miércoles, 8 de septiembre de 2010

EL SENTIMIENTO CÓMICO DE LA VIDA


Aquí están de nuevo estos “tres tristes tigres”[i] para hacernos reír, como los hermanos Marx, con sus aventuras nocturnas en una Habana de ensueño creada o recreada por las palabras de ese mago verbal que fue, hasta el último estertor, Guillermo Cabrera Infante.

Es paradójico este retorno pues ocurre de la mano de un matrimonio de profesores cubanos exiliados en Estados Unidos, Nivia Montenegro y Enrico María Santí, en una de las colecciones académicas más prestigiosas, “Letras Hispánicas”. En cierto modo, recuerda a la delirante trama de una película de los Marx la inclusión de este texto indómito y subversivo como pocos en una camisa de fuerza de prólogos teóricos, dispositivos didácticos y cuantiosas anotaciones a pie de página. No obstante, hay que agradecer el notable esfuerzo de los preparadores de esta edición crítica de una novela que con el tiempo ha ido perdiendo lectores, por desgracia, sin perder un ápice de su reputación[ii].

Como bien dicen los editores se trata de “la novela más audaz del llamado «boom» hispanoamericano de los sesenta”. Bastaría compararla con otras novelas coetáneas para descubrir que esa audacia atribuida no radica sólo en el lenguaje, revolucionario, o en la representación sensorial de una realidad tan provocativa y sugerente como la cubana de aquellos años, sino, sobre todo, en su innovadora construcción novelística. Cabrera Infante desmontó los planos de esa realidad en tantas capas y estratos que su reconstrucción posterior, mezclándolas al ritmo de una prosa musical arrebatadora, no podía sino causar asombro y fascinación. Y es que TTT daba un paso más allá, como repetiría con deslumbrante éxito en La Habana para un infante difunto y a menor escala en la póstuma La ninfa inconstante, al involucrar literatura y vida en un mecanismo mimético saboteado en todo momento por la ironía y la comicidad, los juegos verbales, el ingenio desbocado, las parodias literarias y los ejercicios de estilo.

Un error frecuente entre especialistas consiste en insertar esta novela fabulosa en una supuesta tradición cubana, desvinculándola de la corriente carnavalesca que viene de la antigua sátira menipea y llega hasta Joyce, Flann O´Brien, Nabokov o Raymond Queneau, pasando por Rabelais, Cervantes, Sterne y Machado de Assis. En este sentido, el gran logro del libro reside en su polifonía narrativa. Exceptuados el “Prólogo” y el “Epílogo”, donde cobran voz el maestro de ceremonias del cabaret Tropicana y una loca en un parque para expresar, respectivamente, la entrada teatral en un mundo de ficciones sociales y una salida a través de la locura de una situación imposible, y “Los debutantes”, donde aparecen voces femeninas, los capítulos restantes se organizan sobre todo en torno de las voces singulares de los “tigres” protagonistas (Silvestre, Arsenio, Eribó, Códac, Bustrófedon) y los relatos de sus hilarantes andanzas por una Habana que se transfigura en un laberinto lúdico de encuentros y desencuentros carnales.

A menudo se han privilegiado capítulos concretos sobre un todo narrativo que siempre fue percibido, por la crítica más conservadora, como caótico y fragmentario. Es comprensible que la serie “Ella cantaba boleros”, donde se narra la historia truncada de La Estrella, una cantante de cualidades hiperbólicas, tanto musicales como vitales, haya encandilado a muchos con su descripción excesiva y sentimental del submundo nocturno de clubes y cabarets. Por otra parte, “La casa de los espejos”, sobre el encuentro en dos tiempos del narrador con dos modelos cuyo desparpajo verbal sólo es superado por su exuberante belleza y artificio cosmético, es uno de los textos más complejos y técnicamente impecables de cuantos escribiera Cabrera (la versión más verídica de esta historia aparece en Cuerpos divinos en el relato de las relaciones del autor con las modelos Lydia y Nora).

Pero TTT no sería lo que es sin esa “Bachata” final que funciona como cuadratura espectacular de esta novela caleidoscópica. Un alucinante viaje en coche por La Habana, durante una tarde y una noche que se prolongan hasta el amanecer tropical, de dos amigos (Silvestre y Arsenio) que tienen demasiadas cosas que contarse y otras tantas que ocultar, lo que da lugar a uno de los diálogos más digresivos y divertidos de la historia de la literatura, mientras desfilan, interminables, los bares, las amigas, los chistes, las parodias, las confidencias, los recuerdos, las alusiones, con la tristeza como ruido de fondo de todo el humor y la alegría desplegados: la tristeza por una juventud cuyo esplendor se desvanece sin remedio y por una ciudad fastuosa que, después de la revolución, no volverá a ser la misma.

Sin esa nostalgia y esa melancolía por el tiempo perdido, irreversible, el sentimiento cómico de la vida que transmite esta novela excepcional no tendría el mismo efecto explosivo. Un cóctel efervescente y tóxico.



i] G. Cabrera Infante, Tres Tristes Tigres, Ediciones Cátedra, 2010.

[ii] Comencé a leer esta novela única en su género, no se me olvidará nunca, en junio de 1983, en un período especialmente turbulento de mi extrema juventud. No la termino de leer nunca (hace un par de meses, con ocasión de esta reedición crítica y como complemento a la lectura de Cuerpos divinos, volví a hacerlo, con el mismo júbilo y el mismo placer de siempre, si no más). Pasa el tiempo, se consumen las ediciones, las reediciones, las lecturas y relecturas y hay algo, además de la potencia inaudita del texto, que no decae: la resistencia que desde el primer día sienten muchos lectores a adentrarse en estas páginas gozosas como pocas pese a/gracias a su aparente dificultad. La fraternidad de amigos de TTT, no obstante, consuela de tan tenaz oposición: Juan Goytisolo, Fernando Savater, Vicente Molina Foix, Julio Ortega, Basilio Baltasar, Rosa Pereda, Alberto Fuguet, Edmundo Paz Soldán, Ángel Esteban, Pablo Mediavilla... Si no fuera porque el culto a TTT es una prolongación de nuestro individualismo más feraz, debíamos constituir cuanto antes una “Hermandad de amigos de Cabrera Infante” con el fin de preservarlo de muchas cosas (algunas innombrables) pero sobre todo de una: su encierro provinciano en las lindes castrofóbicas de la subsede cubana del “boom”…

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Juan Francisco,
me permito proponerte la lectura del libro de Ricardo Baixeras "Tres tristes tigres y la poética de Guillermo Cabrera Infante" (Universidad de Valladolid, 2010). Es el resultado de la tesis doctoral de Baixeras (yo estuve en ese tribunal en la Pompeu Fabra) y creo que es un libro más que recomendable para discutir la poética de Cabrera.
Un abrazo
Javier Gárcía Ródríguez

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Muchas gracias, Javier, por la recomendación. Suelo leer todo lo que se publica sobre Cabrera y me alegra que se publique en España, pues la mayoría de lo mejor que he leído sobre él, en español o en inglés, se ha publicado en Estados Unidos...

Un placer tenerte por aquí.
Un abrazo,
JF

Fgt dijo...

!Maravilloso libro! para releer...
¿Y 'La ninfa insconstante'?

Fgt