo) no abre gran cosa sino que mas bien cierre mucho. Digo eso desde el punto de vista de un francés, es decir el punto de vista de alguien que tiene una visión escasa y borrosa del estado de las cosas en España, pero me parece increíble que Bolaño sea considerado por algunos (críticos o cualquier otros ...) como un punto valido para emitir juicios de valor en lo que se refiere a la literatura que se escribe hoy.

Dejo aquí una cita proveniente de una entrevista que recién tuve con el escritor argentino Sergio Chejfec, que dijo eso acerca de la obra del chileno :

« Y me parece también que el “fenómeno Bolaño”, antes que un signo de renovación de la literatura latinoamericana da cuenta más bien de la extinción de un modelo. Es el último aliento de lo ofreció la literatura latinoamericana en los 50 y 60. Uno puede verificar esto en la misma textualidad de Bolaño: esa filiación continental que reivindica, como también su tendencia a evaluar a los otros escritores latinoamericanos en términos de salvación o derrota. No digo que haya estado bien ni mal. Simplemente que su literatura irradia señales de una etapa en proceso de agotamiento.”


Un saludo desde francia,

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Gracias, Guillaume, por tu comentario. No tengo nada que objetar a tu argumento, que encuentro complementario de lo aquí sostenido. Es otra forma de decir lo mismo. Espero tenerte por aquí más a menudo. Sobre todo ahora que quedan apenas tres meses para que mi novela "Providence" aparezca en Francia traducida por François Monti y prologada por Julián Ríos...

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Me interesan tus argumentos, Clément, y comparto el punto de vista de Groys. Su posición en esa cita ataca ciertos presupuestos de la vanguardia histórica y de la falsificación de la vanguardia como gesto iconoclasta o rompedor recuperado por el mercado. Yo entiendo la innovación de un modo muy distinto a la vanguardia, en cuyos presupuestos sólo creí mientras era estudiante. Innovadores son Borges, Faulkner, Musil, Broch o Joyce, no Tristan Tzara y compañía, para entendernos. A pesar del bucle, inevitable, tanto el museo como la biblioteca son la garantía de la innovación, incluso el desafío, no sólo el obstáculo. Pero el aspecto que me interesaba resaltar es el de las jerarquías y los valores culturales que determinadas obras vienen a modificar sustancialmente. No es un criterio formal ni formalista. Fíjate, ya que citas y me excitas, te contracito, lo que dice Groys al final de Sobre lo nuevo, que es de donde extraje la idea que sostengo: "Un autor está entregado a la lógica cultural-económica en el más absoluto desamparo. Ésa es la razón por la que la innovación cultural es precisamente la que manifiesta, de la forma más consecuente imaginable, la misma lógica que, en otros ámbitos de la vida, actúa de manera igualmente implacable, pero oculta". Ésta es para mí otra definición posible de innovación que haríamos bien en tomar en serio...

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Que no, María José, que no. Ni voy de crítico tonto ni demoledor ni progresista. Y de "intocable" nada. Todo lo contrario, la supresión del nombre no es muestra de debilidad (no veo la lógica del argumento) sino de fuerza. No necesito darle a nadie el protagonismo personal que no se merece para poder desacreditar sus ideas, que es lo que nadie hace, encerrados todos en el falso bucle de la necesidad de nombrar. Lo que más me asombra es que después de decir lo que pienso la única respuesta que recibo por parte de algunos se refiere a la intencionada omisión del nombre propio. Curiosa forma de pensar. Debe ser que el silencio en que tantos se mantienen es preferible, en cualquier caso más eficaz, según sus defensores. En este país se nos ha enseñado muy bien, desde luego, y el silencio es siempre recompensado con creces, en todos los ámbitos...

En cuanto a la ética, amigo Antonio, es como la pistola de Chéjov: si uno, de gatillo fácil, la saca a relucir en público es para usarla y no sólo para exigírsela a los otros...

LIU dijo...

Juan Francisco, te respondo a ver si se deshace el entuerto. No te considero ni demoledor, ni tonto, te considero, en resumen, un lector entusiasta con unas coordenadas de gusto muy concretas y un territorio de exploración que puede estar en coincidencia con temas que ahora están en la onda, pero en definitiva con personalidad propia. No hago este resumen para perdonarte la vida en tu propio blog. Pero sí daré nombres, cuando digo críticos tontos, los hay a patadas. Un nombre que me escuece siempre es el de mi tocaya María-José Obiols, que publica en Babelia. Creo que las escritoras salen perjudicadas si les cae en suerte que esta señora reseñe su libro. No me gustan las reseñas sensibles ni sensibleras, creo que la reseña es el lugar idóneo para ser un poco inteligente. Por supuesto que el silencio es lo más económico si pretendes continuar publicando en revistas o diarios. Las críticas demoledoras suelen hacerse de arriba hacia abajo --salvo que el blanco sea alguien ya establecido como diana para recibir golpes, como en su momento Gala o Muñoz Molina. Es decir, ya sabemos que están del otro lado de la cancela que separa a los modernos de los rancios. O algo así.
Sobre Bolaño, aunque resulte paradójico, la opinión que puedan tener en Latinoamérica no me parece de peso, porque el impacto de Bolaño como autor de éxito se fraguó en Barcelona. Yo era lectora de Anagrama cuando empezó a publicar y basta con mirar la lista de títulos de narrativa hispánica de la época -en torno al 97-- para comprender que había una parálisis y que Bolaño seguramente cayó como una gota de agua en un desierto. Todo lo que apuntáis sobre el sustrato literario de sus libros, que si es epígono o no, es secundario, por no decir irrelevante, en relación a lo que supuso injertarlo aquí.

Sobre el Innombrable, yo confío en que mantengamos el entusiasmo como lectores, escritores, críticos, para que cuando nos escupan --siempre de arriba abajo-- no nos detengamos. De hecho, tengo la impresión de que estamos en una guerra que se decide fuera del terreno de batalla, es decir, fuera de los libros que escribimos y reseñamos. Saludos,

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

María José, entiendo perfectamente tus argumentos y los comparto en parte, pero me apetecía provocar y provocarte, exagerando ciertos términos para llevarlos más allá del designio que les dabas. Lo de Bolaño en el erial de los noventa lo suscribo, pero esa lectura ya pasó, como la década mencionada. Ahora estamos en otra cosa y, por fortuna para Bolaño, que no aceptaría el credo mitómano de sus testaferros, deberíamos leerlo como corresponde y no admitir las tergiversaciones que ha introducido la recepción angloyanqui...

Mis coordenadas no son tan previsibles como insinúas, ni van tan en la onda como crees, presto la atención a lo contemporáneo que merece, participo activamente en el mundo que me ha tocado vivir, pero mi atención traspasa con mucho el horizonte de lo actual: ahora por ejemplo ando estudiando la configuración del erotismo romano, tan importante para la cultura occidental, así que imagínate cuán a la moda son mis gustos. Leí el otro día lo que dijiste de mi lectura de Punto Omega: acepto que no te gustara ese libro, forma parte del juego, pero que digas que a mí sólo pudo gustarme por un cierto esnobismo, ya me resulta más extraño, como te pasó con la novela de Lethem, ¿es que no hay otra cosa que moda cuando se trata de ciertos autores? ¿Sólo pueden gustarnos a los que pasamos por esnobs en los círculos más casposos? En cualquier caso, y aceptando de mala gana tu juicio, te recuerdo por otra parte que Ayala, poco sospechoso de vestirse a la moda del día, ya reivindicó la trascendencia del esnobismo en el mundo del arte. Por no hablar del inmenso Baudelaire, mi único maestro en estas cosas, "Le peintre de la vie moderne". Nadie recuerda hoy a Guys, pero la teoría de Baudelaire a partir de esa obra efímera no se olvidará así que pasen cinco siglos...

En cuanto a la crítica, qué quieres que te diga sino que tienes toda la razón y hasta la sinrazón, si me apuras. Por fortuna a esta noble institución son el mercado y los nuevos medios los que la están poniendo en su sitio, para bien y para mal...

LIU dijo...

no, nada previsible, no he usado esa palabra. Al decir que estás en la onda he querido decir que eso a veces propicia lectura más cómodas, más rápidas de cara a encajarte en tal o cual clasificación, menos personalizadas. Y me refiero solo a que en estos momentos coincide un enorme interés por lo que llamais distopías con el hecho de que ése es uno de tus temas de interés. Y por ahí también que no me haya gustado lo último de De Lillo ni el fluff de chronic city. La verdad es que yo soy más deportista que crítica literaria y de ahí mis exigencias a los libros... que tengan algo de aire del exterior.
saludos y a provocar,

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Gracias, Sico, por tu comentario, aunque eso de la innovación epigonal suena a oximoron austral, ¿no?...

Hense: el viaje entre Bolaño y Fuguet sí puede ser muy productivo para un chileno (y no sólo, para cualquier latinoamericano, y no sólo...). A mí Fuguet me gusta y algunos de sus libros (Las películas de mi vida y Cortos, sobre todo) me gustan mucho. Ahí se podría encontrar innovación en el sentido que me interesa, persista en ese viaje. No se trata para nada de saber si Bolaño es superior o inferior a Fuguet, este tipo de clasificaciones son absurdas, la diferencia es lo importante...

Ferrán: La literatura nazi y 2666 no están mal tampoco, ¿no? Para un epígono, quiero decir...

Gracias a los tres de nuevo por vuestros comentarios.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

María José: eso de deportista me ha gustado, te sitúa más allá del bien y del mal, instalada en los "valores", como el Barça, es broma...no sé a qué llamas aire exterior, en literatura no veo qué pueda serlo, pero detesto como tú el ensimismamiento, la literatura ensimismada, la literatura estanca, claustrofóbica, autista incluso, que hoy pasa, en una absolutización ridícula del concepto, por LITERATURA. Cuánta pereza intelectual detrás de muchas buenas lecturas...El ensimismamiento se ha convertido en el atributo número uno de la literatura a falta de otras posibilidades de reconocimiento menos estériles. En este sentido, si es sólo eso, no me interesa ya la literatura (LA LITERATURA, para entendernos). De ahí quizá mi interés bastante impuro por lo que llamas "distopía" (Ballard, DeLillo, Pynchon, Wallace, Lethem, et tutti quanti), el factor mundo, el factor presente, el factor no-literario, el factor tecnológico, sociológico, mediático, sexual, político, utópico, etc. No busco en la Literatura una compensación a la no-vida, no me interesa el escritor contemporáneo que haga de ese enclaustramiento un estilo de vida, ya me entiendes, y una visión del mundo. Promiscuidad y buenos alimentos (una sobredosis de cultura de masas), eso le daría como fármaco al chantre ensimismado...

Un placer, como siempre, conectar con tu inteligencia.