domingo, 15 de marzo de 2009

LAS MÁSCARAS DEL SEXO

[Como soy un defensor acérrimo del lince desde la infancia, me siento obligado, dados los últimos acontecimientos acaecidos en este país, a dedicar de corazón este post a todos los miembros, sin excepción, de la Conferencia Episcopal española, por ser unos "linces" y saber tanto, por ciencia infusa, sobre fetos y úteros.]

Ha tardado tanto este libro[1] en traducirse al español que ya no pueden conocerse con exactitud los motivos reales de tal demora (¿la censura?, ¿la desidia?, ¿el interés partidista?, ¿la hostilidad?), ni falta que hace. Lo importante es que para el lector no versado en inglés ha llegado por fin la hora de enfrentarse al libro capital que le enseñará cómo salir del laberinto reaccionario en torno del sexo sin caer en las trampas del feminismo castrador o la falsa neutralidad progresista. En todo caso, en sus aciertos y desaciertos, se trata de la reflexión cultural más excitante y seria sobre la cuestión vital más excitante y seria realizada por una autora polémica que ha sabido escapar también a los escollos de la corrección política por desgracia dominante, a izquierda y derecha, en los medios académicos o políticos europeos y americanos[2].

La post-feminista Paglia logra su ambicioso propósito recurriendo a una doble estratagema metodológica: primero, poner entre paréntesis tanto la jerga como los ideologemas abstrusos de la parte más lastrada del pensamiento contemporáneo y fiarse solo de una sensibilidad sobrealimentada de alta cultura canónica y cultura popular del siglo XX; y, segundo, atreverse a forjar su pensamiento en la lectura exclusiva de grandes maestros intempestivos como Sade, Baudelaire, Nietzsche, Huysmans o Freud. De hecho, la apuesta más provocativa de Paglia, en un contexto histórico saturado de ideas biempensantes e hipócritas y realidades cotidianas cada vez más crueles, consiste en enfrentar al infame Sade contra el piadoso Rousseau y su idealización de la naturaleza para postular, como incisiva tesis del libro, que esta es una madrastra implacable y destructiva cuyo fascinante poder es necesario conjurar a través de la cultura.

En consecuencia, Paglia sostiene que la cultura occidental, entre todas las culturas del mundo, ha sabido escenificar de modo privilegiado la guerra de los sexos como fundamento tragicómico de su civilización y tecnología. Ya desde Grecia, como recuerda Paglia, el combate de la razón apolínea (de estirpe masculina) contra la naturaleza demónica o dionisíaca (de filiación femenina) expresaría este secreto secular de la existencia humana
[3]. Como Paglia no es una puritana, sino todo lo contrario, una voz desinhibida y libérrima, en su festiva apología de la tradición occidental del arte y la literatura sabe elegir los paradigmas más disidentes y excéntricos, precisamente, los que supieron enraizar sus creaciones en el conflicto moral entre la tentación de ceder al mal parcialmente (paganismo) y la voluntad de contrariar los designios de la naturaleza en su totalidad (judeocristianismo).

En este sentido, el menú de contenidos de esta exhibición histórica de la tendencia masculina a la “conceptualización del sexo” es cuantioso y suculento: desde la Venus de Willendorf o el busto de Nefertiti y los grandes pintores o escritores renacentistas y barrocos hasta los escritores románticos, simbolistas y decadentistas. Además de Sade y Baudelaire, las figuras cuyo análisis destacaría son, paradójicamente, Balzac y Emily Dickinson. A esta inmensa poeta norteamericana Paglia la rebautiza, no sin malicia, como “Madame de Sade”, contraviniendo la beata opinión imperante sobre su lírica innovadora, por su larvada crueldad sexual y perverso polimorfismo andrógino (“Amar como un hombre es el primer paso fuera del destino social o biológico”, Paglia dixit). Y al gran novelista Balzac logra extraerlo de su codificada imagen de pobre realista, pintor de cuadros de costumbres burguesas y rival narrativo del código civil, para considerarlo, como ya hicieran Proust (en las sulfúreas páginas de Sodoma y Gomorra) y Bataille (en el prólogo a El azul del cielo), uno de los grandes perversos de la literatura universal: el perfecto precursor de Baudelaire y Barbey D´Aurevilly y romántico discípulo de Sade en el tratamiento novelístico del lesbianismo (La muchacha de los ojos de oro, de 1835), la androginia (Seraphite, de 1835) y el hermafroditismo (Sarrasine, de 1830, al que ya Roland Barthes dedicara, no por azar, el seminal estudio S/Z en 1970), tres estaciones decisivas para una comprensión de la sexualidad y el erotismo como “intrincada intersección de la naturaleza y la cultura”.


Para concluir el breve examen de este masivo manual de desenmascaramiento sexual de nuestra cultura, nada mejor que recordar la reivindicación estética, propuesta por Paglia con docto desparpajo, de una alianza amoral que solo escandalizará a los más estrechos de la tribu: “El arte y la pornografía son inseparables, ya que hay voyeurismo y voracidad en todas nuestras sensaciones”.

En suma, una obra extraordinaria cuya estimulante lectura produce un vértigo intelectual y sensorial que solo el consumo voraz de sus páginas es capaz de mitigar, como el deseo carnal, no de saciar. Esto, tratándose de un material tan incendiario, sería de todo punto imposible.

[1] Sexual Personae. Arte y Decadencia desde Nefertiti a Emily Dickinson, Valdemar, Madrid, 2006 [La edición original es de 1990. Para redactar esta nota manejo, en cambio, la primera edición americana de bolsillo: Yale Nota Bene, Yale University Press, New Haven, 2001]. En cualquier caso, esta edición española se suma a otras de obras posteriores de Paglia que se tradujeron antes por motivos inexplicables, como la imprescindible colección de ensayos y artículos Vamps & Tramps. Más allá del feminismo (cuya primera edición es de 1994 y fue editada también por Valdemar con cierto retraso a comienzos de este decenio; incluye el famoso o infame, según las interpretaciones, "En el circo no hay reglas: una teoría pagana de la sexualidad", un genuino tractatus sobre la cosa sexual en nuestro turbulento o convulso tiempo, de lectura obligatoria). En el estupendo prólogo a esta edición pionera, el crítico Jesús Palacios tilda a Paglia de "intelectual pop por excelencia" y avisa de su provocativa afiliación: "es la mejor y más brillante heredera de una línea de pensamiento esteticista gay, rebelde y dionisíaca". No deja de sorprender, en este sentido, que algunos timoratos la adscriban todavía a la derecha ideológica, cuando Paglia se declara abiertamente bisexual (si no lesbiana promiscua) y defensora a ultranza de la pornografía, la prostitución, la cultura gay, el sexo libre y la libre expresión del placer femenino, la legalización de las drogas y el aborto, etc. Todo un currículum, como dirían con aprensión en algunas cancillerías...

[2] Lo que no quiere decir, en absoluto, que sus postulados sean los únicos posibles ni, por descontado, un modelo ortodoxo de pensamiento sobre las mujeres. Sin pretender adoptar, como observador externo pero concernido, una posición demasiado ecléctica, diría que Paglia representa una voz singular que se sumaría, con toda su potente diferencia, al coro de singularidades que están constituyendo un debate apasionante y múltiple sobre la redefinición de lo femenino desde finales del siglo pasado. Diálogo polémico y conflictivo donde, además de Paglia, caben las disidencias lacanianas incompatibles de Julia Kristeva y Luce Irigaray, el sexo performativo de Judith Butler y la ciborgización feminista de Donna Haraway, las transgresiones texto-vitales de Kathy Acker y las airadas vindicaciones callejeras de Virginie Despentes, los posicionamientos genérico-raciales de bell hooks (Gloria Watkin) y las andanadas anticosméticas de la muy estilizada y promiscua Naomi Wolf, la dialectología sexual de Adrienne Rich y la deconstrucción feminizada de Hélene Cixous, los sujetos nomádicos de Rosi Braidotti y la “ginesis”discursiva de Alice Jardine, la politizada revolución sexual de Kate Millett y la revolucionaria biología genital de Anne Fausto-Sterling, el periodismo reactivo y estrogenado de Susan Faludi y la subversión “testicular” y la plena potestas textual de Beatriz Preciado, entre otras muchas...

[3] En esto, las obras básicas siguen siendo Las bacantes (407, a. C., póstuma), Hipólito (428 a. C. , su versión de la transgresión dionisíaca de Fedra al amar al "apolíneo", en el doble sentido del término, Hipólito, hijo de su marido Teseo) y Medea (431, a. C.), todas de Eurípides, el más trágico de los tragediantes, como lo bautizó Nietzsche, escindido entre el cultivo civil de la razón socrática y la tensión irracional del pathos dionisíaco. Como prueba de la sutileza intelectual de Paglia, no me resisto a traducir esta consideración sobre la tragedia, que invita a su vez a extenderla sobre cualquier período cultural, incluido el nuestro, donde las máscaras de la seriedad y la risa, con o sin sexo de por medio, se disputen la primacía: "En la tragedia griega, la comedia tiene siempre la última palabra...Paradójicamente, el asentimiento a las salvajes realidades ctónicas no conduce a la tristeza sino al humor. De aquí la extraña risa de Sade, su exhibición de ingenio en medio de las más fantásticas crueldades. Pues la vida no es una tragedia sino una comedia". Y, más adelante, injiriendo el género sexual en la valoración cultural del género trágico: "La tragedia representa un juego masculino, un juego inventado para robar la victoria de las fauces de la derrota".

16 comentarios:

Raquel Giménez dijo...

¡Ah!, pues entonces hay más lectores no versados en inglés. ¡Qué alivio! Me cachis en los mengues, este post providencial viene a restañar mis heridas. ¡Qué grande eres, Ferré!
Voy corriendo a sustraer al descuido el libro capital al que he de enfrentarme como lectora anglófoba sedienta de vértigos morales.

Por cierto, tengo problemas (no intelectivos) con la lectura de "Testo yonqui". Debo tener un exceso de estrógenos, porque no termina de encajarme por el lado emocional. Me provoca una agresiva saturación psíquica, relacionada quizá con la exhibición del ego de B.P. No sé, no sé. No sé si me interesa saber cómo se lo monta en la zona privada del contexto experimental. Temo no superar el escollo. En fin, no sé.
Un abrazo.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

La alusión al inglés era, precisamente, un sarcasmo velado contra esos que, como en los viejos tiempos de la dictadura, pretenden seguir protegiendo de cualquier impureza ideológica los ojos y los oídos de los españoles, impidiendo el conocimiento de obras en traducción y confiando en exceso en la ignorancia de idiomas para preservar su censura. Nada más y nada menos. Yo, por mi parte, siento una profunda envidia de los que leen alemán, japonés y chino, lenguas por cuyo conocimiento, por muy diversas razones, siento en este momento un apetito difícil de saciar...
Comprendo que nuestras respectivas posiciones nos impidan compartir una lectura común de Preciado. Quizá yo pueda hacer de simple voyeur durante la puesta en práctica o testado (a base de testosterona en sobredosis) de sus tesis. No sé, a mí sí me funcionó el método...

J. A. Montano dijo...

Gran libro, sí señor. Con ese y "La evolución del deseo" de David M. Buss, ya vamos más que servidos en estos asuntos... Un valedor de Paglia es el gran Horrach, que en su blog tiene una memorable serie sobre "la mujer ctónica":

http://horrach.blogspot.com/search?q=ct%C3%B3nica

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Me alegra el consenso, sin que sirva de precedente (vade retro Habermas!). Ya sabe usted, mi querido Montague, que en este blog, al revés de otros, se cultiva el disenso, la disidencia, la "differance" derridiana y hasta el diferendo lyotardiano si se tercia, así que no (me) traicione mucho el espíritu del lugar con sus aquiescencias oportunistas, que le veo venir...

J. A. Montano dijo...

Sobre el lince antiabortista, hay hoy una columnita muy graciosa de una chica que vengo leyendo desde hace unas semanas y que escribe muy bien:

http://www.adn.es/blog/begona_gomez_end/opinion/20090317/POS-0001-Siguen-tendencia.html

Mi opinión particular, viendo la foto de Camino con el póster del bebé + lince es que lo que les horroriza a los obispos del aborto es, sencillamente, que no salgan al mercado todas esas *cositas* que tanto les gustan...

J. A. Montano dijo...

A propósito también del aborto, cito un brevísimo pasaje de un personaje que es una curiosa mezcla de Juan de Mairena y Cioran, y cuyos manuscritos se encuentran en mi poder. Dice así:

"PERVERSOS POLIMORFOS.- ¿A favor del aborto? ¡Yo de lo que estoy a favor es, directamente, del infanticidio".

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

¿Y no crees, amigo Montano, que la obscena cursilería del bebé humano y el lince cachorro es un indicio claro de por dónde van los tiros de la tan traída y llevada pornografía vaticana? ¡Pedofilia cum bestialismo! Ni Cecil B. de Mille en pleno deliquio entre los pechos de Gloria Swanson hubiera sido capaz de imaginar tal exquisito cúmulo de perversidades para un biopic sobre Gilles de Rais...

Horrach dijo...

Me alegro de haber entrado (vía Montano) en este blog, Ferré, que entradas como ésta alegran el día a cualquiera preocupado por la cuestión ctónica (y sobre todo por el planteamiento de la misma).

saludos

J. A. Montano dijo...

El Papa acaba de pedir en África (¡en ¡África!) que no se use el preservativo. Todo apunta a lo mismo: ¡que no se pare la fábrica de golosinas!

En cuanto a tus visiones granciosas a lo Cecil B. De Mille o Gilles de Rais: en el fondo está eso, sí... pero hoy ni siquiera se atreven a escenificarlo a lo grande, como algunos de sus antepasados. También la Iglesia se ha vuelto oficinesca y triste. El mal que hace es ya, como mucho, administrativo.

Volviendo a Paglia: cuando la leí pensé que, de algún modo, completaba la obra de Nietzsche. Paglia ha escrito lo que Nietzsche no pudo escribir, sencillamente porque apenas tuvo vida sexual. ¡Nuestro pobre Friedrich, cuánto lo queremos!

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Mi gestus luciferino empieza a inquietarse. Tanta complicidad escama, no puede ser. Bienvenido Horrach (pondré un enlace a tu blog, que también descubro gracias a confidencias montanescas).
Montano, ¿granciosas? Qué cosas me dices. Bien dicho lo del bueno de Nietzsche. Si hubiera hecho sus deberes en asuntos carnales, nunca, repito, nunca, un constipado monstruo criminal como Hitler hubiera podido provocar esa catastrófica misreading de su obra y pensamiento. De lo que nos habríamos librado todos con un poquito de picardía y otro poco de diseminación (ay Derrida, qué pillín). Pero no creas que la culpa no es también de esa presuntuosa de Lou Andreas. Lo dice bien Sollers en su mejor novela, Una vida divina, lectura obligatoria para todo curioso o fan de Nietzsche: con que sólo hubiera sabido, como Arno Schmidt, convivir con una mujer del común, sin pretensiones intelectuales ni ínfulas, sólo con eso, cómo hubiera menguado el abismo entre pensamiento y vida. Hace unos años escribí un microrrelato porno sobre los amoríos de Heidegger y Arendt que algún día recuperaré en este foro, y que incide en estas cuestiones.
En efecto, Montano, el malentendido nazi, como otros del mismo tenor totalitario, parte de un problema de economía libidinal. Ahí Nietzsche, por no follar, nos falló a todos, fíjate tú qué simple. Ahora bien, sus mejores discípulos no se privan, y así han conseguido enderezar la cosa, como Paglia, en sus buenos años una plaga infalible de todos los campus, langosta de las estudiantas, como la bautizaría Tirso con la ayuda de Aído...
Lo del Papa es estúpido, sin duda, pero de una coherencia criminal que asusta: el que folle que la pague...

J. A. Montano dijo...

Ha sido un lapsus de esos sintomatiquísimos: hubo un conflicto entre "grandiosa", que es lo que yo pretendía decir, y "graciosa".

En cuanto a Nietzsche: tampoco pudo hacer más de lo que hizo. Él mismo al menos, por sí mismo. Tal vez sí de haber contado con la compañía femenina adecuada: no una Lou, sino una Molly (una dionisíaca pepsicoleante).

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Exacto. En una Molly Bloom, precisamente, estaba yo pensando para curar al bueno de Freddy de todas sus melancolías y cefaleas...

Horrach dijo...

Gracias por la bienvenida, Ferré, es usted muy amable.

También soy de los que se pone a la defensiva cuando cunde demasiado la complicidad... aunque entre heterodoxos la cosa se lleva mejor.

Sobre el sexo y los filósofos, no sé si saben que el tío Heidegger era un auténtico 'Nacho Vidal de la filosofía', pues no se cortaba con ninguna, ya fuera alumna, princesa teutona o vecina de Messkirch. En su caso, frenesí sexual y filosófico iban de la mano.

saludos

Alvy Singer dijo...

Usted que es Dionosíaco ¿o debería decir Pag(li)ano? y más autoritas intelectuá que moi, debería saber que Zack Snyder es un maldito apolíneo que, como dijo Hernán Migoya, poco tiene que hacer con el dionisíaco Alan Moore. :D


Un saludo.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Bienvenido, Alvy, por estos pagos paganos. Perspicaz comentario que me obliga a afinar mis alianzas. Como todo dionisíaco que se precie, desde Nietzsche en adelante, mi admiración por lo apolíneo es inmensa. Por el artista y por la estética apolínea, siempre y cuando, of course, no vengan contaminados de constipación, único atributo que detesto en cualquier estética o arte. La dionisíaca no tiene esos problemas metabólicos, desde luego. Con Zack Snyder tengo una liaison ambigua: me encantó y perturbó su remake de Romero, admiré y odié a partes iguales su fotocopia de Miller (tuve ocasión de discutir, muy vivamente, con el mentado Migoya sobre estas materias en el primer Neo) hasta que leí una exégesis de Zizek que me devolvió la razón sin tampoco rendirme del todo ante los logros de la cinta, y, claro, no siendo yo un fan absoluto de Watchmen encontré la película de Snyder enjoyable: su sentido paródico y, sobre todo, sus títulos de crédito portentosos, sin entrar en la espectacular superioridad del cine en la producción de imágenes insuperables sobre otros medios, como hemos vuelto a comprobar en Star Trek (te reconocería, no obstante, que pocas películas americanas recientes tienen un final tan admirable, por inventivo, por sorprendente, por atrevido, como el de la primera temporada de la serie Fringe)...
No more nor less. Más me gustaría a mí, para poder probar hasta qué punto Snyder (con apellido de poeta beat) es o no un apolíneo convencido o un dionisíaco larvado (siguiendo los protocolos de nuestro amigo Mora sobre los postmodernos larvados) que verle adaptando ese episodio maravilloso de la carrera de Moore que es Lost Girls. Entoces sí que usted y yo, amigo Singer, podríamos debatir estos asuntos hasta la madrugada ante un público impaciente...

Un abrazo y hasta pronto.

Anónimo dijo...

Si, mira,me interesa saber que autoras feministas (o cualquiera) de fiende las relaciones entre adultos y menores,sexuales obvimente.Porque hablar de las minorías homosexuales,transexuales,etc...está bastante documentado,sin embargo hay un tabú con la pederastia.