jueves, 21 de octubre de 2010

GEORGES PEREC, INSTRUCCIONES DE USO (1)


Yo también me acuerdo[i] de Georges Perec (1936-1982). Me acuerdo de novelas memorables como La vida, instrucciones de uso (1978), Las cosas (1965) o El secuestro (La disparition, 1969), ficciones innovadoras que dilataron las concepciones vigentes sobre la relación entre narrativa y mundo, instrumento verbal, imaginación singular y taxonomías colectivas; por no hablar de El gabinete de un aficionado (1979), un tratado posborgiano sobre la impostura, la simulación y la falsedad fundacional de la realidad. Me acuerdo muy bien de todo esto, y de esa pequeña joya del humor total que es Quel petit vélo à guidon chromé au fond de la cour? (1966; inédita hasta ahora [2009] en español), confirmando que la insubordinación ética es correlativa a la insumisión estética.

Me acuerdo también de mucho de lo que se ha escrito sobre Perec y merece ser recordado. Pero no me acuerdo de que se haya asignado a este curioso libro de 1978 (publicado ahora por primera vez en español) el lugar que le corresponde: no el de la memoria humana, labrada con recuerdos y olvidos de carne y hueso, sino el de la memoria artificial, reconstruida con recuerdos postizos, aberrantes, intersubjetivos. La memoria colonizada de la sociedad de consumo.

En la superpoblada Biblioteca de Babel, esta falsa autobiografía psíquica de Perec se ubicaría, por tanto, entre el Proust del “tiempo recobrado” (del que Perec se burla en parte) y el semiólogo Roland Barthes (al que emula en parte también) como autor de esa obra seminal que es Mitologías, donde conseguía desnudar los mecanismos ideológicos y la mentalidad publicitaria de la sociedad contemporánea. Me acuerdo, en este sentido, de que la fórmula inicial reiterativa “Je me souviens” (“Me acuerdo”), con independencia de su inspiración original en el libro de Brainard, me ha parecido siempre una parodia intencionada del “J´accuse” de Zola. Levantar un testimonio parcial y fragmentario de su época constituye la función crítica del libro, larvada tras la catalogación banal de sus predicados.

Me acuerdo también de que muchos han tomado el breviario memorístico de Perec, concebido con una lógica digna de un avanzado programa informático, por un paradigma literario de evocación de sus vivencias personales. Sin embargo, lo único evocado y revocado aquí, en el fondo, es el conjunto de trivialidades estadísticas que componen la vida de un sujeto cualquiera en un país desarrollado cualquiera durante la segunda mitad del siglo XX. Esto mismo es lo que convierte este libro, delicioso por su ironía latente y su ingeniosa concepción gnómica, en un tratado aliterario sobre la desmemoria como gran epidemia de nuestro tiempo: Perec replica en la disposición serial y aleatoria de sus enunciados los procedimientos con que las tecnologías de la información y la comunicación neutralizan y aplanan las diferencias entre lo relevante y lo nimio. Recuerdo que Perec era sociólogo de formación, lo que podría asimilarlo al Baudrillard del Sistema de los objetos y La sociedad de consumo. En este sentido, me acuerdo de que Perec pensaba con razón que para alcanzar el grado de realismo exigible a una obra narrativa contemporánea se debía recurrir, paradójicamente, a los dispositivos de expresión y las estrategias creativas más artificiales.

Me acuerdo de que Perec parecía algo olvidado por aquí últimamente, tras la eclosión de su presencia editorial a finales de los ochenta. Me acuerdo de entonces. Es una magnifica iniciativa publicar Me acuerdo ahora que todos, los jóvenes y los menos jóvenes, vivimos al borde de la amnesia, como robotizados personajes de una novela de ciencia ficción (subgénero que gustaba a Perec, según recuerdo). Me acuerdo de que Perec murió en 1982 y no tuvo ocasión de ver Blade Runner. En cierto modo, este libro inclasificable prefigura con humor el modelo mnemónico de los androides del presente y del futuro.

Me acuerdo también de que yo pensaba entonces que un lector ideal debía ser capaz de sostener en su mano derecha los libros de Perec y en la izquierda, a pesar de su tamaño, los de Thomas Pynchon (¿o era al revés?). Me acuerdo de que esta concepción estereoscópica de la ficción era una prueba de la importancia de Perec. Una prueba de la importancia de la literatura quizá. No sé. Me sigo acordando mucho de Perec, después de todo este tiempo.


[i] Me acuerdo, Berenice, Córdoba, 2006.

4 comentarios:

José Luis Amores dijo...

Sorprendente y luminosa lectura. Me has abierto los ojos, que los tenía llenos de legañas noñas.

Anónimo dijo...

Gracias por la reflexión que nos brindas en torno de la obra de Perec. Como dice J.L. Amores, a mí también me ha parecido una "luminosa lectura".
Por mi parte, el último libro de Perec que he leído, y disfrutado como pocas veces, es "El aumento", en una edición que va seguida de "El arte de abordar a su jefe de servicio para pedirle un aumento", publicado en castellano hace poco. Para mí, otra joya literaria, mejor dicho, dos joyitas, breves y desternillantes, que Perec desarrolla a partir de un organigrama.
Además contiene su econ perequiano, pues la historia del aumento guarda relación con el capítulo XCVIII de "La vida instrucciones de uso", donde, como señala el traductor del "El aumento...", uno puede encontrar, una tercera versión de este relato. Un saludo. Alegra saber que Perec sigue y sigue y sigue.
Carlos Jiménez

madison dijo...

Ah pues tengo el libro hace mucho, pero sin leer, como tantos y tantos

Batgirl dijo...

Leer a Perec es un viaje maravilloso, sutil, febril. "Instrucciones de uso", tal y como lo recuerdo, fue delicioso: Cada pieza en su lugar, y poco a poco formar el cuadro que cambiaba de tonalidades constantemente, ahora azul, ahora quizá violáceo, ahora un tanto roca, ahora vamos a rojo. Una lectura que no he repetido, por desgracia, y que se me aguarda de nuevo en uno de los estantes, en estimado lugar, con las maravillosas ventanas por las cuales espiar vidas que viven viviendo. Fantástico Blog. ¡Saludos!