martes, 15 de marzo de 2011

UNA PIEZA DE JADE PULIMENTADA CASI DIRÍAMOS CON ENLOQUECIDA ARTESANÍA


La historia de la novela es muy compleja. Mucho más de lo que creen sus expertos occidentales. De hecho, según los más informados, si en el siglo XVI alguien hubiera interrogado a uno de ellos sobre el futuro del género la respuesta habría sido contundente: China. A nadie debería extrañarle, en este sentido, que Cervantes ironice, en la dedicatoria de la segunda parte del Quijote, con una invitación del “grande emperador de la China” para dirigir allí un colegio donde se aprenda el castellano a partir de su obra maestra. Bromas aparte, podría tomarse este guiño cervantino como un reconocimiento impensado de la grandeza novelística china. Mal podría imaginar Cervantes que un año después de su muerte se publicaría en el lejano Oriente “la mayor novela escrita con anterioridad al Quijote”, como califica Steven Moore a Jing Ping Mei.

Si Cervantes hubiera tenido la oportunidad de leerla “en lengua chinesca” le habría reprochado, como hizo con La Celestina, el encubrir apenas el lado humano, entendiendo por tal las bajas pasiones, el regodeo sensorial, el apetito desmedido. Curioso juicio, no obstante, viniendo de un autor que se tiene por realista. El exiliado autor de La lozana andaluza, otra novela afín, pagó un precio muy alto por enfangarse con sus personajes en el lodazal romano de siempre y sólo pudo publicarla en Venecia, muchos años antes de que Cervantes naciera.

Hago estas comparaciones porque esta maravillosa novela china se mueve en la misma órbita artística que estas dos obras clásicas de la literatura española menos reprimida, pero con una diferencia esencial: el erotismo gráfico de las relaciones es aún mayor, como lo son la franqueza y crudeza venéreas del lenguaje narrativo. Esta historia libertina y picaresca está contada con tal exquisito refinamiento metafórico y atención al detalle carnal que se ganó recién publicada la prohibición y el rechazo moral. El escándalo de Jing Ping Mei, a pesar de sus parodias cultas, comentarios líricos y florituras retóricas, se debe en exclusiva al realismo en la descripción sexual, de donde bebería con avidez gongorina el Lezama Lima de Paradiso[i], pero ese realismo extremo no se limita sólo a la lujuria sino que se extiende a todo cuanto pudiera constituir la vida material de las mujeres y los hombres de su tumultuosa época.

Esta novela inmensa, la cuarta de los “Cuatro Libros Extraordinarios” de la tradición novelesca china, se edita ahora por primera vez íntegra en español en dos versiones bien distintas. Mientras Destino ofrece una versión (Flor de ciruelo en vasito de oro) basada en el cotejo de las traducciones occidentales más rigurosas y aligerada de redundancias, según el discutible parecer de su traductor, Xavier Roca, la editorial Atalanta acierta del todo al atreverse a pelo con la traducción directa del chino, obra de Alicia Relinque, respetando el título original y atribuyendo la autoría al “Erudito de las Carcajadas” (o “Erudito Burlón de Lanling”, seudónimo más justo del probable autor de la novela, el dramaturgo Tang Xianzu).

El sonoro título ya expresa el retorcido sentido del humor y la sátira de costumbres privadas y públicas que el enmascarado novelista quiso conferir a la historia de Ximen Qing, un potentado lascivo y corrupto, dueño de un próspero negocio farmacéutico y casado con seis mujeres, cuya apoteósica crisis la causa una sobredosis de afrodisíacos. Por una parte, según David Roy, su traductor americano, el título encierra una maliciosa pasión por el retruécano y el calambur: las tres palabras que lo forman corresponderían a los nombres de las tres esposas protagonistas, entre ellas la perversa “Loto Dorado”[ii], y componen una metáfora genital (“Flores de ciruelo en jarrón dorado”) cuyo juego fonético anticiparía, además, la procacidad programática de la obra. Por su parte, el traductor francés André Lévy resume la trama novelesca en estos jocosos términos: “las memorias de un pene, sus hazañas, sus desfallecimientos y su muerte”. Esta descripción, por cierto, emparentaría esta novela china y bastante cochina con la burlesca Carajicomedia de pésima reputación castellana. Si acoplamos ambas interpretaciones, obtendremos una visión integral de las intenciones satíricas de su autor, un moralista mordaz que expresaba con ingenio y desparpajo todo su desprecio a la corrupción mundana y cultural de su tiempo.

Dice Steven Moore que “el realismo pornográfico” de esta novela clásica, tan alabada como vilipendiada en razón de sus excesos, era “revolucionario”. No sorprende entonces que Mao Zedong, el ideólogo de la revolución cultural china que también la prohibió por obscena, la leyera siendo joven en una edición no censurada y supiera extraer de esa intensa lectura algunas lecciones voluptuosas que, por lo que sabemos de su vida, sólo se atrevió a aplicar en privado. La política reserva a menudo esta clase de paradojas.


[i] Juan Goytisolo, en su ensayo sobre “La metáfora erótica” (incluido en Disidencias), sostuvo con gran agudeza crítica que la retórica sicalíptica de Lezama en el famoso capítulo VIII de su obra maestra podía vincularse con el lenguaje sensual y metafórico de Joaquín Belda en La Coquito (1915), esa rareza deliciosa rescatada en 1978 por Hiperión (Peralta) y hoy descatalogada. En realidad, Belda y Lezama, como grandes amantes barrocos de la lengua, sorbían ad libitum del mismo venero venéreo: este jugoso clásico chino de circulación clandestina y escandalosa fama. Lástima que YouPorn no incluya entre sus gadgets publicitarios un DMA (Dispositivo de Metaforización Automática) para enriquecer con este aliciente (cuni)lingüístico la experiencia pornográfica de su visita…

[ii] De hecho, la primera edición que leí de esta novela, a comienzos de los noventa, se titulaba Loto Dorado, ya que el compendio se centraba de modo prioritario en las vivencias de este singular personaje que Moore compara con Lady Macbeth, y la había publicado en México en 1962 (!) la editorial Baal, especializada en libros de la tradición erótica occidental y oriental. Cuento con alguna otra joya de su viejo catálogo en mi biblioteca, como un Crébillon, Damas de calidad, prologado nada menos que por Aldous Huxley…

2 comentarios:

Álvaro Quintana dijo...

Muy, muy interesante.
¿Conoce la obra de Li Yu titulada "La alfombrilla de los goces y los rezos" (1657)? Es otra novela, entre el erotismo y la comedia, sobre la fuerza avasalladora del deseo (o, como dice un viejo de mi pueblo: "¿y qué tendrá eso, que cuanto más lo pruebas más te gusta?") y cuenta con, entre otras lindezas, trasplantes de pene de animal al del protagonista para funcionar mejor. La editó Galaxia Gutenberg hace bastantes años.
Me apunto la obra que recomiendas pero ya.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Gracias, Álvaro. Sí, La alfombrilla de carne, que tanto fascinaba a Klossowski, la publicó Berlanga en La sonrisa vertical, aunque la versión que yo leí fue la de Bruguera. Me gusta mucho, es una estupenda novela, desde luego, pero su eros descriptivo, por así decir, no llega a los extremos crudos y metafóricos al mismo tiempo de Ji Ping Mei...